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Eduardo Galeano

Patas Arriba

había enseñado a hacer lo que había hecho, y en un alarde de pedantería profesional declaró que él era «el hombre mejor preparado técnicamente, en este país, para matar a un político o a un periodista». Por entonces, Astiz y otros militares argentinos estaban requeridos o procesados en varios países europeos, por el asesinato de ciudadanos españoles, italianos, franceses y suecos, pero el crimen de miles de argentinos había sido absuelto por las leyes de borrón y cuenta nueva. También las leyes de impunidad parecen cortadas por la misma tijera. Las democracias latinoamericanas resucitaron condenadas al pago de las deudas y

El Diablo andaba con hambre El Familiar es un perro negro que echa llamas por las fauces y las orejas. Esos fuegos deambulan, por las noches, en los cañaverales del norte argentino. El Familiar trabaja para el Diablo, le da de comer carne de rebeldes, vigila y castiga a los peones del azúcar. Las víctimas se van del mundo sin decir adiós. En el invierno del 76, tiempos de dictadura militar, el Diablo andaba con hambre. En la noche del tercer jueves de julio, el ejército entró en el ingenio Ledesma, en Jujuy. Los soldados se llevaron a ciento cuarenta obreros. Treinta y tres desaparecieron, nunca más se supo.

al olvido de los crímenes. Fue como si los gobiernos civiles agradecieran su trabajo a los hombres de uniforme: el terror militar había creado un clima favorable a la inversión extranjera, y había despejado el camino para que se concluyera impunemente la venta de los países, a precio de banana, en los años siguientes. En plena democracia, se terminó de ejecutar la renuncia a la soberanía nacional, la traición a los derechos del trabajo, y el desmantelamiento de los servicios públicos. Todo se ha hecho, o se ha deshecho, con relativa facilidad. La sociedad que en los años ochenta recuperó los derechos civiles, estaba vaciada de sus mejores energías, acostumbrada a sobrevivir en la mentira y en el miedo, y tan enferma de desaliento como necesitada del aliento de vitalidad creadora que la democracia prometió y no pudo, o no supo, dar. Los gobiernos electos por el voto popular identificaron a la justicia con la venganza y a la memoria con el desorden, y echaron agua bendita en la frente de los hombres que habían

El pensamiento vivo de las dictaduras militares Durante los recientes años de plomo, los generales latinoamericanos pudieron hacer oír su ideología, a pesar del estrépito de la metralla, las bombas, las trompetas y los tambores. En pleno arrebato bélico, el general argentino Ibérico Saint-Jean gritó: - ¡Estamos ganando la tercera guerra mundial! En pleno arrebato cronológico, su compatriota, el general Cristiano Nicolaides vociferó: -Hace dos mil años que el marxismo amenaza a la Civilización Occidental y Cristiana! Página 121 de 209

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EDUARDO GALEANO. PATAS ARRIBAS. LA ESCUELA DEL MUNDO AL REVÉS.  

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