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Capítulo Decimoctavo ¡Segunda ronda! ¡Keitsuke contra Shin! El día amaneció de la misma forma que acabó el anterior: con gran expectación. La televisión mostraba los mejores momentos de los combates del día anterior. Algunos personajes, aparentemente conocidos a lo largo y ancho de cada una de las ramas de Sekai, hacían sus especulaciones sobre la jornada actual. —Está claro —comenzó un hombre con gafas de sol— que el primer combate será emocionante. En vistas a las actuaciones de ambos contendientes y aún sigo sin poder decidirme por ninguno de ellos. —Yo —respondió su interlocutor— inclino la balanza hacia Kiriyama. Hemos visto durante el Battle Royale una buena capacidad estratégica y el combate de ayer dejó bastante alto el listón. —Discrepo —una tercera persona interrumpió la aportación— Shirokawa también tiene una gran popularidad en los sondeos. Y sólo hay que ver su estilo en los combates de ayer. —Sin duda alguna, el enfrentamiento parece ser más que interesante... —el primer interlocutor dio paso a una pausa publicitaria—. ¡No os lo perdáis! Di un ligero sorbo a mi café. Mi nombre era uno de los que resonaban en cualquier lugar de este nuevo mundo, algo que me arrancó una ligera sonrisa, teniendo en cuenta que hasta hacía no más de dos semanas no era más que un extraño

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que desconocía que toda una organización existiese por encima de otros universos — de los que tampoco había oído hablar—. Sin duda, mi vida había cambiado de una forma demasiado brusca en un par de semanas. —¿Ya estás despierto? —me preguntó con un bostezo la adormilada voz de Hanako, mientras se sentaba junto a mí en el sofá. —Sí... Ya sabes... —terminé el café de un trago y dejé la taza sobre la mesilla. —¿Nervioso? —En absoluto —o al menos no por el combate de hoy, pensé. —¿Expectante? —Mucho. —Más te vale ganar —la chica parecía seria. —No lo sé... —susurré, y, con un tono burlón, añadí—. ¡Pero no me presiones tú también! —Parece que nos estamos haciendo populares —señaló al monitor, donde reponían imágenes de nuestros combates. —Bueno, tú ya lo eras, así que no te tiene que impactar tanto... Pero... ¿De dónde he salido yo? —Tú, Kei, eres un chico genial que merecía llegar tan lejos —la chica me

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abrazó con ternura—. Y me alegro de que estés aquí. La situación con Hanako no había cambiado demasiado. Aunque los dos sabíamos que teníamos una conversación pendiente, decidimos dejarla para el final de la Batalla. Cuando todo estuviese más despejado. Tamaki no dejó de recordar a Ethan su victoria en el combate del día anterior, haciendo mala sangre a este último continuamente y creando más rencillas que las que el enfrentamiento pudo solventar. Aún así, la noche anterior, Ethan no olvidó recordarme que el haber sido eliminado del torneo no le había quitado las ganas de un combate formal contra mí. Por otro lado, a Dahlia no parecía importarle demasiado su derrota, y alababa las habilidades de lucha de Shin, algo que me preocupaba. Y, por lo poco que pude ver en la reposición del combate, tenía razón. Ese rubito sería un rival formidable. —¡Bueee-nos días! —saludó Reiji mientras se apresuraba a la nevera a por algo de beber. —Sí, Reiji, sírvete lo que quieras, estás en tu casa —respondí de una forma algo irónica. —¿Qué tal, Keitsuke? —Shirona también apareció por la puerta—. ¿Qué tienes bajo la manga para el combate de hoy? —Echar toda la carne en el asador —respondí—. Ni más, ni menos. —¡Ese es el Keitsuke que yo conozco! —Reiji se sirvió un par de tazas de café. Sekai – Segunda Saga

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—Pero... —Shirona tomó asiento con nosotros—. Hay algo que tengo que contarte sobre Shin. —Dime —acabé la taza de café. —Shin... Es un prodigio. Le han admitido en Sekai con tan sólo quince años. —¿¡Qué!? —se sorprendió Hanako—. Pero si para entrar en Sekai con menos de dieciséis hay que... —Exacto. Ha superado la prueba. —Pero... ¿Por qué lo ha intentado en primer lugar? —Por simple... —Reiji exhaló un largo soplido—. Aburrimiento. —Pero esto es impresionante —Hanako aún no entraba en sí, y eso me preocupaba. —¿De qué estáis hablando? —Keitsuke, ese tío la parte —Tamaki se incorporó a la conversación mientras bajaba las escaleras. —Tampoco me preocupa mucho —me tranquilizó Reiji—. Yo sigo pensando que Keitsuke debería haberla hecho desde hace mucho tiempo. —Y da igual —comentó el hermano menor—. Va a ser un buen combate. Keitsuke no va a perder ante el primer criajo que se le presente. —Yo sólo quería que lo supieras —la joven agente jugueteaba un poco con un

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mechón rubio—. No te confíes. —Tranquila, Shirona. Era algo que no tenía intenciones de hacer. Al fin y al cabo, es un buen rival. —¿Y yo qué? —se entrometió Tamaki. —A ti te veo en la final —me limité a responder—. Espero que no te achantes. *** Cuando llegué al Coliseo ya se habían llenado todas las gradas, con incluso más localidades ocupadas que el día anterior. Me sorprendió ver que una de las secciones del óvalo que formaba el estadio se había presentado con una pancarta que pretendía animarme. Aún sí, también había mucha gente del lado de Shin, coreando su nombre a gritos. —Saludos, Keitsuke —Shin jugueteaba con el ala de su sombrero sin prestar mucha atención al ambiente—. ¿Preparado para ver el fin de la vía por la que nos guía el destino? —No existe tal cosa como el destino. Pero, sí, quiero ver el resultado que nos trae la esa mezcla de circunstancia y potencial. —Dejémoslo entonces ante el azar. —O la habilidad —apunté—. No puedes dejarle todo a la suerte. —Tal y como quieras que nombrar a esa fuerza, será mejor que la dejemos ser.

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—¡Y llega la segunda ronda de combates! —gritó Ryûta—. ¡En esta ocasión, se enfrentarán Keitsuke Kiriyama y Shin Shirokawa! Como ya era habitual, las palabras del carismático presentador lograron en el público un efecto de emoción, por lo que todos empezaron a corear, aplaudir y a gritar nuestros nombres sin control. De un salto, subí a la virtual plataforma donde se llevaría a cabo nuestro combate y me aseguré de que Ralys estuviera a punto para luchar. Tres... Dos... Uno... Ryûta ya había marcado la señal de comienzo, pero Shin se paró en seco. —Espera —el chico se acarició su brillante y puntiagudo cabello. —¿Qué? —No me parece que haga justicia si conozco a la perfección el funcionamiento de tu arma y tú siquiera has visto la mía. —Justo es —respondí— Pero innecesario. —Lo veo de vital importancia —Shin se sacó una pequeña caja forrada en cuero de su bolsillo—. La lucha no será satisfactoria si la balanza de las condiciones se inclinase a mi favor. —¿Pero qué está haciendo Shirokawa? —se asombró el comentarista—. Parece que busca un combate limpio y sin ventaja alguna. —Esta —comentó, sacando una pequeña caja de su bolsillo— es Black Cat, y Sekai – Segunda Saga

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como podrás comprobar... —abrió la cajita, que lanzó a su mano izquierda cinco cartas —. Es mi arma. —Entonces esas cartas con las que llevas todo el tiempo jugando... —...Son mi herramienta de combate, sí. —Bien entonces, ¿no? Pues a echar una partidilla con las cartas. —Es la hora de jugar... Al Póker. Shin abrió sus cinco cartas como si de un abanico se tratara y me las mostró. —Te explicaré las reglas de juego —lanzó una carta al aire—. Primero, los ases. La carta aumentó ligeramente su tamaño y el muchacho la agarró con su mano libre y empezó a zarandearla como si de una daga se tratase. —Arma cuerpo a cuerpo, como puedes ver —soltó la carta, que se disolvió en una nube un brillante humo plateado, mientras que el cubilete lanzó otro naipe más a su mano para suplir su ausencia. Los ases serían un buen contraataque para mi nuevo katar, por lo que veía. —Lo siguiente son las cartas numeradas —tomó tres de ellas y las lanzó hacia lugares diversos—. Proyectiles. Cada una tiene sus funciones especiales, pero, hablando de una forma general, proyectiles, como los que tu ese reloj puede lanzar. —Bien —respondí—. Sigamos.

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La cajita reaccionó de nuevo, proporcionando otras tres cartas al chico, que ordenó meticulosamente en su mano. —¡Ah! ¡Estoy de suerte! —Shin lanzó al aire un naipe que se magnificó hasta el punto de superar su propia altura. —Una Sota. Sota, Caballo y Rey. Las cartas reales. —Parece que sabes del tema —reparó— Venga, dispárame. Apunté con precisión al cuello del joven y lancé tres disparos consecutivos, pero el gigantesco naipe se interpuso entre los balazos. —Buen escudo. ¿Es muy resistente? —Puede —admitió mientras su carta se esfumaba—. Hablemos ahora de las reglas del Póker. ¿Conoces las prioridades? —Pareja. Dobles parejas. Trío. Escalera. Color. Full. Póker. Escalera de color. Escalera real. En algunas variedades, también repóker. —Eso es. No es más que pedir al azar que me procure cinco buenas cartas. Deshacerte de las que no quieras, quizá. Y... ¿Sabes qué pasa al combinar jugadas? —¿Pedir al azar? No es más que pura matemática combinacional. —Dejando de lado tu visión objetiva y científica de la diosa fortuna... — resopló, dándome la espalda—. Las jugadas se potencian. Pensándolo bien, tenía lógica. Si un proyectil común tenía cierta potencia, un

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Trío de sietes, por poner un ejemplo, debería dar un buen golpe. Otro ejemplo podría ser un Full de nueves y reinas, que después de golpear, bloquearían los ataques devueltos. Solté una corta carcajada. Incluso su arma no era más que un juego. Ya sea azar o probabilidad, necesitaba tener una buena mano. —Exacto —rió el chico, abanicándose con las cartas—. Y el Jóker, como bien sabrás... Puede tener absolutamente cualquier efecto que se le ocurra. —Entonces... —...Que empiece la partida —concluyó. El combate había empezado para los dos, pero ninguno hizo un solo movimiento. Yo desplegué la hoja de mi arma mientras que él sólo miraba su cartas, contando en voz baja los valores. El escenario era totalmente cuadrado e invitaba a un combate directo, sin más vacilación. No había mucho lugar para la estrategia y tuve el presentimiento de que lo único que determinaría el fin de la batalla sería nuestra actuación inmediata. Aún así, decidí comenzar el enfrentamiento de una forma suave. Preparé un par de flechas. —Deshagámonos de estas inútiles cartas —Shin comenzó a lanzar naipes de combate a distancia. El aire comenzaba a sufrir las colisiones de las armas. Yo me limité a sonreír. Sekai – Segunda Saga

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Acerté pensando que la primera idea de Shin sería deshacerse de las peores cartas para lograr rápidamente con las superiores. Crash. Una carta que había superado todas mis flechas se acercaba peligrosamente a mi hombro. Aunque yo también tenía juego para rato. —Pareja de nueves —rió burlón—. No esperarías que me deshiciera de cartas a lo loco, ¿verdad? No será tal tu fortuna. —Debí haberlo pensado mejor... Oh, vaya... ¡Si lo he hecho! —mostré a mi adversarios las cartas ensartadas en la punta de mi Katar. —Eres bueno, Keitsuke. —¿Acaso lo dudabas, señor prodigio? —chasqueé los dedos. —Oh... Vaya... Qué rápido se extienden los motes —se tocó su puntiagudo pelo con una mueca despreocupada. —Que lo sepa no implica que me importe. Tampoco vas a ganar sólo por eso. —¡El combate está que arde! —la voz de Ryûta llenó nuestras cabeza— ¡Un ardiente combate de fría lógica! Lancé un par de tiros más para despistar y me precipité a por mi adversario. Era el momento para propinarle un golpe directo. —No, no, no —tomó una de sus cartas, marcada con el as de picas y la empleó

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para combatir mano a mano conmigo. Ambas armas colisionaron varias veces con fuerza, con un estridente ruido metálico. —Qué cartas más resistentes, ¿eh? —reía el chico. —Es lo menos que podríamos esperar por parte de Sekai, ¿no? Buenas armas. Lo demás es cosa nuestra. —Exacto —sonrió, viendo su carta disolverse en el aire. —Oh... Se te acabó el juego —aun sabiendo que podría guardar otro as bajo la manga, quise parecer despreocupado—. ¡Prepárate! —Diosa Fortuna, yo te invoco —comenzó a murmurar—. Que tu voluntad cree nuestro camino en esta contienda. Es la hora... Del Jóker. Shin lanzó la carta hacia arriba. Al caer, un fogonazo de luz me cegó por un momento. Un intenso dolor me llenó la pierna izquierda, haciéndome desplomarme de rodillas en el suelo. Por su parte, mi rival también hizo lo mismo. —Es lo que tiene esta maldita carta... Es de doble filo —resopló decepcionado —. Pero, qué se le va a hacer. Que la lucha prosiga. A pesar del evidente dolor en la pierna, al cabo de casi una hora la lucha no había avanzado en ninguna dirección. Todo se resumía fácilmente en varios golpes sin destino y otros pocos que sólo golpeaban una defensa. Tosí. La lucha comenzaba a cansarme. La extraña sonrisa de mi adversario Sekai – Segunda Saga

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también parecía extenuada. Era hora de ir a por todo. —Gané —vaciló Shin, mostrando cuatro de sus cartas—. Por fin lo tengo. Póker de reyes. —Aún no está todo jugado. Es la hora... De ir a por todas. Tomé la muñeca en la que llevaba el reloj con la mano derecha. Empecé a cargar toda mi energía para un último disparo, aunque supiera que no era más que una locura con muchas posibilidades de fallar. —Está bien. Es la hora del todo o nada. Con un alarido de dolor, lancé mi último disparo.

Un duro combate de fría lógica ha comenzado. Keitsuke esta vez se enfrenta a un prodigio que cree en la fortuna como la mayor potencia de combate. Nuestro héroe, por su parte es objetivo. ¿Quién saldrá victorioso? Lo sabremos en el próximo capítulo. En otro orden de cosas... ¿Por qué todos son tan arrogantes al combatir? ¡Echémosle la culpa a la adrenalina del momento! Sekai – Segunda Saga

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Decimoctavo episodio de Sekai.

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