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Eduardo Galeano

Patas Arriba

La santa más llorada del fin de siglo, la princesa Diana, encontró su vocación en la caridad, después de haber sido abandonada por su madre, atormentada por su suegra, engañada por su marido y traicionada por sus amantes. Cuando murió, Diana presidía ochenta y una organizaciones de caridad pública. Si ella estuviera viva, podría desempeñar muy bien el Ministerio de Economía de cualquier gobierno del sur del mundo. ¿Por qué no? Al fin y al cabo, la caridad consuela, pero no cuestiona: -Cuando doy comida a los pobres, me llaman santo -dijo el obispo brasileño Helder Cámara-. Y cuando pregunto por qué no tienen comida, me llaman comunista.

La cancha El pueblo, ¿asiste al partido o lo juega? En una democracia, cuando es verdadera, ¿el lugar del pueblo no está en la cancha? ¿Se ejerce la democracia solamente el día en que el voto se deposita en la urna, cada cuatro, cinco o seis años, o se ejerce todos los días de cada año? Una de las experiencias latinoamericanas de democracia cotidiana se está desarrollando en la ciudad brasileña de Porto Alegre. Allí, los vecinos discuten y deciden el destino de los fondos municipales disponibles para cada barrio, y aprueban, corrigen y desaprueban los proyectos que genera el gobierno local. Los técnicos y los políticos proponen, pero son los vecinos quienes disponen.

A diferencia de la solidaridad, que es horizontal y se ejerce de igual a igual, la caridad se practica de arriba abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones de poder: en el mejor de los casos, alguna vez habrá justicia, pero en el alto cielo. Aquí en la tierra, la caridad no perturba la injusticia. Sólo se propone disimularla. Nació el siglo veinte bajo el signo de la revolución, y muere marcado por la desesperanza. Aventura y naufragio de las tentativas de creación de sociedades solidarias: padecemos una crisis universal de la fe en la capacidad humana de cambiar la historia. Paren el mundo, que me quiero bajar: en estos tiempos de derrumbamiento, se multiplican los arrepentidos de la pasión política y arrepentidos de toda pasión. Ahora abundan los gallos de riña convertidos en aves de corral, mientras los dogmáticos, que se creían a salvo de la duda y del desaliento, se refugian en la nostalgia de la nostalgia que evoca la nostalgia, o se paralizan en el estupor. Cuando teníamos todas las respuestas, nos cambiaron las preguntas, escribe alguna mano anónima en un muro de la ciudad de Quito. Con una celeridad y una eficacia que darían envidia a Michael Jackson, las cirugías ideológicas mudan el color de muchos militantes revolucionarios y de muchos partidos de izquierda roja o rosada. Alguna vez escuché decir que el estómago es la vergüenza de la cara, pero los camaleones contemporáneos prefieren explicarlo de otro modo: hay que

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EDUARDO GALEANO. PATAS ARRIBAS. LA ESCUELA DEL MUNDO AL REVÉS.  

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