Page 27

Efectivamente entre nosotros, surfistas mediterráneos, hay mucho de patetismo garbancero (somos los primeros en darnos cuenta, servidor el primero), pero sin embargo, y me alegro sinceramente que nuestros envidiados vecinos del norte nos lo reconozcan, hay también mucho amor por lo que hacemos. A día de hoy, buena parte de aquella primera legión de tabloneros catalanes han demostrado que sus ganas vencieron la carencia de olas, habiendo colaborado en la historia del surf estatal, ya sea a modo de elaboración de libros, edición de vídeos, creación de grupos musicales de estilo surf y Rock’n Roll, colaboración fotográfica y escrita en las revistas relevantes, fabricación de tablas,… Teniendo en cuenta que todo eso ha ocurrido en apenas diez años, y que nadie daba un duro (0,03 euros, al cambio) por el surfista barrufet años ha, resulta un dato cuanto menos destacado en la historia del longboard estatal. Estamos de acuerdo. Nos falta mucho que depurar, mucho que perfeccionar y, para qué engañarnos, mucho que aprender, pero de lo que no hay duda es que aún viendo la realidad que nos rodea en cuanto a olas y limitaciones nos enorgullecemos de nuestro estilo, llegando a acudir a la imaginación si hiciera falta para motivarnos, crecernos y auto-engañarnos, y en eso, los longboarders catalanes somos especialistas Muchísimos años estuvimos haciendo hang fives a porrillo (no vayan ustedes a creerse que la calidad imperante es moco de pavo) pero curiosamente, siempre eran de boquilla, en sesiones solitarias, o cuando nuestros amigos no tenían visibilidad para apreciarlo. Es decir, nunca nadie los había visto.

Pero ahí estaba el catalán styler, paseando por cualquier playa española o francesa con su pose erguida, su barbilla elevada. Dentro del agua era un pardillo, pero tenía conocimientos suficientes para hacerse pasar por un tablonero más fuera de ella. Para descubrir el verdadero significado de los principios que se proclaman es necesario ir más alla de las florituras retóricas y los pronunciamientos públicos e investigar la practica real: colecciones enteras del Surfer’s Journal, repaso de toda la videoteca de Bruce Brown, ejemplares dificilísimos de encontrar del Longboard Magazine, estudio de la vida de los grandes surfistas de los 50’s y 60’s, escenificación de diálogos extraídos de El Gran Miércoles, nombres anglosajones de maniobras desconocidas por muchos,… En efecto, la carencia de olas del Mediterráneo permitió (obligó) a aquella gente profundizar en el surf a través de, sobretodo, su literatura. Si durante aquellos años ya era complicado conseguir en Catalunya material de surf que no se ciñera a las leyes comerciales, más aún lo era intentar adquirir aquél tipo de producto–fetiche basado exclusivamente en el longboard. A ciencia cierta que en estos años hemos tenido tiempos alegres más que pésimos, y que así sea por largos años, pero más allá de veleidades utópicas para siempre nos quedará el recuerdo (ah… bendito recuerdo) de una historia forjada por nosotros, y sobre todo, un bonito poso de orgullosa y satisfactoria nostalgia. Así que, por el momento, permitan a este mediocre surfista que juega a imitar a tabloneros de décadas pasadas que se retire a coger unas olitas con su flamante single fin Performent Model 9’4”. Me acaba de llamar mi amigo Iker diciendo que nuestro beach break preferido está pequeño… como a nosotros más nos gusta•

J ulio 2013 • H angten 27

Hangten_n2  

Revista de Longboard

Hangten_n2  

Revista de Longboard

Advertisement