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Capítulo Decimocuarto: ¡Tercer asalto! ¡Los ocho finalistas! En esta ocasión, el escenario se trataba de un pequeño recinto de tierra firme limitado por unos muros de piedra, como si de un coliseo clásico se tratase. Desde cualquier posición se podría ver hasta al último de nuestros rivales, de los cuales no nos distanciábamos demasiado: yo mismo tenía un rival a un par de metros. La idea estaba clara. Nos reuniríamos los cinco lo antes posible para hacer frente a los demás. Fuerza bruta. Daríamos a los espectadores el encarnizado combate frontal que deseaban. Una chica se precipitó a por el objetivo que más a mano tenía, aunque al dar un paso hacia delante, la luz nos cegó por un instante... Una mina había detonado. —¡Oh! ¡Qué tonto por mi parte! — narraba la voz de Ryûta —. ¡Había olvidado decir que el terreno está minado! Un paso en falso y... ¡Boom! ¡Seréis pequeños pedacitos! Y con esta baja quedan sólo veintitrés participantes. Vaya. Sin duda, la limitación de movilidad iba a ser un gran problema. Me quedé en mi sitio para observar qué harían los demás participantes al respecto y planear una estrategia. Chaos se sentó en su sitio, como si el combate no fuese con él. Era un comportamiento extraño para él, ya que siempre era el centro de la batalla. Me preocupaba su actitud, así que decidí tenerle bajo vigilancia. Shin, por su parte, comenzó a lanzar cartas al suelo. Con ello, hizo explotar algunas minas, lo que le daba la certeza de que los lugares que pisaba fuesen seguros. Pudo moverse ágilmente sobre una gran cantidad de naipes que llenaban el suelo, derrotando a tres novatos que se limitaron a mirar sus gráciles movimientos atónitos. — Eso nos deja en veinte... — musité —. Y aún no he hecho ni un movimiento. Sekai – Segunda Saga

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Pensé en comenzar con un ataque a distancia desde mi posición, pero vi algo más adecuado seguir vigilando el panorama, aunque Tamaki comenzó a disparar con la esperanza de impactar con algún que otro despistado, aunque sin demasiado éxito. Hanako permanecía quieta y relajada en su lugar, esperando los ataques con una hoja ancha para deflectarlos sin la más mínima vacilación. Aún así, alguien pudo esquivar las minas para ponerse varios metros frente a la chica, amenazando con una ballesta. —¿Y qué vas a hacer con esa espadita? — reía, apuntando su flecha. —Menuda pereza... — bostezó, mientras convertía su arma en una larga espada, con la que desarmó y derrotó al atacante — No. No podrías haber explotado, no. Tenías que hacerme gastar energía. Quedaban diecinueve. Dieciocho, alguien había detonado una mina sin darse cuenta. Diecisiete, tras que Tamaki consiguiera acertar una bala en la cabeza de una desprevenida agente. Dieciséis, al observar que Ethan había logrado sobrevolar las minas con su patín flotante y engañar a un chico para que cayera sobre una de las trampas. Mi flechazo certero sobre alguien que se acercaba peligrosamente había redondeado el número de combatientes a quince. —Hey, Keitsuke — Ethan se presentaba sobrevolando el campo — ¿Te llevo? —No hace falta — le indiqué con un gesto de muñeca — Creo que te compensaría más recoger a Dahlia. Combinar tu velocidad e inmunidad para las minas con un buen arma cuerpo a cuerpo sería una buena idea. —¿De verdad? — insistió. —Claro, desde aquí puedo apañármelas bien. Confío en vosotros.

Seguí vigilando desde mi puesto, sin abandonar la posición de guardia. Sato decidió ponerse Sekai – Segunda Saga

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en marcha. Tomó su consola en su mano izquierda y lanzó una breve mirada. Andaba con cuidado siguiendo las indicaciones de la pantalla, por lo que deduje que la había modificado para otorgarle una función de radar. — Malditos sceners — me quejé —. Podrían instalarle Linux a una tostadora. Siguió andando, sorteando con cuidado las minas del terreno. Eliminó a tres adversarios sin hacer otra cosa que empujarles hacia una trampa abriendo la palma de la mano, mientras seguía mirando con detenimiento la pantalla. — Y con éste, sólo quedamos doce... ¡A por los otros cuatro! Chaos, por su parte, comenzó a desplazarse, aburrido por la lentitud del combate. De alguna forma comenzó a correr a lo largo del muro, desde una posición en la que podía tener control casi absoluto del combate. Lanzó ágilmente un kunai al pecho de un chico de uniforme oscuro, una gran estrella ninja a la espalda de una chica que pereció con un alarido de dolor y aterrizó clavando su katana sobre alguien que estaba demasiado entretenido vigilando los movimientos de Sato. —Vaya... — observé — Sólo quedamos nueve... —Y sin ti, seremos ocho — amenazó la voz de un chico que se había presentado frente a mí. Una sonrisa desafiante me incitaba al combate. —No estés tan seguro, Sato — me crují los nudillos, esperando un buen combate. —Controlo el terreno — vaciló, cerrando la consola para guardarla en un bolsillo —. Sé dónde están cada una de las minas. No podrías vencerme. Al más mínimo paso equivocado... ¡Puf! Volarás. —Tendrás ventaja, pero no necesito conocer la posición de ninguna de las minas para ganarte. He visto cómo has empujado a los demás a su destrucción, pero sabes que conmigo... Eso no será suficiente.

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"Si no puedes desplazarte, quédate quieto", pensé. “No necesitas moverte para ganar”. Podía controlar el combate sin caer en una sola de las minas. No necesitaba alejarme demasiado de mi posición, que marqué levantando algo de tierra con el pie izquierdo. Sato tomó un pequeño aparato negro del tamaño de un puño de un bolsillo. Lo apretó en su puño para desplegar una empuñadura, de la que pronto emergió un rayo de luz de color azul. —¿Es que nunca antes habías visto una katana láser? — se mofó ante mi cara se asombro. —Bonito juguete, ¿pero cuándo empezamos a pelear? — le provoqué. No respondió a las provocaciones. Sólo me dedicó una violenta mirada. A pesar de que alrededor se estuviera librando una escandalosa batalla, el único sonido al que prestaba atención era al zumbido del láser. —¿Y tú no piensas desenfundar tu arma? ¿Tan asumida tienes tu derrota? — Veamos... — me rasqué el cogote con la mano izquierda —. Nah, voy pasando. Si eso luego. Mientras estamos de cháchara probablemente caiga el último. Sato ignoraba que mi propia arma estaba enganchada a mi muñeca izquierda. Y yo sabía que podría usarlo a mi favor. —¿Me estás vacilando? — amenazó el chico con serenidad. —¿Yo? ¡Qué va! — intenté confundirle haciéndome el tonto —. Bueno, cuéntame... ¿Qué vas a hacer con tu juguetito? —No creo siquiera que sea necesario utilizarlo — apretó el puño. —Una lástima gastar energía contra mí, ¿verdad? El chico dio un par de pasos hacia atrás, con el cuidado de no detonar una de las minas y me apuntó amenazantemente.

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—No creas que vas a ser más listo que yo — me advirtió —. Sé lo que pretendes. Sé que me quieres confundir. ¿Creías que haciéndote el tonto iba a olvidar que derrotaste a quince personas en el primer asalto? ¿Que has sido capaz de escapar de Chaos? ¿Que eres uno de los nueve últimos? —Es una lástima no poder seguir actuando, pero espera... ¿Cómo sabes que escapé de Chaos? —Una cajita mágica me ayudó — vaciló mostrándome la pantalla de su consola, que mostraba la ubicación exacta de los nueve participantes —. Sabía que era una buena idea traerme una videoconsola tan versátil a la Batalla — rió. —Vaya... — resoplé — Así que por fin un buen contrincante. Me alegra saber que hay gente así. —Y a pesar de todo eso, sigo sin saber por qué eres tan bueno... Es hora de descubrirlo... —Ese Chaos... ¿Sabes algo de él? — pregunté. — Aparte de que es un bestia, absolutamente nada — contestó —. Pero eso no es lo que importa aquí. Cuanto antes caigas, antes acabará esto. —Cierto, aquí lo importante es un combate serio. ¡A moverse! — le di una patada a la tierra —. Bueno, no creo que esté en demasiadas condiciones de moverme. —¿Y vas a seguir sin mostrar tus cartas? — Sato se acercaba peligrosamente mientras su cinta ondeaba con una ligera brisa. —Oh, qué despistado de mi parte... — comenté cabizbajo, tapándome la cara con las manos — Sí, anda, toma. Lancé una flecha al hombro del chico, al que pillé desprevenido. Por desgracia, mi limitada posición sólo me permitió dañarle el hombro del brazo con el que no empuñaba la espada. Pero una ventaja era una ventaja, por ligera que fuera. Sekai – Segunda Saga

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—¡Ay! Así que ese era tu plan — se tapó el hombro humeante con la mano, apuntándome con la katana láser de su otra mano. —¡Vaya! ¿Es la primera vez que ves un reloj-ballesta? — repetí su burla, extendiendo mi brazo para apuntar. —Entonces... Que comience el verdadero combate — mostró una sonrisa de satisfacción. —¡Y Shin derriba sin miramientos al último! — anunció Ryûta, mientras que la imagen de Sato se comenzaba a disipar para mostrar de nuevo la Sala Blanca. Esta vez la Sala Blanca era una pequeña habitación en la que sólo había ocho sillas dispuestas en semicírculo frente a una plataforma sobre la que Ryûta se erguía frente a una pantalla. —¡Y así acaba la primera ronda de la Decimotercera Batalla de los Recién Llegados! ¿Os habéis divertido? ¿Habéis disfrutado el combate? » ¡Ahora nos queda anunciar los nombres de los ocho finalistas! Y sus nombres son... » Chaos Valentine, de la Rama Central. » Shinichi Shirokawa, de la Sexta Rama » Sato Sakurai, de la Octava Rama » Keitsuke Kiriyama, de la Decimotercera Rama » Hanako Hanekoma, de la Decimotercera Rama » Tamaki Tsuji, de la Decimotercera Rama » Ethan Harvey, de la Decimotercera Rama » Dahlia Erra, de la Decimotercera Rama »¡Enhorabuena a los ocho! ¡Y enhorabuena a la Decimotercera Rama, que ha destacado en esta Decimotercera Batalla! ¡Cinco de seis, un gran resultado! Sekai – Segunda Saga

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»Como ya todos sabréis, dentro de tres días comenzará la segunda ronda: el Torneo. Procederemos ahora a sortear las posiciones. Aguardad un segundo. En la pantalla comenzaron a girar nuestros nombres bajo el árbol que representaba el orden de los combates. Poco a poco se iban parando, uno a uno en su posición, Shin, Hanako, Tamaki, Ethan, Chaos... El último en parar fue mi nombre, en la tercera posición. —¡Gracias por esperar! ¡Ahora anunciaremos los combates de la primera ronda! »En primer lugar, ¡Shin Shirokawa contra Dahlia Erra! »¡El segundo combate lo librarán Keitsuke Kiriyama y Hanako Hanekoma! »¡Le procederán Sato Sakurai y Chaos Valentine en el tercer combate! »¡Y por último, lucharán Ethan Harvey y Tamaki Tsuji! »Aprovechad esta tarde para descansar, ya que a partir de mañana abrirá el Dojo especialmente para vosotros ocho. ¡Hasta la próxima! Un fogonazo de luz nos sacó del mundo virtual en el que estábamos metidos. Al volver al Coliseo, todas las gradas aplaudían con ímpetu nuestra llegada. —¡Enhorabuena! — nos gritaron nuestros mentores al bajar al escenario —. ¡Menudo triunfo! — Perdonad, ¿podríais posar para una foto? — interrumpió un periodista —. ¡Ya veo el titular! ¡La Decimotercera Rama rompe la Decimotercera Batalla! —¡Reiji! ¡Shirona! ¡Daigo! — gritó Tamaki, emocionado —. ¡Lo hemos conseguido! —Ya veo que os habéis olvidado de mí... — Hitoshi salió de la nada. —¿Bromeas? — insistió Daigo — Vuestro combate ha sido un bombazo... ¡Un verdadero bombazo!

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—¡Mirad el pajarito! Flash. Flash, Flash. ¡Flash! Una multitud de cámaras nos retrataban, de todas las formas y combinaciones posibles. Por un momento pensé en lo orgullosos que estarían mis familiares y amigos... Si pudieran verlo. Pero ninguno de ellos estaba allí para felicitarme. Para ellos sólo era un ataúd con un cuerpo falso en el cementerio de mi ciudad. O una urna llega de ceniza. Quién sabe. Miré al suelo con tristeza. —¡Venga, Keitsuke! ¡Anímate! ¡Hemos ganado! ¡Hemos ganado! — vitoreaba Tamaki, coreado por Ethan. —¡Ya estamos más cerca! ¡Vamos a meternos una comilona para celebrarlo! — gritó el otro chico. Yo, aún desanimado, me desmarqué del grupo. Reiji me siguió. —¡Hey, Keitsuke! — me llamaba —. ¿Por qué te vas tan pronto? —Nada de esto tiene sentido — me derrumbé, sabía que con él podía ser sincero — No tengo nadie por quien luchar ahora mismo. Nadie que felicite mis logros. Y, además... —¿Y nosotros qué? — me miró con desaprobación —. Te olvidas de mí. Te olvidas de Nagai. De Kiyomi. De Natsume. De Sayuri. De Armando. De Wataru. De Selene. De Luna. Incluso de Shirona y Daigo. De tus compañeros. Todos hemos estado apoyándote. Y te seguiremos apoyando. —Lo sé, pero... —Pero vas a seguir adelante. Tú puedes, ¿no? Venga — me dio una palmada en la espalda — ¡Esa sonrisa! Reiji se marchó a seguir charlando con los demás. Yo opté por un momento de tranquilidad y soledad apoyado contra una de las paredes. Alguien se me aproximó extendiéndome la mano. Sekai – Segunda Saga

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—Tenemos un combate pendiente — Sato me lanzó una mirada seria — Así que nos vemos en las finales. Y no aceptaré un "no" por respuesta. —Sabes que así será. Me niego a perder antes — le estreché la mano al chico, que cambió la expresión de su cara por una sonrisa. —Así que ya sabes que deberías entrenar si no quieres perder contra mí — me desafió. — Más te vale entrenar a ti si quieres vencer a Chaos. Si no lo consigues, no habrá combate. —Y lo haré — se sacudió algo del pelo y añadió —. Por ahora, me marcho. Que te vaya bien. El chico se marchó tras ser obligado a posar para un par de fotografías que en unas horas llenarían las redes. Yo me limité a mirar al cielo, inmerso en mis pensamientos. —Parece que competiremos en las semifinales, ¿no? — Shin apareció frente a mí. —Eso creo. Es una lástima que no sea algo tan impresionante como las finales, ¿eh? —Keitsuke... Llevo desde el primer asalto pensando en algo... —¿En qué? —Ya sé qué quiero pedir como premio cuando te gane — soltó una aguda risa. —Dímelo. —Ya te enterarás. Shin se marchó con una sonrisa en la cara. No sabía cómo, pero era capaz de mantener su sonrisa en cualquier momento. Dos chicos más se acercaron, haciéndose paso entre la multitud. —¡Hola, Keitsuke! ¡Parece que tendremos que combatir en las finales! Bueno, uno de los dos — decían entre risas. —Parece que van a venir a recordarme nuestra posible batalla todos mis rivales potenciales Sekai – Segunda Saga

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— me burlé —. Esperad, que lo apunto en la agenda — ironicé. —No, si nosotros veníamos a llamarte para la comilona. ¡Estoy muerto de hambre! ¿Te vienes? —Sí, por qué no — me incorporé, y añadí con un falso ímpetu — ¡Se me apetece un buen chuletón! —¡Pues que sean dos! —¡O mejor tres! — intervino Ethan —. ¡Y con patatas! Y así acabó la primera ronda de la Batalla. Quizá mi mente estuviera divagando. Quizá mis problemas no fueran tan grandes como pensaba. Quizá me preocupaba mucho por todo lo que me rodeaba. Pero sabía una cosa: no es bueno pensar con el estómago vacío.

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Sekai - Capítulo 14