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[PRÓTESIS PENE] http://www.iurologico.com

Dres: Leal López A. y Pena Outeiriño J.M.

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Información general Un implante de pene (prótesis) es un dispositivo que se coloca quirúrgicamente (se implanta) completamente en el interior del cuerpo del pene (ambos cuerpos cavernosos) y permite que un hombre experimente una erección. La impotencia es la imposibilidad de tener una erección lo suficientemente firme y prolongada para permitir la introducción normal en el acto sexual. La impotencia puede ser transitoria, durante un corto periodo de tiempo, como cuando se bebe demasiado alcohol o se toman determinadas drogas etc., y continuada o crónica, cuando es persistente. Estas últimas representan de un 8 a un 10 % de todas las impotencias La erección en el hombre, se produce al rellenarse con sangre unas estructuras cilíndricas, alargadas, de consistencia esponjosa situadas en el interior y a lo largo del pene, conocidos como cuerpos cavernosos. También, alrededor de la uretra existe una estructura similar que constituye el cuerpo esponjoso de la uretra que se ensancha en el extremo distal del pene para constituir el glande. Estas estructuras en situación de reposo se encuentran flácidas, vacías de sangre. Con el estímulo sexual, se cierran las salidas de los vasos y la sangre arterial penetra hinchándolas y poniéndolas tensas, eréctil es, en forma semejante a un neumático. Pasado el estímulo sexual, las venas de salida se abren, se produce el vaciamiento de sangre y se vuelve a la situación de flaccidez o reposo. Naturalmente, los mecanismos que ponen en funcionamiento la erección son mucho más complejos y en ella juegan factores no solo anatómicos locales, sino otros como neurológicos, vasculares, hormonales, e incluso psicógenos. Existen dos tipos de impotencia, la psicológica o emocional, y la física. La impotencia psicológica puede producirse por temor, sobrecarga, preocupación, ira, o frustración. A menudo este tipo de impotencia se desarrolla a partir de la "ansiedad de actuación", es decir, del temor de un hombre a no cumplir satisfactoriamente sus funciones durante el acto sexual. Hasta el año 1.970 se pensaba que los problemas psicológicos eran la causa del 70% de las impotencias crónicas; sin embargo, mediante los progresos realizados en las técnicas de diagnóstico se basa, hoy día, que la mitad de los casos de impotencia crónica son secundarios a una causa física. La impotencia física se produce cuando una enfermedad, una intervención quirúrgica o accidente, lesiona ciertos vasos sanguíneos y/o nervios o trastorna el equilibrio hormonal del organismo, así, hay una serie de enfermedades que provocan estas lesiones, como pueden ser la diabetes,

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endurecimiento de las arterias (arteriosclerosis), insuficiencia renal crónica con diálisis o sin ella, o enfermos con un trasplante renal, el alcoholismo, al deprimir los centros sexuales del cerebro, y poder lesionar los nervios necesarios para la erección, y determinados medicamentos como algunos que se utilizan para el tratamiento de la hipertensión o de la depresión. También existen una serie de intervenciones quirúrgicas que pueden provocar una impotencia física en el varón al dañar los vasos sanguíneos y/o nervios como son la cirugía de la pelvis, la resección radical de la próstata, recto y vejiga, y determinada cirugía vascular. Algunos accidentes que dañen la médula espinal (parapléjicos), lesiones de la pelvis o de los genitales, pueden provocar una impotencia en función de la localización del traumatismo y de la lesión nerviosa que se produzca. Para determinar si una impotencia es de origen físico o psíquico existen una serie de pruebas que permiten al médico su diferenciación. Durante la noche existen unas erecciones normales que aparecen durante el sueño, carentes de contenido sexual, y que pueden ser registradas mediante un dispositivo muy simple. En caso de demostrarse estas erecciones es fácil descartar una causa física. Según se va conociendo mejor el mecanismo de la impotencia se van desarrollando tratamientos más eficaces. Para la impotencia psicológica el médico le puede orientar hacia un psicólogo o asesor experimentado, siendo recomendable que participe la pareja de forma conjunta en la terapia. La impotencia puede deberse a causas hormonales que se pueden tratar con la medicación adecuada. Cuando es consecuencia de una medicación en concreto es aconsejable la consulta médica para reajuste del tratamiento de la forma más conveniente. Una forma de tratamiento que se ha demostrado eficaz son las inyecciones de un medicamento en el interior de los cuerpos del pene, provocando una erección transitoria, y requiriendo un pinchazo cada vez que se desee una erección. Es una técnica que presenta algunas complicaciones y no la consideramos muy aconsejable. La impotencia que aparece como resultado de una lesión permanente de los vasos sanguíneos o de los nervios puede tratarse quirúrgicamente bien con intervenciones tendentes a aumentar el aporte de sangre cuando éste está disminuido, o realizando una implantación de prótesis en el pene. Dentro del tratamiento de la impotencia con la implantación de prótesis de pene, disponemos en el mercado de diversos tipos de ellas que, por sus características, las vamos a describir individualmente. Hay unas prótesis semirígidas que producen una erección permanente y constan de dos cilindros de silicona. Los cilindros se insertan en los cuerpos del pene y proporcionan una erección lo suficientemente firme para las relaciones sexuales. Puesto que el dispositivo permanece rígido desde el momento de su implantación, el estado de erección es permanente permitiendo que se doble hacia abajo o hacia arriba para que el pene esté pegado al cuerpo durante las normales actividades sociales.

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Hay otras prótesis de pene que son autónomas y que consisten en dos cilindros de silicona, cada uno de ellos con su propio reservorio y bomba. Los cilindros se introducen en el cuerpo del pene. Esta prótesis es mas fácil de disimular porque el hombre ya no tiene una erección permanente; sin embargo, este tipo de implante de pene no proporciona una erección tan completa como las prótesis semirrígidas o las hinchables. Para activarla, el paciente presiona en la punta del pene varias veces para así crear una erección. Al apretar el punto del deshinchado el pene vuelve a su estado flácido normal. Otro tipo de prótesis son las hinchables, están diseñadas para imitar la erección normal y permiten controlarla. Cuando la prótesis se activa, el pene se hace firme y erecto; cuando se desactiva, el pene regresa a su posición normal relajada. Estas prótesis constan de tres partes que están conectadas por medio de tubos: un reservorio en forma de balón, lleno de líquido, que se coloca por debajo de los músculos abdominales; un par de cilindros que se colocan en las dos cámaras del pene que normalmente se llenan de sangre durante la erección, y una bomba con una válvula de descarga que se coloca en el escroto (la bolsa de piel que contiene los testículos). Esta última prótesis va colocada totalmente en el interior del cuerpo humano. Cuando se desea una erección se oprime varias veces la bomba a través de la piel del escroto. Como consecuencia de ello el líquido del reservorio (balón) se desplaza por los tubos y llena los cilindros que están en las cámaras del pene. Cuando se oprime una pequeña válvula de descarga situada en la bomba (escroto), el líquido vuelve desde los cilindros al reservorio (balón) y el pene regresa a su posición normal de relajación. Las prótesis se implantan por medio de una simple incisión, bien en la parte inferior del abdomen, cerca de la base del pene, en la unión del pene con el escroto, o en el mismo cuerpo del pene. Como toda intervención quirúrgica implica un cierto riesgo, que es similar a todas aquellas intervenciones que requieren de una anestesia general. Durante las primeras semanas después de la intervención se produce un cierto dolor en la zona del pene; sin embargo, en la mayoría de las ocasiones no existe ninguno o apenas dolor al cabo de unas semanas después de la intervención. Los casos de rechazo de la prótesis son raros, dado el material con el que están hechos, pero en caso de producirse necesitan de la retirada de la prótesis. Cualquier prótesis puede averiarse; en caso de que esto se produzca, el problema puede corregirse con una nueva reintervención para cambiar el mecanismo defectuoso. La recuperación después de la intervención es rápida, y se podrá reanudar la actividad laboral normal cuando la incisión quirúrgica haya cicatrizado. La cicatrización tarda, normalmente, entre dos y cuatro semanas. Las relaciones sexuales se podrán iniciar a partir de la cuarta o sexta semana después de la intervención, habiendo sido demostrado mediante estudios clínicos que la erección provocada por la prótesis parece casi normal, y los portadores son capaces de experimentar el orgasmo,

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eyacular y ser padres si ya eran capaces de ello antes de la colocación de la prótesis. A la hora de decidirse por la colocación de una prótesis de pene es aconsejable que en la elección participe su pareja y pueda expresar sus sentimientos. Muchas mujeres a las que se entrevistaron meses después del implante, manifestaron que no solamente estaban complacidas con las prótesis, sino que habían advertido que sus compañeros sexuales se encontraban mas relajados, eran mas afectuosos y con mayor confianza en sí mismos.

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