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Capítulo Décimo: Shirona "¿Cariño?". Definitivamente me había perdido algo. Reiji se acercaba lentamente a la voz que nos había reprochado por llegar tan tarde mientras miraba a su dueña fijamente a los ojos. Sin mediar palabra, se limitó a quitarse el sombrero para colocárselo dulcemente a la joven que se encontraba ante nosotros, quien le respondió abrazándole con fuerza.. —Oh, qué monada — el tono de Tamaki criticaba la situación por lo bajo mientras veía a su hermano besar con dulzura a la chica. —Vale, definitivamente me he perdido algo — me llevé la mano al mentón, intentando atar algunos cabos. Tendí la mano a Hanako para ayudarla a levantarse. —Hola, cuñadita — intentó llamar la atención el chico, con poco éxito —. Sí, yo también hace bastante tiempo que no te veía. ¿Me has echado de menos? — con desesperación, continuó imitando una voz femenina —. Oh, sí, hace tiempo que no te veo, cómo has crecido, bla, bla. — se llevó las manos a la cabeza y comenzó a gritar —. ¿Hola? ¿Reiji? ¿Shirona? ¿Os habéis sorbido el alma? ¿¡Hola!? —Insensible — gruñó Hanako propinando un golpe en la cabeza a Tamaki —. Qué reencuentro más mono. —Más bien, insensato — resoplé, mirando hacia otro lado, y, en un susurro, añadí —. Qué bonito es el amor... —Oh, chicos... Lo siento — se excusó Reiji pasado un tiempo, con los colores algo subido —. Supongo que tendré que empezar con las presentaciones, ¿no? — se rascó algo el pelo antes de añadir —. Keitsuke, Hanako, esta es Shirona. En otros tiempos, mi otra compañera de grupo, junto a Wataru... —Y huelga decir que actual pareja — bufó Tamaki con una mirada recelosa.

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—No te piques, cuñadito — Shirona se tapó la boca con su mano izquierda para disimular la risa —. ¿No harías tú lo mismo si llevaras sin ver a tu chica tanto tiempo? —En todo caso — continuó Reiji, desprovisto de su sombrero —. Ya estamos aquí. Querréis ver la zona. Vaya, así que me tocará ir de guía turístico... —No, no — se negaba la chica —. Supongo que es cosa mía, para eso trabajo aquí. Me tomé algo de tiempo para fijarme en la chica antes de se marchara apresuradamente de la mano de nuestro mentor. Era bastante esbelta, casi tan alta como Reiji. Su dorada melena, adornada con unas grandes horquillas negras cuya forma recordaba el ala de un ángel, llegaba hasta sus piernas. Un ancho mechón tapaba gran parte de su cara, ocultando parcialmente uno de sus ojos color miel. Y también tenía estilo. Vestía una larga chaqueta de color negro con botones plateados que se dejaba caer por detrás hasta el suelo sobre una camiseta de tirantes oscura. Llevaba, también unos largos pantalones cuyo bajo disimulaba con gracia sus puntiagudos tacones. Reiji abrió la puerta. Los primeros jirones de luz se ordenaban para mostrar una llanura que no se diferenciaba mucho de la que habíamos visto un rato antes. La misma puerta metálica con remaches en el marco, las mismas calles pavimentadas por las que un vehículo no podría alcanzar grandes velocidades y las mismas torres de control, que se erguían a ambos lados del pórtico de entrada. Aún así, el lugar parecía mucho más grande que la Decimotercera Rama. A la izquierda, se podían ver una enorme cantidad de residencias (según contaba Shirona, para invitados), que rodeaban un gran parque en el que florecían diversos tipos de flores de color blanco junto a un lago helado. A la derecha, en cambio, pude ver una pequeña cafetería, cuyo estilo no tenía nada que ver con la de Armando, una pequeña nave señalizada como Dojo, y una cabina que regulaba el acceso a unas pequeñas montañas, en las que, al parecer, había instalados unos baños termales. Sekai – Segunda Saga

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—Pero la mayor atracción de la Quinta Rama es, sin duda... Eso. Extendió el brazo que tenía libre para apuntar a un colosal edificio, de planta elíptica y unos cuatro pisos de alto, cuya peculiar arquitectura (llena de columnas e inmensos ventanales) dejaba deducir que se trataba de un estadio. Algo me llamó la atención. Aunque la mayoría de entradas permitieran el acceso a la planta baja, la más destacada de ellas, gracias a unos focos que ya a tales horas de la tarde comenzaban a iluminar con intensidad. —El sótano es usado como salón de actos — explicó la muchacha —. Tiene cabida como para unas tres mil personas. Nuestras caras mostraron una expresión de asombro. —Pero no os preocupéis, chicos. Según nuestros informes preliminares, este año hay tan solo poco más de doscientos cincuenta novatos. —¿¡Doscientos... cincuenta!? — exclamó Hanako algo exaltada —. ¡Menuda barbaridad! —Pues habrá que intentar hacerse un hueco en el podio, ¿no? — sonreí con una mueca de superioridad. —¡Está claro! — los tres levantamos el puño a la vez. —No os faltan energías — Shirona se ajustó el sombrero como solía hacer su dueño —. Os enseñaría el edificio, pero con todos los preparativos para la Batalla no creo que os dejaran entrar. Así que... ¿Qué queréis hacer? —Mi estómago me empieza a pedir con urgencia la cena — Tamaki se acarició el estómago. —Bueno, os llevaré primero a vuestra habitación, si no os importa. La chica nos encaminó por una de las calles residenciales. Las habitaciones se diferenciaban mucho de las que teníamos en nuestra rama. Éstas consistían en unos pequeños chalets de dos pisos Sekai – Segunda Saga

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de apariencia clásica, de fachadas pintadas de color salmón. Shirona nos lanzó una pequeña llavetarjeta a cada uno, que abriría la puerta del 13-b. —Aún no hemos instalado las nuevas cerraduras con soporte para NeoCell, así que tendréis que usar las llaves — y, llevándose la punta del dedo índice a los labios, añadió —. Por cierto, cariño, ¿qué tal vuestro proyecto? —Seguimos teniendo algunas complicaciones — admitió —. Aunque la cosa está avanzando poco apoco. Y NeoCell ha sido un éxito rotundo, en unos días será implementado en las demás ramas. —La verdad es que sí que ha sido un gran avance. ¡Buen trabajo en equipo! — le abrazó —. Bueno, echad un pequeño vistazo a vuestro nuevo hogar. Nosotros nos esperaremos aquí fuera. Abrí, con cuidado, la puerta para encontrarme con un salón perfectamente acomodado para tres personas, con una pequeña chimenea, tres sofás, una gran mesa de cristal y un monitor en la pared. Se conectaba a una cocina con algunos utensilios para preparar algo de comer, con la despensa y nevera llenas hasta rebosar. Tomé un par de barritas de muesli y un batido de frutas y seguí investigando la casa. La segunda planta recordaba mucho a la habitación que compartíamos en casa. Tres camas, dos de ellas en disposición de literas, una encima de otra, un enorme escritorio con un ordenador y una gran ventana desde la que se podía ver el parque helado, en el que no había casi nadie aún. El cuarto de baño era también similar al nuestro, con su compleja ducha y su secador de cuerpo completo. —Oye, Keitsuke... ¿Qué te parece? — se acercó Hanako a preguntarme mientras volvía a bajar las escaleras. —¿A qué te refieres? —A Shirona — respondió ante mi sorpresa, como si fuera totalmente evidente —. Creo que hacen

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muy buena pareja. —Es bastante guapa, sí — admití —. Y me gusta su estilo. Me pregunto cuánto tiempo llevarán juntos. —Algo más de tres años — se entrometió Tamaki en la conversación — Unos meses después de comenzar a trabajar juntos. Y, si me permitís mi opinión, no, mi hermano no se merece a una chica tan genial. —Vale, ¿alguna opinión que no sea la de "quiero a todas las chicas para mí"? — pregunté. —Pues vale, pensad lo que queráis — se enfurruñó —. ¿Qué os parece este sitio? —Acogedor — respondí — Me muero de ganas de encender esta noche esa pequeña chimenea. —Entonces... — se oía la voz de Shirona al otro lado de la puerta — ¿Tan mal te fue en las últimas misiones? —No — contestó —. Ya te dije que no. Ya ves que traje a Keitsuke sano y salvo. Simplemente... No me lo esperaba. No me esperaba esa complicación. —¿Y de la otra? —Esencialmente, lo que te dije cuando hablamos el otro día. Todos locos. Y me preocupa lo que pueda hacer ese tarado. —Tranquilo... — acarició su brazo con dulzura — ¡Ahora vamos a pasar unos días juntos! —Sí... Realmente necesitaba verte de nuevo. ¡Maldita falta de tiempo y de limitación de portales! — y, al advertir nuestra presencia, concluyó —. ¡Oh! ¿Ya estáis listos? ¿Vamos a cenar entonces? —Da igual — contestó Tamaki mascando una chocolatina — Creo que podré aguantar. —Pero ahora soy yo la que tiene hambre — Shirona puso una mueca de hambre —. Así que si os parece bien, iremos nosotros dos primero.

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—Pues que aproveche, parejita — se despidió el hermano menor. —¡Hasta luego, cuñadito! ¡Hasta luego, chicos! —Espera, Keitsuke — Reiji parecía algo serio —. ¿Puedes venir un segundo? Asentí con la cabeza y acompañé a Reiji a un lugar algo más apartado. —Has oído lo que estábamos hablando, ¿verdad? —Sí — afirmé — Pero, no era mi intención, es que.... —No pasa nada — me interrumpió —. Esas... "Complicaciones" de las que hablaba... ¿Sabes a qué me refería? —Sí — me llevé la mano al mentón para intentar hacer memoria —. Recuerdo que una chica extraña me paró en el parque y... Y luego apareciste tú... Aunque yo ya estaba quedándome inconsciente... —¿Podrías mantener en secreto lo que pasó? — se llevó la mano a donde normalmente llevaba su sombrero para palpar no más que aire. —Sí, pero... ¿Por qué? —Ahora mismo no puedo contártelo. Sé que no debería, pero te pido un voto de confianza. Estoy investigándolo y aún no puedo asegurar nada. —De acuerdo — asentí —. Por cierto, Reiji... —¿Uh? — se acercó un poco más a mí. —Te envidio. Envidio la forma en la que sonreías cuando llegamos aquí. —Lo que te queda por vivir, jovenzuelo — reía Reiji despeinándome con una mano —. Kyoko está bien, te lo aseguro. Espero que algún día puedas volver a verla. —Aunque... Sekai – Segunda Saga

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—¿Sí? —Nada, déjalo — sonreí falsamente, algo sumido en algunas de mis tonterías —. ¡Disfruta la cena! ¡Y pásatelo bien con tu chica! —¿Y qué quería mi hermano? — me asaltó Tamaki algo curioso —Nada — mentí —. Sólo quería ver la opinión que tengo de tu cuñadita — dije en tono burlesco. —Vaya — reparó — Las opiniones ajenas es algo que nunca le ha interesado demasiado. —¡Pero quería conocer la mía! —¿Y la mía no? — se quejaba Hanako entre risas. —Anda, anda — intenté evadir la conversación —. ¿Se os apetece ir un rato al parque? Aunque ya empieza a oscurecer... —Sí, me gustaría verlo algo más de cerca — pidió Hanako. Así que nos pusimos en marcha hacia el parque. No había mucha gente, la mayoría de los novatos llegaría al día siguiente. Sólo había un chico rubio con un pequeño sombrero de copa, solitario, en un banco frente al helado lago, barajando un mazo de cartas. —¿Hola? — se acercó Tamaki —. ¿Qué haces aquí solo? El muchacho se giró para mostrar su rostro, decorado con un rombo de color azul bajo su ojo derecho y una pica negra en su pómulo izquierdo. Sus ojos, de un intenso dorado, se veían limitados por una raya de color negro, lo que me hizo identificarle rápidamente como natural de Okawa. —Escoge una carta — indicó, sin mediar ninguna otra palabra. —¿Qué? ¿De qué me estás hablando? — gritó sin obtener más respuesta que un puñado de cartas frente a su cara.

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—Vamos, Tamaki. Hazle caso y coge una carta — insistió Hanako. —Vaya... El azar hecho llegar a tus manos el Jóker — respondió el misterioso sin perder de vista las otras cartas —. Un chico con suerte. Pero tu personalidad es errante y dependiente del momento. Nunca tendrás dos jornadas cortadas por el mismo patrón. —¿De... Qué... Me estás... Hablando? — balbuceó Tamaki. —Elige tú otro de los naipes. Sin dudarlo, asentí y tomé una de ellas, curioso por saber qué diría de mí. Giré la carta para ver el Rey de Picas. —El azar te presenta al Rey, ya veo — continuó en una voz algo apagada —. Fuerza... Y honor. Alta posición, útil para muchas jugadas, aunque un poco limitada en otras — y, tras parar por un momento a mirar la luna, que se comenzaba a reflejar sobre la cristalizada superficie del lago, añadió —. Ahora tú, dulzura. —Mi carta... La Reina de Corazones. —Oh, qué maravilla — sonrió —. El corazón, no más que una mera bomba de sangre pero atípicamente relacionada con los sentimientos... Sobre todo, aquella conocida como amor. Aunque quizá no sea eso lo que quiera decir. Dicen que una persona con carácter pone el corazón en todo lo que hace. Y una buena Reina ha de tener carácter... Aunque llamarte Reina sería hacerte pasar por alguien mayor. Creo que sería mejor que te llamase Princesa. Tamaki emitió una sonora carcajada a la que me uní sin retraso, a enfado de la chica. Aquel extraño nos había calado por completo. Los altibajos en la actitud de Tamaki, mi forma de ser... Incluso el mote de Hanako. Por un segundo, un escalofrío recorrió mi espalda. —El azar es muy sabio — sentenció —. Y si me lo permitís... — hizo volver las tres cartas a su mano con un rápido movimiento de muñeca, impresionándonos por el truco — Un grupo bastante

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peculiar... —Vámonos, no entiendo a este tío — Tamaki tiró de mi brazo. —Esperad — le paró, levantándose del banco —. No conocéis aún mi nombre... Shin Shirokawa. —Keitsuke Kiriyama — le informé. —Yo soy Hanako Hanekoma... —...Aunque siempre puedes llamarla Princesita — Tamaki se giró a responder. —¿Y a ti cómo te he de llamar? —Tamaki Tsuji —Oh, Tsuji... No serás el... —Sí, soy el hermano de Reiji — replicó enfurecido — A estas alturas creo que mi hermano me ha robado mi propia identidad. ¡Soy una persona distinta e independiente! —No hace falta que me lo demuestres — se mofó — He de marcharme — dijo, dándonos la espalda y andando hacia una de las casas — Hasta que nuestros destinos se vuelvan a entrecruzar. —Qué tío más extraño — se quejaba Tamaki. —Yo diría — le interrumpí —. Que es incluso interesante. Supongo que tarde o temprano... Tendré que enfrentarme a él. —Pues si vas a hacerlo... — comenzó a mover los puños —. ¡Dale una buena tunda de mi parte! —Dijo que se llamaba Shin — comentó la chica —. Me ha asustado un poco, pero no parece mala persona. —¿De qué rama creéis que será? — preguntó Tamaki. —No lo sé — hice un corto movimiento con la cabeza —. Pero no lleva un NeoCell, así que eso nos descarta unas cuantas posibilidades. Sekai – Segunda Saga

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—En fin, da igual, lo importante es que ahora me está entrando hambre, así que... ¡Eh! ¿Te estás comiendo una barrita de muesli? ¡Dame un trozo! —Rico, rico, sabor a arándanos... Marchamos entonces hacia el edificio que nos habían indicado como comedor. Parecía, hasta el último de los detalles, idéntico al teníamos en nuestra propia rama. La misma fuente de bebidas, la misma decoración, e incluso la misma terraza situada en la planta superior. —Los diseñadores de módulos andaban escasos de presupuesto — bromeó Tamaki, acercándose al mostrador. —¡Hola, chicos! — saludaba una señora de apariencia agradable al otro lado de la barra — ¿Qué vais a tomar? —Que sean dos... No, mejor tres... Sí, tres cuencos de ramen. —Qué considerado, pero a mí se me apetecía tomarme unas patatas fritas con un buen solomillo — le comenté. —Sí, vale, pero los tres eran para mí. Si vosotros vais a querer, pedid los vuestros. —Para mí que sea un plato bien grande de lasaña — pidió Hanako. —¡Oído cocina! ¡Tres cuencos de ramen, un solomillo con patatas y una ración bien generosa de lasaña! La mujer nos entregó las tres bandejas con la comida y, tras coger unos vasos y algo que beber, subimos a tomar la cena en la terraza. —¿Seguro que vas a poder con todo eso, Tamaki? ¿Y luego vas a poder dormir? ¿No te darán pesadillas? —Como un angelito. Ya lo dicen: estómago lleno, cara sonriente.

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—Vaya — me limité a meterme una buena pinchada de patatas en la boca. —Sayuri lo hace mejor — se quejó Tamaki —. Le falta picante. —Maldito quejica — le reprimí con un golpe en el hombro. —¡Pues esta lasaña está de muerte! —¿Me dejas probar, Hanako? —Por supuesto, toma — dijo acercándome el tenedor a la boca, llenándola de un delicioso sabor a carne picada y tomate.. —Vaya, pues sí que está rica. —Oh, ¡te he manchado un poco la boca! —¿Queréis dejar de tontear en mis narices? ¡Que estoy cenando! —¡Habló el que resulta tan agradable siempre! Hala, ya te has quedado sin uno de tus tazones — tomé el que más lleno estaba y enrollé gran parte de los fideos como si se trataran de espagueti para metérmelo en la boca de una forma poco agradable — ¡Hala! ¡Hala! —Y sin caldo también — reía Hanako tomándose todo el que quedaba, sorbiendo con fuerza para llamar la atención. —Sois... Crueles... — lloriqueó. —Anda, toma, sírvete unas patatas — le ofrecí — Creo que son demasiadas para mí... Y están muy crujientes... El resto de la cena transcurrió de forma despreocupada, sólo tres amigos comiendo juntos, como si siempre hubiese sido así, como si cenar juntos fuera más una tradición que una necesidad. No importaba el lugar dónde estábamos, ni que estuviésemos rodeados de completos desconocidos con los que probablemente nos batiéramos en un futuro. Tampoco importaba demasiado que al

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siguiente día todo se llenara de aún más agentes novatos que lucharían por la supremacía. En ese momento, siquiera me importaba mi pasado. En aquel instante, sólo importaba el momento.

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Sekai - Capítulo 10 (Shirona)