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entrevista

Jonatan

Larrañaga “Hay vida más allá de la montaña” Una fractura de tibia y peroné a resultas de una caída esquiando mantiene inactivo a Jonatan Larrañaga desde el pasado mes de enero. Mientras apura su recuperación, el alpinista de Algorta (Bizkaia), reflexiona acerca de su trayectoria como alpinista y como Guía de Alta Montaña, profesión que contempla con pasión y espíritu crítico

Afincado desde hace años en Castejón de Sos, Larrañaga descubrió la profesión de guía apenas con 20 años y en la actualidad es uno de los profesionales más activos del país, un habitual de los largos veranos en Chamonix. En temporada encadena varias semanas de trabajo seguidas, mientras que en los periodos de descanso se dedica a engordar su importante currículo alpinístico. Una vida dedicada de pleno a la montaña. CB. Una lesión como la que tiene le permite a uno reflexionar mucho acerca de temas variados. Usted, ¿qué

conclusiones ha extraído estos meses acerca de su trayectoria alpinística o de su relación con la montaña? Jonatan Larrañaga. Me alegro mucho de que me hagas esta pregunta porque he reflexionado mucho sobre ello. Y qué mejor que empezar parafraseando a Walter Bonatti para responderte. “Las montañas son cosas preciosas, pero el mundo entero lo es mucho más.” En aquel momento creí no entender exactamente el profundo significado de estas palabras y, ahora lesionado aquellas palabras que se me quedaron grabadas cobran todo el sentido. Al final todo es cuestión de edad y perspectiva. Hace 15 años, en una situa-

ción similar sufrí una intensa ansiedad al verme obligado a estar parado por una lesión durante meses. En aquel momento todo era pesimismo, malhumor, rabia y frustración. Hoy, en cambio, las circunstancias matizan unos colores más vivos. Evidentemente, las primeras semanas siempre son difíciles e intentas asimilar los acontecimientos lo mejor posible, pero con cierto miedo y sinsabor. Siempre con el único pensamiento de una pronta recuperación. De hecho fue lo primero que le pregunté al cirujano, ¿para cuándo podré hacer actividad? Con el paso de los días, y la madurez de los años, vas viendo luz al final del túÚltimas luces en la Carnavalada en Riglos.

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© David Munilla

Por Oscar Gogorza fotos Col. Jonatan Larrañaga


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Encadenando ‘Titan’ (M9) en el Valle de Ardones (Benasque). Uno de sus lugares favoritos y primerizos del mixto deportivo en el Pirineo. Filmando para la televisión Japonesa NHK un programa sobre los Pirineos. En la imagen junto a Corominas y la japonesa Kei Taniguchi.

nel y lo que antes era negro ahora coge tintes de aprendizaje. Trasladas todos los valores de la montaña a la vida cotidiana y te das cuenta de que ante la adversidad crecen nuevas oportunidades. La montaña es como un juego de ajedrez, según muevas una ficha u otra tu exposición varía, así como las circunstancias. Tanto guiando como escalando nos exponemos a multitud de riesgos potenciales que nos muestran la inferioridad con respecto al medio que pisamos o tocamos. Y en la misma medida valoramos la suerte que tenemos de poder disfrutar de ello, aun corriendo el riesgo de lesión. Sin duda, la profesión de guía es un trabajo arduo, ya que está supeditada a una

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permanente y excelente condición física. En caso de lesión no hay nada, con todo lo que ello acarrea. Estos meses de parón he sido afortunado de poder darme cuenta de que hay vida más allá de la montaña, lo cual me permite seguir disfrutando de mi profesión, pero con la tranquilidad de haber desarrollado la capacidad de adaptarme al cambio. CB. Usted es uno de los guías más precoces que ha habido en España. ¿Cómo contempla la profesión desde su experiencia? JL. La profesión de guía en España en los últimos años ha ido en alza y consolidándose dentro de nuestra sociedad. Partimos

La montaña es como un juego de ajedrez, según muevas una ficha u otra tu exposición varía, así como las circunstancias

Abriendo una ruta nueva al norte de Islandia (Dalvik) junto a Carlos Logroño y el fotógrafo Israel Macía.

de una menor cultura alpinística que en el resto de países alpinos. Esto se traduce en que todo funciona a paso de elefante, lento aunque seguro. Cuando empecé a ejercer la profesión había en España cerca de 40 guías de alta montaña, a día de hoy estamos alrededor de 100. La gente cada vez es más consciente de la necesidad de contratar un profesional para formarse o hacer una actividad guiada en la montaña. Y resulta crucial expandir esta idea en una profesión tan minoritaria como exigente y de riesgo exponencial. CB. Jordi Corominas fue uno de sus mentores en sus inicios en el alpinismo. ¿Qué influencia ha tenido en su crecimiento? JL. Mucha. Poder haber compartido con Jordi Corominas todo lo que yo he vivido es muy gratificante además de compensatorio. Él tiene parte de culpa de que lleve la profesión de guía tan dentro, me ha enseñado a ser muy meticuloso en cada ejercicio y, sobre todo, paciente conmigo mismo y con los demás. Por suerte, fue uno de mis maestros y hoy por hoy uno de mis mejores amigos. Trabajamos mano a mano en la Compañía de Guías de Benasque y ambos somos formadores de guías en la Escuela de Benasque. Cuando vamos a escalar hablamos lo justo porque con unas pocas palabras queda todo dicho. Siempre me ha gustado la ética de Jordi, limpia, sincera y con pocos adornos. CB. Trabaja en la formación de guías de Aragón, ¿cómo ve la evolución de la formación estos últimos años? ¿Qué carencias ve al respecto? JL. Por desgracia, la evolución de la formación durante estos últimos años ha sido mínima. Han trascurrido siete años desde que la UIAGM incluyera a España dentro de la plataforma internacional, y desde entonces se han hecho pocas cosas para mejorar la imagen corporativa. España siempre ha estado en el punto de mira de los países del marco alpino y aunque Suiza nos diera en su día un voto de confianza con una promoción de 18 guías, en la cual yo conseguí mi credencial UIAGM, seguimos sin estar a la altura de las expectativas.

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entrevista | jonatan larrañaga Escalando el ‘Pilar Rojo’ a la Aguja Mermoz.

El gran obstáculo por el que atraviesa la formación en España son las Administraciones, así como la innecesaria competitividad que existe entre escuelas autonómicas (Aragón, País Vasco y Cataluña). La falta de consenso sobre metodología y estándares de calidad dificultan la

Durante una repetición al ‘corredor de la Y’ en la Cara Norte del Vignemale.

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equiparación de títulos a nivel europeo, limitan el progreso de nuestras escuelas y, por supuesto, ralentizan y disuaden de un aprendizaje exhaustivo como el que requiere una profesión como ésta. En cambio, parece tratarse de una carrera de números, donde lo que verda-

deramente interesa es conseguir el mayor ratio de alumnos posible para justificar la enseñanza. En este país debería haber una única escuela de guías, donde cupiese una unificación de criterios más sólida. Ésta debiera recoger todo el bagaje de la UIAGM y tal cual se trasmita unánimemente a los futuros guías, profesionales de la montaña, a los que delegamos la integridad física de los clientes. CB. ¿Por qué no se ataja de verdad el intrusismo en su profesión? JL. Pregunta controvertida donde las haya. Y que gracias a que los medios de comunicación hemos podido dar la voz de alarma, sacando a la luz un tema que lleva afectándonos durante largo tiempo. En los últimos años, lamentablemente, hemos constatado las terribles consecuencias de este intrusismo, siendo muy sonados dos accidentes (Balaitús y Gredos) donde la faceta del guía, monitor o técnico deportivo quedó en entredicho. Resulta muy triste que tengan que darse circunstancias irreversibles para que el sistema empiece a reajustarse y podamos atajar esta problemática. Desde el propio colectivo no dejamos fuera del punto de mira este tema del intrusismo. Es necesario recapitular casos como éstos para seguir haciendo ruido hasta que consigamos eliminar este cáncer. La AEGM debería implantar un código ético obligatorio que sirviese de herramienta de amonestación para todos aquellos profesionales que no cumplan con sus competencias. Todos aquellos que incurran repetidamente en ilegalidades deberían estar expuestos a la retirada del título o en todo caso a tener que pasar por los tribunales. El año pasado contabilice más de 20 guías y/o empresas que estaban ejerciendo la profesión en los Alpes sin la titulación adecuada. Esto debería ser falta grave, ya que aun formando parte de la AEGM, están extralimitándose en sus funciones por ofrecer servicios para los que no

están acreditados. Es decir, guías de media montaña guiando en alta montaña. Todo esto da una imagen nefasta y fraudulenta respecto a todo el colectivo de guías profesionales que sí hacen honor a su título. Por suerte, y gracias a varias denuncias en los últimos años cada vez más podemos ver a gendarmes (policías franceses) pidiendo titulación y seguro de Responsabilidad Civil en lugares estratégicos del macizo del Mont Blanc. Considero esta práctica un buen ejemplo a seguir por parte también de las autoridades españolas, ya que cada año hay más personas incumpliendo las normas dentro de nuestras fronteras. CB. ¿No agota la vida de guía? JL. Supongo que llegará ese día, pero de momento sigo con la misma energía de seguir progresando y disfrutando de la profesión por muchos años. Compagino varias disciplinas; y entre guiar, escalar y formar no tengo tiempo de aburrirme y mucho menos de permitirme pensar en el agotamiento. Sólo tengo 33 años y todavía me quedan por delante años de actividad de alto nivel y pienso exprimirlos al máximo. Tengo amigos cercanos con más de 50 años guiando con la misma ilusión que el primer día, y para mí eso es sinónimo de que de esta profesión no te retiras, sino mas bien te retiran las fuerzas. Para mí la profesión de guía es mucho más que un mero trabajo, es la manera de poder permitirme estar en la montaña todo el tiempo que deseo. CB. Debe ser complicado pasarse la vida en la montaña y encontrar después la motivación necesaria como para escalar duro... JL. Mi abuela solía decir que se descansa cambiando de actividad, lo que yo, para mí mismo, llamo descanso activo. En la montaña he encontrado mi motivación, un espacio natural que me permite crecer como profesional y como persona a la vez haciendo lo que más me gusta. Es lo que he querido siempre, desde niño. Mis metas han ido orientadas siempre hacia

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entrevista | jonatan larrañaga Escalando un largo de mixto en la cara norte del Tengkampoche (Nepal) durante la expedición realizada en 2009 con el equipo nacional.

En Canadá tras escalar ‘French Reality’ (WI6+), en un viaje con Jordi Corominas y Dani Ascaso.

Escalando en el contrafuerte al Mont Hunter durante una expedición realizada en el 2008.

las alturas, de ahí que mientras estoy guiando voy pensando en otros objetivos alpinísticos. Supongo que el no distraer mis pensamientos de la montaña me ha forjado este carácter alpinista. Cuando realmente pienso en mi actividad, sí que echo de menos poder llevar un entrenamiento más específico, que requeriría entrenar a diario para subir el grado más rápidamente. En contrapartida, estoy sujeto a la alta montaña a diario y eso me reconforta porque los recursos que ofrece el medio natural son difíciles de conseguir en un búlder o un gimnasio.

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Lo bonito de esta profesión es su diversidad; un día te encuentras escalando en hielo, al siguiente estás en la cima con los esquís puestos y, afortunadamente cada día te compromete de distinta manera. CB. ¿Cómo son los veranos de trabajo en Chamonix? JL. ¡Son increíbles! Vivir en Chamonix en verano es todo un lujo. Las posibilidades que ofrecen los Alpes son muy ventajosas con respecto al Pirineo sobre todo a nivel laboral. Lo que más me gusta es el reencuentro con la gente, con los compañeros de profesión de otros países con los que tengo muy buena amistad.

Los primeros días cuesta coger la dinámica pero en pocas semanas estás sumergido en la vida del valle y eres uno más. He vivido muy buenos momentos y para mi Chamonix es como mi segundo hogar. CB. En cuanto a cultura del guiado da la impresión de que España está aún a años luz de la que existe en los países del marco alpino... JL. Sí, esta claro que no hay que irse muy lejos para ver que nuestra cultura es mucho más lenta y cerrada que la de nuestros vecinos los franceses, esto hace que la evolución en nuestro oficio sea una tarea lenta y ardua. Yo siempre que puedo o

que doy una charla al público intento trasmitir esos valores de montaña y naturaleza, para que la gente de la calle conozca que hay otro tipo de vida y valores que enseñar. En el Pirineo quizá se viva más de cerca el problema ya que al final todo el mundo vive del turismo directamente y desde los colegios ya se intenta transmitir a los niños una cultura más montañera

enfocada a los deportes que tienen cerca (esquí, fondo, escalada) CB. ¿Qué escaladas guardan un lugar preferente en su memoria? JL. La primera escalada que me marcó fue con 18 años, escalando el Half Dome en el valle de Yosemite, escale con un mexicano que no conocía de nada, un biólogo del DF que conocí en el campo IV.

Nos pilló una tormenta increíble a mitad de pared, tuvimos que pasar la noche dentro de una chimenea colgados como chorizos. Al día siguiente y con el cuerpo demacrado escalamos los largos superiores hasta la cima. Recuerdo que bajábamos corriendo dirección el valle para calentarnos con una sonrisa de oreja a oreja, fue mi primera gran experiencia en un bigwall y aprendí muchas cosas de esa escalada. Posteriormente cada año he ido realizando expediciones por todo el mundo, otro sitio del que guardo un buen recuerdo es El Chaltén (Patagonia). He realizado dos expediciones a tierras argentinas y el buen ambiente, los asados y las escaladas Patagónicas son inolvidables. Otro de los viajes que no puedo olvidar es el que realice en el 2008 a las Rocky Mountains, todo un sueño para un fanático del hielo. Fue un invierno increíble en el que pudimos escalar un buen puñado de rutas de grado WI6. Canadá en invierno es un país salvaje y frío donde la nieve se convierte en un gran problema. Me acuerdo que pasamos más miedo en las aproximaciones que escalando. Compartí cuerda con Dani Ascaso y Jordi Corominas que era su segundo viaje a la zona, eso hizo que pudiésemos escalar mucho y de calidad ya que parte de la logística la teníamos resuelta. Un buen amigo (Alejandro) vivía en Banff y es el que nos animó a visitarle…. CB.¿Cómo afronta, desde el punto de vista psicológico, una vía comprometida? JL. Cuando era más joven sí que me acuerdo de no dormir en toda la noche de los nervios y la incertidumbre de lo que iba a suceder el día de la ascensión. Ahora lo llevo mejor, la experiencia es un grado, y elegir un buen compañero de confianza siempre te permite minimizar la presión en el ambiente y relajarte un poco cuando hay situaciones adversas. Es muy importante tener respeto a la montaña y no infravalorarla, el alpinismo es un deporte que tiene mucho de psicología:

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sufrimiento, saber aguantar y ser paciente a la oportunidad apropiada y eso es la clave del éxito en una gran montaña. La concentración y el respeto es clave hasta que llegas a la zona de confort CB. ¿Cómo se ve dentro de 20 años? ¿Todavía en la vida vertical? JL. Es muy difícil de predecir, si por mi fuese me encantaría seguir escalando y disfrutando de la montaña hasta los 70 años. Ya veremos todo dependerá del físico y sobre todo de la cabeza. Cuando voy por Chamonix y veo a los guías de más de 60 años ejerciendo la profesión me quito el sombrero. Se que cada etapa en la vida tiene su momento, para mi lo más importante es el presente y el día a día. Ya veremos que sucede dentro de 20 años...

“Nuestra cultura, respecto a la profesión de guiar, es mucho más lenta y cerrada que la de nuesros vecinos los franceses” CB. Habiendo escalado en Yosemite, Patagonia, Alaska, Noruega, Himalaya o en Europa, ¿No se le queda corto el mapa de destinos? JL. La verdad que siempre me ha gustado viajar y conocer mundo, cada expedición es diferente y te nutre más que la anterior. Intento salir de viaje cada año, depende un poco del patrocinio y los objetivos, ya que hay que compaginarlo con el trabajo y el desgaste físico que conlleva. La verdad es que tengo ganas de volver a Pakistán o Alaska, son cordilleras que me han llamado siempre mucho la atención. CB. ¿Qué espacio ocupa el Pirineo en su imaginario de alpinista?

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JL. El Pirineo es muy especial para mí. Llevo más de 15 años viviendo en el Valle de Benasque y estar cerca de las montañas y poder vivir de lo que más me gusta es todo un privilegio. Cada estación del año es diferente y te enseña a adaptarte al medio. Ha sido y es la cordillera donde me he forjado como alpinista, un terreno de juego inigualable en el que he gastado cientos de días. El hecho de vivir en el Valle de Benasque hace que esté en continuo contacto con la naturaleza y eso me llena cada día. No tenemos grandes alturas ni kilométricos glaciares, pero en contrapartida puedes estar escalando una cascada de hielo en Gavarnie a temperaturas negativas y al día siguiente encontrarte al sol y escalar alguna pared con temperaturas agradables. Hay pocos lugares en Europa con tanta diversidad de paredes calcáreas y potencial alpino. En invierno los lugares que más me llenan son Gavarnie y el Vignemale, en verano soy un asiduo de Ordesa, me parece una escalada brutal. CB. Muchos alpinistas rechazan el aspecto cultural de su actividad y se quejan al mismo tiempo de la falta de patrocinio serio que existe en España. ¿No cree que hay que llegar al gran público desde la cultura escrita o audiovisual para interesar a los patrocinadores? JL. Cierto es que habría que explotar un poco más la faceta cultural de cualquier actividad que hagamos, no solo con el fin lucrativo de los patrocinadores, sino para calar en el gran público de manera sana, trasmitiendo las cualidades de este deporte, y a partir de ahí crecer una mentalidad más alpinística de la que ahora tenemos déficit. En mi caso trato de trasmitir los valores de la montaña también a través de mis patrocinadores. Intento depurar mi técnica de tal modo que consiga progresar en el estilo más puro. Quiero que esto se entienda bien porque para mí es importante, no sólo hacer actividad, sino

que el fin justifique también el medio. No soy partidario de una publicidad a cualquier precio porque considero que se pierden muchos aspectos importantes de la profesión, como son la ética, el respeto al medio ambiente, el compañerismo y, especialmente, la seguridad. Existen muchos proyectos dirigidos al público generalista, a través de audiovisuales y también multitud de documentos escritos (periódicos, revistas, webs, etc.) que promueven precisamente esto mismo que digo, de lo cual me alegro porque detrás de cada uno de ellos sé positivamente que hay gente de gran valía que consigue calar con esta idea. Por supuesto, existe un impacto mercantil detrás de todo ello, y son cada vez más los patrocinadores interesados en respaldar deportistas de alto nivel y acercar su imagen de marca a la montaña. Precisamente, el rechazo a tal exposición muchas veces puede ser debido a discrepancias con otro tipo de proyectos no tan atractivos desde el punto de vista deportivo, que aun igualmente llegando al público general inciden en él de otra manera. Y ya se sabe que las comparativas son odiosas. Aun así siguen siendo los menos casos y, afortunadamente, dentro de la comunidad alpinística estos “realities” no distorsionan en absoluto.

En una de las joyas de Chamonix, ‘Beyond good and Evil’, en la Cara norte de Perelins, en diciembre de 2013.

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Entrevista Jonatan Larrañaga - "Hay vida más allá de la montaña"  

Extensa entrevista a Jonatan Larrañaga en el Nº121 (Mayo 2014) de Campo Base.

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