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PROGRAMA DE ALIANZAS DE LA SOCIEDAD CIVIL

no hablaba de la política, sino de los DDHH de la etapa. Pero los organismos de DDHH tenían los reclamos maximalistas, porque los organismos de la sociedad civil tienen derecho a los reclamos maximalistas y sectoriales. Pero en el Estado es imposible ser maximalista ni sectorial. Entonces yo tenía un tercer ámbito, el académico, donde estaban los referentes académicos de cada uno de los organismos (Zaffaroni, Mignone, Marta Oyhanarte, Taiana, E. L Duhalde, Fappiano), todos intelectuales, y con los intelectuales tenemos ese tercer espacio de diálogo. Así podía recibir las miradas desde la política, lo académico y los organismos no gubernamentales. Eran como tres mesas de diálogo diferente ya que para poder construir la política pública yo necesitaba esas tres ópticas. No necesitaba lo técnico jurídico, porque eso lo ponía yo, o en todo caso, lo consultaba con mis colegas. Yo necesitaba esas tres ópticas críticas, o de apoyo, o de sugerencias, porque eran tres dimensiones de análisis distintas. Y creo que esa experiencia es válida, porque una de las dificultades que se suele tener en la función pública para relacionarse con las asociaciones de la sociedad civil, es querer ponerlas a todas en la misma mesa, embolsarlas a todas como si fueran todas iguales. Y en realidad tampoco todas las organizaciones son todas iguales entre sí y lo saben, hasta suelen tener internas entre ellas. Me parece que una de las cosas a registrar es que hay ciertos momentos en los que es imprescindible fijar ciertos puntos de no retroceso en lo académico, en lo jurídico, en lo institucional. Y a veces, el funcionario tiene que pedirle a esos intelectuales –referentes, confiables para el organismo de base o de la sociedad civil, que le transmitan a la sociedad las argumentaciones acordadas– porque el funcionario siempre queda en el marco de la sospecha. Es necesario que haya alguien más que entienda y que pueda transmitir, sin negar que los funcionarios tenemos a la vez, la misión de entender, escuchar y poder ir adaptando la comunicación. En otro orden de cosas, hay funciones públicas que suelen ser erráticas y no se entiende cuál es el sentido del trabajo, hacia dónde va la direccionalidad política. Veo áreas del Estado que no tienen clara la direccionalidad de sus políticas. Como que la van formulando así, en el día a día. Entonces es lo que queda, o su sumatoria lo que se transforma en la política pública, no lo que se pensó antes y se ejecutó. De coyuntura en coyuntura. Y por otra parte, también hay varias ONG que a mí no me queda claro qué buscan, o hacia qué van. Tienen una manera de moverse que hace que no quede claro. ¿Qué quieren? ¿Fortalecer al Estado o debilitarlo? ¿Qué quieren; encontrar un lugar de diálogo o de cuestionamiento? Como que las cosas no quedan claras. Cuando uno se sienta desde un tema en particular, es más fácil ver hacia dónde apunta un funcionario o hacia dónde apunta el miembro que venga en representación de la sociedad. Recuerdo cuanto estaba en el campo no gubernamental que tenía mi posición sobre algo y lo sostenía con una libertad de lenguaje fantástica, cosa que uno no tiene cuando es funcionario. Ese maximalismo: de “pidamos lo imposible, después de bajar hay tiempo” no se puede en el Estado. En el MEDH yo escribía el programa, lo conducía, firmaba las órdenes de pago y nunca nadie se quedó con el vuelto, ni siquiera de la compra de una gaseosa. En el Estado, a veces hay que cuidarse hasta de no dejar una lapicera, porque puede desaparecer. En un momento escribí que aterrizar en el Estado era como llegar a un país extranjero, que hay que aprender el idioma. Hay que aprender el idioma de la línea, de la planta, de la burocracia, de lo permanente. Lo que pasa que uno tiene que aprender el idioma para estar, cambiar, lo que uno no tiene que hacer es aprender el idioma para transformarse en uno más de ellos, porque entonces estamos fritos. Y el Estado produce eso, como una ecualización. Hay gente que dice “yo hace 20 años que estoy en el Estado”, no es mérito en sí mismo estar 20 años en el Estado si no ha sido para cambiar algo. Por otro lado, a veces los organismos de la sociedad civil no son muy serios en los planteos. Cuando son serios creo que realmente es importante escuchar. Hay aportes fundamentales que vienen de la sociedad civil, hay una necesidad 196

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