Page 1

1

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


2

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


3

SEKAI

Primera Saga

Javier Escámez Álvarez "Habimaru" Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


4

Licencia La propiedad intelectual de este libro se le atribuye a Javier Escámez "Habimaru", con todos los derechos reservados. No obstante, en http://habimaru.co.cc/sekai podrás encontrar versiones imprimibles de los capítulos de libre acceso, bajo una licencia Creative Commons. Se recuerda, también, que los lectores que así lo deseen pueden enviar sus ruegos y preguntas, así como sus obras derivadas a mi correo electrónico, javieraburame@gmail.com.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


5

H abimaru dice:

Agradecimientos A mi familia y amigos en general, excepto a mi hermana, cuya obsesión por Crepúsculo y negación a la lectura de este libro me hacen ¡Hola, pequeños seguidores de

perder la fe en la literatura.

Sekai! Ya seáis veteranos o nuevos en este pequeño mundo que ha ido generándose a

A Alejo y Dani que, aunque en

partir de mi casi ilimitada imaginación, es

el fondo sean un poco capulletes en

mi obligación daros una digna bienvenida

lo que a Sekai respecta, han sido una

a este primer número de la que, algún día,

parte más que importante en la

será una conocida publicación que nunca

concepción y desarrollo de la obra.

hubiera tenido sentido sin el influjo de la Red de Redes.

A los miembros de la revista literaria ¡No Lo Leas!, por darme

Será mejor que deje por ahora

una oportunidad en su pequeño

todos estos largos y tediosos comentarios

rincón para hacerme crecer como

que probablemente sobren en vuestra

escritor y persona.

primera lectura y pase directamente a la columna de la derecha.

Sekai – Primera Saga

Gracias.

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


6

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


7

Índice Prólogo

.......................................................................8

Capítulo Primero Sekai

.......................................................................33

Capítulo Segundo Tamaki

.......................................................................45

Capítulo Tercero Hanako

.......................................................................64

Especial Primero El Libro de Sekai (I)

.......................................................................78

Capítulo Cuarto Un día libre

.......................................................................83

Capítulo Quinto Reiji

.......................................................................104

Capítulo Sexto Entrenamiento

.......................................................................121

Capítulo Séptimo La decisión de Keitsuke

.......................................................................135

Especial Segundo Informe de Reiji

.......................................................................146

Capítulo Octavo Saga I Finale

Sekai – Primera Saga

.......................................................................149

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


8

Prólogo Ding dang ding... Ding dang ding... Acababa otro día de clase. Y acababa, como todos los viernes, de la peor forma posible: con una soporífera lección de filosofía. Y no era por falta de escándalo, dado que los murmullos se extendían con una gran facilidad sin que nadie hiciese nada por evitarlo, sino por el tema de la filosofía griega. Era incapaz de comprender cómo podían meter a una persona cuyo mayor interés es la física a estudiar ese tipo de cosas. —¡Hey, Keitsuke! —me gritó una voz familiar—. ¡Espabila! Giré la cabeza para averiguar el origen de tal clase de grito, que, lejos de parecer un berrido, me llamaba en voz alta con un gran torrente, para descubrir que, mientras guardaba mis cosas de clase (entre las que cabría destacar una agenda con infinidad de bocetos de baja calidad, una libreta abierta por una página que cualquier observador externo dudaría sobre su contenido filosófico al ver la enorme cantidad de garabatos y frases graciosas, ilustrada por una enorme cantidad de figuras con algún tipo de perspectiva chapucera, y un estuche con lo básico y poco más, que mi calculadora hacía parecer más abultado de la cuenta), el resto de mis compañeros de clase habían abandonado ya el aula, al igual que el profesor. ¿En qué estaría pensando? En el umbral de la puerta encontré la fuente de la voz, Takuya, mi mejor amigo. Bueno, mejor dicho mi único amigo. No tenía demasiadas relaciones sociales, sólo con él y con una compañera de su clase, lo que me volvía un chaval algo extraño en la mía propia. Sí, sabía escucharles cuando tenían algo que contarme, y no tenía problema en entablar alguna conversación trivial con ellos, pero hasta ahí llegaba, compañeros. Nada más. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


9

—Eh, tío. ¿Qué haces aquí solo? Los demás ya han salido. —Pues nada, aquí, esperando a que se desatasque la puerta —reí—. Bueno, además me entretuve un poco recogiendo, pero total, no pasa nada. —Tan... propio de ti... como siempre, Kei...Venga, ve dándote prisa, que tengo hambre, y, con el frío que hace, unas lentejitas van a entrar perfectas. —¿Lentejas? Mejor entra un pucherito bien calentito, colega. —En fin, lo que te iba a decir... ¿Hacías algo esta tarde? —Pues pensaba estudiar algo, pero si tienes un plan mejor, no me voy a negar —contesté. —Pues no sé, si quieres llamamos a Kyoko para echar un rato... —No sé qué vamos a hacer... Porque menudo frío... Al menos no llueve. —Pues igual algunas partidillas o algo, ¿no? —y añadió—. Si quieres me quito de en medio un rato...para... tú sabes, ¿no? —Ya te he dicho muchas veces que fue algo de un día y no creo que se repita. Tan amigos como siempre —repliqué algo ofuscado por las insinuaciones. —Pero ella... —Pero ella piensa igual que yo —le interrumpí—. Ocurrió y si se repite, pues bien, no vamos a ir buscando —concluí el tema cerrando el portón del instituto. *** Con el portazo, las imágenes de aquel día volvieron a mi cabeza. Ya habían pasado casi dos meses. Corrían los principios de octubre. Estábamos celebrando el decimosexto cumpleaños de Takuya. No creo que fuésemos más de diez personas, siquiera creo que llegásemos a ocho. Nosotros tres y algunos compañeros de clase invitados por cortesía. Aunque no éramos demasiados, el salón de Takuya me parecía muy cerrado. Quizá por la poca luz, quizá por el empacho de panchitos...

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


10

Decidí retirarme un rato. A pesar del frío, salí a tomar un poco de aire fresco. Me dejé caer la bufanda sobre los hombros y me tumbé sobre la pared a mirar el cielo. Hacía frío, pero no se veía ni una sola nube que ocultase el firmamento y la luna se reflejaba en la piscina, como si fuese la cutre imitación de un lago. Cuando me llegué a dar cuenta, mis ojos estaban tapados. Las manos que me bloqueaban la vista, aunque suaves, estaban frías. Ignoraba de dónde salieron, puesto que me apoyaba contra una pared y hubiese visto acercarse a alguien. —¿Quién soy? —preguntaba una dulce voz que, de solo oírla, inspiraba en mí un sentimiento de confianza, mientras retiraba sus manos. —Oh, Kyoko... —susurré viendo sus brillantes ojos verdes y su pelo, que le caía en dos coletas por delante—. ¿Qué haces aquí, con tanto sigilo? —¿Qué haces aquí tú, tan solo? —Ya me conoces, soy así —le dije en un tono neutro, que podría haber llegado a asustarla si no me conociese tan bien. —Pues lo siento, pero voy a deshacer un rato tu soledad... —me miró a los ojos. —¿Algo que contarme? —Nada en especial... la misma monótona vida de siempre... —¿Y qué tal las clases? Hace poco que has empezado, ¿no? —Pues tengo la ligera sensación de que voy a odiar la estúpida asignatura de filosofía —bufé, sabiendo que en realidad mi capacidad crítica superaba a la de la mayoría de mis compañeros—. Y, por lo demás tampoco nada especial, ya sabía a lo que venía... ¿Y tú? —Bah, no es más que lo mismo de siempre pero con más... —Como todo. No sé cuántas veces habré oído que el próximo curso va a ser mortal... Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


11

Se creó un silencio efímero hasta que la chica murmuró un “Tengo frío”, al que respondí tirando un poco de su bufanda hacia mí y tapándola con mi enorme chaquetón. Sabía de primera mano que no le iba a molestar, tal y como era nuestra amistad, uno ya sabía cuándo tenía que abrazar al otro. Pero... Esta vez se sonrojó. —¿Qué haces sonrojada hoy? ¿No habrás bebido un poco más de la cuenta, no? —pregunté en tono inquisitorio. —Kei, sabes que no bebo... Es que... —se ruborizó aún más— Esto... cómo lo digo... Ha sido inesperado, no sé... —Tenías frío, cosa normal con lo poco que vistes —le dije a pesar de llevar un largo jersey de rayas rojas y negras y unos pantalones largos, de estilo ancho—. Y como amigo tuyo estoy para evitarlo. ¿No estamos para eso los amigos? Me besó dulce y suavemente en los labios. No me sorprendió demasiado. Ella era así y eso de darnos algún que otro besito ocasional sin ningún tipo de significado más que cariño era muy común entre nosotros, pero lo que dijo a continuación fue lo que me marcó. —Keitsuke... ¿Qué nos pasa últimamente? Discutimos demasiado y casi nunca hablamos de cosas importantes, ni de nuestros sentimientos... —Tienes razón... supongo que esto de las clases y el miedo inicial nos habrá agobiado un poco, pero aquí estamos de nuevo... Así que aquí me tienes, y me gustaría escuchar todo lo que me tengas que contar... Me besó. Esta vez no suave y dulcemente como solía hacer otras veces, sino de una forma bastante más apasionada, con más entusiasmo que nunca. —Cariño. Es algo que los dos necesitamos... Y para eso estamos los amigos, ¿no? —intentaba justificarle lo que hacíamos aunque las mejillas se me tintaban de rojo al no esperarlo— Anda, ven aquí conmigo... La atrapé entre mis brazos y nos besamos. Nos seguimos besando y besando.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


12

Aquellos veinte minutos que parecieron una eternidad entre los brazos de la chica que más quería no me parecieron suficientes. Era la primera vez que me sucedía algo de esto... y me gustaba. Las primeras gotas de lluvia caían dulcemente sobre nosotros, pero en ese momento, me pareció irrelevante. ¿Qué eran unas gotas de lluvia para lo que era ese momento, quizás irrepetible? Con un poco de esfuerzo moral, separé sus labios de los míos para cuestionarme en voz alta lo problemático de la situación, pero la chica me silenció poniéndome un dedo sobre mis labios. —Calla, Kei. Sé lo que estás pensando. Yo también lo estoy pensando... Por favor, disfrutemos el momento... Lo necesito... Si quieres, después hablaremos del tema... Realmente lamento tener que hacerte pasar por esto... — susurró con los ojos bañados en las primeras lágrimas y el pelo empapado por la lluvia que ya se alejaba de la dulzura con la que había comenzado. —Calla... —le dije secándole las lágrimas con mi bufanda y apoyando su cabeza sobre mi hombro —Para eso estamos los amigos, ¿no? Tranquila, estás conmigo— le susurré junto a un nuevo beso. Sentí la presencia de Takuya, el cual se giró sobre sus pasos al ver la escenita que había montado, y mi gesto de muñeca. Es algo que debería agradecerle, que sabe respetar los límites de la intimidad de la gente, cuando cualquier otro amigo se hubiera sorprendido y gritado, rompiendo la magia del momento. De todas formas, sabía que le debía una explicación. No pasaron más de cinco minutos hasta que la chica estornudó, lo que me hizo plantearme volver a entrar en la casa. Por suerte, Takuya había encendido la chimenea, lo que nos permitió entrar en calor un poco más rápido. —Oye, Taku... —intenté explicarle lo que había visto. —No te preocupes, Kei. Ya me contarás con un poco más de tranquilidad, ¿no? —Tenía razón, en ese momento estaba de todo menos tranquilo, con el corazón Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


13

acelerado y la mente muy dispersa—. Ahora lo que deberíais hacer es secaros, anda, id a mi cuarto, y pilladme algo de ropa, ya me la devolveréis cuando sea. Sabes encender la estufa, ¿no? —Sí, pero... Creo que te mereces una explic.... —¿Qué es más urgente? —me interrumpió—. Venga, ya me contarás luego, que vais a cazar un buen resfriado —se quejó, empujándome hacia la chica y llevándonos a su cuarto. Se giró y cerró la puerta tras de sí. Si no le conociera tan bien, hubiera pensado que querría encerrarnos en una misma habitación por algún tipo de motivo, pero siendo él, sólo se preocupaba por nuestra salud. —Y no hagáis cosas raras en mi cama —gritó desde el otro lado de la puerta en un tono irónico. —Bueno... —me deshice de la ropa que más mojada tenía, quedándome en pantalones— Creo que ahora es buen momento para hablar... —Tantas cosas... No sabría por dónde empezar... —Empieza por quitarte la ropa —respondí en un tono picarón y, para compensar, añadí—. Que vas a pillar una pulmonía y prefiero quedarme medio loco que tener a mi mejor amiga enferma por mi culpa. —Bueno, será mejor que sí, pero ponte algo antes de que se me apetezca abalanzarme sobre ti... ¡Qué hostias! —dijo tirando su húmeda camiseta al suelo y mordiéndome el cuello. —Ahora no es momento... ¿No crees? —la retiré con delicadeza de mi cuello y la abracé, tocando las puntas de su húmedo pelo que caía por su espalda— Por favor, necesito hablarlo, lo siento... —Bueno... —susurraba recorriendo sus dedos por mi espalda—. Es cierto. Te debo una explicación. Pero... es que no la tengo. Supongo que lo necesitaba. Y... — Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


14

sonrió—. Seguro que tú también. —¿Qué? —No sé... hace mucho que somos amigos... Y algún día... tendría que tocar, ¿no? —Espera... ¿A qué te refieres? —pregunté, temiéndome que la chica buscase un compromiso al que no pudiese atarme. —Soy tonta —sollozó—. El tiempo nos une cada vez más y algún día había de acabar explotando... —Pero... ¿Qué significa todo esto? Acaso quieres... — No, no... —me interrumpió—. Esto no significa nada. Bueno, ya sabes a qué me refiero... Seguimos siendo tan amigos... Ya lo sé, Kei, no estás preparado una relación seria. Supongo que, para ti, esto es sólo una cosa entre amigos. —Gracias por comprenderme... Sabes que te quiero mucho, pero entiendo por qué hay que sellar este tipo de cosas con un formalismo... —Ya, pero, no sé, tenemos dieciséis años... —A usted aún le faltan unos tres meses, bella damisela —le recalqué. —Siempre me ha irritado ser la menor de los tres... —refunfuñó. —Tampoco te pierdes nada... —susurré cabizbajo. —Como te iba diciendo... —reencauzó la conversación—. Aunque nunca haya sido capaz de comprender tu miedo, siempre tendremos tiempo para elegir si las cosas van bien. No te preocupes, prefiero estar así contigo que estar sin ti. No lo soportaría. No soportaría quedarme sola... Envolví a la chica en mis brazos y la tranquilicé. Era incapaz confiar mucho en mi forma de ser como para cuidar ese tipo de relación. Me alegré porque, aunque le supusiese un esfuerzo, fuera capaz de respetar mi decisión. Y la besé de nuevo,

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


15

dejándole claro que seguiría cuidándola y que, entre nosotros, sería lo mismo. Aún así, desde entonces las cosas se enfriaron un poco entre nosotros. Seguía abrazándome cuando era conveniente, pero esa química tan pasional había desaparecido... Sabía que debería hablarlo con ella... Aunque ninguno de los dos era capaz de hacer el primer movimiento... Se trataba de una situación más que incómoda. *** —¡Keitsuke, espabila! —se quejó Takuya—. ¡Últimamente estás medio dormido! Por cierto —añadió—. Respecto a lo de antes... Perdona... —No, mi culpa, soy un poco borde... —contesté en un tono apagado. —Estuve hablando con ella... Me dijo que.... —No quiero meterme en vuestras conversaciones privadas —y, aliviado, añadí al ver la puerta de mi casa —. Oh, ya hemos llegado... —Venga, tío, nos vemos luego en mi casa... —se despidió—. Tenemos una conversación pendiente. Al entrar en mi casa, un familiar aroma a sopa llenaba la cocina. Mis padres probaban el caldo, mientras que mis hermanas llevaban sus platos a la mesa. —Kei, tu plato está en el microondas —mi madre bajó el volumen del televisor a mi llegada. —¡Gracias, mamá! —Niñas, ¡dejad el pan y tomaos la sopa! —criticó mi padre haciendo uso de un grave tono de voz. —Es que está sosa — se quejó una de las chicas. —Pues vienes y le echas sal... Anda que... —resoplé, mientras la chica esquivaba una de mis letales collejas.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


16

—Tráela, Kei. —¿No ves que estoy a mitad de camino con un plato ardiendo entre las manos? —dije antes de sentarme a tomar la sopa e ignorar lo demás. Al cabo de unos minutos, el plato estaba vacío. Ni una gota de sopa, ni un solo fideo, ni el más pequeño trozo de pollo. Completamente vacío. Una sopa calentita a principios de noviembre siempre venía bien. Me dirigí a la cocina a por un par de manzanas, que casi engullí, y a preparar la cafetera. Aproveché mientras se filtraba para poner unos vasos de leche a calentar. Al cabo de unos instantes la fragancia del café inundaba la cocina y el microondas anunciaba con un estridente sonido que había acabado. Mezclé ambos líquidos con un par de cucharadas de azúcar y me llevé mi taza a mi habitación, despreocupado. Arranqué el ordenador y conecté un viejo reproductor de vinilos que un día encontré en el garaje de mi casa, con un poco de jazz para acompañar. “Delicioso, como siempre”, suspiré. Sería incapaz de arrancar bien el día sin mi café matutino, ni de reponer fuerzas sin tomar una taza después de comer. Tras unos minutos, el fondo del recipiente sólo me mostraba unos tristes posos. Por suerte, el ordenador ya había arrancado, aunque con un rápido vistazo, descubrí que ninguno de los contactos que me pudiesen resultar relevantes estaba en línea, por lo que, tras desestimar la idea de estudiar justo al llegar de clase, decidí echar una partida a algún videojuego. Abrí la bandeja de la consola y tomé las cajas que más a mano tenía para decidir a qué jugaría. Elegí un RPG que tenía a medias, al que jugué con tranquilidad hasta que un jefe decidió destrozar a mi equipo. Por suerte, la anterior partida guardada estaba justo al lado del colosal monstruo, aunque no tenía demasiadas ganas de volverlo a intentar.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


17

Por tanto, decidí dejarlo para más tarde y aprovechar el momento para darme una relajante ducha. Me desvestí con prisas, dejando la ropa aleatoriamente colocada sobre una de las sillas de mi habitación y entré en la ducha. Al instante me encontraba bajo un chorro de agua caliente que, junto al dulce olor de mi champú preferido, me reconfortaba. Abandoné la ducha mientras me enrollaba una toalla en el pelo y otra en la cintura. Me sequé lo más rápido que pude y fui a mi cuarto a vestirme. Elegí unos vaqueros anchos, con una camiseta más o menos abrigada y una chaqueta al ver lo triste que estaba el tiempo al otro lado de la ventana. Tras ello, fui a peinarme, cosa que hice sin más preocupación que recogerme toda la melena en una cola alta, del estilo samurái, dejando un par de mechones fuera, uno a cada lado. —Malditos enredos —murmuré mientras deshacía algún que otro nudo de la coleta. Pensándolo bien, ya hacía tanto tiempo que llevaba así el pelo que se volvió una de mis señas de identidad. Y todo porque a Kyoko le gustó verme así mientras estaba jugueteando con mi pelo y un par de coleteros. Aún me sobraba una media hora, así que decidí echar una rápida partida a un antiguo juego arcade al que últimamente andaba viciado. Pasaba nivel tras nivel sin siquiera perder una vida, y durante la breve partida, el marcador de puntuación seguía creciendo sin que los disparos enemigos pusieran fin a mi virtual existencia, así que no tuve más remedio que apagar e irme sin llegar a guardar el juego. Al abrir la puerta, descubrí que en la calle hacía algo más de frío de lo previsto, así que cogí un largo chaquetón que tenía colgado en un perchero cercano a la puerta y me lo puse antes de irme. Justo al salir, una fuerte ráfaga de viento me agitó violentamente el pelo. Intenté despedirme de mi familia, pero al parecer no había nadie en casa. Sólo Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


18

pude decir adiós a Jolo, mi perro, que enérgicamente me recordaba que debía llenar su cuenco de agua. Le acaricié tras la oreja y, tras rellenar su cuenco, le ofrecí una de las galletas que llevaba en el bolsillo, lo que pareció hacerle mucha ilusión juzgando por su forma de moverse de un lado a otro. Cerré la puerta de la calle con un sonido contundente, aunque algo agudo (daba la impresión de que era hora de engrasar las bisagras). No había un alma rondando las calles, algo normal, ya que, como indicaba el reloj-termómetro al otro lado de la avenida, la temperatura siquiera alcanzaba unos seis grados. Aunque, por suerte, no llovía. Calle tras calle, todo seguía igual de desierto. Algún quiosquero saludaba desde su caldeado establecimiento bajo una montaña de mantas, con unas mangas colocadas estratégicamente para poder atender a la clientela, que, por desgracia, no iba a ser mucha un día tan frío y, quizá algún coche en las calles más concurridas. Nada que ver con lo que se podía observar al otro lado de los cristales de las cafeterías. Grupos variados gente, bañados por la mezcla de aromas del cacao y el café y con una estufa evitando que pasasen frío cerca charlaban animadamente y reían unos junto a otros. Eché mano a los bolsillos, buscando algo suelto aunque fuera para un café de expendedora, pero no hubo suerte. No llevaba suficiente como para comprar uno, así que me tuve que apresurar para poder resguardarme del frío en casa de mi amigo. Seguí caminando. No faltarían más de un par de calles cuando sentí una extraña presencia. Me giré rápido, pero no alcancé a ver más que una sombra negra resguardándose en un callejón. Supuse tal presencia como la de un gato y no le di mayor importancia. Llegué a mi destino. Llamé al timbre. Llamé de nuevo, siendo reprendido por un grito que criticaba mi impaciencia. Acto seguido, se abrió la puerta. El anfitrión se mostró con una cálida, aunque algo desfasada, bata a cuadros.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


19

—Espero que hayas preparado algo de café calentito... —dije temblando del frío—. Porque estoy congelado. —No, pero supongo que algo se podrá hacer... Anda, pégate a la chimenea, que voy a preparar un poco... ¿Vas arrancando tú o qué? —Venga, vale. ¿Lo de siempre? —No debemos abandonar las viejas costumbres —hizo un gesto con la mano mientras reía. Pulsé el botón de encendido mientras me sentaba contra la chimenea. El reconfortante calor en mi espalda me hizo olvidar lo que antes era un frío glacial, mientras veía el vídeo de introducción del juego, vídeo que tanta expectación hubiese causado en sus primeros días, con una legión de fans esperando como buitres para obtener el último ápice de información. Menudos tiempos aquellos, ahora el movimiento fan se había reducido a un puñado de novatillos pidiendo un combate rápido en el que seguramente fueran reducidos a un puñado de escombros... —¡Elixir traigo! — gritaba Takuya a lo largo del pasillo mientras la pantalla de título gritaba el título del juego, incitándonos a pulsar el botón start. —Se le recompensará con el mayor de los premios, pase usted a la sala real y siéntese cómodo —continué mi tónica pseudomedieval—. ¡Una gran paliza! —le tiré un mando, previo sorbo de café. —Colega... no te lo crees ni tú —respondió en tono burlesco. —Las estadísticas me sonríen. Más del setenta por ciento de victorias — vacilé. —Probemos otro juego... A ver qué me puedes hacer. —Ganaría también... Al menos el cuarenta y cinco por ciento de las veces. —Eso me haría tener más victorias — rió. —Eso sólo te haría tener una mayor media. Aún así, desfavorable — le Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


20

ridiculicé y, añadí—. ¿Por vidas o por tiempo? —Tres vidas. ¿Objetos? —Por supuesto, buen hombre. ¿Qué sería de esto sin objetos? Eso sí, quita los de siempre, que jugar con ellos no tiene la más mínima gracia. —Así me gusta... —afirmó mientras realizaba a toda velocidad las selecciones por el menú. —Real men use items! —gritó mientras pulsaba el botón start para dar inicio a la batalla. Comenzó la batalla con una rápida bola de energía por mi parte. Esquivé de la mejor forma que pude los disparos que me enviaban desde la otra punta de la pantalla, lanzando el mayor número posible de esferas por segundo, para despistar a mi oponente, que se movía grácilmente para atizarme con un puñetazo bien cargado, que fui capaz de contrarrestar con cierta dificultad. —Por cierto —me miró con una expresión que se podría considerar entre seria y amistosa—. Creo que me debes algo de conversación. —¿Es obligatorio? —intenté escaquearme con un tono burlón mientras machacaba los botones para lanzar a mi rival por los aires. —Mucho me temo que sí. Estuve hablando con ella. — paró el último de mis golpes con una defensa perfecta. —¿De? —De mi colección de maquetas de mechas. Especialmente de ese último que construí el otro día —y añadió tras pegarme un golpe que casi supuso mi primera muerte —. No te jode. —Sí, vale, tienes razón... Todo ese rollo. ¿Qué quieres que te diga? —golpeé a su personaje en el aire, precipitándolo al vacío— Já, una vida menos. Como iba diciendo... Ya hablé con ella en su momento. Fue la situación del día y... Sí, vale... Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


21

quizá quiera más —le lancé una bomba de humo para dificultar la visión—. Pero tengo miedo. —Sabes que respeta tu opinión —me recordó, clavándome un par de tiros de plasma entre hombro y hombro—. Pero... —¿Pero? Yo la quiero mucho, eso deberías saberlo. Pero no soy incapaz de tener algo más. De tener una unión más fuerte que el hilo del destino que une nuestras vidas. —Eso te ha quedado muy lírico —me alabó mientras reducía mi contador de vidas, lanzándome un bate de béisbol a la cabeza. —Gracias, pero no acepto críticas literarias acompañadas de muertes —reí devolviendo algo de daño en venganza—. Pero bueno... no pretendí quedar tan literario... No sé... Ya sabes todo lo que pienso. Si siento algo por ella no tengo por qué formalizar nada. Me asusta. —Y ella lo comprende. Cabrón — añadió tras recibir un espadazo de mi parte —. No creo que debiese haber problema. —Que eso no le hace feliz. ¿No es suficiente problema? —Tanto tú como yo sabemos que no le importa, que daría todo por un rato junto a ti. —Hombre, pero yo qué sé... Estoy confuso. ¿Crees que debería hablar con ella del tema? —Evidentemente —gruñó por haber perdido su segunda vida—. Pero ya. Llegad a un acuerdo. O algo. Sé que podéis solucionarlo de alguna forma. Pero ahora... ¡Muere! — dijo intentando golpearme de forma brutal. —No —le contraataqué—. Y el ganador es... ¿Oh, en serio? ¡Yo! — fingí tener una copa en una de mis manos y un ramo de flores en el otro brazo, cual laureado piloto. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


22

—Vuelve a sentarte, te mereces una paliza por chulo. —Ni de coña —repliqué seleccionando un personaje que lucharía a escudo y espada. —¿Con que con esas vamos? —se quejó sustituyendo su personaje por otro esgrimidor. —¡Duelo de espadas! — gritamos al unísono. Pulsamos el botón Start y el combate comenzó. Ninguno de los dos se movía, ni decía una palabra. Yo por mi parte esperaba un objeto que me diese ventaja, aunque desconocía el motivo por el cuál mi adversario se precipitó hacia mí de repente. ¡Cambio de planes! Imbuí mi espada en llamas y la choqué repetidas veces contra la suya, —Estuve pensando... —me comentó—. La vida es aburrida, ¿Sabes? —Enhorabuena, has ganado un vale por dos Internets, capitán Obvio. —Hablo en serio... Demasiado aburrida. —Pues tanto tú como yo sabemos que sólo existen dos formas de sazonarla. A lo shôjo o a lo shônen. Y no creo que nos vayan a adoptar en un clan ninja para salvar el mundo. Así que sólo te queda una cosa: búscate una relación inverosímil. —O podríamos comprarnos mechas gigantes y liar la de Dios —fantaseaba mientras recibía uno de mis contraataques. —Encarguemos entonces unas placas metálicas y unos láseres, si al señorito se le apetece... —respondí de una forma más que irónica—. Sí, sólo nos queda lo de las relaciones raras. A mí me funciona —reí, bloqueando un golpe con mi escudo—. Qué condenado lío sentimental me traigo. —Tú por lo menos eso, pero si narraran mi vida sería el libro más aburrido de la historia. —Siempre podrías utilizarlo para amargar a generaciones de estudiantes Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


23

venideras —recibí un golpe de su glacial espada, que respondí lanzándole la pistola que tenía en mano sin munición alguna—. ¿Y por qué no te buscas novia? — le sugerí —Una de mis compañeras me pregunta mucho por ti. Si quieres que os arregle alguna cita... —No sé... No estoy seguro de si deberías esforzarte tanto por si acaso —dijo tirando una bomba entre los dos que acabaría con un doble KO. —No me seas soplagaitas. ¿No has hecho tú mucho más por mí? ¿No estás metido tú mismo de cabeza entre Kyoko y yo? —y, atacándole con mi ataque especial, que dejaría su contador de vidas en uno, añadí— Te lo mereces. Por mis amigos hago lo que sea. Sin vosotros seguiría siendo ese antipático misántropo que llevo siendo toda mi vida. —Pero... ¡Eh! —gritó al ver mi rastrera técnica asesina que le llevó a la muerte sin ningún daño previo— ¿Cómo has hecho eso? —Es fácil si tienes a tu adversario en Babia. Agarre y lanzamiento, reimpulsado con un espadazo. GAME SET. Ding dong Ding dong Me levanté a abrir la puerta a petición del anfitrión y me encontré a Kyoko. Llevaba su larga melena recogida en dos trenzas que se dejaban caer por delante, y un enorme chaquetón de color negro que caía sobre los anchos vaqueros que se había puesto. Sentí el irrefrenable impulso de darle un gran abrazo. —Sé que es mal momento, pero creo que deberíamos hablar—le susurré al oído. Soltó un grito mudo y se le abrieron los ojos como platos. —… —intentó balbucear, aunque no consiguió más que silencio, abrazándome con más fuerza. —Eh, ¡venid aquí! ¡Que se te va a enfriar el mando, Keitsuke! ¡Y tú también! Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


24

¡Que no hemos quedado para que os deis el lote, sino para daros una paliza! —Pues como sea como las dos anteriores que me has dado, chungo lo llevas — esbocé una sonrisa—. Anda, Kyoko, vente por aquí— lancé el mando hacia arriba haciéndolo girar. —Bueno, chicos... ¿Esperáis ganarme? —vacilaba la chica mientras se preparaba para luchar, remangándose el jersey que tenía bajo el chaquetón que había dejado atrás. —Teniendo en cuenta que hemos llegado al acuerdo de que si te escondes para no morir, vamos los dos a por ti, sí. —Eso es injusto. Muy injusto —lloriqueó la chica en una pataleta fingida—. Aunque igual os gano de todas formas. —Eh, ¿por qué te tienes que coger ese personaje siempre? —se quejó enérgicamente Takuya, señalando al personaje menos antropomórfico de todo el elenco—. Eres monótona. —No seas así, Taku — le reprimí —. Si va a morder el polvo rápidamente haga lo que haga, ¿por qué no dejarle hacerlo de una forma mona? —Venga, venga, menos pique —me riñó el anfitrión. —¡Pero si has empezado tú! —repliqué con un un doloroso tortazo en la espalda—. Anda y vamos a empezar ya... —De acuerdo, vamos allá. Comenzó esta tercera partida en un escenario casi totalmente llano, con no más de tres plataformas. Esta vez volví a los clásicos ataques directos, eligiendo un personaje con un gran abanico de combos físicos. Como era de esperar, la chica empezó a surcar los cielos, lo que le hizo recibir un gran gancho ígneo al volver a tierra, casi arrebatándole una de las vidas, sólo para ser apuñalado por la espalda por mi otro rival con una espada láser. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


25

—¡Serás cabrón! ¿Para esto formamos esta clase de acuerdos? —le lancé un bate de béisbol a la cabeza, lo recuperé y se lo volví a tirar, acabando en una rápida muerte del luchador. —En fin... ¿Algún tema de especial relevancia acerca del cuál hablar? — hizo cambiar de tercio la chica —. ¿No? ¿Ninguno? —Ninguno, si nuestra vida es un peñazo tremendo —y añadí—. Aunque... me sé de un chaval que busca... —Cállate —me interrumpió, lanzándome una granada, que pude desviar de un puñetazo hacia la chica, que recibió todo el daño—. No, en serio. Cállate. —¿Es que no quieres que se sepa? —le canturreé, burlón. —¿Pero de qué habláis? —se preguntaba la chica mientras nos lanzaba unas ingentes cantidades de explosivos. —De que Takuya es idiota y no confía en ti —lancé un golpe bajo a mi amigo mientras pateaba a su personaje—. Pobre chico desanimado y solitario. —Tampoco te pases, simplemente dije que pretendía animar mi vida un poco... Y que esta es la mejor forma. —¿Pretendes decir que quieres novia por aburrimiento? Eso es algo cruel por tu parte. —acusó la chica mientras lanzaba a mi otro rival fuera del escenario. —No, mujer... Simplemente a veces me siento un poco solo... —se lamentó mientras lanzaba su ataque especial con renovadas fuerzas—. Vosotros.... —¡Menudo leñazo! —interrumpimos la chica y yo casi al unísono, y añadí — Cabrón, has dejado esto más que igualado. Una vida por cabeza. Aunque tu marcador lo veo algo perjudicado— y, realizando uno de mis mejores ataques segué ambas vidas— Fin. Vuelvo a ganar. Ring Ring Ring Ring Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


26

—Tu móvil, Taku —le recordé chasqueando los dedos repetidas veces frente a su cara—. ¡Cógelo ya, que me pones nervioso! —¿Sí? —contestó—. Ah, sí. Vale, de acuerdo. Todo bien, enseguida lo hago. Sí, les preguntaré. Venga, nos vemos. Un beso, mamá —colgó. —¿Quién era? —quise saber. —Mis padres, que me acercara a comprar unas cosas para la cena. Y que si queréis quedaros a cenar, que siempre está bien. —¡Claro! — sonreía la chica. —Pues yo no sé, lo siento, tendré que llamar a ver qué hago o qué. —Pues eso, me acerco. ¿Os venís? —y rectificó, al mirarnos a los dos, que nos habíamos tomado inconscientemente de la mano—. No, mejor quedaos aquí, que tardo sólo un minuto. —Gracias —le susurré, y, para disimular, añadí—. ¿No necesitas ayuda o algo? —No, si es sólo un momento —se marchó, cerrando la puerta tras de sí. Se creó un completo silencio. Sabía que le tenía que decir algo, pero era incapaz de deducir el qué. Ella sólo estaba reclinada sobre el sofá, entre sonrojada y triste. La miré. “En fin, ahora o nunca”, pensé. Y la abracé con todas mis fuerzas, dándole un dulce beso en la mejilla. —He estado hablando con Taku... Y tenéis razón, quizá esté siendo un idiota... — me acerqué a su oído y le susurré — Te quiero. La chica no respondía a nada de lo que decía. Le brillaban los ojos como si fuera a romper a llorar en cualquier momento. —Lo siento... ya sé ambos dijimos que nada iba a cambiar, pero... —Temes algo serio —comenzó llorar—. ¿Es que no te gusto? ¿Es que no soy lo suficientemente buena para ti?

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


27

—Tengo miedo —sollocé—. Mucho miedo, de destrozarlo todo de una forma tan tonta. Te quiero mucho. Algún día podré dar ese paso... Pero ahora... — Me pides que me conforme con una amistad... Te entiendo. Pero... No sé... Soy demasiado egoísta. No sé aprovechar lo que tengo. — O sólo soy yo el que es egoísta. No llores... Te quiero... Sabes que te quiero mucho — dije meciéndola entre mis brazos — Mírame. Esos preciosos ojos verdes nunca deberían llorar... No permitiré que vuelvan a llorar.... —le confesé, haciéndola sonrojar aún más—. Eres mi mejor amiga y no quiero que sufras lo más mínimo. Se volvió a hacer el silencio, en el cual sólo destacaban dos latidos desincronizados, aunque era difícil saber cuál era más veloz más que el otro. Una mirada intensa se prolongó un tiempo que podría considerarse eterno. Ayudé a la chica a enjugarse sus lágrimas y aproveché la ocasión para unir dulcemente nuestros labios... Fue un beso tierno, aunque no por ello carente de pasión. Cerré los ojos y dejé el tiempo fluir... No me importaba lo que pasase alrededor. Sólo me importaba el momento, el dulce tacto de sus labios junto a los míos. El ruido de la cerradura interrumpió el momento, aunque la chica pareció no darse cuenta, así que me limité a hacer señas con el brazo libre a Takuya, que tuvo la gentileza de abandonar la habitación durante un momento. Al poco tiempo, aunque para mí eterno, separamos nuestros labios. —Siento haberte hecho sufrir tanto... Tranquila, no te abandonaré —le susurré al oído— Perdóname, he sido un idiota. —Perdóname por no ser capaz de decirte nada... —¡Hola, chavales! —gritó Takuya al entrar a la habitación como si nada hubiera pasado—. Perdón por abandonaros, ¿qué tal el rato? —Pues ya sabes... Lo de siempre —mentí, aunque él conociera la verdadera respuesta.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


28

—Y, bueno, Keitsuke... ¿Te vas a quedar? —Vale, genial. Aunque no puedo volverme demasiado tarde, me gustaría hacer un par de cosas esta noche... —Igualmente, te voy a pedir que me eches una mano a guardar la compra. Son un par de cosillas, pero tú sabes. Kyoko, anda, ve echando una partida mientras tanto. —En fin, tú me contarás... —me interrogaba el anfitrión mientras guardaba un par de latas de conservas—. ¿Que no volvería a pasar? Si es que esta casa tiene magia... — rió burlonamente. —Vale, sí, tengo admitir que algo de razón tenías... Quizá lo haya hecho mal. ¿Quieres martirizarme por ello? —guardé unos cartones de leche. —No, simplemente te mereces un “te lo dije”. Bueno, concretamente un "te lo dije, imbécil". —No me seas idiota —rompí a reír golpeando con suavidad a Takuya en el hombro. Beep beep. Beep beep. Mi teléfono. Un rápido vistazo al mensaje me incitaba a volver a casa a recibir a mis primos, que venían de visita, así que tuve que despedirme de mis amigos, tras una conversación sin rumbo ni sentido, que siempre había de surgir en el último momento. Choqué palmas con Takuya y le pedí a Kyoko que me acompañase a la puerta para hablar a solas con ella unos minutos antes de marcharme. —Oye... —le susurré ya en la puerta—. Siento tener que irme... —Pero no seas idiota, que no pasa nada —sonrió con cariño—. No te preocupes... —Me gustaría pasar un rato más contigo —sostuve su barbilla dulcemente y la miré a los ojos—. Recuperar algo de tiempo. Ponernos al día. Pero te prometo que Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


29

intentaré estar pronto contigo. Volveré a verte pronto —la besé dulcemente, pasándole por la espalda el brazo libre y apretando a la chica contra mí—. Pero eso será mañana... —Espera... —susurró cuando ya había dado unos pasos en su contra y se abalanzó sobre mí a abrazarme—. Gracias. —No deberías darme las gracias, soy un completo idiota que no sabe cuidar de ti— contesté algo sonrojado por el imprevisto abrazo. Bueno —y tras otro largo beso añadí —. He de irme... ¡Hasta mañana! — sonreí. Una calle, otra, otra... Todas comenzaban a iluminarse al ocultarse completamente el Sol. Los parques por los que cruzaba se veían solitarios en contraste a la alegría infantil que se podía ver durante el día (claro está, si éste no fuese tan frío como el de hoy) , siendo el mayor atisbo de vida un grupo de descerebrados que a aún cortas horas de la noche ya estaban bebiendo cerveza en un banco mientras reproducían música de dudosa calidad con los estridentes altavoces de sus móviles. —Por suerte no tienen un coche para dar aún más por saco con los subwoofers reshulones to' tuneaos —reí para mí mismo. Las cafeterías en las que la gente mantenía sus tertulias esa misma tarde se habían tornado pubs en los que se seguía charlando, pero con unas frías copas en lugar del cálido café. Por suerte, la música de los lugares por los que pasaba seguía siendo de tanta clase como de costumbre: algo de jazz, algún otro lugar con rock suave, e incluso un par de locales con metal. Entre el atractivo de la música y la luminosidad de las luces de neón, me veía tentado a entrar, aunque sólo fuese a saborear un poco el ambiente. Un veloz gato de tonos pardos cruzó la calle a toda velocidad cortándome el paso. Vi una alargada sombra junto a la mía proyectada en el suelo, aunque al girarme, no había nadie cerca, así que, de nuevo, al igual que aquella misma tarde, Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


30

me planteé el que fuera un animal ágil y sin rumbo. Crucé la siguiente calle y volví a sentir una presencia cerca, sin ver quién podría ser. Empezaba a escamarme, y un escalofrío me comenzó a recorrer toda la espalda. Aunque no fue hasta que llegué al siguiente parque cuando me vi completamente sorprendido. Una extraña chica con una larga chaqueta de color negro y la capucha echada sonreía en la soledad de un oscilante columpio sin quitarme ojo de encima. Pasé justo por al lado, aunque pareció no inmutarse. Unos metros más adelante me la encontré sentada en un balancín, cosa que me pareció poco posible, aunque al girar mi cabeza vi que, efectivamente, ya no estaba en el columpio. Se retiró la capucha para mostrarse. Era, lo que casi cualquier persona que la viera podría decir, atractiva. Su pelo largo, de un color azul oscuro que reflejaba la luz que venía del foco le caía por uno de los hombros hacia delante. Sus ojos eran de un color tan claro que, aunque bellos, podrían dar miedo al más estrafalario de los góticos. Aún así resultaban interesantes y llamativos. Y su sonrisa era perfecta, en armonía con el resto de su cara. —Keitsuke —escuché un susurro junto a mi oído y me giré asustado para ver que la chica había aparecido justo al lado mía —No tengas miedo.. —Estoy flipando —susurré para mis adentros—. Flipando. —No, Keitsuke —sentí los labios de la extraña en mi cuello, besándome con suavidad, haciéndome paralizar completamente. —¿Quién eres? —rechiné entre dientes a la figura, que parecía haberse alejado sin darme yo cuenta. —¿Acaso eso importa? —sonrió de una forma bastante adorable—. ¿Acaso es necesario que conozcas mi identidad? Ahora comprendo por qué te quieren. —¿De qué hablas? —me quejé mientras la chica se acercaba a mí y agarraba con suavidad mis hombros.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


31

—Tan desconfiado como guapo, por lo que veo —dijo entre susurros la chica mientras rozaba con la punta de su lengua mi mejilla. — Todo esto... ¿De qué va esto? —pregunté sin más dilación— Dímel... La chica me interrumpió besándome. Era una situación extraña. Era un beso totalmente robado, aunque parecía agradable. La chica transmitía serenidad, y, aunque no fuera una sensación totalmente placentera, podría considerarse agradable. Reparé, al estar de cerca, en el fino y blanco rostro de la chica, que podría parecer un par de años mayor que yo. Separó sus labios de los míos y se relamió de una forma dulce, aunque un poco lasciva. —Ahora que ya tengo lo que yo quería de ti, tendrás lo que quieres saber de mí, je, je — rió con dulzura y, susurró de una forma casi imperceptible—. Aunque aún no tenga lo que ellos quieren de ti — y, añadió, volviendo a un tono más normal —. Supongo que es hora de las explicaciones. Verás, mi nombre es S.... Un gran golpe interrumpió la conversación. Un chico alto con una larga melena recogida en una coleta mandó a la extraña volando hacia la otra punta del parque. Sentí algo golpearme, y, en cierta forma, clavarse en mi brazo, aunque no fui capaz de percibir el objeto ni pude palparme la herida. Mis párpados me empezaban a pesar. —Debí imaginármelo, vosotros —oí de una forma difusa. —Salvando... De nuevo. Maldito Re.... —Mal objet..... Hoy te volver.... Manos vac.... La conversación comenzaba a hacerse imperceptible. Algunos gritos y golpes lo procedieron. Mis párpados comenzaron a cerrarse poco a poco, y yo caí sobre el suelo, aunque algo hizo que no cayese en rotundo, sino con delicadeza. Oí de nuevo la voz masculina preguntarme si estaba bien, aunque no fui capaz de responder. Mis ojos se cerraron por completo.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


32

Sólo sentí frío. Y dudas, una enorme cantidad de ellas. ¿Quién sería esa chica? ¿Y el otro hombre? ¿Quienes eran ellos? ¿Qué querrían? ¿Por qué estaba en el suelo, incapaz de moverme? ¿Pasaría algo conmigo? ¿Sonaría el despertador la mañana siguiente y sólo tendría un vago recuerdo de todo esto? ¿Sólo sería una broma de mi subconsciente? Más tarde, comencé a sentir calor, comodidad. Tranquilidad. Aunque las dudas permanecieran ahí, en mi interior tampoco importaba tanto. Sólo eran unas cuantas dudas rondando mi cabeza.

Habéis tenido paciencia para leeros el prólogo. Vaya. ¿Os ha gustado? Todos dicen que es demasiado empalagoso. Como ya he dicho más de una vez, y tendré que repetir otras cuantas, ha sido algo intencionado. Una buena forma de caractarizar a los personajes aún así, ¿no creéis? Bonita, aunque extraña relación entre Keitsuke y Kyoko. Quizá el punto clave para trazar las pautas del pensamiento de nuestro prota. Y, como en casi cualquier historia, cortada por un acontecimiento inesperado. Otro punto que me gustaría remarcar son las partidas a lo que en un capítulo futuro denominaremos Digital Clash, algunas de ellas basadas en alguna de mis experiencias en el mundo de los videojuegos. También quería experimentar con una narrativa que mezclara de una forma ágil diálogo y acción, con un resultado que, cuanto menos, me parece prometedor. Nada más que decir sobre el prólogo más que lo que dije en su día... "Sekai... ¡Por fin está aquí!" Pero ahora no tienes más que pasar la página para continuar con la historia. ¡Vamos! ¡Sekai te espera! Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


33

Capítulo Primero: Sekai

Mis ojos se abrieron de golpe para chocar bruscamente con una realidad algo alterada, más próxima a lo que había podido leer en tantísimos libros de ciencia ficción. Me encontraba sobre una cómoda cama, que se apoyaba sobre una estructura metálica, en apariencia del mismo material que las paredes que me apresaban sin dar lugar a una sola puerta. Me incorporé para poder observar con más claridad el habitáculo. A mis espaldas pude ver un extenso escritorio, bajo una ventana de magnitudes similares, que contaba con varias cajoneras y un par de estructuras extrañas, soportando unos bulbos de cristal, lo que me hizo pensar que podría ser una lámpara de diseño extraño. Junto a ella, se podía ver una inmensa pantalla de lo que podría ser, probablemente, un ordenador personal bastante avanzado. Sondeé el resto de la habitación. Una lámpara de forma cilíndrica colgaba del techo, y, en la pared opuesta a la cama se divisaban algunos cuadros enmarcados en aluminio. La mayoría de ellos se encontraban vacíos, aunque dos de los no lo estaban me llamaron inmediatamente la atención. El primero mostraba a dos chicos. Uno de ellos, el más bajo y de cabello claro parecía de mi edad, mientras que el otro, de cabello castaño cubierto por un sombrero fedora, podría pasar por alguien más mayor. El segundo sólo mostraba unas siluetas algo difusas frente a un alto edificio del que se podría destacar su extraña arquitectura y una insignia de forma triangular que rezaba la palabra “Sekai”. Aún curioso por todo lo que veía, dejé mis dudas sobre las fotografías aparte para seguir observando el resto del lugar. Sólo me quedaba por escudriñar una parte de la habitación, y era la se hallaba a mi izquierda. Una gigantesca estantería se encontraba empotrada en la pared contra la que se apoyaba la cama, que, aunque vacía, llamaba la atención por su extravagante Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


34

diseño. Oí un sonido de desbloqueo, seguido de algo deslizándose. Dos figuras aparecieron tras la esquina de la habitación. Las siluetas se fueron definiendo hasta mostrar a dos esbeltas chicas. Ambas vestían de la misma forma, con un extraño uniforme, consistente en un vestido plateado de mangas largas decorado con algunas líneas que, en el caso de la chica de la izquierda eran de color morado, mientras que en el de la derecha tendían más a amarillo, un lazo del mismo color alrededor del cuello, y una chaqueta sin mangas, algo más oscura que el vestido, a excepción de los bolsillos, que volvían a la tonalidad de la prenda inferior. El diseño se completaba con unas largas medias a juego con los lazos, junto a unos zapatos de tacón del color de la chaqueta. Reparé entonces en sus rostros. Claros y finos, como si de porcelana se tratasen. La chica del lazo morado veía su rubio cabello rizado caer hasta la altura del cuello. En cambio, su compañera, contaba con una larga melena lisa de una tonalidad muy oscura. —Oh, se ha despertado... —susurró la chica del pelo rizado. —Keitsuke... —me llamó la otra chica, haciendo algunas señas con la mano—. ¿Cómo estás? —¿Quién eres? —es lo único que pude preguntar—. ¿Dónde estoy? —Tranquilo, Keitsuke... Ahora debes llenarte un poco el estómago... ¿Quieres tomar algo? ¿Un chocolate caliente? ¿Un café? —Un café con leche... Por favor —me preocupaba que pudieran drogarme la bebida, pero igualmente, si esos extraños quisieran hacerme algo, me tenían donde querían, por lo que intenté confiar en su buena intención. —Kiyomi... ¿Podrías ir a por uno? —indicó la joven de cabello oscuro a la otra —. Si no te importa, claro. Se volvió a hacer el silencio. La chica alternaba su mirada entre un terminal

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


35

electrónico similar a un teléfono móvil y mi rostros, mientras yo simplemente pensaba en qué decir, qué hacer, o en qué demonios estaba pasando. —Sekai... —me atreví a preguntar, recordando la imagen—. ¿Qué es? —El lugar donde estamos... Supongo que te extrañará todo esto... ¿Verdad, chico? —A decir verdad, bastante —respondí de una forma suave—. Pero antes, me gustaría saber... ¿Quiénes sois? —Perdona, chico. No nos hemos presentado, ¡dónde están nuestros modales! Me llamo Natsume y la compañera que ha ido a buscarte el café es Kiyomi. Y somos miembros de Sekai. Sí, veo que ya has visto el nombre en alguna parte... —Sí, en ese cuadro de ahí —señalé—. Me figuré que tendría algo que ver con vosotras. He reconocido la insignia en vuestros uniformes... La chica de antes volvió a aparecer por la puerta, esta vez junto a un hombre de apariencia adulta, con un uniforme que mezclaba tonalidades azules y doradas, del que destacaban una larga chaqueta y una bufanda carmesí que rompía el estilo bicromático del resto de la vestimenta, pelo corto y gafas de sol. Se presentó a sí mismo como Nagai, líder de lo que hizo llamar “esta rama de Sekai”, e introdujo a las dos chicas como sus ayudantes. Kiyomi desplegó una mesa desde la pared , junto a cuatro sillas, y colocó cuatro tazas de café. Acto seguido, me invitó a sentarme con ellos. Me levanté con algo de dificultad, puesto que mi cuerpo aún estaba un poco débil y me dejé caer con desgana sobre la silla. —Keitsuke Kiriyama... —el hombre me miró de arriba abajo—.

Tenía

curiosidad por conocerte —paró para dar un sorbo al café—. Natural de Dokuso, por lo que leo, ¿Me equivoco? —¿Dokuso? —respondí, extrañado—. Es la primera vez que escucho eso.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


36

—Es normal que no lo sepas, pero es el nombre... de tu universo —contribuyó Natsume tras probar su taza de té—. Ya sabes, el lugar de donde vienes. —Uni... Verso.. —susurré, haciendo un esfuerzo para asimilar lo que me contaban. —Sekai —continuó el que se hacía llamar líder—. Querrás saber lo que es, ¿Me equivoco? —y, tras mi asentimiento, añadió—. Natsume, por favor, haz los honores. La joven sacó un extraño objeto de su bolsillo que parecía ser una placa metálica que, al colocarla sobre la mesa, se desplegó hasta alcanzar cuatro veces su tamaño inicial. Entonces, comprendí su función. Un proyector holográfico. Mostraba un diseño bastante abstracto que contaba con varias placas de diversos colores, sobre las que se alzaban algunas más pequeñas. —Dime, Keitsuke —me preguntaba Nagai—. ¿Conoces la teoría del Multiverso? —Algo he leído —recordé—. Estipulaba, si mal no recuerdo, la existencia de múltiples universos alternativos, de forma paralela. —Pues, no se separa tanto de la realidad. Sólo tiene un error... La situación. Como tú has dicho, estipulaba que existieran en planos paralelos. Y, en nuestro conocimiento, sólo hay tres planos —señaló al proyector. Comprendí que las placas de abajo podrían ser los universos que mencionaba, aunque no entendía qué había justo encima —. El plano inferior, y el superior. —¿Y el otro? —pregunté extrañado—. ¿No acabas de describir tres? —Sí, aunque del tercero sólo podemos asegurar su existencia. Su función y su localización es aún incógnita. De todas formas, me gustaría centrarme en los dos conocidos. Quizá hayas podido deducir que la de abajo corresponde a los universos que denominaremos "inferiores" —señaló a uno de color rojo—. Ése de ahí es Dokuso. Pero, lo más importante, ése —y señaló a uno de los de arriba—. Es donde Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


37

estamos ahora mismo. En uno de los universos "superiores", microuniversos, o como nosotros lo llamamos, ramas de Sekai. —Nagai, por favor, deja el Multiverso para otro momento —riñó Kiyomi a su superior en un tono cariñoso—. Creo que Keitsuke ya ha comprendido lo que necesita saber, y probablemente le cueste asimilar aún toda esa teoría. No creo que calentarle aún más la cabeza sea buena idea. Hay otras cosas que urgen más... — me dedicó una sonrisa—. Perdona, siempre se emociona cuando habla sobre el Multiverso, es el que postuló la teoría y el que la llegó a probar. —No te preocupes —intenté sonreír mientras miraba vagamente los posos del café—. Me apasionan este tipo de cosas —aunque, realmente, me costara asimilar todo lo que pasaba y, lo más importante, no supiera aún por qué estaba aquí. —Supongo que querrás saber qué hace Sekai, ¿no? —me preguntó Natsume, y, ante mi asentimiento, añadió—. Ahora que sabes algo sobre el Multiverso, supongo que te lo podré explicar... Ya sabes que un universo de por sí tiende al desorden. Si uno solo tiende al caos, la colisión entre un número indeterminado de ellos es aún más desastrosa... —...Y ahí intervenimos nosotros —concluyó Nagai —. Aunque, como decía uno de los fundadores: "si no has oído hablar de nosotros es porque hacemos bien nuestro trabajo". —Pero... —la voz me temblaba un poco—. ¿Y qué pinto yo aquí? —¿Recuerdas algo de lo que pasó hace tres días? —quiso saber la joven de cabello claro. —¿Hace tres días? ¿Tanto? —me sobresalté—. Lo último que recuerdo es que estaba con mis amigos jugando, y cuando volvía a casa... Las imágenes de lo acontecido me asaltaron la cabeza en una rápida sucesión, como si mi subconsciente las rechazara instintivamente. Esa extraña chica, que me besó sin que yo no pudiera hacer nada. Un hombre entre las sombras, un golpe contra Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


38

el suelo. Una pelea en medio del parque. Una conversación difusa. Mis incógnitas. Mis dudas. Entonces un pensamiento cruzó mi mente cual relámpago. Estaba tan absorto en la novedad, en lo fascinante, extraño y desconocido de este mundo que olvidé que había sido arrancado del mío. Dokuso, lo llamaban aquí. Mi mundo. Mi vida. Mi familia. Kyoko. Takuya. ¿Qué sería de todo para mí? — Keitsuke... Keitsuke... —me llamaron las dos chicas al unísono, y, al dirigirles la mirada una de ellas añadió—. Menos mal, creíamos que te habías quedado congelado. —¿Qué hago aquí? —pregunté en un tono dolido, mientras miraba hacia la ventana, que seguía cerrada—. ¿Qué pasó entonces? — mi voz sonaba algo débil, temblando erráticamente. Intenté mantener la sangre fría, pero no era nada fácil. —Tranquilízate, Keitsuke —Nagai posó una de sus manos en mi hombro derecho—. Hemos hecho todo lo que hemos podido por ti... Al fin y al cabo, te hemos rescatado. Si no fuera por Reiji ahora estarías en manos de esos impresentables. —¿Impresentables? —mi cabeza comenzó a atar cabos sueltos. Ellos. Para quien que trabajaba esa chica tan extraña—. Creo que recuerdo algo... —¿Crees que esta era la mejor opción? ¿Traerte aquí sin que pudieras tomar una maldita decisión? —golpeó la mesa con el puño— Si pudiéramos, seguiríamos vigilándote en tu mundo y dejándote llevar una vida normal. Pero... —¿Vigilándome? Esto cada vez me parece más extraño. —Sí —respondió la Natsume mirando hacia otro lado—. Llevan años detrás tuya. —¿Por qué? ¿Por qué yo? ¿No tenía ya suficientes problemas por mí mismo como para tener a mis espaldas una lucha entre un grupo extraño y los guardianes del universo? —por una vez, había perdido todo control sobre mis emociones—. ¿Eh?

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


39

Se hizo el silencio, efímero, hasta que un leve sonido perturbó de nuevo el ambiente. Una lágrima, que chocaba contra la mesa con violencia. Le siguió otra. Sentí que los brazos de una de las chicas me envolvían. Susurró al oído palabras reconfortantes. Comencé a preocuparme por la imagen que estaba dando. Un niño llorica, aunque por sólo dos lágrimas fuera. —Lo siento —sollocé—. No he podido aguantarlo... No entiendo nada, tengo mucha información nueva que me rodea, parece que estoy lejos de los míos y, que, encima, soy objeto de luchas, sin siquiera conocer el motivo. ¡No lo entiendo! ¡No entiendo nada! —No te preocupes, Keitsuke... Comprendo que sea doloroso... —me decía Kiyomi, que seguía sin soltarme. —Keitsuke... Aunque quedarte o marcharte no sea algo que puedas elegir, hay una decisión que debes tomar. —Te escucho, Nagai. —Debes elegir qué pasará contigo en Dokuso —se realzó las gafas con el dedo índice—. Tienes dos opciones. ¿Quieres que se olvide tu existencia? ¿O prefieres que se te considere muerto? —Yo... — balbuceé. —No hace falta que respondas ahora. Piénsatelo con calma... —y, tras una larga pausa, añadió acariciándose el mentón—. Bueno, esto es todo por ahora... Supongo que ya estarás suficientemente cansado como para seguir con las introducciones. Suficiente información por hoy, ¿no? —rió—. Y... una última cosa: Bienvenido a Sekai, Keitsuke. —Y esto... —Natsume puso tres cajas sobre la mesa— es para ti. Considéralo un regalo de bienvenida. —Vaya... gracias.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


40

Me dirigí a abrir la primera de las cajas, una pequeña, que podría caber perfectamente en mi puño. En su interior se encontraba un trozo de metal, que, hasta que saqué de la caja, no pude identificar. Se trataba la insignia de Sekai que ya había visto antes fotografiada. Era de un color metálico, oscuro, aunque las líneas exteriores parecían estar marcadas en un color algo más cobrizo. Predominaba su forma triangular, aunque también destacaban unos círculos concéntricos limitados por unos arcos. En el centro, la palabra Sekai estaba escrita en color blanco, aunque su textura fuese más cristalina que metálica. Me hicieron probármela de inmediato. Al engancharla en mi camiseta comenzó a emitir una intensa luz, que llegó a cegarme por un instante. Cuando recuperé la visión, me veía enfundado en un uniforme. El uniforme de Sekai. Aunque de apariencia metálica, resultaba ligero y, sorprendentemente, suave al tacto. El color no era homogéneo, sino que algunas partes, como las mangas, el alto cuello, la espalda o los pantalones se aproximaban más a un color carmesí, mientras que el pecho y algunos otros detalles se veían de un rojo más pálido. Bajo la chaqueta, una camiseta de color negro llamaba la atención, a juego con los detalles y costuras del resto de la ropa. "Mola", fue lo único que se me vino a la cabeza. Aunque aún la mayoría de mis pensamientos aún estaban dedicados a la anterior conversación. —Me encanta —observé, para romper el hielo—. Es... genial. —Y muy resistente, si me pides mi opinión —añadió Nagai, con una sonrisa en los labios—. Deberías conocer al creador, es un verdadero genio para estas cosas. Tantísimo potencial en una placa... Reparé en que, al fondo de la caja había algo más. Un bonito reloj analógico de plata, con la esfera de color azabache, rodeada por unas marcas de color blanco, que indicaban los minutos. Sus manecillas eran plateadas, a excepción de la del Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


41

segundero, que mostraba un color rojizo, al igual que alguno de los detalles de la periferia. El diseño lo culminaban tres esferas más (una que parecía un cronómetro y, sobre las otras dos no podría dar una opinión certera). En uno de los eslabones de la cadena aparecía marcado el emblema de Sekai, mientras que el simétrico rezaba la palabra Ralys. —Te hará falta, ya que has perdido el tuyo — me comentó Natsume señalando mi desnuda muñeca—. Bueno, no era una gran pérdida. Este es... digámoslo así... especial —rió—. Ya lo entenderás. —Como un guante. Ralys, ¿me equivoco? —pregunté, basándome en la inscripción. —Exacto, Keitsuke. Ya comprenderás la gran utilidad que tiene —se unió a la carcajada. Tanto misterio rodeando al reloj de pulsera me comenzaba a extrañar, así que decidí acercarme a por la segunda caja. —Espera, Keitsuke —me interrumpió Kiyomi—. Creo que deberías dejar esa para el final, abre el otro, por favor. Obedecí y me decanté por la otra caja. Era la más grande de todas, y algo pesada. Al abrir la tapa, pude encontrar dentro un puñado de libros. Algunos eran de novelas o cómics, como Samurai Red, cuya portada anunciaba a gritos combates de robots gigantescos u otro libro que, por sus pintas debía ser literatura algo salida de tono. También había algunos libros que parecían ser didácticos (prometían enseñar desde aburridas lenguas antiguas hasta la apasionante mecánica que se llevaba en Sekai, pasando por las complejas teorías físicas, como la del Multiverso) que, por suerte, eran de un nivel más divulgativo que técnico. —Que estés en Sekai no impide que te sigas formando — explicó Nagai—. Además, por lo que sabemos de ti eres bastante habilidoso con los números y bueno pensando. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


42

—Sí —me habían calado. Definitivamente, sí que sabían sobre mí—. Eso me decían en clase. —Supongo que, fuera de la batalla, también te volverás un hombre de provecho. Quizá algún día me superes y determines el tercer plano, quién sabe. —Puede —reí falsamente—. Pero antes tengo que hacerme a las novedades. Bueno, mejor de lo que esperaba. Se preocupaban por mí, y eso siempre es bueno. No era mi mundo, pero, no estaba mal. Si iba a estar atrapado aquí, aunque atormentado

por

dentro,

me

gustaría

disfrutarlo

por

fuera.

Un

mundo

tecnológicamente avanzado, que supera todas las expectativas que hubiese podido tener. Y, según parecía, una vida trepidante. Sí, debía hacerlo por Takuya. Al fin y al cabo, era su deseo. Además, por incómodo que me sintiese... No podía hacer otra cosa. Me despejé de mis pensamientos y me dirigí a abrir la última de las cajas. No me esperaba su contenido: mi armónica. Definitivamente, me conocían a la perfección. Si tuviera que elegir algún recuerdo... Sería éste. Instintivamente, me la llevé a los labios y entoné una tonadilla dulce y melancólica. Las tres personas que estaban conmigo sólo escuchaban con atención lo que la música tenía que decir. El retrato de un chico triste, separado de su vida, aunque con un minúsculo brillo de esperanza hacia el futuro. Solté la armónica sobre la mesa en la que antes estábamos sentados. Lloré. No me importó. —Ha sido una tarde muy larga... Deberías descansar un poco y reflexionar sobre todo —me aconsejó Nagai—. Por cierto, Keitsuke... Encantado de conocerte por fin. —Supongo que aquí es la parte donde debería decir que yo siento lo mismo, pero me siento un poco confuso como para hacerlo. Lo siento.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


43

—Encantada, Keitsuke —me dijeron las dos jóvenes al unísono, con un beso en cada mejilla. Me hicieron sonrojar un poco. —Dentro de un rato te llamaremos para cenar —avisó el corpulento hombre —. Mientras tanto, quédate aquí. —De acuerdo —asentí sin rechistar. Cuando abandonaron la habitación, no supe qué hacer, así que me limité a tocar un poco la armónica. La primera canción que escribí, un blues melancólico. Me hizo recordar el momento en el que la compuse, junto a Kyoko, un día de otoño. Desanimado por el resultado de un examen, fuimos al parque, donde nos sentamos bajo un árbol que dejaba caer sus hojas, ya secas, con dulzura sobre la hierba, que estaba algo amarillenta. La inspiración me llegó por sorpresa y las notas se sucedieron unas a otras. Aún ignoro cómo lo hice, pero con la canción hice que la chica dejara caer una lágrima por su mejilla. Sólo me dijo al respecto "Es tan bonita...". Y ahora tenía que decidir. Que olvidara esos momentos conmigo, las risas, los abrazos, la diversión. O que sufriera mi "muerte". La opción correcta era no hacerle daño. Y el olvido es lo que menos daño le haría. Pero, aunque sonara egoísta, no quería que me olvidara. Ni ella ni los demás. ¿Qué debería hacer? Intenté no pensar en ello por un momento, así que cogí de la estantería de detrás, que ahora estaba algo más llena, el libro que más me llamó la atención antes. La portada de Samurai Red llamaba fervientemente mi atención, aunque otro libro me quiso incitar a la lectura aún más. Era uno que no había visto antes, encuadernado en aluminio, o algo que lo pareciera, en el que estaba serigrafiado el emblema de Sekai. Su portada sólo mostraba el mismo dibujo. Me dispuse a abrirlo, pero... Toc, toc

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


44

Toc, Toc —¿Quién es? —pregunté, sin saber exactamente qué hacer. —Tamaki —contestó la voz al otro lado de la puerta—. Voy a pasar.

Y aquí está el primer episodio. Aquí asiento las bases de mi mundo. Aquí comienza mi verdadero sueño. Cómo son las cosas, tres personajes de importancia, la teoría del Multiverso... Muchas novedades para la cabeza de Keitsuke, que no acaba de pasar por el aro. Daniel García (Narrador) siempre se ha quejado de que en mis historias el protagonista "se lo cree muy rápidamente". Es una lástima que no pueda limar esa aspereza por mucho que practique. Este episodio también me ha hecho ganar mi primer linchamiento público por el Cliffhanger del final. ¿Que cuál es mi opinión al respecto? ¡Chincháos! Aunque, bueno, ahora podéis limitaros a seguir leyendo. ¡Corred, insensatos! Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


45

Capítulo Segundo: Tamaki

Tamaki. Así se llamaba. Lo reconocí enseguida, ya que se trataba uno de los dos chicos que aparecían en el cuadro de la pared. Su uniforme, prácticamente igual que el mío, era de tonos azulados que se mezclaban en perfecta armonía con el plateado de los detalles, a juego con su pelo. Un cabello de un brillante tono grisáceo, que casaba también con sus iris, ascendía creando unos puntiagudos picos en su cabeza. —Ah, qué bien sienta estar de nuevo en casa. —musitó, cerrando la puerta tras de sí. Acercó su mano al emblema que llevaba en el pecho y su ropa se transformó con un estallido luminoso. El uniforme dio paso a unas vestimentas algo más casuales. Unos estrechos vaqueros que escondían bajo los pliegues de los bajos unas zapatillas deportivas junto a una chaqueta vaquera colocada gentilmente sobre su camiseta de color blanco, que mostraba un leve diseño de color apagado. —Hey, colega —saludaba—. Keitsuke, ¿me equivoco? —En efecto —miré de reojo al invasor—. ¿Quién se supone que eres tú? —No me hagas repetirme —respondió en un tono divertido a la par que arrogante—. He dicho que soy Tamaki. —Sí, me parece bastante bien —me enfurecí—. Creo que tu nombre es la parte menos importante de tu identidad. —Vale, vale —se hizo el ofendido tapándose la cara con la mano—. Nos ha salido un compañero borde... —¿Compañero? —pregunté, algo anonadado—. ¿De qué me estás hablando? —Claro, no creerás que vas a trabajar solo, ¿no? El chico me explicó la formación en Sekai. Al menos al principio, los grupos se Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


46

formaban de tres personas. Según afirmaba, la tercera era una chica a la que nos presentarían al día siguiente. Resoplé. Genial, lo que necesitaba, gente con la que cargar. También me contó que para los entrenamientos tendríamos asignado un mentor, que también nos supervisaría en nuestras primeras misiones. Desplegó una cama junto a la mía y se recostó mirando al techo. —Bueno, tío, cuéntame algo sobre ti —bostezó—. ¿Qué te trae por aquí? —Eso quisiera saber yo — respondí de mala gana—. Qué te trae a ti por aquí. —Eh, mira —vaciló —. Mi foto en la pared. Mi cuarto. Al menos, aquí. —Y eso tiene que decir que... Comparto habitación contigo. ¿Me equivoco? —Eso mismo —bostezó de nuevo—. Así que seamos amigos —me tendió la mano. Amigos... Una palabra que siempre había sido extraña para mí. Una palabra extraña de manos de una persona extraña. Pero, dadas las circunstancias... ¿Qué importaba? Estaba claro que no podría rehacer mi vida con tanta facilidad. Pero, ¿qué me costaba extenderle la mano a ese chico? Aunque impulsivo, parecía agradable. Y, si lo que decía era verdad, tendría que aguantarle sí o sí durante mucho tiempo. Me decidí a devolverle el saludo. Fue una sensación algo extraña, ya que, aunque su piel era cálida, un escalofrío recorrió mi espalda al tocarla, como si mi propia mente rechazase a ese joven. Sonrió dulcemente. Mis neuronas se volvieron a poner a trabajar con frenesí al verle feliz. Alguien que se alegraba de ser mi amigo, sin duda, algo que no pasaba desde haría mucho tiempo. Mi cabeza se llenó de imágenes del momento en el que conocí a Takuya y a Kyoko, pero, con mucho esfuerzo, intenté apartar esos pensamientos que sólo me harían parecer alicaído frente al chico. —Tamaki —me miró—. Tamaki Tsuji, si te interesa mi nombre completo. A

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


47

pesar de esas formas tan sarcásticas, pareces majete. —Supongo que ya sabrás mi nombre. Parece que todos aquí saben más sobre mí que yo mismo —respondí ligeramente enfurecido—. Keitsuke Kiriyama. —¿Te gusta el pimiento? —a pesar de lo arbitrario de la pregunta, su mirada era seria. —¿Pero qué clase de pregunta es esa? —resoplé, algo extrañado—. Sí, no me desagrada. —¿Y los robots? —¿Realmente quieres conocerme o sólo estás realizando preguntas aleatorias? —contesté de una forma secante. —Vale, he de admitir que la primera pregunta era algo aleatoria. Pero, contesta, tío. ¿Te gustan o no? —Pues... —entrecerré un ojo, algo chocado por la pregunta—. Sí, bastante. —Entonces creo que deberías echarle un vistazo a esto — comentó. Pulsó un botón que estaba sobre la pared y un recoveco, como si de una vitrina metálica se tratase, se abrió. Contenía al menos una docena de maquetas de criaturas mecánicas, desde robots antropomórficos, a bestias con cañones. Reconocí algunos de ellos entre las series que solía ver en casa. Así que aquí también eran conocidas... —¿Echamos una partida? — sugirió —. Siempre he pensado que un desafío es el mejor modo de llegar a conocer a alguien. —De acuerdo —le seguí la corriente. Sin duda, sería una buena forma de intentarnos acercar—. Dime, ¿qué tengo que hacer? —Toma —me entregó una pareja de guantes—. Póntelos y elige el robot que prefieras. —Vale, me quedo con ése — señalé a uno de los que más familiares me

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


48

parecían, de brillante color rojo y gafas de sol. Si hubiera una palabra para definir ese juego, sin duda sería increíble. Se trataba de un juego ágil, rápido y divertido. Realmente, no llegué a comprender del todo los controles, aunque fueran tan intuitivos que al segundo combate ya pudiera manejar a la perfección al robot de una forma subconsciente. —Aprendes rápido —comentó, mientras su robot golpeaba al mío con un contundente arma—. Así me gusta. Algo me dice que podrás ser un buen rival para mí. —Y, dime, Tamaki — intenté ser simpático. Al fin y al cabo no parecía mal chico—. ¿Sabes tú por qué estoy aquí? —A decir verdad, no —y, tras recibir un puñetazo, añadió— Buen golpe. Lo siento. —No te preocupes —susurré. —Dime, Keitsuke —hizo saltar a su robot para golpearme, aunque pude esquivarlo a tiempo —. ¿Cuál es tu historia? —No tengo ganas de hablar de ello —mi voz sonó totalmente apagada—. Lo siento, Tamaki. —Es normal. Ya he visto a muchos en tu situación y no parece fácil —el robot absorbió uno de los ataques del mío para poder devolverlo con energía—. Pero, si te hace sentir mejor, te contaré la mía. —De acuerdo —respondí, algo más centrado en la patada que debía sortear. —Nací aquí, en Sekai. Concretamente, en esta misma rama. Mis pad... Un tono de llamada interrumpió el combate. Ambos robots se quedaron suspendidos en el aire con un chasquido de los dedos de Tamaki. El chico asentía a cada pregunta, aunque me resultaba desconcertante no conocerlas. Se le escapó una risa tonta al decir "No, no estamos jugando con robots", aunque, tras ello, siguió Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


49

asintiendo con total seriedad hasta dejar de hablar. —Supongo que lo tendremos que dejar para otro día —rió, guardando ambas maquetas en el huevo—. Por cierto, olvidé darte esto —me entregó un objeto plano no demasiado grande, similar al que había utilizado antes: un comunicador. —Supongo que te lo debo agradecer —fingí una risotada. —Y ya me han dado la chapa. Con lo interesante que se ponía mi historia. —Y lo emocionante que se volvía la partida — le recalqué. —Sin duda, eres hábil —me dio un ligero golpe en el hombro—. ¡Hay que repetir! Mi mente se volvió a nublar de nuevo. ¿Realmente hacía lo correcto dejando a un lado los anteriores recuerdos y aferrándome a la simpatía de este extraño? No tenía más remedio. Podría llorar y rendirme, pero ellos no lo querrían así. Estaba convencido de que querrían verme luchando. Convencido de que Takuya estaría riendo con este chico si estuviera en mi lugar. Sin duda, Tamaki era un gran apoyo tras tanta novedad. No lo consideraba mi mejor amigo. Siquiera podría decir que confiara en él. Pero estaba ahí. Y, en ese tipo de situaciones es cuando más hay que valorar lo poco que se tiene. —¿Keitsuke? ¡Espabila! —me arreó un sonoro guantazo en la espalda. —Sí, suelo perderme demasiado en mis pensamientos —me disculpé, sin siquiera haber reparado en el golpe— Perdona... ¿Qué querías? —Me han llamado para que deje de hacer el vago —rió—. Y para que te dé un paseo por las instalaciones de Sekai. —Entiendo... ¿Y qué me vas a..? —También nos dijeron que fuéramos a cenar cuando acabáramos — interrumpió. Miré mi reloj, ya eran casi las nueve y media de la noche —. Así que va a ser algo breve. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


50

—De acuerdo, Tamaki —esbocé una falsa sonrisa. Yo también tenía ya algo de hambre. En algo más de tres días sólo había tomado un café. Mi estómago gruñó. —Parece que tú también estás deseando la cena —posó la mano sobre una de las paredes, que se desplegó para mostrar un pequeño frigorífico. Sacó un par de barritas de cereales y me dio una—. Anda, come algo, tío. —Gracias —contesté antes de dar un bocado—. De chocolate y plátano, una de mis favoritas. —Bueno, vámonos —cerró la puerta de la nevera y reparé en que camuflaba fundiéndose con el resto de la pared—. Eh, ¿Por qué no te pones algo más cómodo? No necesitas estar siempre con el uniforme. —No tengo otra ropa —repliqué mirando hacia otro lado—. Y tampoco es que me disguste llevar esto. —Sí, sí que la tienes —palpó el emblema que llevaba en el pecho. —¿Qué? —me extrañé—. No te comprendo. Tamaki me explicó que la insignia se trataba de un NeoCell. Al parecer, un sistema de almacenamiento masivo, aunque con bastantes limitaciones. No conocía las bases del aparato, pero aseguraba que funcionaba. Materializó en su mano una pistola de color negro, de barril y cañón plateados. Unos ornamentos de color dorado culminaban el diseño. —Bastante útil, ¿Eh? —sopló la punta de la pistola en un alarde de chulería—. Tengo otra como ésta —la hizo desaparecer. —Comprendo la utilidad, aunque no el funcionamiento. Ni las limitaciones — me limité a contestar. —Yo tampoco, a decir verdad. Pero, tío, simplemente responde a tus órdenes. Y te cambia de ropa, está bastante guapo. Ya alguien con más idea te explicará cómo Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


51

funciona, pero pruébalo, venga, va. Intenté hacer como dijo. Darle una orden. "Cámbiame de ropa", pensé. De nuevo, la misma luz que había visto ya en dos ocasiones me envolvió. Y, al disiparse, la orden se había cumplido. Ahora vestía de una forma algo más casual, con unos vaqueros anchos, con múltiples bolsillos, una camiseta de mangas largas cubierta por una sudadera azul marino, con un dibujo de color blanco en el brazo izquierdo y un patrón en zigzag alrededor de la cremallera, que bajé para estar algo más fresco. —Eh, ¿Y el NeoCell? — Pregunté al no saber de su paradero. —No sé, yo lo llevo de colgante —me lo mostró con una amplia sonrisa—. Cuando no llevo el uniforme. Probablemente lo lleves en una pulsera, un anillo o algo similar. —Ya sé dónde está —dije para mis adentros intuitivamente—. En mi reloj — Efectivamente, estaba ahí, donde antes sólo había un grabado con el símbolo, aunque había encogido un poco para ajustarse a la hendidura. —Pues entonces, todo listo, vámonos —sugirió señalando la puerta—. Que se nos hace tarde. Abrí la puerta. No estábamos a gran altura (podía observar unos cuantos pisos más hacia arriba), aunque la vista era buena. La primera impresión que tuve fue abrumadora. La estética era similar a la que había en el interior, aunque no dejaba de lado la naturaleza. Calles modernas, regadas de arriates con hierbas y llamativas flores de diversos colores. Árboles gigantescos. El aire era puro y la luz de las estrellas se reflejaba en una gigantesca fuente en el centro del parque que podíamos ver desde nuestra habitación. Aunque la zona verde no era demasiado grande, parecía un lugar apacible para pasar el rato. Contaba con la fuente central, un pequeño estanque rodeándola, algunos bancos, un columpio e incluso un balancín que oscilaba con serenidad. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


52

Bajé para poder contemplarlo más de cerca. Las luces del firmamento, aunque tenues, se unían a las de unas farolas para crear una bella imagen. Un chico, al que Tamaki saludó con una palmada en la espalda, pintaba un cuadro del lugar. El chico se sentó en uno de los columpios a balancearse levemente, mientras yo me deleitaba con todos los detalles. El estanque rebosaba de peces de colores, algunos de los cuales saltaban del agua de vez en cuando. Las flores describían una perfecta armonía con la hierba, cuidadosamente cortada. El ambiente nocturno dejaba una sensación de tranquilidad y un silencio que se veía acompañado sólo por el brotar del agua de la fuente. —¿Y, qué te parece? —preguntó Tamaki cuando me acerqué a sentarme en el columpio de al lado. —Es... Precioso —confesé—. Me resulta relajante el simple hecho de estar aquí sentado. —El jardinero hace un gran trabajo. Es una suerte poder contar con tantas herramientas para crear esto. Me parece tan... Artístico. El comentario me chocó un poco. Por lo poco que sabía de él, que apreciara tanto la belleza me pareció, cuanto menos, extraño. ¿Podría ser que tras esa fachada tan simple y pueril se escondiera una persona sensata, sensible e inteligente? Esbocé una sonrisa que, por primera vez, admitía ser sincera. Aunque estuviera prácticamente obligado a vivir todos estos cambios, empezaba a verlos como si fueran algo agradable. —Tienes razón, Tamaki. —Bueno, creo que ya hemos pasado suficiente tiempo aquí —consultó la hora en su reloj—. Se hace tarde y al final no he podido enseñarte casi nada. Abandonamos el parque y andamos un poco hacia el norte, donde se erigía un gran edificio. Lo reconocí enseguida gracias a la foto que vi en la habitación. El emblema de Sekai regía la altísima torre metálica. Frente a su puerta principal había Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


53

un par de bancos rodeando una estatua de mármol de una forma algo indefinida. —Esto es el edificio principal de esta rama de Sekai —narró mientras continuaba a paso ligero—. Ya nos pasaremos mañana a verlo con más detenimiento. Y ahora que ya te he mostrado dónde está la construcción más importante, ¡vámonos a cenar! Reparé en la hora. Las manecillas de mi reloj ya indicaban que eran algo más de las diez de la noche. ¿Tanto tiempo había pasado contemplando el parque? Dejé de preocuparme de la hora y seguí al chico hacia el sur del microuniverso. Seguí quedándome pasmado con la perfecta mezcla entre lo natural y artificial de la que hacían gala las calles, algo distraído en mis pensamientos. Sólo el rumor del aire rompía el silencio del momento. Continuámos andando. Algunas de las casas mantenían sus luces encendidas, mientras que otros edificios que anunciaban ser establecimientos en unos enormes carteles, ya habían cerrado. Todos a excepción de uno. Un enorme edificio de dos plantas de cuya puerta principal emanaba un potente haz luminoso. A diferencia del resto de edificios que había visto hasta entonces, su tejado era inclinado con unas tejas carmesíes en las que se hacía latente el brillo metálico que caracterizaba todos los edificios de la zona. El piso superior tenía un gran balcón, en el que se veía cenar a un par de chicas, charlando jovialmente. Tamaki intentó saludar a una de ellas, aunque con poco éxito. —No entiendo por qué tenemos un comedor tan grande si no hay tanta gente como para llenarlo —se quejó el chico cruzándose de brazos—. Somos la rama más pequeña de Sekai, ¿no es triste? —Sí, supongo... —contesté pasivamente, sin saber mucho de qué iba el tema —. Aunque cuantos menos seamos, menos problemas tendremos. El estilo interior se asemejaba al que se podía observar desde fuera. Muchas mesas metálicas empotradas en la pared, con bancos para comer cómodamente, algún que otro elemento decorativo como esculturas o cuadros y algo que llamó bastante mi Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


54

atención: una enorme fuente multicolor, que llegaba hasta la planta de arriba. Vista de más de cerca, se apreciaban conductos de los que emanaban líquidos se diversos tonos. No comprendí que se tratase de una fuente de bebidas hasta que un chico alto se aproximó para llenar una jarra de un líquido color miel. Avanzamos hasta el final de la sala, donde, desde una ventanilla grande, una mujer, por cuya apariencia se le podría considerar bien entrada en la treintena, saludaba sonriente a Tamaki. —¡Hola, Tamaki! —y reparó en mí—. Tú debes de ser el nuevo, Keitsuke... ¿Me equivoco? —Sí —respondí, algo ofuscado por ser tan conocido en el lugar. —Soy Sayuri, la cocinera aquí. Encantada de conocerte —sacó la cabeza por encima de la barra para poder darme dos besos en las mejillas—. ¿Y qué va a ser hoy? Para ti, Tamaki... lo de los sábados, ¿no? —Sí, y otro para Keitsuke —guiñó el ojo. —Pues entonces todo dicho, ¡que sean dos Especialidades de Sayuri! Entró a la cocina, y, por lo poco que pude ver, sacó un par de platos y comenzó a manipular varias máquinas al mismo tiempo con gran destreza. Me quedé impresionado con la agilidad que tenía con la maquinaria, y aún más pasmado cuando un revuelto extraño salió de una de las máquinas para caer en los platos. —Sí, esa es la misma cara que ponen todos la primera vez —sonrió la mujer de pelo castaño—. Si esto no es nada, lo más complicado es configurar los nuevos menús en la máquina —resopló. —Sayuri y su hermana fueron quienes diseñaron estas máquinas —comentó Tamaki acercándose al plato—. Así que son relativamente nuevas. Pero el funcionamiento es impecable. —¿Eso es todo, chicos? —añadió algo que podría parecer unas natillas de Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


55

chocolate a las bandeja. —Sí —respondió Tamaki, mientras le daba el NeoCell a Sayuri—. Esta vez como gratis. —Oh, ¿ya te han dado la placa? —y, añadió con una sonrisa—. Nos vas a arruinar... —¡Te he oído! —gritó—. Pero sí, esta mañana me la concedieron. Así que... —Pero no seas así, sabes perfectamente que casi siempre comías gratis a costa de tu hermano. Por cierto, ¿qué ha sido de él? Hace tiempo que no se pasa por aquí. —Pues ya sabes, últimamente ha tenido algo de tiempo libre, aunque no lo he visto mucho en unos tres días... —Bueno, no importa, cuando le veas, dale un saludo de mi parte. —De acuerdo —respondió en un tono vago—. Keitsuke, pásame una jarra, tío. —Toma —le entregué la jarra antes de tomar la bandeja. —Ve buscando sitio arriba, voy a por algo de beber —me indicó el chico—. Y, bueno, ya deberíamos subir a comer, que se nos enfría... ¡Hasta luego, Sayuri! —¡Que aproveche, chicos! Y, Keitsuke, encantada de conocerte, espero verte mucho por aquí y que no comas tanto como este tío. Reí. Se trataba una mujer bastante agradable, y, aunque algo directa, se le veía alegre, efusiva y jovial. Era, también, bastante curiosa y graciosa en sus movimientos. Me despedí yo también y fui a buscar asiento en la planta superior. Elegí uno junto a una ventana y la puerta de la terraza, por donde pasaba una corriente bastante agradable. A través del transparente cristal se observaban unos robustos árboles que delimitaban una explanada inhabitada, en la que nada había. Cuando Tamaki volvió con una jarra de un líquido blanquecino, dejé de reparar en ello y probé bocado del extraño revuelto. Su apariencia externa ocultaba un sabor

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


56

intenso, e indescriptible. Su textura era como la de un revuelto de huevos, pero el sabor no era el mismo. Contenía, también, espárragos, jamón, champiñones, y un par de elementos que no conocía en un equilibrio perfecto. El orégano, y otros condimentos de los que no había oído hablar en mi vida le daban un buen punto final. Saboreé otra pinchada para determinarlo mejor. No, sin duda era algo que no había probado en mi vida. —¿Qué? ¿Qué opinas? —interrumpió el chico mis pensamientos—. Merece el título de especialidad, ¿no? —Y tanto que lo merece —respondí, vertiendo un poco del líquido de la jarra a mi vaso—. Por cierto, ¿qué es esto? —Refresco de piña —murmuró mientras devoraba el contenido del plato— Uno de mis favoritos. Pruébalo. Di un ligero sorbo. A pesar de fluir libremente, conservaba todo el gas que debería, en su punto justo. El dulzor y el ácido de la piña se unían en su una perfecta armonía para no resultar ni empalagoso, ni excesivamente fuerte. Rajaba la garganta, pero en el punto agradable de las bebidas gaseosas. Cuando me di cuenta había bebido todo el vaso de un trago. —Vale, ya veo que te gusta —me sirvió algo más—. Sí, en temas de cocina este lugar no tiene nada que objetar. —Dijiste que esta mañana fue cuando te dieron la placa. Creía que llevabas aquí toda tu vida. —Sí, pero hay dos motivos —respondió, llevándose un tenedor lleno a la boca. Al tragar, prosiguió—. El primero es que, a no ser que haya un motivo de peso, nadie menor de dieciséis años puede ser un agente. —¿Dieciséis? Oh, ya veo. —Hace unos meses que los cumplí. El trece de agosto, para ser más exactos.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


57

—¿Entonces? ¿Por qué has esperado hasta finales de Noviembre? ¿Algún examen de ingreso? —No lo sé, cosas de mi hermano y Nagai. Parece ser que preferían esperar a algo en concreto. Quise preguntar si ese algo era yo, aunque no lo hice, ya que aparecieron las chicas que estaban antes cenando en la terraza a saludar a Tamaki. Eran dos gemelas idénticas, que sólo se diferenciaban en su color de pelo. Una era morena, aunque de semblante pálido, mientras que la otra tenía el cabello del mismo color que mi compañero. Me saludaron, preguntándome si era nuevo y se sentaron junto a Tamaki para hablar de algo. Yo, distraído en el postre, unas natillas de chocolate, no alcancé más que a oír mi nombre y algo de Armando. —Hasta luego —dijeron las chicas con dulzura. —Venga, nos vemos, chicas —sonrió Tamaki mientras se volvía a sentar conmigo—. Guapas, ¿eh? — me guiñó el ojo izquierdo. —Bueno... —quise evadir el tema de las chicas. Ahora mismo Kyoko era la única chica que tenía en la cabeza—. Muy ricas las natillas, ¿eh? —Sí, sí, muy ricas —me lanzó una mirada que me intentaba hacer sentir culpable, aunque sin éxito. —¿Y qué hacemos ahora? —pregunté, de nuevo, para evitar las indirectas. —Bueno, ya una vez cenados hay un sitio que quiero que conozcas hoy. Lo demás puede esperar a mañana. —A sus órdenes. Antes de marcharnos, llevamos las bandejas a un extraño montacargas que emanaba olor a fregaplatos. Supuse que sería el lavavajillas. De nuevo, me asombré de los avances tecnológicos de este lugar. Al salir del edificio, Sayuri nos lanzó un grito de "Hasta luego" desde la otra punta que dibujó una sonrisa tonta en mi cara. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


58

Volvímos en dirección a nuestras habitaciones, aunque en casi total silencio. Tamaki murmuraba algo de una forma tan rápida que no alcanzaba a entender, y yo, como siempre, me veía sumido en mis pensamientos. Esta vez la duda que me asaltó fue la proposición de Nagai. ¿Olvido o un recuerdo doloroso? De nuevo, valoré ambas opciones. Quería ser recordado, pero no quería que sufrieran mi pérdida. Pero, más importante. ¿Cómo serían las cosas ahora? ¿Qué habría pasado durante estos tres días? ¿Habría una expedición policial buscándome? ¿Nadie me recordaría? Empecé a sentir una presión enorme en el pecho. Necesitaba preguntarle a alguien que supiera más del tema, pero la única persona que tenía cerca era Tamaki. — Oye... —interrumpí las murmuraciones del chico—. ¿Puedo preguntarte algo? —Claro, por supuesto. ¿Qué pasa, tío? —¿Qué va a ser de los míos? Mejor dicho... ¿Qué es ahora mismo de los míos? Nagai dijo que podía elegir si quería el olvido o la muerte aparente. —Normalmente, directamente se borran los recuerdos. Ahora que me dices eso —paró para pensar—. No sé si es un borrado temporal o simplemente no lo han hecho. Creo que es lo primero. Y ya, según lo que elijas lo desharán o no. —Pero... ¿Y mis cosas? ¿No será extraño para mi familia ver un cuarto más del que debería? ¿Y mis fotos con mis amigos? —Sellado. Todo sellado. Está ahí, pero nadie puede acceder. Sé que te puede costar entenderlo, pero, hazme caso. Todo irá bien. No tienes por qué apresurarte en tomar una decisión. Tranquilo. El chico me dio un abrazo con un par de palmaditas en la espalda, pidiéndome que no me preocupara. No estaba demasiado acostumbrado a esto, así que me pareció chocante. Pero aún más chocante fue el que me llamara amigo.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


59

Amigo. ¿Qué significaba eso? ¿Cómo podía considerar amigo a alguien que conocía desde hace sólo unas tres o cuatro horas? Sobre todo, siendo yo una persona tan difícil. Sí, el chico parecía confiar en mí... como si realmente me conociera desde hace tiempo. Y hacía lo posible por ganarse mi aprecio. Le di una palmada en el hombro. —Gracias —incapaz de hablar, es lo único que pude decir.. —Bueno, tío. Vamos a pasar antes de nada por nuestra habitación, quiero ducharme, ¿vale? —Sí, me parece bien... Supongo que a mí también me haría falta —intenté reír falsamente. Tal y como acordamos, volvimos a la habitación. El primero en ducharme fui yo. No entendía cómo tenía que actuar por el NeoCell, aunque Tamaki me aseguró que con quitarme la ropa era suficiente, ya que la placa era sumergible. Algún otro sistema limpiaría la ropa en cuanto la volviera a guardar, así que tampoco supondría demasiado problema. Como todo lo que había visto hoy, la ducha era tecnológicamente avanzada. Contaba con una gran multitud de botones, aunque yo solo llegué a utilizar el que permitía que el agua saliera caliente, señalizado por un símbolo de color rojo. Por una vez, necesitaba una sensación normal. Unos breves minutos bajo un chorro de agua calmaron un poco mi cabeza, tan atestada de dudas e incertidumbre. Abandoné la ducha y me sequé bajo un chorro de aire que no llegó a secarme del todo el pelo, pero sí el resto del cuerpo. Con una orden rápida me volví a vestir con la misma ropa de antes, que ya estaba de nuevo limpia y me arreglé un poco el pelo. Mientras esperaba a que Tamaki saliese de la ducha tomé la armónica que había guardado en uno de los bolsillos. Sin pensar en ninguna otra cosa, toqué. La melodía hacía algo más dulce el ambiente y me ayudaba a no calentarme demasiado Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


60

la cabeza. Improvisé un blues algo más animado, lo que me hizo sonreír como un tonto sin motivo. Cuando me quise dar cuenta, el correr del agua al otro lado de la puerta ya había cesado y el chico salió por la puerta con una camisa de color beige, con el cuello levantado. —¿No irás a salir así, no? —replicó—. Necesitas algo de estilo para salir por la noche. —Sí, pero... —intenté excusarme. —A ver, ¿qué ropa tienes? — Pues.. No lo sé... —confesé—. ¿Ésta? —Anda, déjame tu comunicador —se lo entregué y empezó a presionar botones hasta que una pantalla holográfica se mostró sobre él—. Veamos... Pues sí que tienes pocas cosas... Mira. La pantalla mostraba el inventario de mi NeoCell. Aparte del uniforme y un par de prendas más, no tenía gran cosa. —¿Y ese símbolo de ahí? —pregunté, señalando a un símbolo junto al número 5000—. ¿Qué es? —Tu dinero —respondió—. Esto, al fin y al cabo, es un trabajo, ¿no? —Sí, supongo. ¿Y hay aquí tiendas? —reparé en los edificios cerrados que vi antes. —Sí, si quieres mañana damos una vueltecilla. Pero bueno, vámonos ya. Creo que con lo que tienes algo podrás hacer. Hice caso y cambié mi camiseta por una de color rojo apagado y la chaqueta por una camisa de color negro que dejé abierta por encima. Salimos del cuarto y cruzamos a través del parque, en el que pude ver una pareja mirando feliz hacia las estrellas. "Oh, qué monada", pensé algo envidioso.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


61

El edificio al que entramos era visualmente distinto a los demás. Un pequeño letrero iluminado anunciaba el nombre del lugar, aunque no le presté demasiada importancia, ya que la fachada tenía un estilo algo más clásico, respecto a lo que se solía ver por los alrededores: las ventanas eran pequeñas y de marcos gruesos. mientras que la puerta se abría alrededor de un eje de bisagras, no hacia arriba, como las demás. La sensación que me llevé al entrar no pudo ser mejor. Era un lugar de decoración rústica, con las paredes forradas en madera oscura. La barra tenía unos taburetes tapizados en cuero, al igual que las mesas que estaban junto a las paredes. Era un lugar algo pequeño, pero acogedor y la música que resonaba estaba en el justo punto para entretener y poder mantener una conversación sin tener que gritar más de la cuenta. No había demasiada gente en ese momento. Sólo un hombre que atendía la barra y alguien más al otro lado. El cliente se marchaba según llegamos, así que sólo quedábamos nosotros tres. Reparé entonces en el que nos atendía. Se trataba de un tipo algo mayor, de, al menos, cuarenta años. Su piel morena casaba con su cabello oscuro, no demasiado largo, aunque tampoco corto. Llevaba gafas de pasta que le hacían parecer algo más joven, así como una camisa de color rojo, con un chaleco por encima y una corbata oscura. —Buenas noches, Armando —saludó Tamaki, echándose sobre el mostrador—. Éste es Keitsuke, el nuevo. —Hola, Tamaki —respondió el hombre —. Hola a ti también, Keitsuke. —Encantado —respondí con educación—. Bonito local. —¿Sí? —rió— Siempre pensé que este sitio necesitaba un poco de distinción. Mucho metal Bueno, ¿qué va a ser? —Para mí un refresco — pidió Tamaki —. Sorpréndeme con cuál.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


62

—Yo quiero un café —y, al ver la cara sorprendida del chico, añadí—. Con leche. —¿Tomas café por la noche? —gritó estupefacto Tamaki. —Algo que tenemos en común, chico —rió sonoramente Armando ante mi asentimiento—. Por fin alguien que hace lo mismo. Esta vez invita la casa. El hombre se dirigió hacia la máquina de café. Una máquina totalmente normal, como las que solía ver en las cafeterías de donde vivía. Era bueno ver algo hecho por los métodos de siempre. Calentó una taza con algo de leche y dejó el líquido caer al recipiente. Le hizo un poco de espuma con vapor y espolvoreó un poco de cacao y canela sobre ésta. Acto seguido, se sirvió un café oscuro y tomó un botellín de refresco para Tamaki. Un poco entretenido en mis pensamientos, reparé en un cartel que había en una repisa. "Prohibido fumar. Estropea la fragancia del café." —Sabias palabras, sin duda. — señalé al cartel. —Sí, hay gente que no comprende que el aroma es parte de la degustación de cualquier bebida. —Lamento interrumpir el momento cafetero —interrumpió Tamaki—. Pero, Armando, ¿has visto a las chicas? —¿Selene y Luna? —preguntó—. No, no las he visto. ¿Es que has quedado con ellas? Mientras Tamaki y Armando proseguían su conversación, yo me llevé la taza a los labios. Estaba algo caliente, pero el sabor era más que destacable. La espumosa capa de leche agitada se disolvía en el paladar, dejando un regusto a cacao, mientras que el café bajaba de una forma cálida por la garganta. —El mejor café que he probado —susurré, sin prestar atención a la otra línea Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


63

de conversación. —Para algo soy el experto cafetero, ¿no? —fanfarroneaba Armando mientras tomaba un sorbo de su taza—. Oh, mira quién entra por la puerta. Las dos chicas que nos encontramos antes entraban por la puerta. La del pelo oscuro, Luna, vestía de una forma ligeramente picante, mientras que la del pelo más claro, Selene, vestía de una forma más elegante. Para cuando llegaron, ya me había acabado el café, así que pedimos una ronda de (para mí) extraños refrescos y nos sentamos en una de las mesas de la pared, dejando a Armando concentrado a la pantalla de un buen puñado de líneas de código en un monitor, no sin antes recibir un consejo: "Cuidado con este buitre". —Keitsuke, ya te hablé hace un momento de ellas, pero no vendría mal mantener los formalismos: Selene y Luna. El resto de la noche fue entretenido. La conversación con las chicas llegaba a ser interesante y era bastante divertido ver a Tamaki intentar ligar con las chicas con poco éxito. Tras la primera ronda, Armando se unió a charlar con nosotros hasta que llegaron otros clientes y tuvo que ir a atender la barra. Por un momento, logré distraerme de todos mis problemas y reírme, con una falsa sensación de amistad. Bueno, no del todo falsa, me empezaba a sentir cómodo en este lugar.

Tamaki. Qué chico más majo. Un buen chaval que, sin duda será más que importante en nuestra historia. También introducimos un poco más del mundo sobre el que se sitúa la obra. La avanzada tecnología, en armonía con la radiante naturaleza simbolizada en el parque. La maquinaria de Sayuri, frente a la clásica cafetera de Armando. Lo que también me recuerda, en este capítulo aparece más de un personaje nuevo, aunque resulta algo difícil introducirlos con su justa importancia... Poco más tengo que comentar sobre este segundo capítulo, ¡así que me despido hasta las notas al pie del tercero! Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


64

Capítulo Tercero: Hanako. Kyoko me agarraba la mano. Paseábamos por el parque después de clase. Un hombre paseaba a su corpulento perro. La chica se encaramó a mi brazo, asustada por el can. Takuya se reía, desde detrás, insinuándonos la buena pareja que haríamos. Me giré para criticarle, pero se me escapó una carcajada incontrolable. *** Abrí los ojos. Las alegres imágenes del parque se difuminaban a favor de la metálica oscuridad nocturna. La sonrisa que tenía en mis sueños se vio reemplazada rápidamente por una mueca a medio camino entre añoranza y tristeza. A mi derecha, un chico dormía a pierna suelta. Sin duda, estaba siendo una noche movida para mí. Me desperté varias veces hasta que por fin pude conciliar definitivamente el sueño, aunque no durante demasiado tiempo. Sólo eran las siete de la mañana. Rodé un poco en la cama, en busca de respuestas a mis latentes dudas. Pero sólo encontraba más preguntas. ¿Qué haría hoy? ¿Qué cambios más experimentaría mi vida? ¿A quién más iba a conocer? ¿Qué tendría que hacer ahora? Incapaz de seguir pegado a las sábanas, supuse que lo primero que debía hacer era darme una ducha, que me ayudaría a despejarme. Fui a la ducha y guardé mi pijama en el NeoCell. Esta vez decidí juguetear con los botones, aunque con resultados casi devastadores. Un chorro a presión casi me hizo perder el equilibrio, logré que el agua comenzase a brotar con fragmentos de hielo... ¿A quién se le ocurriría meter esto? Poco a poco comencé a descubrir el funcionamiento. La primera fila regulaba Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


65

la presión y flujo de agua, la segunda la temperatura y estado del agua (el vapor resultaba ser bastante agradable, siempre y cuando no lo mezclaras con agua abrasadora) y la tercera incluía en el agua fragancias y sales, algunas relajantes y otras más excitantes, como una buena taza de café bien cargado. Me decidí definitivamente por una función que proporcionaba chorros de agua desde todas las direcciones y aroma a frutas silvestres. Perdí, con ello, la noción del tiempo, pero supe que era hora de dejarlo cuando las manos se me empezaron a arrugar. Me sequé a prisa y me vestí de una forma simple: unos vaqueros y una camiseta. Mientras me desenredaba el pelo, pensé en qué hacer. Mi primera idea fue despertar a Tamaki, aunque la descarté rápido ya que no sabía cuál podría ser su reacción. Decidí entonces ir a tomar algo, ya que necesitaba mi café matutino. Abandoné la habitación y me dirigí hacia la pequeña cafetería de Armando, que se hallaba al otro lado del parque. En el camino, me sorprendí al encontrar a Selene y a Luna sentadas en un columpio, pero lo que más me llamó la atención fue verlas vestidas con un extraño uniforme que recordaba al que se podría llevar en los institutos. La parte de arriba consistía en una camisa de color negro con algunas cremalleras de dientes grandes y unos bolsillos anchos a la altura de la cadera. La de abajo, en cambio, se trataba de una falda de color blanco con dos rayas verticales a cada lado. Unas botas de cuero y una corbata blanca culminaban el diseño. —¡Hey! ¡Keitsuke! —me saludó la chica del pelo blanco, cuando reparó en mi presencia. —¡Hola! —respondí alzando el brazo—. ¿Qué tal, Selene? ¿Y tú, Luna? No os veía desde antes de ayer. —Sí, es cierto... ¿Dónde os metisteis ayer? —me reprochó Luna. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


66

— Bueno... Era domingo... —murmuré algo avergonzado—. Ya sabes... de descanso —me excusé con falsedad. *** A decir verdad me había pasado el día echando combates de robots y probando los ordenadores. Bastante potentes, por lo que pude ver. Averigué un poco más sobre la red aquí. Podía acceder a la red de cada universo, mediante un sistema que no alcanzaba a entender del todo. Pude entrar en la red de Dokuso y, efectivamente, todo rastro de mi persona estaba totalmente desaparecido, desde mis cuentas en redes sociales, hasta mis aportaciones, pasando por mis personajes en juegos de rol masivos. Aunque sabía que mi Cazador a nivel 99 no era lo que me importaba. Lo que me importaba era... Introduje el nombre completo de Kyoko. Tamaki me paró, antes de darle a "buscar". —No lo hagas, Keitsuke —me pidió Tamaki agarrando con seriedad mi muñeca—. En primer lugar no te debería haber dejado acceder a esa red, vale. Pero, esto no puedo permitírtelo.. —¿Por qué? —pregunté, intentando desasirme del agarre—. Sólo quiero saber cómo están mis amigos. Sólo quiero saber... cómo se sienten. —No quiero que lo veas. No quiero que sepas cómo es su vida sin ti. No creo que estés preparado para saberlo —tomó el teclado y tecleó unos comandos en el ordenador—. Lo siento. Espero que me comprendas — miró hacia otro lado. Quizá fuera algo por lo que darle las gracias. Pero en ese momento no pude controlar mis ánimos y me fui de la habitación para ir al tejado del bloque. Con la brisa revoloteándome el pelo, intenté calmarme un poco. ¿Qué podría haber pasado allí? Por el tono en el que me hablaba, no parecía saberlo, aunque sabía que seguramente no fuera algo nada bueno. ¿Debería

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


67

disculparme? ¿Debería exigirle explicaciones? Apareció entonces con un par de latas de refresco y una dulce sonrisa a mis espaldas. Al girarme, se disculpó. —Lo siento. Era lo que tenía que hacer. Espero que me comprendas. Lo siento mucho —le temblaba la voz—. Al fin y al cabo, ha sido mi culpa. —Bah —resoplé con desgana—. Es algo que no debería saber, supongo —le di un trago a la lata—. Manzana ácida.. qué rico. —¿Quieres quedarte hablando de algo o prefieres bajar ya? —No lo sé —respondí mientras me acababa la lata—. No se me apetece contarte mi vida, pero el susurro del viento es agradable aquí. —Venga, tío, bajemos. Tengo algo para ti en disculpa. ¿Te parece? —bebió un poco de su refresco. —¿Puedes esperarme un minuto? —estrujé la lata con ímpetu—. Necesito un poco de tiempo para relajarme. —Bueno, colega, como veas. Te espero abajo. No me percaté de las vistas hasta ese momento. El parque se veía distinto de día. Más alegre que por la noche, pero tomando esa alegría a cambio de parte de la belleza nocturna. Unos niños jugueteaban en los columpios. Sonreí, recordando cuando no tenía más preocupación que esa. Armando reparó en mi presencia mientras desplegaba un par de mesas a la zona exterior de su cafetería y me saludó con un leve gesto con la mano. Desde este lugar se respiraba una gran tranquilidad. Tomé la armónica de mi bolsillo y entoné un par de notas, hasta que me di cuenta de que los chicos del parque habían parado de jugar sólo para mirar boquiabiertos el foco musical. Sonreí. Volví a la habitación, donde estaba Tamaki, esperándome. Señalaba a uno de los cuadros de la pared que antes estaban vacíos. El nuevo contenido me sorprendió: Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


68

una imagen en la que aparecíamos Takuya, Kyoko y yo. La pose era bastante natural como para estar posada, pero no recuerdo ninguna fotografía en ese momento. Estábamos los tres juntos tomando un café en mi casa, sonriendo. Takuya hacía una seña extraña con la mano y yo miraba a Kyoko, pasándole la mano por el pelo. Ella sólo sonreía. —Es muy guapa —rompió el silencio—. ¿Era tu novia? —... —no sabía qué responderle—. No, no lo era. Y ya, no lo será nunca. —Lo siento... —miró hacia el otro lado—. No lo sabía... ¿Y ese otro chico? —Es Takuya, mi mejor amigo... —suspiré—. Y ella se llama Kyoko. Bueno, supongo que antes habrás leído su nombre. —Vaya... Si te hace sentir mejor, intentaré hacer lo que pueda para suplir su vacío. —No te preocupes —le contesté—. Muchas gracias. —¿Quieres hablar de ellos? Puedo escuchar todo lo que tengas que decir. —No, no te preocupes... No se me apetece ahora mismo. Resoplé. *** —Pero yo llamé a Tamaki —se quejó Selene, despejándome de mi recuerdo—. ¡Agh! — miró su comunicador enfurecida. —Perdonad, si fuera por mí podríamos habernos visto —y añadí, pensativo—. Pero... No tenéis mi número, ¿verdad? —¿Número? —me miró extrañada—. Anda, déjame tu comunicador —lo tomó y lo acercó al suyo propio y al de su hermana, provocando sendos chispazos—. ¡Listo! —Bueno, entonces tendré que llamarte —me indicó la otra chica con una Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


69

sonrisa. —Por cierto, ¿qué hacéis aquí a esta hora? No son las ocho siquiera— pregunté. —Estamos esperando para entrar a clase —respondió, Selene, sonriente—. ¿No ves nuestros uniformes? — giró de una forma un poco infantil para que lo viera. —¿Clase? Creía que erais de la quinta de Tamaki. —No, este es aún nuestro último año de instituto. Quizá no te lo parezca, pero sólo tenemos quince años. Las chicas me comentaron el funcionamiento del sistema educativo, que aún no había alcanzado a entender. Hasta el año en el que alguien nacido en Sekai cumple dieciséis años, la educación es obligatoria. Una vez superada esa edad se puede optar por seguir teniendo íntegramente formación, conseguir un empleo, o trabajar para Sekai. Aunque eso ya no era una elección para mí. También aprendí que, junto a los entrenamientos de combate, misiones y similares, tendría que tomar otras clases de formación intelectual. —Y vosotras... ¿Qué pensáis hacer? —No lo hemos decidido completamente, pero por el momento nuestra intención es ir para Sekai, al departamento de Defensa. —¿Defensa? —pregunté con curiosidad—. ¿Departamentos? —Parece que aún no te has informado de todo lo que deberías —rió Luna, jugueteando con un mechón que le caía por la frente—. No te has leído el libro, ¿eh? —¿Libro? ¿De qué libro me hablas? —El libro de Sekai —me sonrió—. Ese libro que le dan a todos los forasteros. —Ah, ese libro —recordé aquel extraño libro que no pude llegar a leer—. Sí, creo que debería hacerlo.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


70

—Y, por cierto, ¿tú donde ibas, Kei? —me resultó algo impactante que Selene me llamase así al poco tiempo de conocerme—. Es extraño que te levantes a estas horas cuando podrías quedarte durmiendo— bostezó. —Yo sólo venía a tomarme un café a lo de Armando, aún se me hace un poco raro vivir aq... Ding dang ding Ding dang ding Esbocé una sonrisa recordando las campanas de mi instituto. Las chicas se despidieron rápido, quejándose de que se habían entretenido y salieron corriendo a toda velocidad hacia el edificio principal, donde me figuré que se impartirían las clases. Yo, por mi parte, me acerqué a la cafetería. Nada más abrir la puerta la fragancia del café me invitó a pedir algo. —Buenos días —alargué la primera sílaba, pareciendo algo alegre. —¿Qué hay, Keitsuke? —y, tras mirarme de arriba abajo añadió—. ¿Qué te trae por aquí tan temprano? —Café matutino... —susurré con desgana. —No me engañes —me reprochó—. Es evidente que algo te trae abajo. Si quieres algo, yo te escucho. —Por ahora, lo único que se me apetece es un café, pero gracias —contesté, sorprendido de su capacidad para ver detrás de la fachada de la gente. Supuse que era algo que se aprendía al tratar con tantos clientes—. ¿Qué me recomiendas para hoy? —Para ese ánimo tan bajo... —vaciló durante un breve instante, girando una taza sobre la barra—. ¡Nada mejor que mi capuccino especial! Sí, eso estaría bien. —A tu criterio, Armando —le sonreí.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


71

Se dirigió a servirme y atender otros pedidos. Oteé un poco el recinto, pude ver unas veinte personas. Parecía que el local tenía éxito. Tanto personas uniformadas. probablemente de Sekai, como gente vestida de una forma más común, incluso algún que otro individuo trajeado. Sin duda, era un negocio diurno, comparado con lo que se podía ver en la anterior ocasión que estuve. Otra mujer atendía por la otra parte de la cafetería. Era la primera vez que la veía por aquí, aunque, era lógico que alguien más acompañase a Armando en la gestión. Algunos alumnos se marchaban, alarmados por la hora, en un intento bastante fallido de no llegar tarde a clase, mientras que otras personas dejaban la cafetería más tranquilamente, intercambiando saludos con las que entraban. —Un lugar concurrido a estas horas, ¿eh? —me preguntó el hombre, alzándose las gafas con su dedo índice y señalando a la taza que había puesto frente a mí. —Bastante, si te digo la verdad —miré hacia los lados—. Buena calidad y buena situación —probé el café, de un intenso, aunque dulce sabor y le entregué el NeoCell—. Oh, anda, cóbrate. Buen café, por cierto. —¿Acaso esperabas otra cosa de mí? —rió sonoramente—. Bueno, cuéntame... ¿Qué te trae por aquí a la hora de los estudiantes y trabajadores? Creía que tendrías algo más de tiempo para dormir. —Tiempo, sí. Ganas... no demasiadas —sorbí algo melancólico el café. —Es duro —sentenció con seriedad—. Pero los cambios no siempre son malos. He visto a mucha gente aquí que ha pasado por lo mismo y... no han acabado mal —sorbió de una taza de café negro—. Y tú no vas a ser una excepción. — Yo, Armando... Soy la excepción. Siempre lo he sido y no entiendo por qué esta ocasión sería distinta. —Las excepciones no existen en este contexto. Quizá varíe el camino, pero el resultado será el mismo. No olvides mis palabras —se giró a atender a otro cliente.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


72

El resultado sería el mismo. ¿Cómo podía afirmar eso? ¿Cómo podría ser más feliz alejado de mi vida? ¿Cómo podría, directamente, soportarlo? De un trago, despejé el fondo de la taza. Cuando volví a mirar, a mi lado estaba sentado Tamaki. —Hey, hola —saludó con una palmada en el hombro—. Deberías haberme llamado, tío. —Puede —respondí—. Pero no sabía si debía molestarte. —Total, tampoco me importa demasiado. Armando, uno con leche, por favor. —¡Marchando! —gritó desde la otra punta del local—. ¿Algo más para ti, Keitsuke? —¡Vale, ponme otro! —y, tras pedir, volví a la conversación con Tamaki. —A decir verdad, me han despertado —resopló algo ofuscado—. Nos llaman del edificio central. Parece que hay alguna nueva importante. —Entonces... ¿Qué haces aquí? —pregunté, algo extrañado. —Supuse que te encontraría aquí. Y, además, la noticia debería poder esperar... Al menos al desayuno. O eso dijo, que nos tomáramos nuestro tiempo —suspiró —. Si es que a estas horas no soy persona. Armando nos sirvió el café, sendas tazas de cremoso café con leche y un punto de canela, y se quedó un rato conversando con nosotros, después de cobrar. Beep, beep. Beep, beep. El comunicador emitía un sonido taladrante. Me lo enganché a la oreja derecha, como había visto a Tamaki hacer en otras ocasiones y presioné el botón. — ¿Sí? — respondí a la llamada. — Buenos días, Keitsuke —se escuchaba la grave voz de Nagai al otro lado de la línea—. No sé si Tamaki ya te lo habrá dicho, pero necesitamos que vengáis lo Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


73

antes posible al edificio principal. Ya está aquí. —¿Qué? ¿Que ya está aquí? ¿Quién? —pregunté sin tener ni la más mínima pista de lo que oía. —Os daré los demás detalles presencialmente. Hasta ahora —cortó la comunicación. —Pues... —me dirigí al chico de pelo plateado—. Parece que nos reclaman. —Qué latazo... —sorbió lo que le quedaba de desayuno y se levantó—. Venga, vamos... ¡Nos vemos, Armando! —Hasta luego —me despedí en un tono apagado. —Ten en mente lo que te dije. Caminamos hacia el edificio sin intercambiar palabra, probablemente porque andaba de nuevo sumido en mis pensamientos. Armando tenía algo de razón... Podría sacar algo provechoso de esta experiencia tan extraña. Podría darle ese impulso que necesitaba mi aburrida vida. Podría ser algo más que un estudiante que sólo hacía lo que estaba obligado que hacer. Además, los avances tecnológicos y científicos aquí eran mucho más pronunciados que en el lugar de donde provenía, lo que despertaba mi curiosidad. Pero me asustaba el cambio. Me asustaba el haber estado un día riendo con mis amigos y al siguiente metido en un mundo que no conocía. Me asustaba toda esa incertidumbre. —Ya hemos llegado —la voz de Tamaki cortó el hilo de mis pensamientos—. ¿Quieres echar un vistazo por el edificio antes de ir a ver a Nagai? No tardaremos mucho. —Como quieras, Tamaki —respondí mientras cruzábamos el umbral. —Ésta es la primera planta —miró alrededor —. Es donde se imparten las clases obligatorias. El instituto, digamos —suspiró—. Cuántos años habré pasado Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


74

aquí yo... —suspiró algo nostálgico—. En la segunda planta también dan clases, las avanzadas. Podrías llamarlo universidad. —Comprendo — respondí mientras subíamos a un ascensor cilíndrico de cristal hallado en la parte derecha del edificio, desde el que de podía ver tanto el interior como el exterior de éste. —La tercera planta es la que lleva las funciones administrativas —remarcó—. Donde se gestiona el papeleo y todas esas cosas. Vamos, un ayuntamiento —el ascensor comenzó a acelerar hasta el punto de llegar a marear un poco—. Aquí, en la décima, es donde para el ascensor público. A partir de aquí todo está dedicado a los miembros de Sekai. Seguimos caminando un poco hasta llegar a un mostrador en el que una señora que parecía ejercer de guardia nos saludó. Al mostrar nuestras identificaciones, los NeoCell, nos permitió el paso a la otra parte de la habitación. Antes de cruzar, reparé en algunas personas sentadas, esperando ser atendidas. —Ah, esos... —Tamaki respondió una pregunta que aún no había hecho—. Son algunos de nuestros clientes. —¿Clientes? —pregunté. —Claro, si nuestra labor es realizar misiones, alguien tendrá que encargárnoslas, ¿no? —tras una pequeña pausa, añadió—. Aunque lo principal sea salvar el mundo, tendremos que ayudar con los pequeños problemas. —¿Pequeños problemas? ¿Como cuáles? —Alguna que otra batalla entre universos, reductos rebeldes, descontrol de algún laboratorio de inteligencia artificial o monstruos, vigilancia, servicio de guardaespaldas, colaboración en búsquedas e investigación... —Oh, genial. Los hombres multiuso —respondí sarcásticamente mientras nos desplazábamos hasta un segundo elevador.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


75

Subimos algunas plantas a toda velocidad en un ascensor algo más cegado que el anterior. Al abrirse la puerta pude vislumbrar una habitación con muchas pantallas de ordenador, que Kiyomi y Natsume manejaban realizando gestos frenéticamente con las manos. Nagai, por su parte se encontraba sentado entre las dos leyendo un documento y murmurando para sus adentros. Eché un vistazo a las paredes, que tenían aún más pantallas, como si un puesto de vigilancia se tratase. Apoyado frente al único muro que en lugar de pantallas contaba con un inmenso ventanal tintado de negro, había un expendedor de bebidas y alimento, así como un pequeño sofá en el que se veía una chica dormida tapada con una manta. La decoración, por su parte parecía algo extraña para lo que estaba acostumbrado a ver. Un estilo muy clásico, con protuberantes columnas en las esquinas, aunque casase misteriosamente con la estética tan peculiar del microcosmos. —Os estábamos esperando —nos reprochó Natsume, quitándose un guante de la mano. —Perdonad el retraso —canturreó Tamaki, como si no le intimidase el puesto de sus interlocutores—. Sin mi desayuno no soy persona. —Lo siento —me disculpé por los dos—. Ha sido mi culpa, estuvo enseñándome un poco el edificio y por eso nos entretuvimos. Espero que no haya causado muchas molestias. —No te preocupes, Keitsuke—respondió Nagai en un tono solemne—. Era de esperar por parte de Tamaki. —¿Y para qué se nos llamabais? —preguntó, sentándose en un sillón. —Os he convocado en persona para comunicaros que ya contáis con el tercer miembro en vuestro equipo.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


76

—Hanako, despierta —Kiyomi zarandeaba con delicadeza a la chica que estaba tumbada en el sofá—. Despierta... La chica comenzó a abrir los ojos. Sus iris azules, en contraste con su rojo cabello que le caía hasta algo más arriba que los hombros, se empezaban a ver según se alzaban los párpados. Adormilada, sonrió. A pesar de estar algo despeinada y con cara de acabarse de despertar, me pareció bastante guapa. Se pasó con gracia las manos por la cara para despejarse un poco e intentó incorporarse con poco éxito. —Deberíais haberme despertado antes —bostezó—. Menudo día. Después de tantísimo lío, llego aquí tarde y me quedo dormida. —No es para tanto —rió Kiyomi—. Estás muy mona recién levantada. Estos son Keitsuke y Tamaki. Ya te hablé de ellos mientras veníamos. —Así que este es el famoso Keitsuke... —susurró llevándose un dedo a los labios—. Y este es Tamaki —señaló a mi compañero—. Pues no se parece tanto a su hermano... —A partir de ahora trabajaréis los tres juntos —interrumpió Nagai—. Espero que os llevéis bien y florezca un buen compañerismo entre vosotros. Al menos, por nuestra parte hemos intentado encontrar un grupo que sea afín. Confío en que las cosas salgan bien —se alzó las gafas con el dedo índice y sonrió. —Tendréis un día de descanso. Para empezar a conoceros un poco más y para que Keitsuke y Hanako vayan aprendiendo algo más sobre el funcionamiento de Sekai. Mañana, nos vemos aquí a primera hora para iniciar vuestra formación. Se os asignará un mentor que os instruya en combate y a un profesor que os enseñará algo de teoría. —Oh, un mentor —susurró Tamaki, algo pasivo—. A que adivino quién es. —¿Alguna última pregunta?

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


77

—No, ninguna en absoluto. —Y con esto —concluyó Nagai—. Podemos dar por concluida esta reunión. Si tenéis algún tipo de duda o problema, no tenéis más que contactar con nosotros mediante el comunicador. Abandonamos los tres la sala y, entonces reparé un poco más en el aspecto de la chica. Era bastante alta, a término medio entre Tamaki y yo. Vestía un uniforme con chaqueta, pantalones cortos y una chaqueta abierta, similar a la nuestra, por encima de una camiseta con cuello de pico. El estilo en general, de todas formas, recordaba bastante al de nuestros uniformes. Tamaki susurró a mi oído una obscena observación del físico de nuestra nueva compañera, a la que respondí con una cortante mirada. La otra chica, aunque algo extrañada, pulsó el botón de descenso del ascensor y se limitó a sonreír, aún algo adormilada.

Se completa el trío protagonista con Hanako. Aunque de una forma algo superficial, ya que no se ve introducida hasta casi finalizado el capítulo. Hanako es un personaje que me gusta especialmente, cuya idea fue evolucionando con mucho cuidado en mi cabeza. Desde mi primer boceto previo, fue adquiriendo una fuerte personalidad, unos bonitos ojos azules y algo de historia de trasfondo. Pero bueno, hablemos del resto del capítulo en sí. Muchos avances necesarios en todos los aspectos. Algún proceso mental para Keitsuke, una determinación de los aspectos internos de Sekai y una ligera descripción de las facultades del edificio. Un episodio muy divertido de leer y aún más divertido de escribir. ¡La cosa va avanzando bastante bien! Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


78

Especial I: El Libro de Sekai (I). Historia de Sekai Sekai fue fundado en el año 1991 (de acuerdo con el Calendario Gregoriano) por las familias Hanekoma, natural de Okawa y Nanahara, procedente de Dokuso, al poder tomar un primer contacto entre sus distintos universos, comprobando así la teoría postulada en 1985 por el recién graduado heredero de la familia Dokusoteki. [...] En su origen, la organización Sekai era una dedicada íntegramente al desarrollo científico y tecnológico que apoyaba la, ya comprobada, teoría del Multiverso. Innumerables universos se fueron uniendo a la asociación hasta que en el año 1994 se encontró el último de los universos accesible con las tecnologías actuales. Si existen o no más universos civilizados es algo que hoy día se sigue desconociendo. La familia Hanekoma alcanzó la tecnología necesaria para el transporte de materia a finales de ese mismo año, hallando en el proceso un segundo plano (que no se había postulado en la teoría del Multiverso) al que bautizó con el nombre de la organización, Sekai. En unos seis meses, ya se habían colonizado catorce microuniversos en el plano, nombrados como ramas de Sekai, de las que, hoy día, deben destacar al menos tres: la Decimotercera Rama, dirigida por los Nanahara, dedicada esencialmente al desarrollo científico (aunque con todas las funciones comunes que serán explicadas con todo lujo de detalles en la sección de este libro dedicada al respecto), la Rama Central, destacable por su extensión y número de pobladores y, por último, la Quinta Rama, en la que se llevan a cabo los eventos de importancia en Sekai. [...] Pronto, Sekai comenzaría a prosperar y se desviaría un poco de su cometido Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


79

científico para dedicarse a su objetivo actual: el equilibrio en el Multiverso. Cientos de agentes llegarían de todos los universos, e incluso algunos comenzarían a nacer en Sekai (el primer caso conocido data de 1994, el hijo menor de los Tsuji, natural de la Decimotercera Rama). No obstante, y como ya se ha comentado con anterioridad, se el avance en temas científico-tecnológicos en todas las ramas (especialmente la Decimotercera y la octava, dedicada íntegramente a Inteligencia Artificial y Robótica), por lo que podemos considerar el desarrollo de la agencia Sekai sostenible. [...]

Reclutamiento para Sekai. A pesar de la relativa exclusividad de la agencia, existen numerosas formas para convertirse en un miembro en activo de Sekai. La primera de ellas, y más evidente, es el linaje. Los descendientes y familiares directos de muchos co-fundadores de la organización tiene hoy un puesto en ésta, así como algunos hombres de confianza de dichas familias. Por tanto, se puede deducir que los nacidos en Sekai serán potencialmente miembros de la agencia, aunque no de forma mandatoria. [...] Este tipo de acceso será estudiado más a fondo en otro de los capítulos del libro. La segunda forma para llegar a Sekai es por la competencia propia del potencial agente. La organización comenzará con un seguimiento desde una corta edad de los jóvenes de los diversos universos que destaquen en uno u otro aspecto para, cuando se tenga certeza de su capacidad, contactar personalmente con ellos y proponerle la anexión a la organización. Esta proposición puede ser tanto aceptada como rechazada, sin problema alguno, aunque en el segundo caso, se ha de sellar ese recuerdo para salvaguardar el anonimato de Sekai. [...] Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


80

La tercera, y más atípica opción será la de riesgo inminente. Si uno de los jóvenes en seguimiento o protegido por la organización experimenta un riesgo inevitable de otro modo, el agente encargado de su monitorización se verá obligado a llevarlo a su rama de Sekai, por motivos de seguridad, para su posible inclusión en Sekai. En el caso de los jóvenes en seguimiento será obligatoria. [...] Nacidos en Sekai Los nacidos en Sekai están obligados a mantener una educación obligatoria hasta los dieciséis años, con la que se les instruirá sobre la historia de Sekai, sobre el uso de las Letras y unas nociones de Filosofía para lograr un alumno pensador y cognoscente, y en la base científico-tecnológica necesaria para comprender el funcionamiento y los avances tecnológicos de los que goza Sekai, acompañados por conocimientos prácticos sobre las materias. [...] Una vez finalizada dicha formación, el alumno deberá elegir entre una serie de posibilidades. La primera es dedicarse íntegramente a su formación para unos estudios más concretos [...], lo que tiene salidas a largo plazo en el departamento científico de Sekai, en diversos tipos de investigación en todas las ramas del conocimiento y en la enseñanza a nuevas generaciones. La segunda, fundar un negocio o trabajar en uno ya existente [...]. La tercera de ellas es tornarse miembro de Sekai. Como miembro de Sekai, se tomará, aparte del camino dentro de la organización que se elija (detallado en el próximo apartado), una formación general como agente que incluirá, entre otros, el manejo de armas e instrucción en el combate [...].

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


81

Oportunidades en Sekai Apartando el caso en el que el nuevo miembro de Sekai sea alguien que haya pasado por el estudio para ingresar al cuerpo científico de la agencia, y por ende sea sólo un investigador y no un agente en pleno derecho, todos los nuevos miembros pasarán a un equipo de tres personas liderado por una cuarta, su mentor [...]. [...] Tras un periodo suficiente de entrenamiento y misiones, el equipo podrá ser examinado para entonces decidir a qué departamento se dedicará. Las opciones a considerar para este tipo de casos son: En primer lugar, el Departamento de Defensa, que se dedica a asegurar el pleno funcionamiento de los sistemas de protección en los microcosmos de Sekai [...], así como supervisar la mejora de las armaduras integradas en el uniforme del agente de a pie. Otra de sus funciones es la colaboración con el trazado de estrategias defensivas en caso de ataque a su rama de Sekai. Otra opción viable es el Departamento de Inteligencia, que se dedica a buscar las mejores estratagemas para salir victoriosos de los conflictos [...] y soporte lógico a las misiones. La tercera opción posible es el Departamento Científico, con dedicación a la mejora tecnológica, colaborando mano a mano con los estudiosos [...]. De dicho departamento hemos obtenido resultados tan favorables como el Proyecto NeoCell, ya puesto en marcha en siete de las catorce ramas de Sekai. La cuarta opción consiste en dedicarse íntegramente a las misiones, tomando misiones de superior rango[...] No obstante, eligiendo cualquier otro camino, el agente será también tomado en cuenta para misiones[...]. También podrá solicitar un puesto como mentor para algún grupo de novatos

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


82

si así lo desea. [...]

Un capítulo especial que, amén de contar muchas cosas de una forma directa, deja muchos cabos sueltos hacia futuros capítulos, y muchos mensajes ocultos. Sin duda, algo entretenido para escribir y curioso para leer. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


83

Capítulo Cuarto: Un día libre. —¡Hey, Keitsuke! —me gritó Tamaki, algo enfadado—. ¡Venga, tío! ¡Vamos, que ya estamos listos! Cerré el libro, intentando recordar toda esa información que era nueva para mí. En esos veinte minutos que llevaba en la habitación, esperando que la chica se tomase una ducha, me había entretenido tanto leyendo el libro que ni el ruido que el chico que estaba conmigo hacía mientras desplegaba una tercera cama en el cuarto era capaz de distraerme. Me disculpé, levantando la vista de la portada del libro que se hallaba cerrado frente a mí y volviéndolo a colocar en la estantería, entre dos libros cualesquiera para ver a dos personas esperándome, aunque mi vista sólo se dirigía a la chica. Su brillante pelo de color rojo intenso me llamaba la atención. También volví a reparar en sus ojos, grandes y azules, remarcados con una raya de color negro, casi imperceptible, en el párpado inferior. Pensé que podría tratarse de algo de maquillaje, aunque no parecía serlo. Me picó la curiosidad, pero mi rápida mirada siguió el resto de su cuerpo. Llevaba una camisa sin mangas de color negro, con volantes, y más botones abiertos de los que las hormonas de Tamaki podrían soportar. El contorno de la chica se cerraba para volverse a ensanchar mediante unas curvas de vértigo dejando ver una falda no demasiado larga de cuadros rojos y negros. Su vestimenta se veía culminada con unas botas negras de apariencia pesada y una pulsera de cuero con un cierre en plata que pude reconocer como el NeoCell en su muñeca derecha. —Bueno, vamos —sugerí, cambiando la camiseta que llevaba por algo un poco más elegante—. Sí, está bien así —murmuré, pensando si debería o no decir algo a nuestra compañera. —Oh, nuestro primer día como grupo —canturreaba Tamaki mientras hacía un Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


84

esfuerzo por mirar el escote de la chica sin que se diera cuenta con poco éxito —Ya me avisaron de ti —rió la chica a carcajadas—. No podrías ser alguien más normal como tu hermano, no. Espero que tú seas mejor —guiñó el ojo y me dedicó una sonrisa. —Maldito buitre —rompimos los tres a reír. Algo desde mi interior empezaba a apoderarse de mí. Era... ¿Felicidad? No, se trataba de un extraño sentimiento que no dejaba de reconcomerme por dentro, recordándome la falta de mis mejores amigos. ¿Qué era entonces? ¿Alegría? Había conocido a unos chicos geniales en esos últimos días. Aunque me doliera lo que pasó, me alegraba que las cosas fueran bien aquí. Pero deseaba tenerlos conmigo. Mi mente intentó expulsar esos pensamientos dirigiéndome a otro en el que aún no había reparado. Nuestro mentor. Tamaki estaba casi seguro de quién sería. Sin duda, tendría que preguntarle. —¡Oh! —exclamó sorprendida la chica mientras escudriñaba la pared—. Una foto de tu hermano. —Y mía —interrumpió—. Y eso. Salimos los dos en la foto, ¿eh? —Mira, Keitsuke —me señaló al chico que aparecía en la foto con Tamaki, ignorando el comentario de nuestro compañero—. Éste es su hermano. ¿Le conoces? —He oído hablar de él... Pero no sabía que fuese el de la foto. Parece bastante molón. —Anda, vámonos —tiraba de nosotros Tamaki algo ofuscado—. Reiji por aquí, Reiji por allá...—se quejó enfadado—. Y a mí nadie me quiere. Salimos de la habitación, arrastrados por el chico de pelo grisáceo, en silencio. Bajamos las escaleras a marchas forzadas sin decir palabra. Tamaki salió corriendo al ver a Selene y a Luna, abrazándolas efusivamente. —¿Qué le habrá picado a este tío? —preguntó. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


85

—Ni idea —me encogí de hombros, estático en el sitio, viendo cómo reían las chicas con Tamaki un poco más adelante. —Por cierto —la pelirroja miró hacia el cielo, luminoso y despejado—. Me quedé mirando esa foto tuya... ¿Quiénes son? —El chico se llama Takuya —suspiré algo melancólico—. Mi mejor amigo. Y la chica es Kyoko... —Déjame adivinar —se tapó una risotada con una mano— ¿Tu novia? —No— respondí cabizbajo, con un dèja vu de la misma conversación que tuve con Tamaki. —¿No? ¡Vaya lástima! Haríais buena pareja —se balanceó en el sitio—. Es muy mona. —Lo siento, es un tema del que no quiero hablar... —susurré, y, para cambiar de tema, añadí—. ¿Y qué hay de ti? Se me hace extraño que sepas tanto. Incluso conoces al hermano de Tamaki. —Je, je —rió mirando a otro lado. —¿Qué es tan gracioso? —pregunté. —Na-da —canturreó imitando a Tamaki—. Es un se-cre-to... —Parece que todo lo que me rodea aquí es secretismo —miré cabizbajo hacia otro lado. —Yo también diría que te rodea mucho misterio —sonrió, acariciándome el hombro—. Reiji tenía razón, eres un chico muy interesante. —Eh, tú, Tamaki —le grité, algo molesto por su actitud tan pueril—. Tú me dirás qué vamos a hacer. —Vamos a comer —contestó en su tono bromista de siempre, mientras hacía cosquillas a una de las hermanas—. Selene y Luna vienen con nosotros.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


86

—Genial —comenté a la chica—. ¿No se supone que nos dejaban el día libre para conocernos? —Tampoco me importa mucho. De él ya he oído hablar lo suficiente —me pasó el brazo por encima del hombro y añadió, risueña —. Prefiero conocerte a ti... Aunque algo también he oído. —Bien, veo que llegan lejos mis historias —respondí algo ofuscado—. Aquí todo el mundo me conoce pero yo no conozco a nadie. —Sólo te conozco de haber oído un par de veces sobre ti, siquiera sabía tu nombre hasta hace un rato. Seguimos caminando, hacia el comedor, sin parar de conversar sobre tonterías sin importancia. Hanako parecía una chica bastante agradable, y, aunque supiera bastante más que yo sobre Sekai, en algunos aspectos se la veía confusa. —Dime... ¿Cómo te esperabas Sekai? —preguntó. —Directamente... No me lo esperaba. —bufé desganado—. Un día tienes tu vida tan normal y al siguiente andas metido aquí. —Debe ser doloroso, sí —se calló por un instante—. Yo me lo imaginaba, quizá... Menos bonito. Me ha sorprendido mucho la arquitectura, y ese bonito parque que hay frente a las habitaciones es precioso —cruzó el arco de la puerta del comedor —. Oh, esto es impresionante —se quedó atónita, mirando alrededor la decoración del lugar, que días antes me impresionó también a mí. Nos dirigimos a la barra para llevarnos la sorpresa de que Tamaki ya había pedido por nosotros. Nos esperaban unos enormes tazones de ramen en la encimera. —Oh, una cara nueva —sonrió Sayuri—. ¿A qué nombre la debo asociar, ricura? — Hanako —devolvió la sonrisa—. Encantada. —Bonito nombre. Muy... Floral —se empezaba a llenar la barra de gente—. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


87

Encantada, espero verte pronto. Y ahora te dejo, tengo mucho trabajo — le lanzó un beso — Y encantada de verte a ti también, Keitsuke. —¿Floral? —quise saber—. ¿De qué habla? —¿Nunca te has preguntado de dónde vienen nuestros nombres? —miró hacia arriba algo pensativa. —Recuerdo que de pequeño me contaban un cuento que explicaba por qué somos todos capaces de entendernos. Por qué todos hablábamos el mismo idioma aunque... —Sobren reductos de otros —concluyó—. La Torre de Babil. *** Érase una vez una torre —recordé—. Una torre que abarcaba desde las más abismales profundidades de nuestro mundo hasta allá donde el espacio perdía todo su color. Tan impresionante era la torre que todo humano la quería ver. De tan impresionante que era, hasta el último de la tierra moradores llegó a comprender. Una planta sobre otra, y sobre la anterior otra descansaría. Fuera cual fuere su origen, hasta el último de los habitantes ciudadano de la Torre sería. Y en la Torre todos olvidaron su lugar. En la Torre todos olvidaron su nación. Eventualmente, olvidaron incluso su idioma, sólo preservado en sus nombres. De los hijos de sus padres, parecidos nombres son. Un mal día, a los Dioses algo le hirió. Gran arrogancia de los humanos, que incautos, al Dios de Dioses desafió. Atacadnos si queréis, a los cielos exclamó. Ahora somos uno y como uno nos defenderemos, con todo nuestro clamor. Enojado, un ataque lanzó. Con la furia de cien titanes, la Torre de Babil destrozó. Aunque el pueblo unido estuviera, hasta el menor retazo desmoronó. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


88

Cada uno de los grupos de la Torre en un mundo nuevo cayó. Ya no habrá más unidad, el Dios se burló. Aún así, todos aprendieron de su error. No habría marcha atrás con el idioma, pero comprendieron que sólo una cultura sería un horror. Así que, orgullosos de sus nombres y sus costumbres todos han de estar, ya que un nuevo ataque su identidad podría destrozar. *** —Y ahora cobra sentido para mí —reflexioné—. Esa leyenda también narra... —La creación del Multiverso, sí. —Entonces, nuestros nombres... —Se dice que Okawa y Dokuso beben de la misma fuente. La leyenda situaba los dos grupos de la Torre en plantas adyacentes. Okawa era la inferior, más tradicional y arraigada a su cultura, mientras que Dokuso respetaba la base de los nombres pero se negaba a aislarse de todo lo demás. —Pero... ¿Por qué te ha dicho lo de tu nombre? —Hanako significaba Chica de las flores. Al parecer era un sobrenombre que en tiempos antiguos se utilizaba para la chica coronada la más bella en un festival. Se la laureaba con una corona de flores y un enorme ramo. Mi padre me puso ese nombre porque esperaba tener una chica inteligente y hermosa. —Oh, cómo mola —sonreí—. ¿Y sabes lo que significa mi nombre? —¿Vais a venir de una maldita vez? —nos interrumpió nuestro compañero, cortando una conversación de interés. Tamaki, Selene y yo subimos las escaleras, siguiendo la sugerencia de las chicas de almorzar en la terraza, con cuidado de no derramar los cuencos, mientras que las otras dos chicas cargaban varias jarras de refresco. Buscamos unos asientos cercanos a la barandilla desde los que se gozaba de buenas vistas. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


89

Tamaki se sentó junto a la chica de pelo claro. Yo, por mi parte tomé asiento en el otro lado de la mesa, donde encontraron sitio las dos chicas restantes, que llevaban una jarra en cada mano. Me apresuré a servirme un vaso de refresco de piña, que se había vuelto rápidamente uno de mis favoritos. El vapor que emanaba el cuenco me llenaba los pulmones dejando una agradable sensación por el camino. Los demás sintieron lo mismo, ya que suspiramos casi al unísono. —Mirándoos la cara a los dos, parecéis hermanitos —rió Luna—. Facciones similares, el mismo color de pelo... —¿Hermanitos? —dudé, risueño—. Yo me decantaría más por la respuesta parejita — mi comentario hizo sonrojar a las dos chicas e hizo al afectado mover los brazos como un loco negando nada. Hanako sólo me miraba, sonriente—. Venga, que tampoco es para tanto, sólo era una bromita inocente. —Creo que ahí hay algo— me susurró Hanako al oído mientras yo me limitaba a separar un par de palillos para empezar a comer. —¿Qué le estás diciendo? —preguntaba Tamaki muy indignado—. ¡Agh! —No es asunto tuyo —imité su usual tono burlesco para hacerle enfurecer un poco más. Me divertía. —¿Un poco de zumo? —ofreció Selene para desviar la conversación, algo sonrosada aún. —¿Dónde estás mirando? —gritó Luna, algo indignada al percatarse de lo que hacía Tamaki. Al instante, Hanako le había lanzado hábilmente un palillo a la cabeza, que rebotó lo suficiente como para poder agarrarlo al vuelo de nuevo y meterse algunos fideos en la boca. —Menuda habilidad, Hanako. —¡Au! —soltó un alarido—. Yo... Nada... Sois... Crueles... Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


90

—¿Y qué tal las clases, chicas? —cambié la conversación para evitar más ensañamiento con el pobre Tamaki. —Aburridas —bostezó la chica del pelo oscuro—. Como siempre. —Nosotros tampoco hemos hecho gran cosa aparte de tomar un café y conocer a esta chica tan maja —canturreaba de nuevo Tamaki, ganándose unas miradas asesinas de las hermanas. —Que aún no les has presentado —le reproché. —Sí, desde lejos... Sí... —se excusó—. Lo dije, tías... ¿Verdad? —Pero no a Hanako —respondí al asentimiento de las chicas. —Hanako, perdona. Con tanta actividad no te he presentado a las chicas. —La del pelo oscuro es Luna, ya se presentó antes —sonrió—. Y su hermana es... ¿Selene, me dijiste? —Sí —asintió con la cabeza, mientras maldecía entre dientes que se le resbalase un palillo. —Ah, qué comida más rica —comentó divertida Hanako mientras bebía un poco de caldo. El almuerzo prosiguió entre risas. Poco tiempo había pasado desde que les conocí, pero, sin duda, su compañía era agradable. Me pregunté, por un momento, qué me deparaba el futuro. Sacudí la cabeza. Quise aprovechar el momento. —¿Y qué vamos a hacer ahora? —preguntó Tamaki, alzando los palillos. —Adivina qué es lo que se me apetece tomar después de comer —respondí. —¿Un helado? —contestó sarcásticamente. —Pues entonces vamos a tomar algo, ¿no? —Antes me gustaría descansar un poco —pidió Hanako con un dulce tono de voz — ¿Podemos ir a ese parque tan bonito? Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


91

—De acuerdo —canturreó. Recogimos rápidamente la mesa y fuimos al parque que estaba en frente de nuestras habitaciones. Tamaki se tumbó en el césped, junto a las dos hermanas, mientras que Hanako y yo nos montamos en los columpios. —Oye, Keitsuke... —la chica se balanceaba suavemente. —Dime, Hanako. —Perdona que te sea tan directa... —cabizbaja, miraba la hierba—. Pero... Háblame un poco de ellos... De tus amigos, quiero decir. Kyoko y Takuma... —Takuya, querrás decir... —susurré algo pensativo—. ¿Por qué quieres saber de ellos? —Simplemente quiero conocer un poco más de tu vida... Tengo bastante curiosidad en saber más sobre ti. —Nunca he sido demasiado hablador. Incluso ellos me consideraban a veces un libro cerrado. —No me pareces tan callado. Simplemente me pareces eso, un poco cerrado. Como si... —Pudiera hablar de todo lo que quisiera excepto de mí mismo —concluí—. Sí, no es la primera vez que oigo algo así. —Parecías feliz con ellos. — Y lo era — asentí frenando un poco el columpio—. Sólo era un adolescente normal con sus tontos problemas. Y mírame aquí ahora. —Seguro que haces bien aquí, tranquilo. Además... ¿No es un buen cambio de aires? Ahora nos tienes a nosotros. Vale, acabamos de aparecer en tu vida. Vale, los echas de menos. Pero estoy convencida de que lo superarás. —Estás aquí voluntariamente, ¿no? —pregunté, algo dolido. Era muy fácil

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


92

decirlo cuando no habías sido arrebatado de tu vida anterior. —En parte, pero, sí. Estoy aquí porque quiero. Siempre me fascinó la idea de pertenecer a Sekai. —Sé que Tamaki conocía Sekai porque nació aquí. Pero... ¿Y tú? —frené un poco el balanceo que llevaba, ya empezaba a distorsionar el sonido. —Es cierto... No sabes quién soy —sonrió. —Sé que conoces al hermano de Tamaki, del que todo el mundo habla pero del que nadie me cuenta nada —respondí seriamente—. Ya me está empezando a molestar un poco. —Todo tiene su explicación... — susurró dulcemente. Reparé en algo que me hizo perder el hilo de la conversación. A sólo unos metros de nosotros, Tamaki estaba en el césped, haciendo el tonto con las dos hermanas. Hanako gritó un comentario que me hizo reír y perder parcialmente el control del columpio, que chocó con el suyo. Intenté pararlo, con poco éxito y caí hacia delante, frenando la caída con el brazo. La chica recuperó el control y bajó grácilmente. Ambos rompimos a reír, dejando de lado la conversación anterior. Hanako me extendió su mano para ayudarme a levantar. Entre risas, pude incorporarme de nuevo. Su mano era cálida como su sonrisa y me hacía sentir tranquilo. Ya de pie, la solté con cuidado y sólo sonrió. —¡Ha sido tu culpa! —grité a Tamaki—. ¡Me has distraído! —Vuestra culpa, por cotillas —se levantó de la hierba. —Bueno, creo que ya habéis tonteado lo suficiente vosotros tres —les critiqué, dando una palmada en el hombro al chico. —Pero... —respondió una de las chicas algo sonrojada. —¡Ni peros ni nada! —contestó la pelirroja de una forma tajante.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


93

—En fin —concluí—. Necesito un café. Así que... Vamos ya. Entramos a la cafetería y tomamos asiento en una mesa cercana a la ventana. Apareció la chica que ya habíamos visto esa misma mañana a tomarnos nota. Reparé un poco en su aspecto. Se trataba de una mujer adulta, probablemente ya entrando en la treintena. No era demasiado alta, aunque tampoco se le podría considerar que fuese excesivamente baja. Llevaba su largo cabello castaño suelto, acompañado por un largo pañuelo de color amarillo pastel colgado del cuello. Bajo la parte izquierda de sus labios tenía un pequeño lunar que contrastaba con la palidez de su piel. —¡Hey, Chihiro! —saludó Tamaki con total confianza—. ¿Y Armando? ¿No está hoy aquí? —Pues... —se llevó el bolígrafo que llevaba para apuntar los pedidos a la boca —. Hace un rato que salió. —Bueno, bastante raro es que le hayamos pillado aquí varias veces seguidas — rió. —Decidme, ¿qué os pongo? —A mí, ponme un expresso —pidió Hanako. —Que sean cuatro —añadió Tamaki. —Y a mí, por el simple hecho de llevar la contraria a los demás, ponme un capuccino —sonreí. —¡Oído cocina! — respondió mientras apuntaba los pedidos en su pequeña libreta. Una conversación trivial acompañó la espera. El aroma del café comenzaba a hacerse más latente conforme el sonido de la máquina se intensificaba. Al cabo de unos minutos, la mujer volvió a aparecer frente a nosotros con una bandeja llena de tazas. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


94

—Y, bueno —tomé un sorbo de café—. ¿Qué vamos a hacer ahora? Se supone que nos tendrías que enseñar el sitio y sólo conozco esta cafetería, maldito vago — me burlé. —Bueno... —rechinó—. Podríamos ver las tiendas... O ir al salón de ocio... O, yo qué sé. Esto tampoco es tan grande. —¿Tiendas? ¿Ahora? —resoplé antes de mirar hacia abajo—. No, no necesito comprarme nada aún. Eso del ocio suena infinitamente mejor. —Además —giraba su taza, ya vacía—. Las tiendas más interesantes están cerradas hoy —bostezó. —¿Qué os parece a vosotras, chicas? —pregunté. —Por mí, genial —sonrió Luna. —No tengo muchas ganas de comprar yo tampoco —respondió Selene desperezándose. —Creo que traje toda la ropa que necesitaba, pero quería mirar algo —Hanako sorbió lentamente su café y añadió—. Pero, bah, da igual, otro día. —¿Decidido, entonces? —acabé mi capuccino de un sorbo—. Pues vamos allá. Por cierto, la ronda la pago yo, me he levantado generoso —obtuve mi NeoCell—. Y no te rías, Takuya, que a ti te toca pagar la de esta no... Espera... Le había llamado Takuya. Mi subconsciente me empezaba a jugar malas pasadas. Pero, sólo por un momento lo había hecho. ¿Qué significaba esto? ¿Realmente mi mente empezaba a reemplazar a mis amigos por estos nuevos conocidos? ¿O sólo se me había trabado la lengua? —¿Keitsuke? —me espabilaba un poco Tamaki zarandeándome de los hombros. —Perdona —me limité a decir—. No sé qué me pasa. —Tranquilo, sé que no ha sido a cosa hecha —me dio una palmada en el Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


95

hombro—. Venga, vámonos a echar unas partidas y seguro que se te olvida esta gilipollez. El lugar al que nos dirigimos no resultó estar demasiado lejos. Era uno de los edificios que colindantes comedor, sólo que de espaldas a éste, por lo que no se podía ver el gran rótulo de neón que anunciaba el local con variados dibujos. El interior era aún más sorprendente. Al fondo se divisaban dos pantallas enormes que proyectaban imágenes desde unas consolas, mientras que a los lados se podían ver máquinas recreativas variadas, algunas de aspecto extraño para mí. Había, también, futbolines, billares, máquinas de pinball y algunos rings que pronto identifiqué como arenas de combate para los robots. El resto de las máquinas eran para mí, totalmente desconocidas. Me acerqué inmediatamente a las pantallas, atraído por su inmensidad. A una de ellas estaba conectada una consola de aspecto similar, parecida a la que yo mismo tenía en casa, incluso de la misma marca. Pero, sin duda, algo distinta, ya que contaba con muchos más puertos y mejores capacidades. Eché un vistazo a la pantalla para llevarme una grata sorpresa. —Esperad... ¡Este juego lo conozco yo! —exclamé, atónito ante la pantalla. —Y claro que lo conoces... Es el famoso Digital Clash ver. 4. ¡Exportado hasta el último de los universos! —¿¡Versión cuatro!? —grité, alertado—. Si hace sólo un año que salió la tercera versión. —Alguna ventaja teníamos que tener los de aquí, ¿no crees? —Pe...Pero... ¿Y tantos retrasos? Si ya estaba hecho... ¿Por qué tantos retrasos? —No tengo ni idea de los retrasos de los que hablas, así que deja de calentarme la cabeza, tío. ¿Vamos a jugar o qué? —sacó una ficha de su bolsillo y la introdujo en una de las ranuras de la máquina.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


96

La pantalla de selección de personajes, como era de esperar, contaba con muchas más casillas que la anterior entrega. Por temor a quedar en ridículo en mi primera partida, elegí a uno de los personajes que mejor utilizaba en el anterior juego. —Eh, ¿dónde se han metido las chicas? —reparé, mientras el cursor del chico elegía a un personaje que, por suerte, aparecía en anteriores entregas de la saga. —Supongo que estarán con algún juego, o mirando los peluches en el garfio. Bah, da igual. ¿Objetos? —Bajo, y los regulados. ¿Alguno nuevo del que deba saber antes de que me crujas el lomo? —Veamos... Lata de energía, la desactivo. ¿Rayo paralizador? —No me gusta cómo suena, quítalo. —Ahora... ¿Escenario? —Uno que sea más o menos justo —señalé al que marcaba el cursor—. Sí, ese mismo me parece bien. Una voz realizaba la cuenta atrás. No reparé en los inmensamente mejorados gráficos. Tampoco me fijé en la memorable música, que seguía tan fresca como siempre. Esta vez, sólo me centré en la victoria. El combate comenzó veloz por su parte, ágil por la mía. Estático, no dejaba de evadir las flechas que me lanzaba mi contrincante, mientras yo enviaba bolas de energía lo más rápido que podía. Salté hacia atrás, agarrándome como pude de un borde para esquivar con gracia un ataque especial y al reincorporarme le propiné un buen gancho. —Las físicas del juego han cambiado un poco, ¿verdad? —reparé al notar una ligera diferencia en el control. —Sí, un poco, pero esta vez han mantenido más o menos todos los ataques de la versión 3. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


97

—Menos mal, de la segunda a la tercera cambiaron demasiado el sistema, me costó bastante acostumbrarme —critiqué mientras intentaba recuperar el equilibrio sobre una pequeña plataforma y, tras percatarme de un detalle, añadí—. Eh, ¿y estos marcadores? —Las puntuaciones, te valoran el estilo, los golpes y muertes. Es una función exclusiva de la edición Arcade, pero han sacado hace poco una actualización para la versión 4 que permite tenerlos también en consola. ¡Já! Una vida menos. —No cantes victoria tan rápido —vacilé, cayendo en picado para propinarle una buena patada y arrebatándole a él también su primera vida—. Zasca. La siguiente vida se redujo a un combate cuerpo a cuerpo. La espada contra las garras. Los contadores de daño subían cada vez más, así que me tuve que alejar para preparar un ataque a distancia. En un momento en el que cargaba energía, una flecha casi me lanzó fuera del escenario. Por suerte la esquivé con cuidado, para poder plantarle una esfera de energía en la cara, haciéndole perder su segunda vida. —¡Agh, me has pillado por sorpresa! —se quejó, devolviéndome la jugarreta lanzándome un objeto a la cabeza. —Pues no es tan difícil acostumbrarse al nuevo motor —comenté y, tras ver a mi personaje morder el polvo, añadí—. ¡Agh! ¡Capullo! —No te distraigas, amigo, que ya sabemos lo que pasa... Sólo nos quedaba una vida a cada uno. De nuevo, volvimos a la vieja estrategia de atacar desde lejos. En un mar de proyectiles que casi nunca acertaban, sólo podíamos esperar que la aparición de un objeto nos salvase la partida. Y llegó. Una bomba, que nos cazó de lleno a ambos antes de que nos diéramos cuenta. —Empate... —susurré, algo mosqueado. —Buena partida —me dijo, algo entusiasmado por la puntuación—. ¡Genial! ¡Qué cantidad de puntos! Déjame tu NeoCell, que como hemos empatado tenemos

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


98

que ir a medias. —¿Qué? Espera... ¿Puntos? —Sí, ya sabes, para conseguir premios —me devolvió la placa— Toma. Para empezar está muy bien. —En fin... —suspiré algo extrañado—. Vamos a ver qué ha sido de las chicas. —¡Maldita máquina! —gritó Hanako, golpeando el lateral de una de las máquinas—. ¡Agh! —No te preocupes... Ya lo conseguiré otro día, tranquila... —una de las hermanas intentaba relajar a la enojada pelirroja. —¡Las pelotas! —golpeó de nuevo—. ¿Ves? ¡No era tan difícil! Aquí tienes — entregó a la chica un bonito peluche de un conejo blanco— ¡Míralo, qué monada! — reparó. —Oh... Gracias —contestó la chica dándole un abrazo. —Pero si le conseguí uno a tu hermana tú no ibas a ser menos —sonrió—. ¿Y vosotros qué? ¿Hace un pique? —No me retes... No me retes... —¡Y tanto que te reto! — se picó —. ¿Apuestas algo? —¿Apostar? —respondí, risueño—. Con verte perder tengo suficiente. Un murmullo llenó la sala. Hanako y yo cruzamos una mirada desafiante. La prueba elegida fue un simulador de carreras de motos. Dos enormes motocicletas de color blanco se erguían sobre una plataforma circular. Un casco de realidad virtual hacía las veces de pantalla. Al colocármelo, la sensación de que me encontraba en una pista de carreras sobre una preciosa moto de color negro se hizo para mí casi real. A mi derecha, mi compañera montaba en un vehículo similar.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


99

Para los observadores externos, el transcurso de la carrera se proyectaría en una pantalla externa. Palpé un poco el casco para descubrir las opciones del simulador. Activé la música, aunque a un nivel lo suficientemente bajo como para no desconcentrar mi conducción. Contrario a mis expectativas, la canción que reproducía recordaba a los clásicos juegos de conducción libre. Parecía haber más estilos, pero este me gustaba. Un semáforo apareció sobre la línea de salida. Mi yo virtual se apretó los guantes de cuero, aunque probablemente no tuviera ninguna repercusión en el exterior y preparé el acelerador. Tres... Dos... Uno... ¡Ya! Los motores comenzaban a rugir con estruendo. La sensación de velocidad parecía ser real. Sentía el aire a mi alrededor, la velocidad y la fuerza de los giros. La música ayudaba a sentirme tranquilo. Y, además, el control era bastante intuitivo. Me pregunté si el juego tendría algún modo libre, pero la pérdida del equilibrio me hizo darme cuenta de que la chica me estaba tomando ventaja. Tiré un poco más de acelerador, aunque supiera que iba a comprometer la estabilidad. Para el final de la primera vuelta, ya había recuperado esos segundos que tomé en hacerme al control de la moto. Miré hacia la derecha y levanté el pulgar a la chica, cuyo rostro se ocultaba con un casco y cuerpo se apretaba dentro de un traje de cuero. Obtuve algo de ventaja durante un momento, aunque me pudo recortar distancia por el interior de la curva. Ambos aceleramos al máximo en la recta y pudimos girar suavemente a su debido tiempo. La última vuelta fue la más reñida, desde su comienzo, bastante igualado por la línea de meta. La música se comenzó a volver algo más frenética, aunque no demasiado. Una voz anunció el comienzo de la última vuelta. Aceleré al salir de la primera curva, dejando atrás a la chica. La distancia se redujo muy rápidamente, ya que la chica pudo tomar las curvas con precisión aprovechando un fallo mío. La parte recta, al igual que en la anterior vuelta, fue un pique al máximo, con los morros de las Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


100

motocicletas muy igualados. Tomé algo de ventaja al tomar la curva, aunque Hanako pudo recuperar ese tramo. La última recta fue una competición al límite. Aceleré lo máximo posible y miré hacia la izquierda. Las imágenes virtuales del circuito se deshicieron. Al retirarme el casco, el monitor mostraba una fotografía de la meta. Por sólo una décima de segundo, había perdido. —Y los puntos son para mí —canturreaba la chica—. Buena partida, para ser tu primera vez. —Espera... —se sorprendió Tamaki—. ¿Tu primera vez jugando? —Claro... Lo más parecido a esto que he tocado en mi vida ha sido un simulador en el que sólo tienes una pantalla delante. —¿¡Qué!? —se escandalizó—. Pero... Pero... Pero... —Superado —Luna se burló de su amigo—. Muy superado. Él la primera vez que jugó lo mejor que pudo hacer fue quedarse encallado en un árbol. —Pero... —añadió la chica pelirroja—. Vencer a un novato no tiene mérito. Bueno —añadió—. Sí que lo tiene. ¡He ganado! Aunque, definitivamente, tienes un don para los juegos. Casi me ganas, yo que llevo jugando desde hace años. Aunque a decir verdad, el control de este juego es algo distinto a lo que solía jugar yo. ¡Da igual! ¡Quiero mis puntos! —Y casi que los guardes, porque con estos sólo podrás comprarte un bigote de mentira... O un peine para muñecas. —Si pudieras conseguir ambos, podrías peinar un bigote —rió Tamaki. Todos rompimos a reír a partir de la tontería que había dicho. Era una sensación agradable. Seguimos jugando y haciendo el tonto durante unas horas. La compañía de Tamaki y las chicas resultaba agradable. El tiempo seguía pasando como si nada importara, sólo cinco personas pasando la tarde entre videojuegos. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


101

De igual forma, la cena llegó, amena, en el lugar de siempre. Tras ella, un café para mí y unos helados para los demás. Ellos no comprendían por qué tomaba café a estas horas y yo tampoco por qué helado en invierno. Al terminar, volvimos a casa, con el madrugón del día siguiente en la cabeza. Sí, aunque no lo pareciera, estaba a punto de iniciar mi trabajo en Sekai, aunque fuera sólo un entrenamiento... Definitivamente, todo sería distinto. Algo cansado por el ajetreado día, caí en redondo sobre la cama. Cambié la ropa que llevaba por un cómodo pijama y cerré los ojos. Pero algo fallaba. No podía dormir, aunque no era por el escándalo formado por la discusión de mis dos compañeros sobre cuál se llevaba qué cama, que se zanjó con un grito por parte del chico, que se encerró en el cuarto de baño para darse una ducha. Finalmente, la chica se tumbó en un la cama que estaba más cerca de la mía boca arriba, mirando el techo. Tras dar varias vueltas sobre la cama, decidí subir al tejado a tomar un poco el aire. Antes de subir, cogí una lata de refresco de piña y mi armónica. Miré el estrellado cielo nocturno y di un sorbo a la lata. Me recosté contra una de las barandillas y dejé a mi mente navegar por un mar de pensamientos, sin llegar a absolutamente ninguna parte. Mi antigua vida. Mi nueva vida. Mis antiguos amigos. Mis nuevos... ¿Amigos? No sabía si llamarlos así tan pronto resultaba buena idea. Tampoco sabría definir con demasiada precisión el significado de la palabra. Su presencia, sin duda, era agradable y reconfortante. Pero no alcanzaba a tener el grado que buscaba. Una sensación indescriptible se apoderó de mi pecho. Una mezcla entre compañerismo y cariño. No reemplazarían a Takuya y Kyoko, pero se esforzaban en tener una buena relación conmigo. Me sentí confuso al respecto. También pensé en mi familia. En cómo había sido separado de mis padres y de mis dos hermanas. Y de mi fiel amigo canino, Jolo. Probablemente ahora estuviera correteando alegre por el jardín, aullando de vez en cuando a la luz de la luna. Como si yo nunca hubiera existido. En realidad, en ese momento toda mi vida estaba Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


102

carente de sentido. Aquellos momentos de felicidad, aquellas peleas con mis hermanas, aquellas fotos, aquellos besos compartidos con aquella chica que, aunque me riñese, tanto me cuidaba. Todo había sido oculto como si de un conjuro mágico se tratase. Tras un tercer trago, decidí que mis emociones no las tratase la mente, sino que saliesen directamente al exterior a través de mi armónica. Las primeras notas comenzaron siendo una tonadilla triste, como las primeras gotas de lluvia en un gris día de invierno. Se comenzó a tornar entonces en un blues melancólico, cuyo ritmo se iba acelerando y animando conforme pasaba el tiempo, pero siempre con su brillo tristón. Tomé un sorbo más de refresco. Esta vez, volví a tocar el primer tema que compuse. Un melódico silbido acompañaba el tema,cada vez más cerca de mí, aunque yo siguiera mirando poco más que el estrellado firmamento de aquella noche. Improvisé un par de notas para obtener como respuesta unas cuantas palmadas en forma de aplauso. —Bonita canción —observó la dulce voz de Hanako—. Siempre quise saber tocar una de ésas. ¿Puedo sentarme a tu lado? —Sí, claro —respondí, haciéndole algo de sitio—. ¿Qué te trae por aquí? —Ningún motivo en especial —contestó con un tono divertido—. ¿Y a ti? —No podía dormir —confesé—. Así que vine aquí a tomar algo y a pensar un poco. ¿Qué tal las cosas con Tamaki? —Me ha cedido... Amablemente... La cama que quería —reímos al unísono. —En fin... ¿Quieres un poco? —ofrecí a la chica lo que me quedaba de bebida. —Sí, muchas gracias —respondió, llevándose la lata a los labios y dando unos suaves sorbos—. Keitsuke... — ¿Sí? Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


103

—Me alegra haberte conocido —susurró, poniéndome la mano en el hombro —. Reiji tenía razón cuando dijo que eras alguien especial. —Y yo también me alegro de conocerte —tomé con suavidad su mano. —Espero que seamos buenos amigos... Los primeros copos de nieve comenzaron a caer con suavidad. Comencé a tocar una canción que casaba con la atmósfera blanquecina del día, de una forma lenta, aunque constante, como la caída de la nieve, que comenzaba a cuajar sobre el suelo. Sin pensar en nada más que en la música, continué tocando diversas canciones, sin articular palabra entre una y otra. La chica, por su parte sólo escuchó lo que la música tenía que decir, sin prestar atención a nada más. Con suavidad, dejó reposar su cabeza sobre mi hombro.

Un día libre, también conocido como "Un capítulo aparentemente de relleno pero sin tanto relleno". Lo primero que me dijeron mis chicos de confianza sobre el capítulo fue eso. Pero a la segunda lectura se dieron cuenta de que no era exactamente eso lo que buscaba. Efectivamente, aparte del desarrollo emocional de Keitsuke y el amistoso entre el grupo, dejo algún que otro mensaje. Por otro lado, sí, quería "rellenar" un poco la historia enseñando algo más de cómo eran las cosas en Sekai. De cómo actuaba junto el grupo. Cómo era Hanako, que quedaba poco caracterizada en el anterior capítulo. Aún así, fue un capítulo que me costó bastante terminar. No encontraba las formas en muchas partes, me fallaba la inspiración... Pero pude sobreponerme... Y adelante. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


104

Capítulo Quinto: Reiji El ascensor traqueteaba levemente mientras subía los últimos pisos. A un lado tenía a Hanako algo pensativa y al otro, a Tamaki, que bostezaba tapándose la boca con desgana. Un sonido precedió a la apertura de las puertas. Decimosexta planta. Al otro lado se encontraba una sala similar a la otra que pude ver del edificio en mi anterior visita, aunque bastante más grande, y algo menos ornamentada. Algunas paredes metálicas de media altura delimitaban áreas cuadradas en las que algunos miembros de Sekai hacían su trabajo, adornadas por muchas placas que anunciaban el nombre de personas que desconocía. —Veamos... —musitó Tamaki, escudriñando algunas de las placas—. Su número era el... ¿Veintiuno? —se acercó a una de ellas para comprobarlo—. Reiji Tsuji, efectivamente. Le seguí para comprobar que, efectivamente, el plato metálico anunciaba el nombre del que a partir de entonces sería nuestro mentor. Reiji Tsuji, el hermano mayor de Tamaki. Me asaltó la curiosidad. ¿Qué tipo de persona sería? ¿Cómo actuaría con nosotros? Aunque había oído hablar mucho de él, nunca había llegado a verle. —¿Qué? ¿Que tengo que volver a esa maldita isla perdida en medio de la nada? —se quejó una voz al otro lado de la puerta, ya algo entreabierta—. Sí, estoy comprobando la monitorización. El juego está demasiado tranquilo hoy. Fue un problema que el sistema de cámaras estuviese tan estropeado, sí, pero he podido apañármelas. —¡Hola! —irrumpió Tamaki—. ¿Interrumpimos algo? —Hola, hermanito —se mofó el joven, que giraba su silla para encararnos. Reiji se ajustó el sombrero, que parecía haberse desequilibrado al levantarse. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


105

Tal y como lo recordaba, era una prenda de color chocolate, estilo fedora. Casaba bien con su larga melena, recogida en una cola sólo a partir de la altura de sus hombros. Su rostro recordaba vagamente al de su hermano, aunque presidido por unos ojos amplios y castaños. La expresión que mostraba su rostro me resultaba un tanto familiar: una sonrisa sarcástica, aunque amistosa. Vestía, al igual que nosotros tres, el uniforme de Sekai. La combinación de colores resultaba idéntica a la del mío, mezclando tonos carmesíes con negros. En sus muñecas llevaba unos extraños aretes plateados, uno de los cuales marcaba la hora en una esfera analógica. —Oh, hola, princesita —volvió a usar el mismo tono irónico que antes, aunque esta vez con algo menos de filo—. Hace ya tiempo que no te veía —sonrió dulcemente—. Y, oh, hola, Keitsuke, ya nos conocemos, pero no creo que te acuerdes de mí. —No me llames así —se quejó la chica, mirándolo seriamente. —Bueno, vale... — rió alborotándole el pelo —. Supongo que tendré que empezar con la presentación, ¿no? ¡Qué lata! Si ya me conocéis los tres. —Reiji... ¿Me equivoco? —le extendí la mano solemnemente—. He oído hablar mucho de ti. Tenía curiosidad en conocer a la persona que me... —¿Te vigiló? ¿Te salvó? —concluyó por mí—. Sí, debe ser incómodo pensar que sé tanto de ti. Pero bueno, pareces un chico majo —sonrió, posando la mano en mi hombro—. ¡Ya habrá tiempo para conocernos mejor! —¿Y dónde has estado metido este tiempo? —le preguntó su hermano. —Ya sabes, soy un hombre ocupado —miró la hora y añadió—. ¡El tiempo apremia! ¡Será mejor que vayamos ya al Dojo! El trayecto, aunque corto, me hizo meterme de nuevo en mis pensamientos. Al Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


106

ver a Tamaki picarse con su hermano mayor, recordé los inevitables roces familiares en casa. Esbocé una sonrisa melancólica. Decimotercera planta. —Venga, vamos —me indicó Hanako golpeándome suavemente en el hombro. Entramos a una de las habitaciones. Al oír Dojo, me esperaba algo distinto de lo que había ante mí. Contemplé, desilusionado, una habitación estándar con una mesa grande, una pizarra electrónica y un gran ordenador al fondo. — Veamos... —murmuró Reiji, aclarándose la garganta—. Mi nombre es Reiji Tsuji y seré vuestro mentor en Sekai —movió su vista de un lado a otro de la habitación, como si estuviese algo nervioso—. Las presentaciones no son mi fuerte, así que me limitaré a dejar que habléis vosotros un poco —posó su mirada en mí—. Comienza tú, Keitsuke. —Keitsuke Kiriyama —miré al techo y extendí mis brazos—. Así me llaman. —Menudo sosáinas, podrías extenderte un poco más, ¿no? —la mirada asesina de Tamaki me desafiaba—. Tamaki Tsuji, nacido en la Decimotercera Rama de Sekai. Mis aspiraciones son aún inciertas, aunque probablemente acabe siendo un hombre de acción. O algo. Mis intereses, los videojuegos... —Las chicas —carraspeó su hermano entre risas. —¿Me vas a dejar terminar? —se enfadó. — Hanako Hanekoma —interrumpió la chica—. Natural de Okawa, siempre pensé que estar en Sekai sería el empujón que mi vida necesitaba. Me gustan la sensación de velocidad sobre una moto y ver la nieve caer. ¿Con mi vida? Supongo que seguir adelante. Dejemos ese problema a la Hanako del futuro. Hanekoma... ¿Dónde había oído yo ese apellido antes? Estaba convencido de que lo había visto en algún sitio. Aún así, el repentino cambio de conversación me hizo volver a centrarme en lo que se hablaba en la sala. —Y creo que con estas breves palabras, la parte de presentaciones está más que Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


107

lista —nuestro mentor se sacudió las manos—. Vamos ahora a lo que interesa. —Venga, ¡a repartir estopa! —gritó animado Tamaki. —No tan rápido, chaval —le frenó su hermano tocándole la frente con la punta de sus dedos—. Antes de nada, un par de palabrejas más. Tampoco os harán tanto daño. Veamos... Primer punto, los horarios. Siempre que no estéis en ninguna misión, habrá entrenamiento de lunes a viernes y clase de lunes a jueves —tras nuestro asentimiento, prosiguió—. Por lo general, tendréis algo de tiempo libre... ¡Y fines de semana para hacer lo que queráis! —Eso es bueno —reparó Tamaki poniendo una aguda voz de burla. —También deberíais saber que mi puesto como mentor es algo... Especial. Así que no debería extrañaros demasiado si algún día alguien me sustituye si estoy demasiado liado en investigación o alguna misión. O si, directamente, no hay entrenamiento. —El siguiente tema... —prosiguió—. Vaya, me he olvidado. Probablemente no fuese tan importante —se pasó la mano derecha por el pelo—. Así que venga, vamos a empezar. —¡Viva! ¡A repartir tollinas! —se emocionó Tamaki haciendo aparecer sus pistolas en las manos. —No, no, no, hermanito —se burló de nuevo— Antes de nada... Un par de explicaciones sobre las bases de todo el entrenamiento. Si tenéis alguna duda... —Sí, pero... ¿Dónde vamos a entrenar? —pregunté con curiosidad—. Se me hace raro que un Dojo no tenga más que una mesa y una pizarra, es como si... —Buena pregunta, y esa es la primera explicación —respondió, toqueteando los botones de su ordenador. Un luminoso rayo me cegó. Sentí algo de náuseas, como si todo me hallase en un veloz tren que no dejaba de acelerar por una sinuosa vía. Cerré los ojos, intentando Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


108

mantener el equilibrio. Me tambaleé un poco, pero pude evitar el caer al suelo. El aroma de la hierba fresca llenó mis fosas nasales. Se oía el alegre canto de los pajarillos de fondo. Abrí los ojos y pude ver sobre mí el cielo abierto, totalmente claro, sin siquiera una nube que tapara los rayos del sol. A mi alrededor pude observar una inmensa llanura, con nada más que frondosos árboles hacia uno y otro lado. Me froté los ojos en un alarde de incredulidad. —Aquí —reparó Reiji, tomando asiento en un tronco bien colocado—. Es donde vamos a entrenar. —Pero... ¿Dónde estamos? —pregunté, atónito sobre lo que veía. —Bienvenidos al Mundo Virtual. Creo que tú ya has estado más de una vez, Tamaki, pero aún así tendrás que tragarte de nuevo la explicación. —¿¡Mundo Virtual!? —exclamó la chica, con asombro. —Oh, creía que sabrías más del tema —respondió Reiji, ajustándose el sombrero—. No es un proyecto tan nuevo. Os contaré. Es algo que desarrollamos al tener tantos heridos en nuestros entrenamientos. Ahora mismo no somos más que... Datos —chasqueó los dedos haciendo vibrar parte de su cuerpo como si de un error informático se tratase—. Datos encerrados en un mundo de datos. —¿Y nuestros cuerpos reales? —preguntó Hanako, que, al contrario que yo, parecía convencida por la explicación. —El programa del Mundo Virtual los restaura cuando se finaliza natural, artificialmente, o, en su defecto, los datos se encuentran en un estado crítico. Al finalizarse, repara los datos antes de devolver el cuerpo, por lo que las heridas físicas que os causéis aquí, por muy reales que parezcan, se esfumarán a vuestra vuelta. —Pero... ¡Eso es absurdo! —me quejé—. ¿Y qué pasa si hay algún fallo eléctrico o algo similar? Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


109

—Todo está preparado —respondió con calma—. Sekai cuenta con generadores de emergencia, y en una situación crítica sólo volveríais, sin más. —Pero... ¿Qué tipo de lógica tiene eso? —Funciona, hacedme caso. El sistema lleva en marcha más de diez años. Y, sí, evidentemente los cambios mentales y, cómo llamarlos, espirituales, se mantienen al volver, por lo que es un método de entrenamiento seguro y convincente. Eso sí, como ya he dicho, mientras vuestros datos estén dañados, por ejemplo, con un corte, sentiréis dolor real. —Pero... —se quejó Tamaki—. Eso se podría eliminar, ¿no? —¿Y qué sentido tendría entrenar en papel de burbujas si luego vais a lloriquear con el menor arañazo, nenazas? —rió su hermano—. En fin... ¿Alguna duda más? —Sigo sin estar totalmente convencido del funcionamiento, pero bueno, daré un voto de confianza. Ante nuestra negativa, puntualizó un par de detalles sobre este sistema de entrenamiento. El Mundo Virtual permitía crear cualquier tipo de circuito, ring de combate, monstruo u holograma que se le fuera indicado. Para demostrárnoslo, mediante una serie de comandos en un ordenador pequeño, hizo aparecer un monstruo de apariencia simpática, que al ver a Reiji pareció algo molesto, intentando atacarle de una forma bastante desternillante. De un rápido puñetazo, Reiji pudo hacer su gelatinoso cuerpo explotar en pedazos, que desaparecieron entre una nube de formas geométricas brillantes. También nos demostró, de la misma forma, que podría crear armas y objetos de apoyo para los entrenamientos. Nos mostró una katana de madera, un par de explosivos y un tirachinas, con los que derribó hábilmente un par de globos que hizo volar sobre él.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


110

—Oh... Armas... —sonrió, deshaciendo en su mano el tirachinas que había empleado—. Con estas armas llegamos a nuestra siguiente lección: vuestras armas. —¡Por fin! —gritó Tamaki en un arrebato alegría materializando sus dos pistolas y disparando una ráfaga de balas al tronco de un árbol. —Para el carro, hermanito —le reprimió con una sonora colleja—. Antes de empezar la explicación, necesitaré que me dejéis un segundo vuestras armas —nos pidió, creando una mesilla frente a él. Tamaki colocó inmediatamente las pistolas sobre el mueble, mientras que Hanako y yo mirábamos de un lado a otro sin saber qué hacer. —¿Y vosotros dos? —nos preguntó. —Yo no tengo arma... —y, tras una pausa, añadí—. O eso creo. —Oh, qué lástima que no reconozcáis las armas que hice expresamente para vosotros —se acercó a mí, quitándome el reloj de la muñeca. Luego descolgó el colgante de Hanako. — Ralys... Y Sakura... —susurró mirando el reloj y el colgante con forma de pétalo—. Pero empecemos por Hades. —¿Y la tuya? —pregunté con curiosidad. —Si tenéis curiosidad, luego os la enseñaré —sonrió, llevándose una mano a la esfera de reloj que tenía incrustada en el brazalete derecho—. Ahora bien... ¿Alguien sabría responderme cómo funcionan las armas? —Se alimentan de la energía del portador —respondió Tamaki con seriedad—. Hades, por ejemplo, no emplea balas reales, sino trozos de mi propia fuerza. —Y por eso, en manos de un novato como tú, hacen poco daño —explicó—. Mirad con atención las hendiduras que ha hecho el chico en el árbol. Y mirad, ahora, lo que se puede hacer con ellas. Reiji agarró una pistola con firmeza, manteniendo la otra apuntando hacia Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


111

abajo, cerca de sus caderas. Apretó el gatillo, y una casi imperceptible alteración en el aire, tintada de un brillo ligeramente blanquecino, impactó contra el árbol, haciéndolo levantarse de sus propias raíces y haciendo el tronco explotar en pedazos. Los tres acabamos impresionados, tanto que Hanako aplaudió levemente. —Impresionante... —admitió el dueño—. ¿Ese es el potencial de esas... pistolitas de feria? —No —respondió tajantemente—. Esas armas están especialmente diseñadas para ti. Además, ese no es mi estilo. Creo que puedes imaginarte lo que podrías hacer tú con un poco de entrenamiento con ellas. —Guau... —me limité a contestar—. Qué arma más potente. —Y eso no es todo —continuó—. La aleación que hemos usado para crearla es lo suficientemente firme como para darle otros usos. Keitsuke, por favor —hizo aparecer una espada de acero y me la entregó—. Intenta golpearme con ella. Seguí sus órdenes, aunque para mí fuese un poco complicado blandirla. Cuando me acostumbré a su peso, intenté golpearle con ella tres veces, que esquivó sin ningún tipo de problema. A la cuarta, interpuso el cañón de una de las pistolas, que resistió sin problemas el golpe, haciendo una hendidura en la hoja en el proceso. Al pillarme desprevenido por el bloqueo, aprovechó para golpear la espada con la culata del otro arma, haciéndola volar unos metros. —¡Ahí va la hostia! —gritó Tamaki, esquivando el sable que aterrizó unos metros a su izquierda. —Sí, me siento bastante orgulloso de esta creación. Espero que te guste, hermanito. Seguro que algún día las manejas incluso mejor que yo, ya sabes, eso de disparar no es lo mío. Le entregó las pistolas al chico, quien las hizo desaparecer rápidamente, para tomar el colgante que tenía sobre la mesa.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


112

—Sakura... —miró fijamente el arma—. He de admitir que el nombre no es el más original que he patentado, pero bueno... El funcionamiento es impecable, y debería poder ajustarse a tu estilo de combate por lo que sé de ti, princesita. —Deja de llamarme así —le reprochó mirando a otro lado—. No soy ninguna princesita. — Esta preciosidad es bastante versátil — continuó, ignorando el tema —. Os lo demostraré. Se colocó el colgante y agarró su parte inferior de un pellizco, despegando las dos mitades del pétalo. Colocó con cuidado las manos y cerró su puño. Cuando quiso darse cuenta, encontró frente a él una espada ancha, de un tamaño descomunal, que blandía sin dificultad. Hizo aparecer otro árbol más que troceó sin la más mínima complicación. Mutó el arma en una katana larga que usó para partir los trozos que aún estaban en el aire por la mitad. Volvió a tornar la hoja en unas grandes dagas dobles que usó para ensartar dos de los pedazos que volaban. —Sakura, la espada polimórfica —dijo, devolviendo el arma a su estado original—. Versátil, como ya dije, y fácil de manejar. Sólo tiene una pega. —Las transformaciones se alimentan de tu energía —musité una breve deducción. — Correcto, Keitsuke. Me sorprende tu capacidad —me revolvió el pelo—. Y, además, es algo complicado de dominar las mutaciones, y, probablemente, sin suficiente entrenamiento, se tarde mucho en realizarlas. —Comprendo... —respondió la chica—. Sí, supongo que ese es mi estilo. —Pero, de nuevo, está diseñada para ti. Me figuro que tú podrías alcanzar un mayor grado de maestría del que he hecho gala, claro está. —Eso está bien —sonrió algo sonrojada—. Pero tu manejo es impresionante. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


113

—Para algo soy su creador —respondió reajustándose de nuevo su sombrero, con aire orgulloso. —Has hecho muchas cosas para tener tan sólo veinte años —le aduló, al desagrado de su hermano menor. — Reiji —interrumpí—. ¿Podrías dejármela un segundo? —Sí, por supuesto —me entregó el colgante—. Aunque probablemente te cueste controlarla. ¿No quieres probar primero con la tuya? —Sólo es curiosidad —agarré la parte inferior—. ¿Cómo la activo? —El funcionamiento es similar al del NeoCell, simplemente emplea bastante más energía, ya que crea las armas a partir de ésta y no toma elementos ya creados, pero no creo que te cause muchas complicaciones —respondió, algo sorprendido por mi idea. Me concentré en la orden mental. "Transfórmate en una katana", le pedí. Me sentí un poco más débil, mientras notaba mi mano temblar. Abrí de nuevo los ojos para ver frente a mí una larga y fina hoja. Lo había conseguido. Blandí con torpeza la hoja, ya que era mucho más ligera de lo que esperaba, cortando el aire. —Impresionante, Keitsuke —apreció Reiji, aplaudiendo levemente—. Has podido conseguirlo a la primera... Y nada menos que una katana. —Es bastante ligera, ¿no? —Sí, es la ventaja de ese tipo de armas. Además, la aleación está optimizada para encontrar un equilibrio entre peso y resistencia. —Toma, Hanako —se la entregué, asintiendo a la anterior explicación. La chica deshizo la transformación y se colocó con cuidado el colgante. Acto seguido, Reiji tomó de la mesa el arma que faltaba por comentar: mi reloj. ¿Qué podría hacer un simple reloj? Ya había visto unas potentes pistolas y una espada que se podía transformar en cualquier tipo de arma blanca. La curiosidad me Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


114

asaltó. —Oh, Ralys... —se ajustó el reloj a su muñeca, desplazando para ello el brazalete—. Sin duda alguna mi favorita y la que más tiempo me tomó crear. Y el mejor diseño, ya que he oído que te encantan los relojes... ¡Y además da la hora! Se acercó la muñeca a la cara y el reloj comenzó a disparar rápidas ráfagas de algo que se movía demasiado rápidamente como para poder identificar. Al cabo de unos segundos, había dejado el tronco del árbol que usaba para demostrar su uso hecho un colador. También emitió un par de disparos de bastante más fuerza, que hicieron volar la copa del árbol. —Ballesta —se limitó a decir—. Es el funcionamiento primario de Ralys. La ventaja respecto al arma de Tamaki es que puede emplear tanto energía semi-pura como energía materializada. —¿Materializada? —pregunté, con curiosidad. —Sí, mirad el suelo —señaló un montón de flechas metálicas de diversos tamaños, que comenzaban a evaporarse como por arte de magia—. Y controlable, como por ejemplo... El chico realizó dos disparos, sin apenas despeinarse. El primero fue una gran bola de energía, que realizó un pequeño cráter en el suelo, mientras que el segundo fue una lanza metálica de un metro de largo que atravesó un árbol. —Brutal —jadeó—. La única contrapartida... —respiraba aceleradamente—. Es que consume muchísima energía y es casi imposible de controlar a esas escalas... Me costó... Cerca de tres meses desarrollarla... —Es genial... —respondí sin recuperarme aún de mi asombro. —También tiene una función —continuó, tras recuperar un poco el aliento — que permite almacenar energía en la esfera del reloj para lanzar un "tiro cargado". Mantuvo los dedos sobre la esfera del reloj durante unos segundos y apuntó de Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


115

nuevo a un árbol. Un rayo de energía se desplazó a gran velocidad, derribando el tronco. —Pero no os desilusionéis... Es probable que al principio no podáis hacer nada de esto con vuestras armas... Os tomará mucho trabajo. A vuestros niveles energéticos actuales no podréis hacer gran cosa, pero seguro que un entrenamiento os ayudará a exprimir el máximo potencial. Ahora, es vuestro turno de probar vuestras armas. —Espera — nterrumpí—. Aún no nos has enseñado la tuya. —Qué clásico de ti, Keitsuke — respondió, entre carcajadas — Siempre tienes curiosidad por ese tipo de cosas. Bueno... Abrió los brazos, que en ese momento tenía cruzados y remangó un poco su uniforme para dejar más espacio a las muñequeras que llevaba. Con agilidad, las transformó para que a los lados exteriores aparecieran cuchillas, que se extendían desde el codo hasta el canto de la mano. Usó, como en ocasiones anteriores, uno de los árboles, para demostrar la facilidad con la que lo reducía a trozos de pequeño tamaño, que se esfumaban en una nube de formas cúbicas. Acto seguido, hizo brotar del arma unas zarpas que movía con estilo, de una forma ágil, para terminar de trocear el tronco en fina viruta. —Menos mal que estos troncos son virtuales, si no, menudo atropello contra el medio ambiente, ¿eh? —se burló. —Entonces... Ese es tu estilo de combate, ¿no? — reparé —. Corto alcance, y ágil. Usando las armas como extensión de tu cuerpo. —Me has calado —rompió a carcajadas—. Keitsuke, eres un individuo muy observador. Aunque también actúa bien a media distancia. Bueno, primer punto del entrenamiento, comprobemos si realmente habéis pillado las bases de todo este rollo —tecleó algo en el ordenador para hacer aparecer tres árboles más frente a nosotros —. Derribad estos árboles con vuestras armas.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


116

—¿Ya está? —Tamaki parecía desilucionado—. ¿Sólo esto? Me ajusté de nuevo el reloj e hice lo posible por controlar los disparos, que no lograba conectar con precisión. No obstante, seguí intentándolo, para poder mejorar mi puntería. Al cabo de unos minutos los disparos comenzaron a acercarse a sus objetivos. Una vez logrado parcialmente el control, tocaba manejar la potencia. A mi derecha, Tamaki seguía lanzando tiros como un loco que no podían crear más que hendiduras en la base del tronco, mientras que a mi izquierda veía cómo Hanako aún tenía algunos problemas para lograr una buena transformación de su arma. Seguí concentrándome en practicar los tiros, que iban drenando poco a poco mi energía. Recordé entonces, el disparo cargado que permitía realizar este arma, por lo que puse toda la carne en el asador, liberando la energía en el momento justo para hacer un agujero en el centro. Hanako pudo crear una pequeña pequeña con la que se dedicó a cortar las ramas en un arrebato de furia, mientras que Tamaki seguía perforando el tronco con pequeños disparos. Tras unos veinte minutos, nadie había conseguido derribar uno solo de los árboles. —Y... ¡Tiempo! — gritó Reiji desde el otro lado, mirando los tres desastres que le habíamos presentado: un árbol sin copa, uno con un par de agujeros en el centro y otro algo carcomido por los laterales—. Habéis perdido, ¡lástima! —Pero... Pero... — balbuceó el chico de pelo claro, cayendo sobre sus rodillas. —¿Sólo esto? —Hanako imitó a Tamaki para hacerle sentir algo más culpable. — Tranquilos... Yo tampoco conseguí hacerlo en mi primer día —nos dedicó una sonrisa reconfortante—. ¿Nos tomamos un descanso? Seguro que con el estómago un poco más lleno trabajamos mejor. Reiji tomó de nuevo el pequeño ordenador, y, al pulsar unas teclas me volví a

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


117

sentir envuelto en esa extraña sensación, mezcla de velocidad y efecto túnel. Tuve que cerrar de nuevo los ojos para no caer al suelo, aunque sentía que mis fuerzas físicas se iban reponiendo. Aún así, me encontraba mentalmente exhausto. —Sí, ya sé lo que estáis pensando —el joven mentor soltó una risotada—. Pero ya os acostumbraréis a estos viajecitos tan movidos. Habréis comprobado también que al salir del programa habéis recuperado las fuerzas, ¿no? —Sí —asentí—. Aunque estoy mentalmente hecho polvo. —Es lo normal —nos comunicó—. En fin, tenéis media hora de descanso, nos vemos aquí entonces —dijo, girándose hacia el ordenador y colocándose el comunicador en la oreja. —Hey, ¿vamos a tomar algo? —sugirió Tamaki. —¿Tan lejos? —me quejé—. Tardaríamos casi diez minutos para ir y otros para volver. —Pero, tío, piensa un poco, que eso se te da bien. ¿No crees que habrá algo en este edificio? —rompió a carcajadas. —Teniendo en cuenta que los estudiantes van también a lo de Armando... Pues pensé que no —respondí, cabizbajo, mientras seguíamos caminando. Decimoquinta planta. Una sala de tamaño medio con un par de máquinas expendedoras, unas cuantas mesas y un gran monitor empotrado en una de las paredes, que en ese momento emitía un programa musical en el que un grupo de chicas aparecía cantando sobre un escenario. —Bueno... —dijo el chico, sirviéndose un café de máquina —. ¿Qué opináis del entrenamiento? —A mí Reiji siempre me ha caído bien —respondió la chica, apoyada contra una pared—. Creo que lo hace bien como mentor, tiene mucha experiencia para lo joven que es. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


118

—Y siempre vacilando de ella —se quejó el hermano menor algo enfurecido —. ¿Habéis visto cómo me ha dejado en ridículo? —tras una pausa, añadió—. ¿Con leche, Keitsuke? —Sí, por favor —contesté—. A mí no me lo ha parecido... No sé, sólo nos ha demostrado cómo se usan las armas. —Pero... —continuó quejándose mientras me entregaba el vaso de café—. Me ha dejado por los suelos. ¿Qué vas a tomar tú, Hanako? —A mí, ponme un vaso de chocolate caliente. Y no seas victimista, que lo que pasa es que comparado con tu hermano tú eres un paquete, que lo que tienes no es más que envidia— se mofó en tono musical. —Pues nada, me voy a por unos dónuts —miró a un lado y a otro, indignado. —Este chico... —reímos Hanako y yo al unísono, mirando cómo se iba algo molesto hacia otra máquina. —Por cierto, Keitsuke —comentó la chica, tras dar un largo sorbo a su vaso chocolate. —Dime —respondí, tomando asiento. —Pudiste transformar a Sakura en una katana... —miró su bebida, cabizbaja —. ¿Cómo lo hiciste? Yo no fui capaz. Lo máximo que conseguí fue esto —agarró el colgante y lo transformó, con algo de dificultad, en una espada corta. — No lo sé... —la examiné—. Me resultó tan intuitivo... Déjamela —pude volverla a transformar sin ningún problema, logrando una expresión triste en la chica —. Pero, tranquila soy un inútil blandiendo armas de este estilo —lancé una carcajada, para animar a la chica—. Sí, definitivamente, ese no es mi estilo. Además, yo tampoco logro sacar todo el potencial de Ralys, así que no tienes por qué preocuparte. Somos unos novatos de narices los dos —me reí. — Uh... —balbuceó la chica. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


119

—Mira, podemos hacer una cosa —le propuse con una sonrisa—. ¿Y si entrenamos juntos? Entre lo que te enseñe Reiji y lo que hagamos entre los dos, seguro que dominas tu arma en un par de días. ¡Y seguro que yo también mejoro! —Gracias... —se limitó a responder cabizbaja. —Y mientras lo consigues, transformaré por ti tu arma —alcé el puño y continué —. ¡Choca! —Gracias... —susurró, posando el vaso ya vacío sobre la mesa y chocó su puño contra el mío — Eres un cielo, Keitsuke. —Llámame Kei. —Eh, ¿yo también puedo llamarte Kei? —canturreó una voz a unos metros de nosotros. —No, Tamaki —respondí, algo cortante—. Para ti, soy el señor Kiriyama Todopoderoso. Una risa colectiva se apoderó del grupo, llamando la atención del resto de presentes, aunque no nos importase. Volví a recordar los momentos agradables que pasaba con mis amigos. De nuevo, pensé en el tema que me agobiaba, aunque esta vez llegué a una conclusión: nunca serían reemplazados. Su recuerdo continuaba ahí. Y lucharía por volver a verlos, aunque sólo fuese una vez más. Beep beep Beep beep El descanso había terminado.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


120

Y... ¡Por fin tenemos a Reiji con nosotros! Su ausencia hizo los anteriores capítulos bastante malos, pero... ¿Qué le vamos a hacer? ¡Ahora es su ocasión de demostrar quién es el personaje estrella y quién el estrellado! Lo aclararé rápidamente: Reiji mola. Lleva un fedora, como Indiana Jones y Perry el Ornitorrinco. Es un tío inteligente. Un as con las armas. Sí, no intento exagerar al personaje en este episodio. Es así de molón. Por algo es mi personaje favorito y tiene derechos sobre los demás. Otro punto importante, a mi criterio, es la parafernalia tecnológica que describo. No sé cómo me habrá quedado. Espero que bien. Que no se haga muy confusa. Que no se contradiga con muchas leyes físicas. O mejor, que lo haga. Hora de dejar volar a la imaginación. Mundo Virtual, armas inverosímiles... ¡Que se vea la ficción en la Ciencia Ficción! Y que se vea también la acción, escasa en este primer tomo de la serie. ¡Que empiecen, como diría Tamaki, las tollinas! Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


121

Capítulo Sexto: Entrenamiento

—Y aquí estamos de vuelta —recapituló Reiji—. Estaréis deseando enfrentaros a vuestro primer combate, después del desastre que habéis hecho con esos tres pobres árboles —tras nuestro asentimiento, inclinando levemente la cabeza, continuó—. Esta prueba es algo más asequible a vuestro nivel actual. Tenéis que... Vencer a vuestras sombras. —¿A nuestras sombras? — pregunté, algo extrañado. —No son literalmente vuestras sombras —nos respondió con una sonrisa—. Sólo son unas copias de vuestros datos, unos androides sin cara que tienen exactamente vuestro mismo nivel físico. —Y, si están a nuestro mismo nivel... ¿Cómo se supone que los vamos a vencer? —Hanako había dado en el clavo preguntando por los tres. —Eso es asunto vuestro, yo me limitaré a tomar notas —rió Reiji, tecleando una serie de comandos en su pequeño ordenador—. Sí, éste es un escenario más adecuado. El paisaje campestre se vio envuelto en un vórtice que absorbió hasta el último pigmento de la habitación, dejándonos en una sala completamente negra, aunque iluminada por unas líneas de color verde que formaban una red. Aparecieron, con ello, tres alfombras del mismo color en el suelo, limitadas por un filo de color dorado. Tras otro rápido tecleo, en cada una de las alfombras aparecieron unos robots, cuyas formas coincidían con las nuestras, aunque sólo fuera un modelado de texturas planas. Sus caras parecían de cristal, aunque oscuras como la noche. Al ponerme frente al que estaba coloreado de la misma forma que el uniforme que llevaba, sólo vi el reflejo de mi cara, que presentaba una expresión entre superioridad y preocupación. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


122

Tras un rápido vistazo hacia mi izquierda, vi que Hanako blandía la katana que transformé por ella, mientras que su doble sólo podía emplear una daga. "Eso le dará ventaja", pensé. A mi derecha, Tamaki materializaba sus pistolas, guardando una de ellas en una funda que llevaba cercana al cinturón. Yo, por mi parte, sólo seguía mirando algo atónito esa oscuridad inmensa que se ocultaba en la máscara del androide. —¿Todo bien? ¿Listos para empezar? —preguntó Reiji—. Lo estéis o no... ¡Allá vamos! Con una señal, nuestros rivales comenzaron a moverse. Mi contendiente se acercaba andando, tranquilamente, mientras se sujetaba la muñeca izquierda. "Podría disparar en cualquier momento, tengo que adelantarme", es lo que me decía la mente. Lancé tres flechas al hombro derecho del rival, con la esperanza de interrumpir la carga que intentaba realizar. Aunque las dos primeras las esquivara sin dificultad, la última le pilló desprevenido. Aún así, tuvo tiempo a reaccionar disparando su reloj hacia mí. Con una ágil finta, fui capaz de, más o menos, esquivar el tiro, que apenas rozó mi brazo izquierdo. Mi contrincante se acercó corriendo hacia mí para atestarme un puñetazo en el estómago. A pesar del dolor real que sentía, mi mente descubrió la solución para este combate. —Si bien nuestras copias mantienen el mismo nivel físico, sus estrategias son vastamente inferiores —pensé en voz alta—. Yo nunca me acercaría para dar un puñetazo teniendo ventaja desde lejos. Con un leve movimiento de cuello, reparé en que ambos compañeros habían oído con claridad mi conclusión. Hanako ya dominaba el combate gracias a su ventaja armamentística, pero se paró en seco al oír lo que había dicho. Tamaki, por su parte, esquivaba la ráfaga de disparos de su rival, acercándose poco a poco. El chico aprovechó la corta distancia para golpear la muñeca del Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


123

androide con el cañón de su pistola y le levantó en el aire de una patada. "Yo tampoco voy a perder". Con ese pensamiento en mi cabeza, me deshice de parte de la distancia propinando un codazo en la cabeza a mi enemigo, y retirándome hacia atrás en pequeños saltos. Cuando había recuperado una buena posición, me dispuse a acribillarle a disparos, que, por desgracia, evitaba con gran facilidad, aprovechando para prepararse a devolverme el ataque. Aún así, seguí combatiendo con fiereza, disparando flechas de dos en dos, para despistar al enemigo y poder acertar. Sin querer darme cuenta, había recibido yo mismo un disparo en el brazo izquierdo, aunque para ese momento ya había logrado conectar más de un golpe. Aproveché, así, el momento de confusión para acercarme poco a poco al robot, sin dejar de lanzar ataques, con el objetivo de encontrar mi victoria en un disparo cargado a corto rango. A mi sorpresa, el androide volvió a acercarse para atestarme algún golpe físico. Aproveché la situación, combatiendo mano a mano. "La mejor forma de ganar así es un flechazo certero. Y qué mejor que lanzarlo desde cerca". El puño de mi copia impactó contra mi mejilla derecha, haciéndome retroceder un par de pasos, la distancia óptima para propinarle una patada en el estómago, haciéndole así perder el equilibrio, despistando su atención por un momento. "Allá va", pensé. "Ahí va el golpe de gracia". Solté la esfera del reloj para liberar la energía justo hacia el pecho. Con el sabor de la victoria en los labios, me permití el lujo de mirar alrededor para ver cómo iban los combates de mis compañeros. La chica, con un aire de superioridad, amenazaba a su copia, colocándole el filo de la katana sobre su falso cuello. Por otro lado, Tamaki parecía estar en desventaja, con su pistola tirada sobre el suelo. —Idiota... —reía mientras se llevaba una mano a las caderas—. Olvidaste que tenía otra. ¿Por qué si no me hubiera quedado en una posición tan abierta? Esta IA es Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


124

una broma, Reiji. Bang. Una bala de energía rompió el cristal de un robot, ya debilitado, en pedazos. Tamaki cayó al suelo algo cansado por el combate con una sonrisa de satisfacción, mientras veía el estático cuerpo desvanecerse en una nube de formas geométricas de colores azulados. Frente a mí, podía ver cómo mi contrincante luchaba por poder volver a levantarse. —Oh, no, no —vacilé, lanzando una pequeña bola de energía al lugar que había acertado mi anterior disparo— Adiós, amiguito. La burda copia se evaporaba en un mar de cubos, esferas y pirámides, esta vez tintados de tonos carmesíes, que evocaban en mí una sensación de poderío que nunca antes había sentido. Sabiendo que lo que había destruido no era más que un falso ser virtual, sonreí al pensar que me encontraba ante mi primera victoria. —Bien hecho —aplaudía Reiji, volviendo a transformar la arena de combate, esta vez en un valle montañoso que alcanzaba hasta más allá de los límites de la vista —. Me habéis sorprendido. —Esos robots son idiotas —se quejó Tamaki, estirando el hombro izquierdo. —No te hagas el chulo —Hanako se burló de su compañero—. Si no fuera porque lo dijo Keitsuke, no te hubieras dado cuenta. —Ni tú hubieras podido hacer gran cosa sin esa katana que sostienes —se picó el chico. —Eh, eh... —cortó Reiji con calma, tomando una pequeña piedra del suelo—. Veo que guardáis suficientes energías como para discutir entre vosotros. —¡Ay! —exclamó Tamaki en un tono agudo— ¡No me tires piedras! —Pues... —lanzó otro guijarro al hombro del chico, que apuntaba su arma hacia éste, desarmándole—. Dejad de hacer el tonto. Esto no es un picnic. Es un Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


125

entrenamiento serio. —Bueno —me levanté de la roca sobre la que me sentaba—. ¿Qué es lo que nos toca ahora, Reiji? —Menos mal, alguien que se toma las cosas medianamente en serio —inclinó un poco el ala de su sombrero hacia abajo y añadió, en un tono solemne—. Tres contra uno. —¿¡Qué!? —exclamé, en sorpresa—. ¿Los tres contra ti? —¿Qué? — negó con la cabeza —. No, no, nunca he dicho que yo fuera a ser vuestro contrincante. Además, si yo combato... ¿Quién toma las notas? —Entonces... ¿Qué tendremos que combatir? De nuevo, como ya acostumbraba a hacer, Reiji introdujo un par de datos en su ordenador, que generó un agujero en el seco suelo del valle. El suelo comenzó a temblar levemente mientras que una mano metálica emergía del oscuro hueco. Le siguió la otra, enfundada en un guante de cuero rojo. Ambas manos hicieron un esfuerzo para hacer asomar el resto del cuerpo del ser mecánico, que, al escapar completamente del socavón de tierra se limitó a estirar sus extremidades, como si de un ser biológico se tratara. —Reiji —gruñó la metálica voz del robot—. Entradas. Espectaculares. No. —Lo siento —Reiji soltó una risotada desde su cómoda posición—. Quería impresionar a los chicos. — Risa. No. R46ZX. Enfadado. Ignorando la surrealista conversación, e incluso el hecho de que el mecha pudiese hablar, reparé en el aspecto de la máquina. Un imponente ser de unos tres metros y medio de alto por, al menos, dos de ancho. Llevaba algunas prendas, como el guante de cuero rojo oscuro, a juego con una bufanda del mismo color. Algo bastante curioso, teniendo en cuenta su completamente metálico cuerpo, de Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


126

tonalidades negras, oscuro como una noche carente de estrellas. Su cabeza consistía en un casco con un cristal hexagonal con una marca justo en el centro. —No me digáis... —choqué mis puños—. Hay que golpearle tres veces en el ojo para que explote. — Buen. Chiste. Ja, ja, ja. Yo. Conozco. También —respondió el androide—. Informo. Defensa. Cráneo. Fuerte. —¿De qué demonios hablan? —preguntó Tamaki, a lo que Hanako sólo pudo responder encogiéndose de hombros. —Ahora. No. Momento. Reír. Ahora. R46ZX. Combatir. La lucha comenzó ágilmente por mi parte, con un flechazo certero a la cabeza del enemigo. Parecía ser que no mentía cuando afirmaba que su punto débil no era la cabeza. Mientras pensaba en alguna estrategia eficiente, vi a Tamaki lanzarse a por el enemigo, haciéndome ganar algo de tiempo, y a Hanako haciendo marcas en el suelo con su katana. —¿Qué haces? —pregunté—. ¿Se te ocurre algo? —Estaba pensando... Tanto el guante como la bufanda son extraños. —Sí, yo pensé lo mismo... Pero, ¿cómo podemos deshacernos de ellos? —me llevé la mano al mentón y añadí—. Podrías cortarlo. La espada es lo suficientemente larga como para llegar. Sólo necesitaríamos una distracción. —Atacad desde delante, yo me buscaré la forma de poder acercarme sigilosamente por detrás. La chica salió corriendo en sentido opuesto al mío. Junto a Tamaki, comencé a disparar ráfagas de energía hacia el robot, sin ánimos de causar grandes daños. —Pues al final no vas a ser tan duro como vacilabas, colega —se mofó Tamaki —. Sólo hay que ver las abolladuras que te han hecho un par de tiritos. —Aleación. R46ZX. Óptima —resonaba la mecánica voz del robot. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


127

—Pues esta bufanda no aparenta ser igual —se burló la pelirroja a sus espaldas. Y, uh, esto parece peligroso —clavó su espada en cierta parte del androide, lo que le hizo emitir un chirrido desagradable al oído. —Primera. Protección. Deshabilitada. Modo. Ataque. Activo. La chica se apresuró hacia nosotros para indicarnos que bajo la bufanda había un punto flaco. Lo que significaba que bajo el guante, probablemente, se encontrara otro. Un temblor deshizo el hilo de mis pensamientos. —¿¡Ese bicho puede hacer eso sólo con un puño!? —exclamó Tamaki—. No me quiero imaginar lo que podría hacernos cuerpo a cuerpo. —Adivina a quién le toca acercarse —se quejó Hanako en un tono apagado — Disparad al guante todo lo que podáis. Si no acertáis entre tantos disparos, terminaréis rompiéndolo. Hanako corrió ágilmente hacia la criatura mientras que yo comencé a cargar un disparo para iniciar la ráfaga. A mi sorpresa, Tamaki también salió corriendo en dirección al enemigo, lo que me hizo cuestionarme el actual plan, por lo que simplemente observé con cautela lo que podría pasar. Hanako reprimía al chico, aunque pareciera no importarle. El colosal enemigo agarró con facilidad la katana por la hoja, inmovilizando parcialmente a Hanako, por lo que me decidí a atestarle disparos en el brazo para que la soltara, con poco éxito. Tamaki, por su parte, se había puesto bajo el otro brazo, apuntando con una de sus pistolas en alto, como si esperara que el enemigo le golpeara. Y efectivamente, lo hizo, aunque se vio parado casi en seco por la pistola. —¿La mejor aleación? ¿Qué clase de broma es? Diría que mi juguetito resiste más —apretó el gatillo. —Segunda. Protección. Deshabilitada. Modo. Primario. Activo. Con el mismo chirrido estridente de antes, la máquina comenzó a emitir vapor

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


128

blanco y a moverse a una velocidad frenética por el terreno, golpeando todo lo que encontraba a su paso, incluyendo a Tamaki, que se levantó por unos momentos para chocar contra el duro suelo, raspándose la mejilla en la caída. —Estoy... bien —informó—. Sólo... Derrotadle. Mi jueguecito ha sido un poco arriesgado, pero ha valido la pena... ¿No? —Este idiota... —Hanako se retiró el pelo de la cara—. La idea de engañarlo no era mala, pero deberías haberte quitado de en medio. —Eso es lo de menos, ¡cuidado! —empujé a la chica para quitarla del camino del robot, que corría desesperadamente de un lado a otro. Era mi turno, sin duda. Sin pensármelo dos veces, perseguí a la bestia metálica, aprovechando hasta la más mínima ocasión para disparar. Su nivel estaba muy por encima del nuestro en aquel momento. Un solo golpe nos podría mandar volando sin problemas. Una sola embestida podría hacer suficiente daño como para no poder seguir en el combate. Instintivamente, cargué un disparo. Seguí corriendo, para averiguar cuál sería el punto débil que me pudiera hacer ganar el combate. Hanako miraba impresionada desde lejos un combate de velocidad, en el que, aunque fuera vencido en celeridad pura y dura, podía aprovechar el entorno de una mejor forma. —¡Keitsuke! —gritó Hanako—. ¡Veo algo distinto! — Golpe. Final —gritó el mecha flexionando su hombro. Era mi ocasión, lo tenía frente a frente. Y, entonces... Reparé en ello. El cristal de su casco se había tornado de un color algo más blanquecino que en la anterior ocasión. Estático en mi puesto, separé los dedos del cristal, haciendo un agujero de un par de centímetros de diámetro en el frontal del casco. —No. Puedo. Perder —la voz del robot se iba apagando, al igual que sus movimientos.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


129

—Pues sí que había que darle al final tres veces en el ojo. Ahora sólo falta que explote —reí, mientras el amasijo de metales se iba disipando en colores y formas. —Bang— rió Tamaki levantándose del suelo—. ¿No querías una explosión? —Lo hemos conseguido. —Exacto, lo habéis conseguido —nos aplaudía Reiji, que se iba acercando lentamente a nosotros. —Buen. Combate. Chicos —nos felicitaba la voz de un segundo R46ZX, que se erguía impasible frente a nosotros—. Quise. Volver. Felicitar. Gran. Combate. — Oh, gracias —respondí, entre risas—. Y gracias a vosotros también. —Hacéis buen equipo —nos elogió Reiji, mientras tomaba unas últimas notas en su ordenador de mano—. Ojalá hubiese tenido yo un equipo así en mis primeros días. Y, tras el último viaje del día, al que aún no me había adecuado, concluyó el primer entrenamiento. Me pregunté durante un segundo cómo sería aplicar este tipo de conocimientos a un combate real, y por otro instante sentí un poco de respeto por el nivel de Reiji. Pero mi mayor deseo en ese momento fue poder compartir esta experiencia con Takuya y Kyoko. Era una lástima que no lo pudiese hacer. Al menos, tendría a Tamaki y Hanako para hacerme compañía. —Sí, mis heridas están curadas —reparó Tamaki, llevándose la mano a la mejilla—. Pero el agujero en mi estómago sigue siendo igual de grande. ¿Vamos a comer algo? —Me apunto —respondió Reiji—. Que mientras vosotros os habéis tomado un descanso, yo he tenido que seguir con mi trabajo. Debería haberos pedido un bocadillo o algo —tras una pausa añadió—. ¡Ah! Casi lo olvidaba. Esta tarde no vais a tener clases teóricas, parece ser que nuestro proyecto va a necesitar algo más de trabajo. En fin... ¡Vamos allá!

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


130

El corto paseo hacia el comedor fue se hizo ameno acompañado de una agradable conversación. Reiji parecía bastante agradable, incluso más que como instructor, y sabía bastante sobre mí. Demasiado, quizá. —Cuánto sabes de mí... —bufé, en un tono triste, cuando nos habíamos desmarcado del grupo. —Sí, lo sé —respondió, mientras abría la puerta para salir del edificio. —Me sienta mal ser un ignorante aquí dentro —continué, cabizbajo. —Pero eso no debería entristecerte —caminando, se quitó el sombrero y lo miró fijamente mientras continuaba—. Eres un tío genial. Te conozco, y sé que vas a poder con todo esto. Y sé que vas a estar a la altura. —¿Por qué? —contesté—. No tengo más remedio que seguir adelante... ¿Pero con qué fin? —Es normal que dudes tanto. En mis primeros días tuve también mis roces. Todo esto resultaba demasiado nuevo para mí —y, sin retirar la vista del sombrero, añadió, con una sonrisa—. ¡Y mírame ahora! —Pero... —balbuceé. —Volverás a verlos. Algún día. Te lo aseguro —respondió la pregunta que no era capaz de formular. —¿De veras? — pregunté, con un ligero brillo de esperanza. —Te lo aseguro, he dicho —respondió colocándome su sombrero en la cabeza —. Todo el mundo lucha por alguien. Y tú no serás menos, Keitsuke. Lucharás por Sekai, en nombre de todos los que te importan. Serás uno de los mejores. —¿Y por quién luchas tú? — quise saber. —Por todos... —y, recuperando su sombrero, añadió—. Por alguien especial... Y por mí mismo —se paró durante un segundo, ya frente a la puerta del comedor y culminó—. Keitsuke... Me alegro de que seas tú. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


131

—Y-qué-habrá-hoy-de-comer —canturreaba Tamaki, mientras cruzaba dando saltos la sala—. Tengo hambre. —Este chico tan impaciente como siempre —rió el hermano—. Pero es un buen chico. —Sí, sí que lo es —contestó Hanako—. Con un modelazo de hermano... ¿Cómo no lo va a ser? —Princesita, por hacerle la pelota al profe no te va a subir la nota —le reproché, con una carcajada. — ¿Tú también me vas a llamar así? —respondió algo furiosa la chica. — Venga, princesita, no te enfades —Reiji le pasó la mano por el pelo—. Estás más mona cuando sonríes. —¡Hey! ¡Cuánto tiempo, Reiji! —saludó Sayuri desde el otro lado de la barra, rompiendo así el incómodo silencio que se había causado—. ¿Dónde te habías metido? —Ya sabes... Entre una cosa y otra... Algunas misiones... Ya sabes... —Oh, ya veo... ¡Quiero verte por aquí más a menudo! —se quejó—. En fin... ¿Qué vais a comer? —Hoy vamos a comer pizza, que los chavales se han portado bien —rió. —¡Oído cocina! Por cierto, Tamaki, las chicas preguntaron por ti. Quizá deberías llamarlas. —Sí, supongo que debería hacerlo... —musitó pensativo, olvidándose por un momento de lo que le rugía el estómago. —Pues... ¡Listo! —nos entregó una enorme bandeja de pizza de ingredientes variados. —Id subiendo, yo iré a por algo de beber — indiqué.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


132

Tomé un par de jarras, que llené de los primeros líquidos que se me cruzaron, para probar algo nuevo, y cuatro vasos. Cuando llegué a la planta superior, encontré a Reiji charlando con un hombre al que desconocía. —Oh, Wataru, casi lo olvidaba. Te presento a los chicos. A mi hermano ya lo conoces, es el mismo tontainas de siempre. El chico de las bebidas es Keitsuke y la pelirroja que mira por la ventana sin percatarse de la conversación es Hanako. —Oh, encantado, chicos. Soy Wataru y seré vuestro profesor. El hombre, que, a simple vista, rondaría la veintena, nos tendió la mano. Lo primero que me llamó la atención sobre él fue su pelo, que, aunque algo largo, lograba llevar de punta, de un color rojo pálido, al igual que la su perilla, que, aunque corta, destacaba. Su uniforme mezclaba ese mismo color con unos tonos grises, también pálidos, aunque quizá lo más extraño de su vestimenta fuera la larga capa que llevaba sobre sus hombros. —Wataru fue compañero de equipo cuando llegué a Sekai — explicó Reiji —. Ahora trabaja conmigo en mi división científica. Si os soy sincero, a mí también me sorprende que nos asignaran juntos para daros clase. Por cierto, ¿se te apetece quedarte a comer con nosotros? —sugirió. —No, tengo que preparar las pruebas de esta tarde, llevo un poco de retraso — levantó el pulgar—. ¡Todo va viento en popa! —Es una lástima, quería que conocieras al equipo. Aunque bueno, supongo que habrá tiempo para todo. —Mmm... Pizza —engullía Tamaki sin prestar atención a los demás mientras Wataru se marchaba. —¡Eh! ¡Deja también para mí! —¡Pues date prisa! —Eh... ¿Y qué querían las chicas? —pregunté mientras partía un trozo y me lo Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


133

acercaba. —Querían vernos esta tarde. ¿Qué dices? —y, girándose hacia su hermano, gritó —¡Eh! ¡No hagas eso! —Ah... ¿No decías que nos diéramos prisa? —le reprochó— Pues eso hice. La situación era absurda a la par que tronchante. Luchábamos entre nosotros y con nuestro maestro para ver quién se llevaba el mayor trozo de pizza. Entre disputa y disputa llené mi vaso de un líquido verde, cuya acidez me pilló totalmente desprevenido por buen sabor que tuviese. —Oh, has traído Explosión Verde —reparó Reiji—. Gracias, es mi favorito — bebió un vaso entero de un trago, lo que causó una mirada de admiración por mi parte. —No me has respondido —insistió Tamaki mientras acababa el último trozo de pizza—. ¿Vienes esta tarde o no? —Lo siento —miré a Hanako—. Ya tengo planes. Ve tú solo, así no estropeo tu romántica velada. —Pero... Pero... Yo no... —me miró de una forma acusadora sin saber qué decir. —Lo que me recuerda, Reiji... ¿Te importa si usamos el Dojo para entrenar esta tarde? —No, claro que no. Dejaré allí un modulador para vosotros antes de ir al laboratorio. —Oh, gracias —respondió Hanako por mí. —Había olvidado lo bien que estaba la comida aquí —comentó Reiji—. Hogar, dulce hogar.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


134

Otro capítulo que me costó mucho llevar a cabo. Aún con el guión general escrito, me seguía costando saber cómo afrontarlo. Finalmente pude hacer esto, aunque me sigue sin parecer demasiado satisfactorio. Aunque a mí nunca nada me parece del todo bueno, por lo que no voy a quejarme. Sí, el capítulo un pequeño chiste de cierto videojuego archiconocido que llevo queriendo hacer desde que soy escritor. Tenía. Que. Hacerlo. Sin más. Creo que muchos de los lectores reconocerán el guiño. Un poco de acción nunca viene mal, ¿verdad? Aunque aún sea en forma de entrenamientos, la narrativa de las hostias se va haciendo cada vez más latente en la obra. Pero ahora descansemos de tanto golpe y volvámonos unos moñas de nuevo. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


135

Capítulo Séptimo: La decisión de Keitsuke —¡Iah! —gritó Hanako, blandiendo energéticamente su katana. —Bien. Ya sé que mi ayuda no ha servido de mucho, pero ya vas logrando conseguir una buena transformación con Sakura —comenté. —No digas eso... ¡Claro que me has ayudado mucho! —sonrió. Aquel día también nos levantamos temprano para practicar un poco antes del entrenamiento. En tan sólo una tarde, la chica había logrado un buen control de su arma, lo que le hacía parecer bastante alegre. —Pero tienes un gran fallo —le indiqué—. Prueba a transformarla de nuevo. La chica, atenta a mis órdenes, cerró los ojos para centrarse en la mutación del arma. Un par de segundos bastaron para que se transformara en una espada ancha, momento en el cual una de mis flechas impactó contra ella, desarmándola. —Bajas la guardia —observé—. Y tardas mucho tiempo. —Vaya, Kei. Estás hecho todo un profesor. —Nada de eso —el comentario de la chica me hizo sonrojar un poco—. Simplemente es una observación. Oye, ¿qué te parece si ponemos todo este entrenamiento en práctica? —¿A qué te refieres? —preguntó con algo de curiosidad. — Combatamos. Espada contra espada —sugerí materializando en mis manos el modulador que Reiji dejó para nosotros. A pesar de la complejidad del aparato, las instrucciones que lo acompañaban me ayudaron a comprender su funcionamiento el día anterior. La primera serie de menús permitían elegir las cualidades de la sala en sí, sus dimensiones, apariencia y, en general, propiedades. La segunda columna permitía generar una serie de armas y Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


136

objetos, entre los cuales seleccioné un espadón a dos manos para usar en combate. Aún no había probado el resto de opciones, pero, por lo que había leído, se empleaban para la generación de enemigos y similares. —Maldita sea, cómo pesa esta cosa —me quejé—. Tienes mucha ventaja, soy incapaz de manejar una de éstas... Pero, en fin. Algún día debería probar —intenté, con torpeza, cortar el aire. —¿No sería mejor usar una espada más ligera para empezar? —sugirió la chica. — No sería justo usar distinto tipo de espadas en una contienda tan honrosa — respondí, con seriedad—. Eh, tengo una idea. Añadámosle un poco más de motivación al asunto. —¿Hablas de una apuesta? —preguntó, bajando un poco la espada. —Efectivamente. Hay algo que quiero saber. Y estoy seguro de que tú también quieres saber alguna cosa sobre mí. —Entonces... ¿Una pregunta sin limitaciones? —la chica sonrió de una forma algo tenebrosa —. Me parece genial. ¿Cuál es la tuya? — Hace tiempo que tengo curiosidad en saber algo. El por qué de que todos te llamen princesita. Es algo que te hace enfurecer. ¿Y qué hay por tu parte? —Quiero que me hables... Sobre Kyoko. —¿Todavía sigues con eso? —reí, alzando el espadón—. Vale. Está hecho. A eso se reducía aquella apuesta. Quien ganase conocería uno de los secretos del rival. Los dos nos lanzamos hacia el otro, creando chispas con la colisión de los metales. Los impactos se sucedían en una serie de brillos en el aire. Claramente, me encontraba en desventaja. Mi manejo sobre este tipo de armas era claramente torpe, en contraste a los elegantes movimientos de la chica. Un pitido intermitente nos hizo distraernos del combate. El comunicador Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


137

mostraba el nombre de Reiji sobre la pantalla, por lo que me apresuré a abrir el mensaje. Una voz cansada nos saludaba al otro lado de la línea. —Espero no despertaros tan temprano. Os llamo para deciros que hoy no tendremos clase, así que podéis seguir descansando tranquilamente —bostezó—. Aunque a mí también me hace falta. Pero al menos hemos hecho grandes avances. Os llamaré luego. —Oh, parece que el trabajo de laboratorio es duro — comenté. —Y que Reiji es bastante terco —asintió con la cabeza—. Bueno, ¿seguimos? Levanté de nuevo el arma para prepararme, cuando el comunicador comenzó a sonar de nuevo, aunque esta vez era sólo el mío. En esta ocasión, se trataba de un mensaje de texto, en el cual aparecía Nagai como remitente. —Lo que me temía —pensé en voz alta. —¿Qué ha pasado, Kei? — me preguntó la chica. —Parece ser que habrá que aplazar esta apuesta. Es la hora de mi decisión. En silencio, tecleé en el modulador para devolvernos al mundo exterior. Continué andando, algo pensativo, hacia la salida del edificio. Por mi mente sólo cruzaban las dos posibilidades. Ambas eran tentadoras y, sin duda alguna, ninguna de ellas agradable. Si decidía caer en el olvido, todos aquellos recuerdos en los que era feliz se perderían para siempre. Nunca habría abrazado a Kyoko. Nunca habría batido aquel récord del que Takuya se sentía tan orgulloso mientras salió a comprar. Nunca habrían existido los piques que eso causó entre los dos. Nunca habríamos reído juntos. Nunca habría peleado con mis hermanas por el control de la televisión. No existirían esos besos. No existiría esa felicidad. No existiría nada. Todo se limitaría a una leve reminiscencia sólo existente en mí. Por otro lado, si decidía lo contrario haría sufrir a los míos. Sobre mi Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


138

conciencia siempre cargaría el sufrimiento de mis padres, al sobrevivir a su hijo. El de Takuya, que nunca más podría pedirme una revancha ni buscar mi apoyo cuando estuviera mal. El de Kyoko, que, aunque me costara admitirlo, me amaba. Y toda la esperanza de compartir sus vidas conmigo se esfumaría para siempre. Caí arrodillado al suelo. — Necesito un café —dije a Hanako, con los ojos algo empañados por las dos posibles soluciones—. Soy imbécil, hasta ahora había ignorado el tener que hacer esta decisión. La chica me acompañó, en silencio, hasta la cafetería. Me dejé caer, sin fuerza alguna, sobre una de las sillas. —Hey, chaval, pareces decaído —nos saludó Armando con su siempre motivadora sonrisa—. Te veo decaído. ¿Qué te pasa? —Es el momento... De decidir —respondí con un hilo de voz casi apagado—. Y no puedo. Necesito un café. —Dicho y hecho. ¿Y algo para la señorita? —Sí, como veas, sorpréndeme —indicó— Ahora vuelvo. Y ahí seguí, inmerso en mis pensamientos. Siquiera el aroma del café recién hecho frente a mí me hizo cambiar la expresión de la cara. Poco a poco, bebía el oscuro líquido con desgana. —Hey, chico —me llamó la atención Armando—. Creí que ya habíamos zanjado el tema. —Ya... —contesté cabizbajo—. Pero me siento incapaz. —Haz lo que debas. Estoy seguro de que ya conoces la respuesta a tus preguntas. Sé fuerte. Me quedé mirando fijamente los posos del café, sumido en mis reflexiones. ¿Qué sentido tenía mi propia existencia si se veía condicionada a una sola decisión? Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


139

El dolor o el olvido, no había salida alguna que no me destrozase por dentro. —¡Hey, Keitsuke! —me saludó una conocida voz — No irás a deprimirte por eso, ¿no, tío? Tamaki estaba sonriendo, con el puño extendido en señal de amistad. A su lado se encontraba Hanako, que se limitó a dedicarme una dulce sonrisa mientras se balanceaba suavemente hacia adelante y atrás. —¡Eh! ¡Perdonad el retraso! —irrumpió Reiji, que a pesar del cansancio evidente en su cara, parecía estar alegre—. Iba a casa a descansar, pero no he tenido más remedio que venir en cuanto me ha llamado la princesita. —Menudo grupo se ha montado rápidamente —rió Armando, apoyándose sobre el hombro de Reiji. —Elijas lo que elijas... Todos te apoyamos —dijo Tamaki. —Y nos tienes a nosotros —me recordó la chica. —Algún día podrás decir "estoy en casa" —sonrió Reiji. —Sonríe, chaval —concluyó Armando—. No querrás amargar aún más el café, ¿no? Caminé hacia la salida, con paso firme, algo reconfortado por las palabras de mis... Amigos. Realmente, se habían ganado a pulso que les llamara así. Aunque alejado de los míos, me sentía cómodo entre estos extraños, que, poco a poco, se habían ganado un hueco en mi vida y en mi corazón. —Gracias, amigos —me giré hacia ellos con el pulgar extendido hacia arriba —. Gracias a todos. Con ímpetu, me enjugué las lágrimas y corrí hacia el edificio principal. Al cruzar el umbral de la entrada, llegué a ver a Selene y a Luna, que se encontraban en uno de los descansos de las clases. Saludé brevemente con un gesto rápido de muñeca y seguí, en silencio, hacia el ascensor. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


140

La cúpula ascendía planta tras planta. Continué a través del mostrador de Sekai, mostrando, sin mediar palabra, el NeoCell y monté de nuevo en el segundo elevador. Las puertas se abrieron ante mí para mostrar el despacho de Nagai. Di un par de pasos hacia el frente. Aunque me temblaba el brazo, sabía lo que iba a decir. —Buenos días, Keitsuke —saludó Nagai en un tono tan jovial como siempre —. Antes de nada, disculpa las prisas de última hora. Hemos tenido un problema con el sello y queremos realizar ya la acción definitiva. —Hola, Nagai —aunque mi voz temblase, pude enlazar perfectamente las palabras —. Hola a vosotras también — saludé a Kiyomi y Natsume. — Oh, Keitsuke, cuánto tiempo — se limitó a decir una de ellas. — Es el momento, Keitsuke. Dime, ¿qué has decidido? —No quiero ser olvidado —respondí, sin vacilar—. Comparto con los míos recuerdos demasiado importantes como para que todo esto los borre sin más. —Eres consciente, entonces, de lo que implica, ¿verdad? —Sí. Aunque me den por muerto, es mi decisión. Mi recuerdo estará ahí. Quizá sea doloroso, pero al menos mi existencia habrá tenido algún sentido. Siento el retraso. Me giré para abandonar la habitación y comencé a caminar lentamente hacia el ascensor. —Keitsuke —me llamó la atención—. Buena elección. Y enternecedores motivos— se frotó con delicadeza la mejilla izquierda—. Puedes marchar. Nosotros nos encargaremos de todo. Subí al ascensor y, al cerrarse las puertas, me desplomé contra una de las paredes, dejando caer sobre mi cara una solitaria lágrima. Lo había hecho. Fuera o no la decisión correcta, ya estaba tomada. Llegué, a paso muy calmado, al parque que se encontraba entre los dormitorios Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


141

y la cafetería. Sentado en un columpio, tomé la armónica de mi bolsillo y dejé que mis tristes sentimientos se esfumaran en el aire como unas simples ondas acústicas. Unos ojos comenzaban a mirarme, curiosos, al otro lado de la ventana. Me dio igual, puesto que cerré los míos. Sólo me dejé llevar por la música, que expresaba con claridad mis sentimientos. ¿Cuánto tiempo habría pasado? ¿Minutos? ¿Horas? Sólo me desperté del mar de recuerdos cuando una ligera ráfaga de viento hizo que el columpio chocara contra uno de los mástiles. Abrí los ojos para ver a Hanako sentada, sin hacer otra cosa que mirar lo que hacía. —¿Qué haces aquí? —le pregunté. —Ya sabes que me encanta verte tocar —respondió, levantándose del sitio y sentándose en el columpio junto a mí—. Tamaki también estuvo aquí un buen rato, pero se volvió a casa hace poco. —Oh, ¿tanto tiempo has estado aquí? —me sorprendí al ver que habían pasado casi dos horas desde que llegué—. ¿Por mí? —Claro —respondió la chica con un suave vaivén de su asiento—. Ya te dije que te apoyaría. —Muchas gracias... —me fijé en sus azules ojos—. Aunque no hacía falta. —Da igual. Es algo que quería hacer por mí misma— agarró la cadena más próxima de mi columpio para zarandearme. —Decidí que no me olvidaran —le confesé—. No podía aguantar que toda mi existencia se perdiera en el tiempo. —Sé que, aunque sufran, te recordarán con cariño. Lo sé —me reconfortó, pasándome la mano por el hombro con cuidado. Me levanté del columpio para estirar un poco las piernas. La chica también se puso en pie, frente a mí, mirándome intensamente a los ojos. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


142

—Pues parece que queda una apuesta abierta entre los dos —intenté romper el hielo — ¿Para cuándo? —Olvídala —respondió, en un tono suave—. Hay recuerdos más importantes que guardar. —¿Qué quieres decir con eso? —le pregunté. —Hanako Hanekoma. —me cortó—. Ése es mi nombre. Quizá hayas leído el apellido en alguna parte. —La primera vez que lo oí sabía que lo había visto en alguna parte. —Aparece en el Libro de Sekai. La familia Hanekoma, de Okawa. —Ahora lo recuerdo —pensé en lo que había leído—. Una de las familias fundadoras de Sekai. —No sólo eso. También la familia que está en el poder en nuestro universo. Por eso mismo sabía algo de Sekai. Por eso mismo conocía a Reiji. —Y por eso mismo te llaman princesita... —concluí. —Exacto. No me gusta que me llamen así. No es ninguna jerarquía monárquica. Es, como mucho, presidencial. Además, nunca he querido meterme en política. Soy un alma demasiado libre como para ser líder. Por eso vine aquí. —Oh, vaya... Eso explica mucho sobre ti. Me alegra conocer tus motivaciones, Hanako —sonreí—. Y ahora me toca a mí cumplir con mi parte del trato, ¿no? —No es necesario —contestó con una amplia sonrisa en la cara—. Supongo que lo único que necesitas ahora es apoyo, y remover esos recuerdos no ayuda mucho a la causa. Y, entonces, me abrazó. Se trataba de una sensación cálida como las que hacía tiempo que no sentía. Disfruté en silencio del momento, del tacto, del calor de la chica... Aunque tan poco tiempo hubiera pasado de la última vez que sentía algo así, todos los eventos que habían cambiado mi vida hicieron ése en concreto especial. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


143

Por mucho que me doliera admitirlo, tenía que rehacer mi vida. Por mucho que me costara asimilarlo, ahora tenía nuevos amigos. "Pero no os olvidaré", pensé. "Nunca os olvidaré, y lucharé por vosotros". —Gracias —susurré cerrando mis brazos en torno a ella. — Calla... Y disfruta el momento. Pasó un rato hasta que nos soltamos. Sus ojos sólo decían "quiero que sonrías", mientras que su sonrisa pretendía ser contagiosa. —Tú también mereces conocer mi historia —miré hacia un lado y otro, buscando un banco en el que sentarme. Así, le conté mi pequeño relato. Desde el día en el que la conocí, hasta el último momento, en el que la dejé con Takuya, sin conocer mi inevitable destino. Le hablé sobre lo que pasó el día del cumpleaños de mi amigo, así como nuestra última conversación. —Fui un idiota... —concluí—. Podríamos haber sido tan felices y yo fui incapaz de darle mi mano. Y ahora ya está todo perdido. —A mí no me lo pareces. Me pareces un chico genial. Es una chica afortunada por haberte tenido. —Me amaba. Ahora no podremos estar nunca juntos y, para colmo, estoy muerto para ella. —Algún día la volverás a ver, estoy segura. Y, quizá, entonces podáis ser felices. —¿Y qué seguridad tengo? Ahora sólo puedo seguir hacia delante a ciegas. —Eso no importa. No importa el camino que te lleve hacia allí, sólo importa el final. Y será un final feliz, ¡te lo prometo! Pase lo que pase, me tienes aquí. Puedes confiar en mí. —¿Puedo preguntarte algo que me lleva intrigando desde que te conocí? — Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


144

intenté cambiar el tema, que ya estaba más que agotado. —Dime, Kei. —Esa raya que tienes bajo el ojo... Siempre me ha parecido curiosa. —¿Crees que es maquillaje? —rió pasándose el dedo por encima— No es más que un rasgo de los habitantes de nuestro universo, como mi pelo. No me sorprendería nada que pensases que es teñido. —¿Y no lo es? —me sorprendí. —No, es un color de lo más común en Okawa —sonrió agitándose el cabello— ¿Pero por qué no me lo preguntaste antes? —Timidez. O algo —y con un poco de trabajo, añadí—. Me gusta tu pelo. Y esa raya hace tus ojos aún más bonitos. —Oh, gracias por el cumplido —se sonrojó un poco—. Tú también eres bastante mono. —¡Eh, tíos! —berreó Tamaki, desde el otro lado del parque—. No os estaréis olvidando de mí, ¿verdad? —¿Siempre tienes que aparecer de esa forma? —se enervó la chica. — ¿Se os apetece hacer algo? —sugirió el chico. —Siéntate un rato con nosotros y comparte el momento —respondí, señalando al columpio libre—. Gracias a todos. Seguimos, entre risas, los tres amigos. Con un peso menos encima, aunque con sentimiento de culpa, volvía a reír. La tarde introdujo las primeras clases teóricas, tocando un poco de todas las materias, asentando las primeras bases. ¿Pero qué tenían de malo los estudios en un momento como éste? Los tres nos limitamos a sonreír mientras la pizarra se comenzaba a llenar de garabatos.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


145

Pura basura. Circulen. No, en serio. Quizá sea un capítulo tópico en plan "cree en tus amigos". Lo sé. He matado la literatura. Quizá simplemente haya destrozado toda la mecánica del libro y molido la personalidad del personaje principal. Quizá nunca perdonéis esta mancha en medio de tanta epicidad. Pero quizá esto tenga sentido entre todo el grueso de la obra. Quizá este sea un punto de inflexión en la forma de ver las cosas de nuestro héroe. Y por eso, sólo por eso, merece la pena haber escrito todas estas páginas. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


146

Especial II : Informe de Reiji Keitsuke Kiriyama: Mental: Su habilidad estratega ha sido, para mi sorpresa, pasmante. Kiriyama es capaz de encontrar la forma correcta de atacar al enemigo. Su estilo de lucha me ha parecido prudente y, ante todo, calmado, como si supiera en qué momento hacer las cosas. Estilo de combate: Como previmos, el combate a distancia parece ser su fuerte. Emplea movimientos ágiles, manteniendo siempre que puede las distancias, aunque si se ve forzado a combatir mano a mano, intenta buscar la forma de conectar un golpe directo y demoledor. Por otro lado, muestra dificultades al blandir armas de gran tamaño, como la espada Sakura. Energía: Su nivel energético es, como se esperaba, muy superior a la media. Con algo de entrenamiento se espera que pueda alcanzar unas cotas bastante altas. En lo que respecta al control de la energía, he de admitir que incluso yo mismo me he visto impresionado con la facilidad con la que llegó a manejar tanto su arma como la de Hanako Hanekoma, una espada polimórfica alimentada vastamente de energía. Visto lo visto, es un candidato probable para las pruebas del proyecto Psych. Últimas observaciones y conclusión: Tras este entrenamiento, todas nuestras sospechas se confirman. Kiriyama sin duda es especial. Y tiene un gran futuro en Sekai.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


147

Tamaki Tsuji: Mental: Tras su fachada de chico inocentón y cabezota se esconde una mente perversa, capaz de engañar a sus rivales. Por desgracia, en la segunda sección del entrenamiento ese engaño, aunque productivo, le pasó factura debido a su vanidad. Estilo de combate: Tsuji combate a la perfección con Hades, un par de pistolas de energía, que le proporcionan un gran juego a distancias medias o largas. También se defiende bien con golpes directos, como patadas, aunque su fuerza física deja bastante que desear. Energía: En lo que a energía respecta, Tsuji es un chico que no destaca, ni por arriba, ni por debajo. Controla bien sus armas, que disparan energía en estado semi-puro, pero su nivel es medio. No obstante, con el debido entrenamiento, podrá exprimir todo su potencial. Últimas observaciones y conclusión: Nada que no supiera de mi hermanito.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


148

Hanako Hanekoma: Mental: Aunque a veces se pare a pensar, está claro que esta chica prefiere la acción. No tiene reparo en lanzarse hacia el enemigo una vez que haya calculado el riesgo que eso conlleva.

Estilo de combate: La mayor baza de Hanekoma es el combate cuerpo a cuerpo. Goza de una pasmosa facilidad para blandir con gracia varios tipos de espada, así como dagas y otras armas cortas.

Energía: He observado alguna dificultad en el manejo de la energía. Es incapaz de mutar debidamente su arma, aunque su nivel de manejo sea alto. Ignoro a qué se puede deber, aunque si logra superar esos problemas, me plantearé enseñarle esa técnica.

Últimas observaciones y conclusión: Princesita... No podría dar una evaluación certera sobre ti. Bien si sólo has podido superar las pruebas gracias a la ayuda de Kiriyama, tu estilo es impecable.

Decimotercera Rama de Sekai, a 23 de noviembre de 2010

Otro especial más, lleno de información, tanto implícita como explícita. Resumo de cierta forma las capacidades de nuestros trío protagonista e incluyo algunas observaciones del mentor. Sin duda, un episodio de entretenida lectura que hará las delicias de los más curiosones y especuladores. Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


149

Capítulo Octavo: Saga I Finale

—Bien hecho, chicos —nos aplaudió Reiji mientras veía al último de los monstruos esfumarse en una nube de datos de color verde olivo—. Creo que con esto podemos dejarlo por hoy, ¿verdad? Había pasado otro día más. La rutina se empezaba a asentar poco a poco. Los entrenamientos nos endurecían y las clases nos hacían un poco más sabios. Empezaba a sentirme, en parte, cómodo en mi nueva vida. Claro está, sentía un pequeño vacío por la antigua, pero eso no sería capaz de borrar esa estúpida sonrisa de mi cara. —¿Vienes a comer con nosotros, Reiji? —quiso saber su hermano. —¿Hoy? —preguntó mirando el reloj que llevaba incrustado en el brazalete—. No, no creo que pueda. Tengo algunos asuntos pendientes. Aunque, si queréis, nos vemos para tomar algo después de comer. —De acuerdo —respondió algo desganado—. Nos vemos entonces... ¡Hasta luego! Caminábamos en calma hacia el ascensor, que nos llevaría de nuevo hacia la planta en la que se encontraba la recepción de Sekai. Aquel día, no había demasiada gente esperando a ser atendida. Sólo una chica de aspecto extraño, envuelta en un oscuro manto se apoyaba contra una pared y un hombre alto y de aspecto serio que leía una revista sentado en un sillón poblaban la sala. —Oh, hola, Hanako —saludó la figura, poniéndose en pie y soltando la revista sobre una mesilla—. Me pidieron que te esperara aquí. —¿Para qué has venido? — respondió mirando a otro lado. —Sólo venía a ver qué tal estaba mi chica. Había algo de lo que tenía que hablar con Nagai, así que me pasé por aquí —y, con una mirada de desaprobación, concluyó—. ¿Es que no vas a darle un abrazo a tu padre? Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


150

—Claro —sonrió la chica, acercándose al hombre—. Simplemente no esperaba verte aquí. —Quería darte una sorpresa —sonrió—. ¿Y esos dos chicos? Son tus compañeros, ¿Verdad? Nagai me habló bastante bien de ellos —miró a Tamaki—. Tú debes ser el pequeño de los Tsuji. Te pareces un poco a tu hermano. Tú eres entonces Keitsuke, ¿me equivoco? —En absoluto —contesté, aproximándome un poco más—. Encantado de conocerle. —No hay necesidad de llamarme de usted —sonrió, extendiéndome la mano —. Puedes llamarme Hideo. Respondí a su saludo agarrando con fuerza su mano. Reparé, entonces, en su aspecto. Tras aquellas gafas de marco plateado se podían vislumbrar unos ojos, de color azul cian, limitados por la parte inferior por esa raya negra tan característica de los habitantes de su universo, que casaban con su largo cabello, de un tono algo más apagado, tapado en parte por un oscuro sombrero de bombín, del mismo color que su larga gabardina, que se extendía hasta los tobillos. Tamaki también se apresuró a darle la mano al padre de nuestra compañera, que, a pesar de su solemne aspecto, gozaba de una expresión simpática. La breve conversación de la que disfrutamos se vio interrumpida por Tamaki, que sugirió ir a comer algo. —Quédate aquí, Hanako —insistió mi compañero—. Tendréis muchas cosas de las que hablar. Nos vemos dentro de un rato, ¿vale? Tras el asentimiento de la chica, ambos montamos en aquel elevador de cristal, para llevanos hacia abajo de nuevo. —Él y Nagai son bastante buenos amigos desde hace tiempo —comentó el chico cuando cruzamos la puerta—. Pero me pregunto qué haría aquí personalmente.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


151

—No lo sé. Supongo que será algún asunto secreto —bromeé—. Al fin y al cabo, son los fundadores de Sekai, ¿no? —No exactamente. Son miembros importantes de las familias, nada más — respondió, pensativo—. En fin... No me gusta pensar con el estómago vacío. ¡Echemos una carrera hacia el comedor, tío! —A mí sí que no me gusta correr con el estómago vacío —respondí, entre risas —. Por cierto —continué—. Esta tarde no había clases, ¿verdad? —No, hoy es viernes —contestó algo pensativo. —Una lástima, me estaba comenzando a interesar por lo que estábamos dando en física. Nunca pensé que el viaje entre universos se basara en esos principios. —Con que funcione, me basta. De todas formas, es algo que tiene mucha más complicación detrás. —Ya, claro. Nuestro nivel es meramente divulgativo, lo sé. Pero... Me emociona aprender —reí. Llegamos al comedor, donde tuvimos que guardar un poco de cola para que nos atendieran. —Oh, esos tres ya están de vuelta de su misión —comentó Tamaki—. No los conozco personalmente, aunque, por lo que sé, son también relativamente nuevos. Sólo llevan un mes más que nosotros. —Supongo que estaría bien conocerlos —observé. —Sí, ya hablaremos con ellos en otra ocasión, tío. Porque ahora sólo hablaría mi rugir de estómago. —¡Hola, chavales! —saludó Sayuri desde el otro lado de la barra—. ¿Qué vais a comer hoy? —Pues que sean un par de platos de arroz —pidió el chico.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


152

—¿Y vuestra compañera? —preguntó—. ¿No viene hoy? — Qué va, hoy no come con nosotros. — ¡Pues que sean dos! Tomé los platos y busqué un sitio en la terraza, aprovechando el día soleado que nos acompañaba. Tamaki, por su parte, tomó una jarra con un líquido color miel y un par de vasos y lo subió al lugar donde estaba. —Y de beber hoy... Zumo de naranja con miel —desveló el chico. —Por cierto... —comenté, sirviéndome un vaso de aquella bebida—. ¿Qué tenía que hacer hoy tu hermano? Ayer dijo que habían pospuesto la investigación por un problema técnico. —No sé, creo que tenía que ver a alguien —respondió, sin estar demasiado seguro—. Una misión o algo. —Bueno, no importa —contesté tras engullir una cucharada—. ¿Qué haces esta tarde? —No sé... ¿Te apetece echar unas partidas a Digital Clash? Me faltan unos cuantos puntos para ganar un peluche de uno de mis personajes favoritos. —Por mí, genial —respondí—. Hoy no íbamos a entrenar por la tarde, así que no tengo nada que hacer. —¿Y qué tal van vuestros entrenamientos secretos? —rió, guiñando el ojo. —No sé qué pretendes insinuar —le reprimí—. Pero de secretos no tienen nada, sólo que tú eres un vago. —Ya, claro. Para tu información, he pasado algunas tardes en la galería de tiro. —Sí, en la de tiro de tejos —me mofé. —Que sí, que sí —afirmó, acabando su plato—. Ríete lo que quieras. —Bueno, ¿vamos a por algo de postre? —sugerí—. Se me apetece una tarta de Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


153

queso. — Por mí, perfecto — se pasó la mano por el estómago. — Ahora vuelvo, entonces. Bajé a por la tarta y me encontré a Hanako, que pedía un bocadillo en la barra. —¿Tan pronto has llegado? —le pregunté. —Sí, este hombre siempre atareado —rió de una forma burlona—. En fin, qué se le va a hacer. ¿Está Tamaki arriba? —Claro. Yo he venido a por el postre, pero ve subiendo, ¿vas a querer tú también? —Sí, gracias. Nos vemos ahora. En cuanto tuve las tres porciones, seguí a la chica. Tamaki esperaba con impaciencia su postre, mientras que la chica devoraba el bocata. —Y bien —dije mientras soltaba la bandeja—. ¿Qué tal te ha ido, Hanako? —Lo normal. Hemos charlado un rato y poco más, ya te dije, siempre está atareado. —¿Y sabes qué es lo que le traía por aquí? —No ha querido decírmelo. Y eso me preocupa —continuó, cabizbaja. —Pero bueno, no nos preocupemos —sonrió el chico—. Tenemos toda una tarde libre. ¡Y eso es genial! —Vamos a las recreativas, a jugar a Digital Clash —le conté—. ¿Te apuntas? —Claro —respondió—. No tengo nada más que hacer. Pero tendremos que echar alguna carrera de motos. —Por mí, perfecto — estiré mis brazos simulando tener el manillar entre ellos —. Aunque sea simulada, esa sensación de libertad es condenadamente agradable.

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


154

—Pues, entonces, decidido —Tamaki nos apuntaba con el tenedor con el que se estaba comiendo la tarta, aún algo lleno de mermelada—. Una perfecta tarde de ocio. Pero antes, vayamos a nuestra habitación. Necesito mirar algo. —Maldito vicio que le tienes a ese juego —me limité a quejarme—. Por un día que no lo mires no vas a caer en la clasificación. —¡Pero si estoy entre los 100 primeros de todo Sekai! ¡No puedo despistarme! ¡Y tengo que prepararme para la guerra de clanes! —se excusó. —Bueno... Vale. Iremos ahora, antes de tomar el café —le consentí—. ¿Qué hora es, a todo esto? —Hay tiempo —respondió—. Mi hermano me dijo que hasta las cuatro no estaría listo. Actuamos acorde al plan. Lo primero que hice al llegar a casa fue desplomarme contra la cama, ya que no había parado en todo el día. Hanako se tomaba una ducha mientras que Tamaki sólo miraba atentamente la pantalla del ordenador. —Maldita sea. Esos cabrones han vuelto a atacarme. ¿Te crees, tío? Les mandaré a mi guerrero más poderoso. ¡Quien ríe el último ríe mejor! —Desvarías, colega —respondí, tanteando la estantería para encontrar el cómic que estaba leyendo, Samurai Red. Apenas había acabado el quinto capítulo cuando la chica salió de la ducha. Llevaba una larga chaqueta sin mangas, de color azul que, a pesar de contrastar con su pelo, casaba totalmente con el color de sus ojos, sobre una camiseta de tirantes de color negro. Vestía, también, una falda corta del color de la chaqueta por encima de unos pantalones cortos oscuros. —Oh, cómo te has arreglado para la ocasión —reparé, con una carcajada—. Estás muy mona. —Tampoco es para tanto —me respondió con una sonrisa—. Vas a ducharte tú, Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


155

¿verdad? —Sí —contesté, cerrando el libro y volviéndolo a colocar en su estante. Me duché rápidamente y, tras secarme, me desenredé el pelo para dejarlo suelto, aunque sin olvidar mis característicos mechones por delante. Decidí ponerme unos pantalones de color negro llenos de cremalleras que encontré por el inventario de mi NeoCell, junto con una chaqueta de traje que coloqué sobre una camiseta de color naranja apagado. Dejé el baño tras comprobar que llevaba todo bien colocado para encontrarme con Tamaki en la puerta, que, al parecer, también se le había apetecido ducharse de última hora. —Ya, y decías de mí, señor elegante —me dijo la chica, tras mirarme de arriba abajo. —Tú misma lo dijiste antes: no es para tanto. El tercer miembro del grupo se presentó un par de minutos más tarde vistiendo como siempre: unos vaqueros, una camiseta de color rojo con diseños en negro y una chaqueta vaquera. —Ya tuviste que romper la elegancia del momento —bromeé—. ¡No seas un sosáinas y ponte traje! Tomándose en serio nuestra pequeña broma, el chico se puso un traje de chaqueta incluso con su corbata. Tras aclararle que se trataba de una gracia, volvió al aspecto de siempre. —Pues vamos —indicó—. Que llegamos tarde. —Si llegamos tarde es por tu culpa —nos quejamos Hanako y yo al unísono. Salimos en busca de la cafetería y nos encontramos dentro con que Reiji aún no había llegado. En cambio, Nagai charlaba alegremente, café en mano, con Hideo, el padre de Hanako. —¡Y tanto que lo recuerdo! —reían ambos a carcajadas—. ¿Cómo voy a Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


156

olvidar el día que casi revientas el equipo de transmisión por eso? —Buenas tardes, Chihiro —saludé, tomando asiento—. ¿Y Armando? —Ha salido hace un buen rato —respondió sirviendo otro café—. ¿Te pongo algo? —No, gracias, aún no. Estamos esperando a Reiji. —De acuerdo, avisadme cuando queráis —nos dedicó una sonrisa mientras se ajustaba el pañuelo del cuello. —Oh, Keitsuke, no te había visto —me saludó Nagai haciendo un gesto con la mano derecha. —Oh, hola —contesté—. Es raro verte por aquí. —¿Pensabas acaso que los peces gordos no tomaban café? —ambos soltaron una carcajada—. Hideo, ¿conoces ya a Keitsuke? —Sí —asintió—. Conocí al grupo hace unas horas. —¿Habéis visto a Reiji? —preguntó Tamaki—. Se supone que iba a venir a tomar el café con nosotros. —No, no lo he visto. Creo que hoy estaba reunido — respondió. —Ya no importa —interrumpió Hanako—. Ahí está. Reiji cruzó la puerta, mostrándose por primera vez sin su uniforme. A juego con su fedora, llevaba una larguísima chaqueta que le llegaba por debajo de las rodillas de color ocre. Vestía, también, unos pantalones vaqueros de pitillo, sujetos por un cinturón negro de hebilla ancha. Su camiseta era del mismo color que el sombrero, con un dibujo minimalista en su centro. Su aspecto parecía bastante más descansado que el de los anteriores días, aunque la falta de sueño aún se hacía algo latente en sus marcadas ojeras y pálido rostro. Aún así, hacía gala de la más profunda de las sonrisas, como si para él todo

Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.


157

fuese bien. —¡Hola, chicos! —levantó el brazo para saludarnos—. ¡Perdonad el retraso! —ya una vez sentado junto a nosotros, llamó a Chihiro para pedir algo—. Para mí que sea un expresso. —Tres con leche para nosotros, Chihiro —Tamaki habló por los tres. —Oh, Nagai, estabas aquí —continuó Reiji—. Tenía que comentarte algo sobre mi última misión. Parece que ese juego de locos ha acabado por fin. —¿Hoy ha acabado? —Nagai soltó una risotada e hizo girar su taza sobre la mesa—. Qué irónico. —¿De qué juego habláis? ¿Qué es tan irónico? —preguntaba Tamaki incansablemente con curiosidad. —Sí, vino personalmente a comunicármelo —continuó el chico del sombrero en su secretismo. —Sin duda, es irónico. —¿De qué estáis hablando? —preguntó Tamaki, algo enfurecido. —Esperaba anunciarlo esta tarde, cuando estuvierais los seis, pero no importa —respondió el hombre de las gafas de sol, alzándoselas con el dedo índice—. Hoy mismo ha llegado la invitación. Keitsuke, Hanako, Tamaki... Participaréis en la decimotercera Batalla de los Recién Llegados.

Fin de la primera saga Fin de la primera saga. Contundentes palabras para cerrar un libro, incitando a leer el segundo tomo de unas aventuras que no han hecho más que empezar. De nuevo, uso el cliffhanger como recurso final. Es evidente lo que se avecina, ¡pero deberás leerlo en la próxima entrega de Sekai! Sekai – Primera Saga

© Javier Escámez "Habimaru" '09-11.

Sekai - Saga 1 (R2)  

Revisión de la primera saga de Sekai

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you