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Había Una Vez REVISTA DE LIBROS Y LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

N°26 AÑO 2017

ISSN 0719-9341 versión en línea


Concurso para mediadores de la lectura

“Innovación en mediación lectora” ¿Tienes una experiencia destacable en promoción de la lectura? Compártela con nosotros y participa en el primer concurso desarrollado por Fundación Había Una Vez. Esta es una invitación a personas e instituciones: escuelas, bibliotecas, centros culturales, empresas, etc. a compartir su experiencia y contribuir así al fomento lector de niños, jóvenes y adultos. Inscripciones, información y bases en nuestra página web: www.fhuv.cl

¡Participa!

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Índice 04

Editorial

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Entrevista: Inés Garland

10

Columna: Lola Larra

12

Reportaje: Literatura y asepsia: sobre el gusto por limpiar

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Reportaje: Violencia y libros ilustrados

24

Columna: Sara Bertrand

26

Reportaje: Violencia en la LIJ chilena

34

Reportaje: Azul. El dolor de la infancia

40

Columna: María Paz Garafulic

42

Reportaje: En torno a la violencia en la LIJ

50

Nuestro Ilustrador: Gusti

60

Recordando a... Jella Lepman

64

Mis favoritos: Roger Mello

66

Dosis de lectura: Flon-flon y Musina

68

Destacamos: Rapa Nui, la editorial amiga de los niños

70

Recomendados

72

Mediadores

87

Comité de valoración FHUV


EDITORIAL

Algo incómodo

M

uchas veces en nuestra vida adulta nos toca convivir con la incomodidad. Una pregunta que nos descoloca, un tema del que no nos gusta hablar, una persona con la que no queríamos encontrarnos o una conversación que no queríamos enfrentar. Lo que nos ha ocurrido con este número de la Revista se parece a eso. “Violencia”: una palabra que ya es incómoda de pronunciar, como si nombrarla conjurara algún extraño poder y atrajera algo negativo. No fue fácil enfrentar este número, sobre todo cuando se cruzan temas como violencia y literatura infantil y juvenil, que de manera preliminar parecieran no moverse en la misma frecuencia. Sin embargo, al detenernos un poco más nos damos cuenta de que la violencia ha estado siempre presente en la literatura infantil, ya desde los clásicos en sus versiones originales: las hermanas de la Cenicienta no terminaban como simples espectadoras del éxito de su hermanastra, sino con los pies sangrantes tras habérselos cortado para que les cupiera el zapato y con los ojos picoteados por palomas. ¿Qué ha pasado entre esa gráfica versión de los hermanos Grimm y la edulcorada versión de Disney? ¿En qué momento la literatura optó por disfrazar la realidad para hacérsela más amable a nuestros niños? ¿Cómo se relaciona el mundo interconectado, explícito y violento que vivimos hoy con una literatura que parece cuidar a los niños? Todas estas preguntas y más nos hicimos en este número. ¿Cómo hablar de violencia sin encasillarla? Abriendo la conversación y dando espacio a sus diferentes formas y nombres: xenofobia, guerra, bullying, maltrato, abusos. Todos temas de hoy y de siempre. ¿Vale la pena que la literatura infantil y juvenil los aborde y ensucie un mundo en que prima la fantasía? La invitación es a hacerse la pregunta y a atreverse a entrar en esa zona incómoda. Porque la incomodidad finalmente tiene que ver con no conocer el desenlace, y aunque hagamos múltiples esfuerzos, será imposible mantener a los niños de hoy ajenos a un mundo violento. Pero no todo es negro, y así como hay flores en el desierto, leer y hablar de violencia nos obliga a reflexionar, empatizar, sentir rabia, pena y también esperanza. En el fondo, nos conecta con el otro. Y ese es un lugar que la literatura nunca debiera dejar de revisitar.

Magdalena Palma Directora Ejecutiva Fundación Había Una Vez

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ENTREVISTA

Inés Garland, escritora argentina

“Se da mucho en la literatura una violencia que es tan oscura que no tiene salida, yo a eso no adhiero” Por Catalina González, editora RHUV

La escritura instintiva, esa que va armando el libro a medida que se escribe, es la que practica Inés Garland. Sin premeditarlo, ha dedicado sus últimas obras a un público juvenil, al que ella pretende mostrar la realidad sin tapujos: cruda y oscura, pero que convive con la belleza y la luz del mundo que la rodea.

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Fotografía © Hartwig

a adolescencia es probablemente una de las edades más complicadas por las que nos toca atravesar. Una etapa de tránsito, en la que sentimos todo intensamente y nos forjamos como adultos. Inés acompaña a los jóvenes en ese camino, y lo hace a través de novelas en las que no hay espacio para tabúes. Sus personajes transitan a la adultez de manera brusca, violenta, y son testigos, desde diferentes escenarios, del acontecer político y social que los rodea, del abuso de poder, abusos sexuales y, sobre todo, de las diferencias.

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Su novela Las otras islas habla del conflicto de Las Malvinas; Piedra, papel o tijera transcurre en la dictadura y fue premiada como mejor novela juvenil del año 2009 por la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de Argentina (ALIJA). Su última novela para jóvenes se llama Los ojos de la noche, y trata también sobre la violencia, pero esta vez en las relaciones de amor.

¿Qué es lo que te provoca tocar temas complicados y violentos en la literatura juvenil? - Cuando empecé a escribir Piedra, papel y tijera no tenía intención de tocar la dictadura. Lo comencé como un cuento corto; había un tipo de violencia en el plan, pero era social. Eran dos amigas, una iba los fines de semana a la isla y la otra era isleña. En la adolescencia se dan cuenta de la diferencia social que las separa y eso es una clase de violencia, la de las sociedades.

Cuando lo revisó la editora de adultos, ella pensó que podía ser concebida como una muy buena novela para jóvenes, y así resultó.

¿Qué te provoca eso? - Ha sido genial para mí. Justo hoy estuve muchas horas en un colegio, con chicos jóvenes. Me preguntan muchas cosas y hablamos sobre temas complicados. Entre ellos, salió la violencia. Me gusta porque no escribí la novela para jóvenes, y resultó siendo para ellos. No pienso distinto cuando escribo una novela para jóvenes o cuando escribo una novela para adultos. Me parece que eso lo terminan resolviendo los editores. Yo escribo lo que la historia necesita, después se ve…

Luego, mientras lo escribía pasó algo bastante raro: apareció el personaje de Marito, que es isleño también. En mi cabeza sabía que iba a militar en los años setenta, que iba a ser políticamente muy activo. Con esto me di cuenta de que era una novela y decidí que iba a transcurrir en ese tiempo. Parezco medio loca cuando te lo digo, pero es que yo escribo así. Las cosas se me van apareciendo en la mente. Entiendo lo que voy a decir cuando ya lo dije.

¿Con qué tuvo que ver este cambio de rumbo en la historia? - No tomé una decisión consciente, pero sí sé que tuvo que ver con que yo en la dictadura tenía 16 años, por lo que se relaciona con mi propia vida, independientemente de que hay material que yo investigué. En esa época yo iba a un colegio de monjas, igual que Alma, la protagonista. En mi casa no se hablaba del tema y yo me enteré de todo muchos años más tarde, en un viaje que hice. Ahí tuve una sensación horrible de culpa, de no haberme dado cuenta de lo que estaba pasando, de haber sido engañada. Tuve muchos enfrentamientos con mis padres por esto. El tema quedó dando vueltas en mí, hasta que escribí la novela. La violencia impactó en mi vida, necesitaba entenderla y por eso me decidí a escribirla.

¿Escribiste la novela pensando en adolescentes? ¿O también eso se dio espontáneamente? - No escribo para jóvenes pensando que el libro es para ellos. Lo que sí sabía era que la protagonista era joven.

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“Parezco medio loca cuando te lo digo, pero es que yo escribo así. Las cosas se me van apareciendo en la mente. Entiendo lo que voy a decir cuando ya lo dije”.


¿Cuál es tu opinión con respecto a si la literatura juvenil tiene o no que dar espacio a temas violentos? Independientemente de que sean temas oscuros. - Los niños y adolescentes están sometidos a todo tipo de violencia en la televisión, en los medios, en cada paso que dan en la vida que los rodea. Me llama la atención que la violencia y la sexualidad aparezcan como tabú para estos grupos y pienso exactamente lo mismo con respecto a ambos. Bombardean a los niños por todos lados y después no quieren que los libros les muestren lo que están viendo todo el día. La violencia me interesa que apele, en algún momento, a lo más luminoso que tenemos los seres humanos. El tema puede ser todo lo oscuro que quieras, pero tiene que mostrar alguna salida. El ser humano necesita tener esa luz al final del oscurantismo, esa ilusión de que

las cosas pueden cambiar y pueden ser mejores, esa confianza en el costado luminoso de nosotros mismos. Ahora se da mucho en la literatura una violencia que es tan oscura que no tiene salida, yo a eso no adhiero.

¿Por algún motivo en especial? - Porque soy idealista y me parece que si vamos a hablar de violencia sin salida o de oscuridad total, estamos simplemente abandonando algo que está ahí. Creo que la literatura aspira a algo más.

¿A qué, por ejemplo? - Creo que apela al lado más luminoso, compasivo y amoroso del ser humano. Tiene que haber un personaje que sea querible o amoroso en una historia. Ese tipo de literatura donde solo hay víctimas y victimarios no me interesa para nada. Ni para mí, ni para los jóvenes. Me da la sensación de que tenemos que apelar a algo más, pero eso es una opinión personal.

¿Intentas torcer la historia para que termine bien?

“La violencia me interesa que apele, a lo más luminoso que tenemos. El tema puede ser todo lo oscuro que quieras, pero tiene que mostrar alguna salida”.

- No, de hecho, Piedra, papel o tijera no termina bien y los chicos me viven preguntando por qué lo terminé así, pero yo veo ahí una luz. La veo en la historia de la dictadura, la veo en lo que fue de los hijos y los nietos de los desaparecidos. Me parece que el final que elegí, sin ser alegre, tiene que ver con esta única luz posible que queda dentro de la historia. Que haya gente que siga preocupándose por los desaparecidos políticos, que los sigan buscando y que haya abuelas que los sigan queriendo encontrar, que haya toda una sociedad involucrada en que aparezcan; eso no puede sino hablar de la luz de la que te hablé antes.

Te reúnes con jóvenes. ¿Cómo crees que es su percepción del mundo violento en que vivimos? ¿En qué buscan refugio? - Hoy justamente hablábamos de la violencia en sus relaciones amorosas. En Los ojos de la noche, el novio de la protagonista le dice que van a pasar las vacaciones juntos, pero él la abandona a último momento y parte solo a Brasil; le manda fotos con garotas y ella sufre mucho. De algún modo, él la maltrata. Una de las chicas me preguntó por qué ella no volvía con este novio, a mí me llamó la atención y le pregunté: ¿por qué querrías que volviera con alguien que la hace sufrir? Ella me miraba…

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Yo creo que ellos viven una naturalización de la violencia espeluznante. Yo no tengo televisión hace años y me impresiona lo distinta que soy a personas que están todo el día expuestas a escenas violentas en la televisión.

¿Qué puede hacer la literatura con respecto a esto? - Le puede dar una vuelta, hacernos pensar. Con las imágenes, la violencia se percibe distinta. Desde la literatura, el protagonista o cualquier personaje puede reflexionar sobre el tema. Mientras que la imagen te la enchufan, vos tenés que mirar y no tenés tiempo para reflexionar, es tal el bombardeo que no te da tiempo de digerir. Esa falta de pausa genera una desconexión muy grande con lo que te producen esas imágenes. Creo que es importante que la violencia sí aparezca en la literatura, pero que lo haga con cierta reflexión. Creo que la literatura te da más ese espacio.

¿Cómo crees que lo están haciendo los demás autores en literatura al tratar estas temáticas? - Al menos yo elijo leer novelas que, aunque traten la violencia, estén llenas de amor y cosas buenas también. De lo contrario, ni siquiera las hojeo porque sé que me van a afectar, pero es por cómo soy yo. Apunto al tipo de literatura en la que el ser humano tiene, en sí mismo, la posibilidad de conectarse en cualquier momento con el amor, por más espantoso que sea todo.

Fotografía © Alejandro Guyot

“El amor lo presento como un problema. Es como si fuéramos un instrumento que está afinado a la perfección y que se desafina permanentemente”. 10 | HABÍA UNA VEZ


En tu obra el amor se aborda como algo complejo, se trata de historias tristes ¿Qué buscas con esto?

¿Qué otro tema crees que es urgente tratar desde la literatura?

- Las dos cosas van juntas: amor y dolor. El amor lo presento como un problema. Es como si fuéramos un instrumento que está afinado a la perfección y que se desafina permanentemente. Cuando nos desafinamos, nos desencontramos. El amor es un problema porque en su máxima afinación es maravilloso, pero todo el tiempo nos desafinamos. Por eso me aparece a mí como un problema, porque entiendo que es esa búsqueda de encuentro con otro, de compartir y quererse. Eso es difícil y ese camino está lleno de obstáculos. Así, tal cual, lo muestro en mis libros.

- Todas las desigualdades, la poca tolerancia con las diferencias. Pero no es que crea que es urgente tratarlas desde la literatura, creo que tenemos que pensar en estas cosas primero, reflexionar, para después poder escribir sobre ellas. Tenemos que estar preocupados como seres humanos, y después aparecerán los temas en nuestra literatura.

Piedra, papel o tijera Santillana 2009

Las otras islas Alfaguara 2012

El bullying en redes sociales y todo lo que está pasando con ellas es un temazo.

Los ojos de la noche Santillana 2016

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COLUMNA

Representar la violencia Por Lola Larra, periodista, escritora y directora de Ekaré Sur.

Recuperar, a través de la literatura, los pedazos de un mundo roto.

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n la pasada Feria del Libro de Bogotá, fui invitada a una mesa sobre “Memoria, violencia y literatura” a propósito de mi última novela, Sprinters, los niños de Colonia Dignidad. Allí, compartí charla con la escritora vasca Edurne Portela, cuyo libro El eco de los disparos da cuenta de los peores años del conflicto de ETA en el País Vasco. También con la periodista bogotana Marbel Sandoval, que en Joaquina Centeno recupera la voz de las madres de hijos desaparecidos durante el conflicto armado colombiano y con el antioqueño Gilmer Mesa, quien narra de manera desgarrada y testimonial la historia de una banda de adolescentes en el Medellín de fines de los ochenta en La cuadra. Ninguno de los libros que nos convocaba es “para niños” o “para jóvenes”; se trata de textos “para adultos”. Sin embargo, los cuatro visitan el territorio de la infancia y de la adolescencia en escenarios cargados de intimidación y violencia. La moderadora, Cristina Lleras, curadora del futuro Museo Nacional de la Memoria de Colombia, lanzó a bocajarro las primeras preguntas: “¿No podríamos pensar que la representación de la violencia sirve también para su naturalización? ¿A través de esta memoria de la violencia, no terminamos adaptándonos como lectores a ella?”. Si no en todos los temas, en este punto estuvimos los cuatro de acuerdo: por el contrario, recuperar a través de la literatura, o de cualquier otra manifestación artística, los pedazos de un mundo roto por la irrupción temprana y feroz de la guerra, el terrorismo, la pobreza, el abuso o cualquier otra cara de la violencia es una manera -una de las tantas- de reconciliar y reparar.

“Un niño tiene el derecho a saber que la gente se muere...” 12 | HABÍA UNA VEZ

Edurne Portela lo esbozó de manera diáfana: “¿Podemos reconstruir nuestra sociedad e imaginar la convivencia, sin dar espacio en nuestra memoria a las víctimas de la violencia? A través de la elaboración imaginativa del pasado, a través de relatos éticos y empáticos, podemos indagar en los aspectos más opacos del conflicto, desnaturalizar la violencia, investigar el porqué de nuestros silencios y de nuestra indiferencia, intentar comprender (sin justificar) las dinámicas del terror y del abuso”. No fuimos los únicos que conversamos sobre violencia, guerra, memoria y olvido en la FILBO. Los colombianos


Yolanda Reyes (Los agujeros negros), Jairo Buitrago (Camino a casa), Gerardo Meneses (La luna en los almendros), Irene Vasco (Paso a paso), Ivar Da Coll (Tengo miedo), Francisco Montaña (No comas renacuajos), entre muchos otros autores colombianos, así como los ensayos de Beatriz Helena Robledo, o las mesas que hubo en la FILBO acerca de cómo convertir el dolor y la violencia de la guerra en Colombia en literatura para niños; todos ellos reconocen la imposibilidad de mantener a los niños fuera de lo que sucede en el mundo. “Un niño tiene el derecho a saber que la gente se muere, que en las guerras hay torturas y desapariciones y que en la vida también hay espacio para el horror. ¿Se confundirá? ¿Se hará preguntas cuando cierre el libro? Por supuesto. Pero protegerse, en muchos casos, significa nombrar las cosas que causan horror”, comenta la escritora colombiana Lina Vargas. ¿Qué mostrar? ¿Qué esconder? ¿Cuál es el límite? La pregunta va y viene, pero siempre regresa, y no solo en el ámbito de la literatura infantil. Hace poco, a propósito del atentado en la Rambla de Barcelona, fueron muchos los periodistas, fotógrafos y editores de diarios que se preguntaron, una vez más, hasta dónde es legítimo mostrar y qué es legítimo mostrar, dónde termina la información a la que tenemos derecho y dónde comienza el morbo.

Fotografía ©Lisbeth Salas

aún tenían muy presente el plebiscito del año pasado, y las noticias de asesinatos, bombas, represiones y femicidios circulaban por los pasillos y los entretelones de la feria como un recordatorio permanente de que las cosas no están nada bien en nuestro continente. Seguramente son ellos, los colombianos, a causa de más de sesenta años de conflicto armado en el país, los que han entendido mejor en Latinoamérica lo necesario que es hablar de todos los temas, incluidos los más ásperos y brutales. Y también son los que han hecho la reflexión más profunda acerca de lo vano que resulta intentar proteger a los niños del mundo tal como es.

Lola Larra (Claudia Larraguibel) nació en Santiago de Chile, creció en Caracas y trabajó muchos años como periodista en Madrid, en medios como El País, Cinemanía, Rolling Stone y Vogue. Ha publicado cuentos, crónicas y las novelas Reír como ellos, Reglas de caballería, Donde nunca es invierno, Puesta en escena y Al sur de la Alameda, libro que ha recibido varios reconocimientos. Entre ellos, destacan el Premio Municipal de Santiago, Marta Brunet, Amster-Coré, Lista White Raven, Los Mejores del Banco del Libro y el Premio Cuatrogatos. Su última novela es Sprinters, los niños de Colonia Dignidad (Hueders, 2016). Actualmente vive en Santiago, donde dirige Ediciones Ekaré Sur, un sello de libros ilustrados para niños y jóvenes.

¿Y dónde quedan los niños ante estas dudas y preguntas? Nuestra poca confianza en la inteligencia y perspicacia de los niños y jóvenes a veces nos lleva a querer alejarlos de libros que toquen temas “no apropiados” para su “inocencia”. A diferencia de los noticiarios, la televisión o el cine, a los libros, creo yo, se les suele poner un baremo muy recortado, como si el libro fuera un escenario que debe mantenerse incólume y ajeno ante un mundo plagado de ruidos, de imágenes descarnadas y de conflicto. Entonces pienso en libros tan bien logrados como La composición de Antonio Skármeta, ilustrado por Alfonso Ruano, que habla con potencia, sutileza e incluso humor de temas difíciles como la dictadura o la delación. Pedro, el protagonista, un niño que percibe que la muralla divisoria entre el mundo de los adultos y el de los niños no existe, nos recuerda que ese ímpetu protector no es más que una ficción de nosotros los adultos, un andamiaje para nuestra propia tranquilidad.

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REPORTAJE

Literatura y asepsia:

Ilustraciones de Valeria Castro | valeria.castroo@mail.udp.cl | behance.net/drawinklove

sobre el gusto por limpiar

“La ley no debería imitar a la naturaleza. En todo caso, mejorarla. La ley la ha inventado el hombre para regular las relaciones sociales. La ley determina qué somos y cómo vivimos. Podemos cumplirla o violarla. La gente es libre. Su libertad está restringida a la libertad de otros. Y el castigo. El castigo es venganza. Sobre todo si hace daño sin prevenir el crimen. Realmente, ¿a quién venga la ley? ¿Venga a los inocentes? ¿Y los que hacen la ley son inocentes?” No matarás, Krzysztof Kieslowski. Por Pablo Álvarez, editor en Ekaré Sur

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E

l joven Jacek, protagonista de la película No matarás del director Krzysztof Kieślowski, en un acto puramente irracional y salvaje, asesina a un taxista sin ningún móvil aparente. La escena del asesinato es desgarradora, violenta y de un verismo angustiante y sucio. Primero lo asfixia, desde el asiento trasero del taxi, con una cuerda que vimos repetidas veces antes, como una suerte de sentencia o advertencia. Ante la resistencia del taxista, que lucha para no perder la vida, Jacek se baja del asiento trasero y le asesta fuertes golpes en los brazos para que deje de tocar la bocina. Se detiene un momento y se baja del taxi, rodeándolo, al acecho. El taxista intenta liberarse, con dolor, pero Jacek abre la puerta y golpea esta vez la cabeza del hombre con duros golpes descendentes. La mirada del taxista, agónica, escruta a Jacek, quien no soporta la visión de la muerte sobre sus ojos y solo puede proferir “Jesús” para luego cubrirle el rostro destruido con una manta. Lleva el taxi al borde de un río y baja al sujeto, arrastrándolo hasta la orilla. El hombre sigue vivo, balbucea algunas palabras con dificultad, con desesperación, mientras Jacek busca algo a su alrededor. Encuentra una piedra, una gran y contundente piedra, toma aire, duda, se llena de valor y termina con la vida del desdichado aplastándole la cabeza. Jacek, que nos recuerda a Caín, es condenado a la horca, suerte de correlato de la cuerda que vimos en distintos planos. En toda la historia de la literatura podemos encontrar episodios de violencia: el conflicto edípico en la tragedia griega; la muerte del hermano justo, Abel, en la tradición bíblica; la imagen pornográfica en el marqués de Sade (ofensivo o indignante para ciertas sensibilidades). Hacer un inventario del desarrollo de los temas ligados con la violencia en la literatura sería prácticamente imposible, además de inútil. De la misma manera que parece inútil inventariar los rasgos o sesgos de violencia que existen en la literatura dirigida para niños y jóvenes. En la tradición occidental de este tipo de literatura, la violencia ha estado presente en una cantidad importante de narraciones, que sufren modificaciones según los tiempos que corren. Los hermanos Grimm supieron codificar esa violencia en relatos ejemplificadores; Ítalo Calvino, en sus versiones de los cuentos folklóricos italianos, no deja títere, dragón ni príncipe con cabeza; el doctor Heinrich Hoffmann no se guardaba recursos para aleccionar a sus pacientes con su famoso Struwwelpeter. El inventario de la violencia, en tiempos de lo políticamente correcto, es el camino que los estados parecen haber tomado. Existen instituciones que utilizan diversos mecanismos para el control de lo que es correcto o no es correcto decir; para el control de la producción de los discursos. Algunas sociedades

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“Hacer un inventario del desarrollo de los temas ligados con la violencia en la literatura sería prácticamente imposible, además de inútil”.

funcionan de manera más o menos represiva; otras lo hacen de forma solapada, utilizan la censura y el control de manera subyacente. Así, en algunas instancias, se llevan a cabo procesos de revisión de colecciones completas de libros con el fin de encontrar rasgos o discursos que atenten contra lo enmarcado dentro de lo correcto, por nombrar un ejercicio. En un breve, pero fundamental ensayo, Michel Foucault indica: “supongo que en toda sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por cierto número de procedimientos que tienen por función conjurar sus poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y temible materialidad. En una sociedad como la nuestra son bien conocidos los procedimientos de exclusión. El más evidente, y el más familiar también, es lo prohibido” (El orden del discurso). Foucault distingue también otros dos grandes procedimientos de exclusión: la separación

de la locura y la voluntad de verdad. Sin duda, a través de un nivel de sofisticación, el estado es capaz de controlar los discursos que se producen en diversas esferas de la vida social. Y la literatura no es ajena a ello. En una línea de pensamiento cercana, el escritor sudafricano J. M. Coetzee escribe, citando a Herbert Marcuse: “en el siglo XX […] los estados han desarrollado técnicas para usar la tolerancia con fines sutilmente represivos”. Es común encontrar hoy en día libros que educan en valores globalmente aceptados como la tolerancia, la libertad de expresión, la aceptación del otro, entre otros temas. En esos casos, la violencia es utilizada de manera instrumental, como eje que articula temáticamente un relato en función de un discurso mayor. Haciendo el ejercicio del inventario de lo inútil, podríamos encontrar libros que tratan sobre los diversos tipos de violencia: discursiva, política, sexual, por nombrar algunas. Lo problemático, en esta situación, no sería su abordaje en la literatura (que podría ser muy sano, por lo demás), sino que una especie de homogeneización de los discursos. Una suerte de asepsia en la escritura, cuyo único daño es sobre la literatura misma y, como consecuencia, sobre sus lectores. Lamentablemente, los lectores más desfavorecidos por este tipo de libros son los niños incapaces de seleccionar sus propias lecturas. En países donde existe una inversión del estado en temas relacionados con la cultura, existe al mismo tiempo una preocupación por los discursos que son aceptados o rechazados. Un filtro con el que se seleccionan los proyectos realizables. Así, en una convocatoria pública de fomento de la creación literaria, seguramente aparecerán bases y objetivos que estén alineados con las sensibilidades de turno. La consecuencia más evidente que este tipo de acciones puede tener es la estandarización de la literatura, la homogeneización de los puntos de vista. J. M. Coetzee lo menciona de manera muy clara: “Bajo la censura no florece la literatura. Ello no significa que las órdenes del censor, o la figura interiorizada de este, sean la única -ni siquiera la principal- presión que sufre el escritor: hay formas de represión, heredadas, adquiridas o autoimpuestas, que pueden experimentarse más profundamente”. En el caso chileno, con el antecedente de una larga dictadura militar, periodo en el cual las manifestaciones artísticas fueron violentamente reprimidas, se generó una especie de autocensura, debido a la implementación de fuertes códigos valóricos que permearon la vida cultural y social del país, además de hacer mella en la producción artística. Los sutiles medios de control actuales, que pueden tener las mejores intenciones (todo control de la violencia, por ejemplo, tiene la mejor de las voluntades), no hacen HABÍA UNA VEZ | 17


sino mermar la producción literaria. Con la intención de suprimir o reducir discursos que atenten en contra de los sistemas valóricos actuales, los que valoran temas como la inclusión, la tolerancia y la libertad de expresión, no se hace más que segregar, evidenciar la diferencia y limitar la libertad de expresión. Es una paradoja de la libertad. Es cierto, se reducen, por ejemplo, los discursos discriminatorios, los discursos de odio; pero ¿cuánto pierde la producción literaria al autoimponerse un filtro, una reserva? En ese sentido, Coetzee indica: “A mediados de la década de 1980, me era posible dar por supuesto que la intelectualidad compartía en líneas generales mi opinión de que cuantas menos restricciones legales se aplicaran a la capacidad de expresarse, mejor: si resultaba que algunas de las formas asumidas por la libre expresión eran desafortunadas, ello era parte del precio de la libertad. La censura institucional era una señal de debilidad del Estado, no de fortaleza; el historial mundial de la censura era lo bastante repugnante para desacreditarla para siempre”. El ejercicio de la libertad de expresión es, sin duda, paradójico. ¿Cuánto estamos dispuestos, como sociedad, a soportar opiniones desafortunadas? ¿Cuánto odio, por

ejemplo, somos capaces de tolerar? En la literatura para niños y jóvenes, estos rasgos de violencia o intolerancia han sido completamente suprimidos, blanqueados, en pos de una literatura completamente aséptica e inmaculada. Si la violencia es retratada, se hace para evidenciar lo reprobable de los actos violentos: la discriminación, la guerra, la migración forzada. En ningún caso para problematizar, para discutir las posturas, para ensuciar los discursos. Hace un año asistí a una exposición de Otto Dix en el Museo Nacional de Arte de México. Paradojalmente, yo estaba ahí haciendo un libro para niños. Difícilmente alguna obra de Otto Dix podría integrar las páginas de un libro para niños. Hombres descuartizados, con las tripas revueltas en medio del campo de batalla, o en el fondo de una trinchera infecta. Centenares de muertos que se apilan uno sobre el otro, como una pirámide humana, carne y sangre derramada. El dolor y el miedo en el rostro de figuras ya sin vida, que la perdieron con esa expresión grabada para la eternidad. No hay lecciones en esas pinturas ni en los aguafuertes ni en los grabados de Otto Dix. Solo un sistema de significantes y un tratamiento del enfrentamiento con la muerte y con el horror.

“Los sutiles medios de control actuales, que pueden tener las mejores intenciones (todo control de la violencia, por ejemplo, tiene la mejor de las voluntades), no hacen sino mermar la producción literaria”.

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Es decir, un niño nunca tiene que sentarse sobre cenizas, como Cenicienta, ni es abandonado deliberadamente en un frondoso bosque, como Hansel y Gretel, porque una realidad física similar sería demasiado terrorífica para el niño y perturbaría la comodidad del hogar, mientras que el hecho de dar este bienestar es, precisamente, uno de los objetivos de los cuentos” (Psicoanálisis de los cuentos de hadas). Los cuentos de hadas muchas veces presentan escenarios de violencia o en los que los lectores se ven enfrentados o interpelados. Más allá de las funciones ejemplificadoras o moralizantes que se les ha atribuido históricamente a este tipo de relatos, existe una función socializante y de desarrollo de la personalidad, que es quizás más importante y compleja que la relacionada con los valores o la virtud. La lectura funciona entonces como una externalización significativa de las pulsiones del niño. La violencia, el reconocimiento de personajes malvados, la elección entre opuestos, son partes determinantes en el desarrollo de un lector. El psicoanálisis, por su parte, aporta en la teoría que intenta comprender los complejos procesos de lectura de los niños. En su conocido estudio sobre los cuentos de hadas, Bruno Bettelheim dedica unas páginas a la importancia de la externalización a través de la lectura de relatos. En ese sentido, la literatura funcionaría como una manera de sublimar las pulsiones más irracionales o salvajes del niño. El lector habituado reconoce, en el lenguaje de los cuentos, una serie de símbolos que lo ayudan a ordenar y seleccionar la información que se encuentra en el caos del inconsciente. Para Bettelheim: “El cuento de hadas, aunque pueda chocar con el estado psicológico de la mente infantil -con sentimientos de rechazo cuando se enfrenta a las hermanas de Cenicienta, por ejemplo-, no contradice nunca su realidad física.

En No matarás, el joven Jacek es registrado por una cámara sucia y ambigua. La imagen parece estar teñida por un filtro verdoso que la resignifica, mientras que el lente de la cámara es intervenido o perturbado por una mancha negra que corta la imagen, a ratos a la mitad, a ratos en un círculo que enmarca a los personajes. El recurso tiene un efecto sobre el espectador, que ve ensuciada la imagen, granulosa. No nos permite observar con claridad lo que ocurre en la acción e interviene la percepción de los objetos dentro del plano. El efecto es de ambiguación de los sucesos; no sabemos si juzgar o no las acciones de los personajes, pues sus conciencias, y las nuestras, están intervenidas por esta pátina verdosa. Me gustaría que la literatura siguiera también, a veces, estos derroteros, que dejara los cercos de lo inmaculado y se permitiera, al menos un poco, de suciedad en el lente.

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REPORTAJE

Violencia y Ilustraciones de Camilo Jerez | camilo.jerez.m@gmail.com | camilojerez.com

libros ilustrados

De manera casi natural, la violencia ha orbitado entre otras realidades incómodas de la experiencia de la niñez que se exponen en la literatura infantil. Los cuentos clásicos emergidos de la tradición oral, donde la virtud o la moraleja se instalaron de lleno, son de una brutalidad primaria. Al paso del tiempo, los compiladores como Perrault y los hermanos Grimm se encargaron de matizar estas historias, ocultando elementos demasiado gráficos como asesinatos, incestos y violaciones. En este artículo no pretendemos ahondar sobre este proceso que ya ha sido bien documentado, sino acercarnos a la violencia en los libros ilustrados contemporáneos, donde la situación es distinta. Por Adriana Benítez, maestra de preescolar e ilustradora mexicana, y Jairo Buitrago, autor colombiano de libros para niños. HABÍA UNA VEZ | 21


E

n algún punto, la literatura clásica comenzó a eludir contenidos escabrosos en las historias dirigidas al público infantil, a raíz de los cambios sobre el concepto de niñez. Antiguamente, la violencia fue un recurso para modelar la conducta; sin embargo, después se consideró que los niños debían ser protegidos y mantenidos a resguardo de conductas moralmente cuestionables. Actualmente, son los mismos adultos quienes buscan en la literatura una forma de experiencia vicaria para abordar temas sensibles con los niños. No obstante, la contundencia de la imagen en los álbumes provoca inseguridad en lectores adultos que no están familiarizados con este tipo de libros. Por ello, escritores, ilustradores y editores han utilizado la metáfora como una mediación para evitar la exposición directa de la violencia frente al lector. Materializada en forma de todo tipo de monstruos e, incluso de ausencia, es una amenaza latente que no se muestra, pero que permite inferir la crudeza de la situación. Esta estrategia se ha utilizado junto con otras para establecer el tratamiento del tema de la violencia por considerarse “difícil” o “espinoso”. Las formas en que se aborda la violencia en la literatura infantil podrían enumerarse de la siguiente manera:

» Positiva » Burlona (slapstick o el absurdo) » Realista

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Positiva: Se plantea una situación violenta que no se muestra literalmente, y se resuelve de la mejor forma posible. Da a conocer una realidad triste, pero el final transmite esperanza y aliento. Un ejemplo es el libro Te quiero, niña bonita de Rose Lewis. El tema principal es el deseo de una mujer por ser madre y la adopción de una bebé; el tema que subyace es el del abandono de la pequeña. La narración transcurre como un relato donde la mujer le cuenta a la niña la historia de su viaje para encontrarse con ella. La paleta de colores es suave y los trazos delicados. La atmósfera creada transmite dulzura y el desenlace es el ideal. Burlona: Los actos violentos adquieren diferente significado en función del contexto. Pueden verse en estos libros golpes, bofetadas, humillaciones, insultos y todo tipo de violencia gráfica. Sin embargo, el humor cambia su intención acercándolo al chiste “de pastelazo” o, como se le conoce en el cine clásico, slapstick. En el álbum Shrek de William Steig, el protagonista es echado de su casa de una patada y durante toda la historia utiliza la agresión como forma de relación común con los demás personajes.

“Si bien los libros por sí solos no solucionan los conflictos, nos ayudan a comprender la complejidad humana”.

Realista: Esta forma de narrar se apega muchas veces a historias de la vida real, aunque no necesariamente se resuelvan favorablemente o con finales felices en todos los casos. Son buenas experiencias para la reflexión y la conversación con los niños. Sinna Mann de Gro Dahle y Svein Nyhus es un álbum que aborda la violencia doméstica de forma directa, mostrando la superioridad del agresor frente a la víctima con el contraste de tamaños entre los personajes y el uso de los colores rojo y amarillo para acentuar la ira del padre, quien se convierte en un gigante capaz de destruirlo todo, hasta a su propia familia. Cabe mencionar que la violencia se manifiesta en muchas formas y está presente incluso en los actos más cotidianos de la vida. Es por esto que resulta necesaria su identificación para evitar que se normalice. Los libros ilustrados han tocado estos temas, en que es posible descubrir lo que subyace en su narrativa. Algunos ejemplos son:

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» La guerra: La historia de Erika. Ruth Vander Zee y Roberto Innocenti

» Racismo: Niña bonita. Ana María Machado y Rosana Faría

» El bullying: Oliver Button es una nena. Tomie dePaola

» Abandono: Te quiero, niña bonita. Rose Lewis

» Discriminación: Voces en el parque. Anthony Browne

» La orfandad: Madeline. Ludwig Bemelmans

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» Indiferencia: Ahora no, Bernardo. David McKee

» Marginación: ¡Un libro! Libby Gleeson y Freya Blackwood

» Machismo: Elenita. Campbell Geeslin y Ana Juan

» Maltrato físico: La peor señora del mundo. Francisco Hinojosa

Este es apenas un acercamiento a un fenómeno que resulta complejo y extenso. También hay que aclarar que los libros mencionados se eligieron por su calidad gráficoliteraria y no fueron escritos con un fin didáctico; la buena literatura lo es a instancias del tema que trata. Si bien los libros por sí solos no solucionan los conflictos, nos ayudan a comprender la complejidad humana.

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COLUMNA

Ese mar de cadáveres Por Sara Bertrand, escritora.

Los jóvenes están dispuestos a dejarse conquistar por la palabra, a establecer una relación con un libro, porque en sus movimientos y continuas mutaciones intentan construirse en distintos frentes, armarse de discurso. Un libro que les habla al oído, por lo tanto, no solo es un buen aliado, sino un compañero de ruta.

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onocí Europa o, mejor dicho, la vi por primera vez gracias a El mundo al instante, unos cortos noticiosos que, entonces, cuando tenía siete años, proyectaba la sala de cine de El Tabo. Aunque tenía butacas de cuero maltrecho, olor a pis y pulgas, conservaba ese garbo de los cines europeos y, en vez de abrir su función con propaganda de ropa, nos mostraba las calles de París, reuniones de cancilleres en La Haya, mujeres en la Plaza Mayor o una fábrica de automóviles perdida en los Alpes. Ese era el mundo que estaba más allá de la cordillera. Un continente en blanco y negro matizado por el sonido de un rollo de película y la voz en off de un locutor español que nos explicaba, acentuando las eses, cómo iba la Europa de posguerra; su reconstrucción, sus alianzas. Una Europa que había sido destruida y vuelta a levantar después de medio siglo de guerras, revoluciones y matanzas. No existe en la historia de la humanidad una confluencia igual de asesinos, dictadores y conflictos armados más sangrientos que la que produjo el siglo XX, y eso, ese horror, de alguna extraña manera, me resultaba atractivo. En algún punto, las naciones acordaron censurar esa avalancha de imágenes de cuerpos mutilados, la fragilidad natural con que se desparrama la carne en la calle, como una torre de palitos, repartiendo piezas al azar. Sobrevivía una que otra fotografía en los libros de historias, pero estaban supeditadas al pudor social ante la muerte, ante los actos de violencia, podríamos especificar. Hoy, un esfuerzo de ese tipo sería inútil. La inmediatez de las redes sociales haría palidecer ese “instante” del mundo de posguerra. La fotografía que nos conmueve un domingo de votación en Cataluña, cuando la policía arremetió contra los votantes, ofreciendo patadas, puñetes, zancadillas y todo tipo de golpes de porras, rápidamente fue reemplazada por la de unos cuerpos caídos en el tiroteo en un festival country en Las Vegas. Un hombre decidió acabar con su vida lanzándose desde las alturas de una habitación de lujo, pero antes, como si fuese un faraón y necesitara compañía para viajar al inframundo, disparó contra la multitud matando a 58 personas e hiriendo a otras 500. Entre ambos actos violentos, no pasaron 24 horas y todos los amigos de las redes estuvimos expuestos al horror, ahora sí, en vivo y directo gracias a la gentileza de los videístas que, incluso en el momento en que se escuchaba repiquetear la metralleta, grababan.

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Díganme si no da para pensar que perdimos el juicio. Vivimos en un mundo raro, un mundo en el que la vida humana, esa carne desparramada, no tiene más valor que los seguidores o likes que alcanzará el avezado que filmó a los caídos de Las Ramblas en Barcelona, un par de meses atrás. Qué duro tragar tamaños gestos de inhumanidad. Qué ridícula falta de compasión. Pero este es nuestro siglo y las palabras de Giorgio Agamben, en su ensayo acerca de lo contemporáneo, suenan tan actuales: por mucho que nos disguste, no podremos huir de nuestro tiempo. En otras palabras, viviremos lo que nos toca. Nos queda, sí, distinguir la luz de la oscuridad, apreciar las sombras, determinar lo numinoso, adivinar entre los escombros la belleza de los porqués. Pero asistiremos al dolor, nos tocará ser testigos indirectos de los infiernos de otros y nuestros jóvenes verán. No podremos evitarlo. Imposible apagar sus pantallas, apartarlos de la Tierra. Ellos miran con la misma curiosidad con que años atrás mi generación veía ese “mundo al instante”. Porque a esa edad uno se dispone a que el mundo le entre por los poros, que te consuma. Los jóvenes van hacia delante con una disposición que es envidiable, nada les parece extremadamente extraño o amenazante, ellos saben cómo adaptarse. Evidentemente, la violencia que les toca no siempre es estelar ni mediatizada por la tecnología, también consumen una que ocurre a puertas cerradas, cuando son víctimas de maltrato, abuso o abandono, pero ellos saben. Y sueñan con encontrar respuestas, con afinar su voz, dar un salto que los ubique en otro extremo. Y están los libros, esa conversación sostenida por el hombre desde tiempos remotos. ¿Un libro puede combatir la violencia? No, no puede, nada detiene el ingenio del mal cuando está dispuesto a manifestarse, pero los libros pueden representarlo, ofrecer un rostro al monstruo de diez cabezas, desenmascarar el poder del cerbero hasta hacerlo traslúcido, sofocando cualquier intento de hipocresía. Porque los libros que les interesan a los jóvenes tienen que ver con esa yugular, una corriente subterránea que corre por sus mismas venas y no admite engaño. Los jóvenes no quieren ser seducidos por palabras vacías, quieren que esa lengua les hable de frente, para comprender, para volverse más fuertes, para tener argumentos, para contratacar. El joven crece en medio de una lucha contra el sistema, es esa etapa maravillosa en la que realmente pensamos que podremos cambiar el mundo y los libros son buenos aliados. Gracias a ellos, pueden dialogar con el tiempo que les toca, ese mar de cadáveres, ofreciendo respuestas contundentes, una estética, un discurso propio. Aprender a mirar lo bello, separar la luz de la oscuridad, requiere trabajo, requiere tiempo a solas y ellos saben, por eso leen como leen.

Sara Bertrand vive y trabaja en Santiago de Chile. Estudió Historia y Periodismo en la Universidad Católica de Chile, donde dicta un curso de apreciación estética de libros juveniles. Ganó el premio New Horizons Bologna Ragazzi Award 2017 con La mujer de la guarda, fue nominada al White Ravens 2017 con No se lo coma y al Banco del Libro 2016 con Cuando los peces se fueron volando; ganó el concurso Alimón de Tragaluz editores con Nuestro gordo; la beca de creación literaria del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes con Cuentos Inoxidables y la de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano con Los acordes del mandinga. Ha publicado en Francia, Colombia, México, Ecuador, Perú, Bolivia, Venezuela y España, y escribe para distintas revistas literarias. Ha sido traducida al francés y catalán. Sus últimas novelas son Álbum familiar y La mujer de la guarda.

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REPORTAJE

Violencia en la LIJ chilena

Ilustraciones de Manuel Méndez Manu con tinta | manuelmendez72@gmail.com | www.instagram.com/manucontinta

El lento camino para

hacerla visible ¿Visibilizamos la violencia en la literatura infantil? ¿Cómo lo hacemos? ¿Qué temáticas particulares queremos tratar? Estas preguntas y más son las que nos hicimos y que quisimos responder a través de las voces de editores chilenos. Cómo se están haciendo cargo ellos de los temas violentos en la LIJ y cómo logran cautivar a sus pequeños lectores. Por Catalina González, editora FHUV

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n el momento en el que nos decidimos a abordar el tema de la violencia en la literatura infantil y juvenil asumimos que la tarea no sería fácil. Cualquier asunto que conlleve una implicancia moral o ética es complejo de tratar. Si a esto sumamos el hecho de que estamos hablando de un tema presente en la literatura que va dirigida a niños y adolescentes, la complejidad se torna aún mayor. A lo anterior hay que agregar el contexto cultural. Como chilenos, somos parte de una cultura tradicional y conservadora que hace que sea muy propio no hablar de temas incómodos o difíciles. Además, la lejanía geográfica de nuestro país hace que las influencias de países lejanos y de culturas diferentes tarden en llegar. Entonces, ¿cómo hablar de violencia y literatura infantil y juvenil? Para entenderla y analizarla, pensamos que primero había que abrir la conversación y considerar diferentes tipos de violencia. Así aparecieron la violencia de género, el maltrato infantil, la xenofobia, el bullying, las violaciones a los derechos humanos, el abuso sexual, el maltrato psicológico y la guerra. Lo más llamativo al abordar el tema fue la respuesta inmediata de cada una de las voces con las que hablamos: “la violencia ha estado siempre en la literatura infantil. Los cuentos clásicos son terriblemente violentos”, fue lo que se oyó sin excepción. Y es cierto. Conocemos, y no nos llaman la atención, relatos como Caperucita Roja o Hansel y Gretel, en los que la violencia es absolutamente explícita. La Caperucita que escribió Charles Perrault, y que rescató de la tradición oral, probablemente no podría ser hoy publicada sin considerar importantes cortes editoriales. “Antes leíamos los clásicos, pero no se concientizaban, ahora hay mucha más conciencia” comenta Rafael López, editor de Hueders, quien concibe a los niños como seres autónomos intelectualmente, reflexivos y parte de la sociedad como cualquier adulto, por lo

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que esconderles ciertos temas no tiene sentido: “Tienen que entender que la violencia está ahí. La violencia está y hay que encontrar la forma en que los niños la saquen. Negarla es absurdo. Tiene que ser parte de su cotidianeidad”.

libro que entregue la mirada de los adultos. La idea es conectar con la sensación de los niños frente a temas difíciles, no con la nuestra, como adultos”, indica María José Thomas, editora de Ocholibros. Esta parece ser la opinión general de nuestras editoriales locales.

Surge aquí una primera postura respecto al tema. La violencia está implícita en todo, entonces es mejor liberarla que negarla. Pero, ¿nos hacemos responsables de cómo comunicarla?

“No hablar de ciertos temas” parece estar pasado de moda en el mundo editorial: “La literatura nos ayuda a pensar, nos permite construir mundos, nos entrega pautas. Hacernos los tontos no publicando libros que aborden la violencia, no”, enfatiza tajante Ana María Pavez, editora de Amanuta. “Es mejor acercarlos al mundo con un producto bien hecho, responsable; que acercarlos, por ejemplo, con un video que pueden ver en YouTube”. Este punto es clave. El consumo de información que tienen niños y adolescentes hoy es excesivo y sin filtros. Son día a día testigos de noticias terriblemente crueles y violentas. Para qué decir lo que pasa cuando entran a internet o son parte de chats en

Sí, la literatura se está haciendo cargo y las editoriales chilenas se están sumando. Sin embargo, también enfatizan la necesidad de un delicado tratamiento del texto, para llegar a un libro cuidadosamente editado, dirigido a cualquier niño, de diversas realidades, con distinto bagaje cultural y que puede haber sido -o no- víctima de violencia. “Es importante abrir esas conversaciones difíciles, pero respetando siempre la mirada de los niños. No sé si tiene sentido hacer un

“Para qué decir lo que pasa cuando entran a internet o son parte de chats en WhatsApp en los que las ofensas o memes agresivos son algo habitual”.

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WhatsApp en los que las ofensas o memes agresivos son algo habitual. Pese a este escenario, existe una cierta prudencia al abordar el tema desde la LIJ, como si el mundo de los libros infantiles y juveniles estuviera alejado de ese contexto. La especialista en LIJ Maili Ow no está de acuerdo con esa mirada: “Me parece que hay que afrontar el tema directamente. No como un panfleto, sino que usando recursos del arte, estéticos, visuales, verbales; bonitas ediciones, un producto de mucha calidad”. Como complemento, cree que las imágenes pueden aportar a tratar este tema, ya que en su opinión los tópicos más difíciles en la literatura infantil son más abordables a través de la imagen que de la palabra: “La visualidad se ha ido posicionando, pareciera que la imagen va más de avanzada, que permitiera decir cosas que las palabras no pueden”. El mundo editorial en Chile no quiere excluir la violencia ni otros temas difíciles de sus catálogos infantiles. Quieren que esté presente y exhibirla responsablemente, desde distintos ángulos, pero, ¿quieren enseñar a través de los libros? La respuesta es no. Al leer un libro, inevitablemente, se integrará conocimiento y experiencia, pero dar pautas a través de la narrativa infantil parece no ser el objetivo final. Al menos, no en las editoriales pequeñas, cuyo principal enfoque son los buenos textos y los relatos atractivos, que despierten interés y curiosidad en sus lectores: “Consideramos que enseñar no es el rol de los libros. Y si queremos fomentar la lectura y que los niños disfruten de ella, creemos que por ahí no va el camino”, comenta María José Thomas: “Si bien la literatura sirve para abrir conversaciones, para plantearse temas, no está ahí para apostolar”. De la misma forma piensa Rafael López, quién está de acuerdo con

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“Dar pautas a través de la narrativa infantil parece no ser el objetivo final. Al menos, no en las editoriales pequeñas”.


que no se excluya la violencia de los libros para niños, pero sin que el tema sea un pie forzado. Para él son esenciales las buenas historias, los relatos contundentes, que despierten curiosidad y ganas de leer. “Mi propuesta es que los libros sean interesantes para los niños y no tengan que estructurarse valóricamente. Sí dar posibilidad a un diálogo, y ahí es donde se les puede enseñar”. La idea parece ser no convertir estos temas en una bandera de lucha, sino dejar que fluya la buena literatura. En esta línea, Rafael López destaca el trabajo realizado por Luigi Amara en su libro Los calcetines solitarios: una historia sobre bullying, que en su opinión aborda el tema de manera fresca e inteligente. Siguiendo esta temática es que Ocholibros publicó su libro Espantoso, de Luis Alberto Tamayo; en él, la historia se desarrolla desde el agresor, que vuelve al colegio después de un año fuera. ¿Qué violencia vamos a mostrar?

“Al parecer, la violencia sexual y la agresión que ocurre en contextos íntimos ha sido más difícil de abordar”.

El entramado social en el que vivimos parece ser un punto de partida común para abordar la violencia en Latinoamérica. La violencia social y política que ha vivido esta parte del mundo ha inspirado una serie de libros. Entre los autores, la mayoría coincide en destacar el trabajo del colombiano Jairo Buitrago. Amanuta, de hecho, se la jugó por publicar su libro Un diamante en el fondo de la tierra, en el que se aborda la dictadura en Chile, con ilustraciones de Daniel Pantoja. Ocholibros, por su parte, desarrolló una colección en la que trabajaron con Villa Grimaldi, y que se llama Hablemos de…, dentro de la que destaca Canción para mañana, en que a través de una metáfora poética se tematiza el terror de quienes pierden a un familiar HABÍA UNA VEZ | 33


durante la dictadura. Y como el contexto social y político va abriendo temas, la migración y la xenofobia no se quedan atrás. Amanuta publicó El camino de Marwan, premiado con un Bologna Ragazzi el 2017, que retrata la realidad cruda de la migración. Así, parece que estamos atreviéndonos a incluir en el trabajo editorial a la violencia; al menos la que se da puertas afuera, en el contexto público. La situación cambia cuando hablamos de lo que ocurre puertas adentro. Al parecer, la violencia sexual y la agresión que ocurre en contextos íntimos ha sido más difícil de abordar; o al menos eso podemos deducir al revisar la oferta de libros. En este ámbito, destaca Estela grita muy fuerte, en el que Isabel Olid y Martina Vanda describen la protesta de una niña a la violencia que sufre su madre por parte de su pareja. Otro buen ejemplo es el realizado por Jutta Bauer con Madrechillona, en el que astutamente y a través de acertadas imágenes se refleja la violencia de una madre a su cría, con un final feliz. En esto coincide Maili Ow: “Hay un conjunto de obras que habla de violencia política, otro de violencia escolar, eso todavía lo podemos tragar; pero cuando ya te metes en violencia contra la mujer, o contra los niños… No he visto en Chile mucho de eso”. Abrir el campo temático a este tipo de situaciones y conflictos es la siguiente tarea. Para Maili, hay algunos autores en Chile que se están atreviendo. “Aquí es clave lo que hace María José Ferrada, que ha seguido un camino menos seguro, pero más innovador a través de sus libros Niños y La tristeza de las cosas, por ejemplo. Sara Bertrand está como en el medio, saliéndose un poco del plan lector y avanzando a obras un poco más desafiantes temáticamente”. Escuela y padres, los protectores Nuestras editoriales sí se atreven. Son capaces y no les asusta producir libros infantiles en los que la violencia esté presente. Pero, ¿qué tanto de esto leen efectivamente los niños? Ana María Pavez es enfática: “Los padres no quieren que sus hijos se enfrenten a temas violentos. Llegan en la noche y prefieren tocar otros temas, leerles otro tipo de cuentos”; incluso, asegura que estos libros no se venden en librerías. El fenómeno sigue la tendencia norteamericana, marcada por una fuerte regulación de la literatura infantil. La asociación de padres juega un rol fundamental en esto y es

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“Trabajar con libros como estos supone mover un poco el piso de lo que pasa en el colegio, y hay muchos a los que aún no les acomoda”.


sumamente estricta a la hora de decidir qué leen los niños. “Los compradores gringos no se interesan por comprar nuestros libros que pueden contener temáticas violentas; ellos quieren algo más bonito”, asegura Ana María. Distinto es lo que ocurre en Europa, o incluso en países de Asia, lugares en que están más dispuestos y abiertos a abordar temas complicados, al menos en el mundo editorial infantil y juvenil. Acá, el espacio que se ha dado a temáticas violentas proviene de algunas editoriales que se han atrevido y se han desmarcado del plan lector. Las grandes multinacionales son menos osadas en el área infantil y juvenil. En Chile, hay además otro freno: las escuelas. Según Maili Ow: “Este tipo de libros se compran, pero no han ingresado a las escuelas como parte del plan lector. Todavía hay muchos prejuicios. Hay una distancia entre el mundo editorial más grande y los libros infantiles que llegan a las escuelas a través de las bibliotecas CRA, o lo que se trabaja en distintos diplomados y seminarios, lugares en los que hay mayor apertura a estas temáticas”. Trabajar con libros como estos supone mover un poco el piso de lo que pasa en el colegio, y hay muchos a los que aún no les acomoda. “Esto es un proceso y se han ido abriendo espacios. El CRA ha dado un gran paso, de ampliar el foco de la lectura, ha abierto espacio a libros no necesariamente parte del plan lector”, reitera Ow. Vemos así que el mundo editorial sí está dando espacio a temáticas como la violencia en nuestro país, pero tenemos que ser conscientes de que esto es un proceso, que avanza lentamente y que encuentra detractores en el camino. Lo que parece ser un acuerdo implícito entre los distintos actores es la importancia de tocar los temas de manera adecuada, sin irrumpir en un espacio que por años ha sido cuidado y protegido. La tónica parece ser visibilizar el mundo como verdaderamente es, violento y crudo, pero con delicadeza, abriendo preguntas, despertando curiosidad, empoderando a los niños como seres autónomos y fuertes.

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REPORTAJE

Azul. El dolor de la infancia

Ilustraciones de Valentina Silva | www.lentinasilva.com

A veces, aprender o enseñar a un niño pequeño a callar, dormir, comer, saludar, no llorar y ser hombrecito, a ser señorita; a respetar a los mayores porque son mayores; a comportarse; a que se (im)pongan límites al juego, a la risa; todo ello puede ser una manera de doblegar el propio yo más que acompañarlo. Por José Andrés Murillo, director Fundación Para la Confianza y autor de Azul.

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l lenguaje no crea realidad. Pero sí puede ocultarla y volverla dolorosa a través de ese otro lado del lenguaje, que es el silencio. Más bien diríamos: silenciamiento. Así ha sucedido durante siglos -y sucede aún hoy- con la violencia cometida contra niños y niñas. Se trata de una violencia que, además de permanecer impune, muchas veces se disfraza de educación, disciplina o respeto por los adultos. Violencia que si no se nombra, se normaliza y fortalece. Aun más, cuando la violencia se normaliza, generalmente se culpa a las víctimas (explícita o implícitamente) del sufrimiento que les produce. Esta es la violencia que queremos nombrar hoy. La violencia contra la infancia que muchas veces es sutil, engañosa. Nombrarla por primera vez o tal vez inventar una nueva manera de llamarla, para superarla. Sin embargo, no podemos comprender la violencia sutil contra la niñez si no pasamos por la violencia brutal de la que aún son víctimas miles de niños y niñas en nuestro país. Muchos más de los que quisiéramos creer1. A veces queremos tanto que no exista esta violencia, que pasa por nuestro lado sin ser percibida como tal, con lo que se fortalece. Entonces hay que juntar valor. Valor para nombrarla, verla, combatirla. Esto permite ir creando los caminos para resignificarla, asumirla y superarla. La violencia que ha sido silenciada. Sabiendo que en muchos casos un niño -un adulto que vive con su historia de niño violentado- no es que no quiera, sino que no puede nombrar la violencia de la que fue víctima. Aunque la sufra, aunque le provoque tristeza. La estructura misma de la violencia y el trauma producen un vacío cognitivo respecto de lo vivido, lo sufrido. No hay una decisión de guardar silencio, de olvidar un evento traumático, sino que el contexto en el que tiene lugar

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“Hay algo en nosotros, los adultos, que hace que no podamos nombrar el dolor de los niños. Y no es solo indiferencia o falta de empatía”.


el trauma, y el trauma mismo, traen consigo el silencio, su silenciamiento. Pero silencio no significa inexistencia. El olvido cognitivo lleva muchas veces aparejada una memoria afectiva y corporal monstruosa. Memoria traumática. La estrategia de supervivencia del cuerpo de un niño ante el estrés que provoca un evento muy traumático, como un abuso sexual por parte de un ser cercano, un ser que se suponía que estaba ahí para cuidar, para ser confiable, consiste en una desconexión de su sistema consciente. Se desconecta el sistema consciente integrado de la percepción del ambiente entre memoria, emoción e identidad. Es lo que los especialistas llaman disociación. Ese mecanismo de defensa que tenemos ante situaciones que sobrepasan nuestra capacidad de integrarlas, como la traición que implica la violencia física o simbólica ejercida por alguien cercano. Es decir, ante la traición del cuidado.

consecuencia de una violencia que no debiera tener nombre porque no debiera existir. Sin embargo está ahí, y algunos hemos querido encontrar estrategias para acompañar a personas que lo han sufrido, para que en este proceso no tengan que sacrificar su propia identidad o supervivencia. Es así como hemos querido crear maneras de comprender, de prevenir situaciones de abuso o maltrato infantil; detectarlas, intervenirlas y acompañar a personas que fueron víctimas durante su niñez. Este es un desafío tan grande como urgente. Hay situaciones de violencia hacia la infancia que son tan traumáticas, que prácticamente nadie las discute, como el abuso físico y sexual. Sin embargo, hay otras formas de maltrato que también están ahí, más sutiles, y provocan igualmente traumas que no siempre son conscientes, que muchas veces solo traen aparejados tristezas profundas y sin nombre, sin forma, sin aparente razón.

1 Según investigaciones de Unicef Chile, 1 de cada 4 niños es víctima de violencia física grave. Según otras investigaciones a lo largo del mundo, 3 de cada 10 personas serán víctimas de algún tipo de abuso sexual antes de cumplir los 18 años.

Ahora bien, la disociación no implica la eliminación del dolor desde la memoria traumática, sino solo su fragmentación. La memoria traumática seguirá presente, pero de manera fragmentada, no a modo de consciencia, sino corporal, afectivamente; hiriendo, socavando el yo que sigue huyendo hacia dentro o hacia fuera, huyendo del dolor. El proceso simbólico de nombrar la violencia implica casi siempre revivir de manera consciente el dolor, integrar la memoria, la identidad y la sensación de realidad, corporal y ambiental. Dolor físico, pero también dolor de la traición, la confusión, manipulación hasta entonces sin nombre. Niños y niñas que fueron víctimas de abuso sexual durante su infancia por parte de algún ser cercano, incluso por parte de un ser querido, demoran a veces más de 10 o 20 años en encontrar el nombre para esa sensación de tristeza que los acompaña. Tristeza que es

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A veces, aprender o enseñar a un niño pequeño a callar, dormir, comer, saludar, no llorar y ser hombrecito, a ser señorita; a respetar a los mayores porque son mayores; a comportarse; a que se (im)pongan límites al juego, a la risa; todo ello puede ser una manera de doblegar el propio yo más que acompañarlo. Doblegar que viene más del miedo de los adultos que de la necesidad de educar. Miedo a perder poder, ser cuestionados, no saber qué hacer. Miedo al fascinante y aterrador mundo de la infancia, que vive otra lógica, otro lenguaje y que tiene más para enseñarnos que lo que nos atrevemos a aceptar. Porque rompe, cuestiona e interpela la lógica y el lenguaje adultocéntrico de poder, de producción, de competitividad, de desconfianza, de abuso. Por eso, en lugar de acompañar, los adultos queremos doblegar. Es lo que sentí cuando una persona, muy bien intencionada, me regaló el libro Duérmete niño, que se supone enseñaba una técnica para, en 7 días, hacer dormir a un niño solo. Cuando la primera noche quise aplicarlo, nos dimos cuenta de que era una técnica para doblegar hasta el cansancio la necesidad de nuestra hija de estar en mis brazos. Sentí el peso del miedo y la impotencia, y su llanto fue voz, fue interpelación. En ese doblegar, sutil y por tu propio bien -diría Alice Miller- se inoculaba la raíz de la impotencia, la rabia sin nombre y sin objeto, la violencia hacia uno mismo y hacia los otros. Asumir que prácticas que tenían el nombre de educación pueden ser violencia, y devolverles el nombre, libera. Cuando escribimos el libro Azul con Marcela Paz Peña, acerca de un niño que sufre una vulneración y, aun más doloroso, sufre la incredulidad, la indiferencia, la incomprensión, la falta de nombre por parte de los adultos, de ese dolor, el nombre llegó solo. La inmensidad del cielo y el mar, la omnipresencia que parecía tener el color azul era suficiente para llamarlo así. Sin embargo, fuimos más allá. Nos dimos cuenta de que en la Grecia antigua no había un nombre para ese color. Aún no está claro si estaba prohibido nombrarlo, no tenía nombre o no lo veían. Hay algo en nosotros, los adultos, que hace que no podamos nombrar el dolor de los niños. Y no es solo indiferencia o falta de empatía. A veces lo es. También puede ser miedo a no poder comprenderlo, consolarlo, acompañarlo. Entonces surge el poder de la doblegación, el olvido, la orden de no llorar, si no es para tanto. Y así, la indicación de transformar una experiencia dolorosa pero real en un delirio. A negar y transformar en dolor, sin nombre, sin lugar… disociar. Pero también se puede emprender el desafío de acompañar. Sin negar ni sobredimensionar. Acompañar. Estar ahí, validar, hacerse cargo junto a él, de ese dolor injusto, absurdo, horrible pero real. Y así, integrar. Es lo que sucede cuando nombramos un color -imagen recurrente del mundo de los afectosque parecía ser sin nombre. Como azul. 40 | HABÍA UNA VEZ


Azul José Andrés Murillo Ilustradora: Marcela Paz Peña Editorial: Lumen | Año: 2016 Azul está narrado por su protagonista. Un niño que expresa que su máximo placer es andar en bicicleta, “(..) pedalear y sentir el viento en la cara (…), soltar el manubrio, abrir los brazos y seguir pedaleando”. Nos cuenta que caer puede ser muy doloroso, pero que hay algo más doloroso aún: que no te crean. Hasta este momento las ilustraciones son de colores cálidos, el protagonista tiene los ojos muy abiertos, usa lentes y ropa colorida, luce muy vital y contento. Es después de esta reflexión en torno al dolor que todo se oscurece en el libro. El niño pierde sus lentes, su mundo carece de color y su boca desaparece: “Les conté tantas veces que comencé a creer que nunca había ocurrido”. El punto de quiebre se da cuando el protagonista se encuentra con otro que sí lo escucha y cree en su historia. Aunque el relato cuenta explícitamente al final del libro que trata sobre el abuso sexual, en mi opinión nos habla de cualquier tipo de abuso de poder, y cómo éste puede tener efectos significativos en las personas, como el aislamiento, la desconfianza en uno mismo y el miedo. Azul, además de hablarnos de un tema tan delicado, nos llama a ser conscientes de lo trascendental que es escuchar al otro y contar nuestras historias, que por más que sean tristes, forman parte de nuestro recorrido y tenemos el derecho de poseerlas, darles voz y ser acompañados durante este proceso. Reseña por Elisa Villanueva, coordinadora de proyectos FHUV.

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COLUMNA

Lectura y escritura en la sombra de la sociedad Por María Paz Garafulic, socia y directora de Confín Ediciones y directora de Fundación Había una Vez

“La humanidad es algo que todavía hay que humanizar”. Gabriela Mistral

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s sabido que la lectura proporciona innumerables beneficios y que sus efectos trascienden con mucho la mera adquisición de información y entretención. Se habla con frecuencia de sus efectos en el desarrollo cognitivo, emocional y personal, en la construcción del pensamiento y la capacidad de comprensión y análisis. Se habla incluso -y desde no hace mucho- de sus bondades terapéuticas. Es cierto, desde muchas perspectivas la literatura, vivida a través de la lectura y la escritura, puede ser una excelente herramienta, y mucho más que eso, puede ser un remedio, un consuelo, un refugio y una compañía.

1 Cabría desmitificar este juicio: el mayor porcentaje de personas, en especial de mujeres, privadas de libertad, lo están con ocasión de delitos no violentos. 2 “Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias, para decidir su propio camino. Es esta libertad espiritual lo que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito”. Viktor Frankl. El hombre en busca de sentido. 3 En el concepto de C. J. Jung

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Esta conceptualización de la literatura y de la práctica lectora como instancias de encuentro, de reflexión, expresión y calma es particularmente aplicable en espacios como las cárceles. Espacios en que la violencia suele ser uno de los elementos fundantes de la convivencia, y no solo como violencia personal, entre individuos, sino institucional, del sistema y la sociedad frente a aquellos que, habiendo transgredido las normas básicas de la convivencia social -habiendo delinquido- se encuentran privados de libertad. Conocidas son las condiciones en que viven hoy en día hombres y mujeres privados de libertad en Chile. Los contextos físicos bordean lo inhumano, el hacinamiento, escasez de recursos y casi nulas instancias para promover la futura reinserción son la lamentable regla general. La gravedad de la situación admite una amplia variedad de enfoques y análisis que trascienden con mucho el objetivo de este texto, que busca solamente poner en evidencia y compartir dos hechos fundamentales. Primero, al parecer hoy en día, violencia con violencia se paga. Se ha olvidado que las personas privadas de libertad se encuentran privadas de cierto tipo de libertad, la libertad de circulación, y no de otras libertades y derechos que le corresponden al individuo en su calidad de ser humano. Hoy se priva también del derecho a una vida digna, del derecho a la integridad física y síquica, del derecho al desarrollo personal y cultural. Todas estas garantías, establecidas por la misma Constitución y reconocidas como normas internacionales de derechos humanos, se ven vulneradas con peligrosa frecuencia. En segundo lugar, y lo que justifica estas líneas, es la importancia que puede adquirir la literatura en estos contextos especialmente vulnerables y violentos, deshumanizados. Violentos en sí mismos, como recintos cuyas características promueven la violencia intramuros, y violentos desde la perspectiva de los rasgos de las personas que los habitan.1 ¿Qué puede hacer la literatura en estos contextos? Conozco puntualmente dos experiencias que avalan la tesis de que la literatura, tanto desde la perspectiva de la lectura como de la escritura, contribuye a la libertad interior2 del individuo y, siguiendo a Gabriela Mistral, a humanizar la humanidad. Uno de ellos es el proyecto de implementación y activación de bibliotecas penitenciarias en centros de reclusión de la Sexta Región, Peumo, Rengo y Santa Cruz, y el segundo, el concurso “Cartas de Mujer”, desarrollado por el Capítulo Chileno del National Museum of Women in the


Arts en el Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín. En ambos proyectos ha sido claro el efecto humanizador de la literatura. En el primer caso, el acercamiento de los internos a un mundo hasta ese entonces completamente desconocido, el de la literatura y en general del conocimiento, sorprendió a todos quienes participamos. Las bibliotecas se transformaron en el lugar más visitado por los internos y en el menos violento. Hubo incluso un periodo en que, proporcionalmente, el número de préstamos de libros a celda fue mayor que el de un colegio promedio. En palabras de un interno del Centro Reclusión Peumo: “Paso a darles las gracias por la maravillosa biblioteca que nos regalaron, en donde tenemos un mundo lleno de cultura, conocimiento y entretención”. ¿Qué se manifiesta? La profunda necesidad del ser humano, más allá de su situación vital, de acceder al mundo de la palabra, de la creación, de la información y la belleza. Por su parte, el proyecto “Cartas de Mujer” nos llevó a mirar cara a cara la sombra3 de la sociedad, a conocer a estas mujeres supuestamente peligrosas y muchas veces violentas o violentadas, que al escribir llegaron a los más profundos rincones de sus historias y almas. Los procesos de creación no fueron fáciles, para muchas fue un desafío, para la mayoría una posibilidad de encontrarse con sus pensamientos y anhelos más profundos; para muchas tuvo un componente catártico. Las cartas abarcaron un amplio abanico de temas: la maternidad, la muerte, el dolor, el miedo, la libertad, la esperanza, el amor. Escucho los gritos de la desesperanza que atraviesan los viejos muros fríos y gastados donde rebotan las voces del silencio, llevándose mi alma. Te busco en mi soledad y tú no estás conmigo. -Fragmento de una de las cartas ganadoras

María Paz Garafulic, abogada de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Fundadora de la Fundación Había Una Vez el año 2005. Ha ejercido su carrera profesional en ámbitos como el acceso a la justicia, desarrollo de la ciudadanía, fomento de la lectura y cultura. Ha realizado actividades académicas en Chile y el extranjero. También ha participado en programas de formación ciudadana en ONGs y universidades y es cofundadora de Fundación Probono. Miembro del Comité Asesor del Capítulo Chileno del National Museum of Women in the Arts de Washington y socia de Confín Ediciones.

¿Por qué la creación literaria, la escritura? Porque invitarlas a escribir sobre sus propias sombras y dar a conocer sus voces nos permite cumplir, aunque sea mínimamente, con el mandato de humanizar nuestra sociedad, proveyendo condiciones de desarrollo y bienestar. Nos obliga a abrir los ojos ante la violencia, no solo respecto de la que sufrimos, sino también de la que ejercemos en mayor o menor medida como sociedad. A la luz de estas y otras iniciativas, la literatura, tanto desde la perspectiva de la lectura como de la creación literaria, es un llamado a escuchar, a comprender y a responder a los gritos de la desesperanza.

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REPORTAJE Ilustraciones de Francisca Luco Verdugo, Moriven | moriven.illustration@gmail.com

En torno a la violencia

en la LIJ

Vivimos en un ambiente social en donde la violencia y la discordia son omnipresentes. Una violencia diversificada, naturalizada y asumida como parte de una realidad cotidiana, que aunque nos golpea, parece que ya no nos hace daño. Sin embargo, mientras este panorama va creciendo y sosteniéndose, se siguen manteniendo ciertos criterios (editoriales y pedagógicos) en torno a la literatura dirigida a niños, adolescentes y jóvenes. Por Hugo Hinojosa, especialista en literatura, integrante de CiEL Chile

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U

n auto pasa a toda velocidad sobre las ramblas barcelonesas, matando a un par de turistas. Otro auto avanza en Estados Unidos, atropellando a un grupo de protestantes contra los supremacistas blancos y dejando una víctima fatal. Todo esto será luego transmitido por televisión a través de sus noticiarios y extras informativos, estará presente en las páginas de portada de diversos medios de comunicación nacional e internacional, difundido a través de redes sociales, replicado en cientos de videos de YouTube. Y crecerá la paranoia, mientras presidentes y mandatarios de diversos países comentan en torno a sus armamentos y la posibilidad de su uso en caso de agresión. Y no nos olvidemos de la violencia ejercida contra mujeres, que terminará en horribles crímenes cubiertos ampliamente por la prensa. Padres y madres creerán ver en la música o en los videojuegos que sus hijos e hijas consumen la respuesta al grado de hostilidad presente en ellos. Un panorama de la violencia Claramente vivimos en un ambiente social en donde la violencia y la discordia son omnipresentes. Una violencia diversificada, naturalizada y asumida como parte de una realidad cotidiana, que aunque nos golpea, parece que ya no nos hace daño. Sin embargo, mientras este panorama va creciendo y sosteniéndose, se siguen manteniendo ciertos criterios (editoriales y pedagógicos) en torno a la literatura dirigida a niños, adolescentes y jóvenes; criterios que operan desde la flagrante censura y omisión de temáticas sensibles, hasta el abordaje paternalista completamente edulcorado para este público lector. Importante sería considerar entonces cuál es el rol que le asignamos, o más bien, qué entendemos por literatura. Mientras ya en los ajustes curriculares del área de lenguaje de nuestro propio sistema educativo se sostiene a esta como “constructo verbal y, por tanto, cultural, cargado de sentido”, es decir, en contacto permanente y bilateral con la sociedad que la produce, preferimos sobreexplotar la violencia de la era de la posverdad a través de los medios de comunicación, mientras queremos esconderla en la obras de ficción que la recrea. Según la Real Academia Española, la palabra “violencia” proviene del latín violentia, como una cualidad de “violento” también del latín violentus. Este devaneo etimológico nos lleva a comprender que violentus implica en su raíz el exceso o abundancia de fuerza en una acción, lo que nos conduce a comprender que la violencia (y su aplicación) no está solamente presente en la realidad, sino que opera en la forma en que los textos dirigidos a

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públicos infantiles, adolescentes y juveniles son censurados o manipulados por los adultos. Negar la propia realidad hostil es un gesto violento, pero habría que matizar hasta qué punto los textos literarios funcionan en dicha lógica. La ideología tras la violencia Cuando se abordan obras literarias, cualesquiera sea su tipo, se hace necesario comprender que tras ellas siempre hay una ideología explícita o implícita que las está sustentando. Aquella idea se vuelve aun más relevante, al intentar establecer algún tipo de lectura en torno a la violencia que se presenta en algunos textos dirigidos a niños o jóvenes. Si pensamos en la propia tradición escritural (y visual) asociada a los libros infantiles y, posteriormente, juveniles, veremos que la agresividad se hace presente constantemente. Así, por ejemplo, mientras los reconocidos hermanos Wilhelm y Jacob Grimm prefirieron eliminar ciertas referencias sexuales que se encontraban en las versiones previas de Caperucita roja, como la de Charles Perrault de 1697, no tuvieron ningún problema en mantener y acentuar ciertas escenas violentas, con la finalidad de generar un cierto alivio psicológico en el lector infantil tras el triunfo del bien y el castigo del mal. De esta manera, el clásico “fin justifica los medios” es reconocible cuando al cazador se le permite abrir de lado a lado al lobo, con tal de salvar a la abuela y Caperucita, para luego rellenarlo con piedras y, una vez muerto, despellejarlo. Desde dicha perspectiva, podríamos ver en el trofeo de la piel del lobo un símbolo de la destrucción absoluta del miedo en la mente de los niños. Posteriormente, en versiones como el relato versificado de Caperucita realizado por Gabriela Mistral, encontraremos que la violencia no es erradicada de la obra, aunque la autora decide mantener trazos del original de Perrault, y además asumiendo la muerte de la protagonista con una brutalidad inusitada para los relatos infantiles.

“Preferimos sobreexplotar la violencia de la era de la posverdad a través de los medios de comunicación, mientras queremos esconderla en las obras de ficción que la recrea”.

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Esto se explica en palabras de la misma autora, quien señala: “que la primera lectura de los niños sea aquella que se aproxima lo más posible al relato oral, del que viene saliendo; es decir, a los cuentos de viejas y los sucedidos locales”. Es así como, a pesar de escoger de guía una versión netamente literaria (para este caso la clásica de Charles Perrault), la poetisa es consciente de que hay un relato previo anclado en la oralidad, y que este sería el espacio que pareciera ser más adecuado para hacer entrar a los niños. A pesar de esto, no debemos olvidar los cambios evidentes que podemos hallar al traspasar los relatos desde la oralidad hacia la reescritura literaria. Omisiones, cambios, diversas modificaciones al ritmo narrativo, entre otros, van haciendo que lo que llega a nosotros sea solo un remedo del original, pero aun así podemos intuir aquella esencia de la historia inicial. En el caso específico de este relato, su modificación (hasta llegar a la versión específica de Mistral) se vuelve relevante, porque deja a la vista la ideología que intenta formar a los niños, pero desde la violencia y el miedo.

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Tal como indica la especialista española Teresa Colomer: “Las versiones populares contienen características típicas del folklore que fueron vulneradas tan pronto como la escritura las fijó (…) estas versiones orales fueron convertidas en “literatura” y dirigidas a una audiencia muy diferente de la de los cuentos de tradición oral. Para poder adecuarse al público de la corte de Luis XIV en Versalles, Perrault censuró los elementos más crudos del relato”. Es decir, en el traspaso hacia la escritura, y luego hacia la literatura infantil, el texto fue siendo limpiado y moralizado, pretendiendo con ello generar una enseñanza particular. Con las reinterpretaciones posteriores (como la de los hermanos Grimm), vemos que el caso se extrema, y episodios violentos, como la propia muerte de la protagonista, son modificados permitiendo una conclusión feliz y satisfactoria ante la acción criminal del lobo, pero que sigue manteniendo la brutalidad en la resolución de los conflictos. Ahora, si pensamos en otros relatos tan familiares y reconocibles como el Peter Pan de J. M. Barrie, veremos


“En gran parte de estas historias clásicas, la utilización de la violencia explícita es justificada, ya que se está castigando la perversidad”. personajes como el villano Capitán Hook temiendo ser devorado por el cocodrilo, el mismo que ya se ha comido anteriormente su mano, luego que la cortara Peter en una de sus batallas. Este breve ejemplo nos muestra como en gran parte de estas historias clásicas, la utilización de la violencia explícita es justificada, ya que se está castigando la perversidad. De esta manera, el conflicto entre el bien y el mal siempre es decidido a través del uso de la crueldad y la agresión. Asumiendo, nuevamente, que la literatura opera bajo ciertas ideologías y modelos culturales, podríamos suponer que la lógica tras estos relatos no se aleja mucho de los discursos tan actuales de la guerra contra el terror, que proponen algunos estados contemporáneos. Al parecer, desde esa vereda, la única respuesta del ser humano a la violencia sería responder con más violencia. Si seguimos avanzando y considerando otros referentes tradicionales, como el clásico Pedro Melenas (Struwwelpeter) de Heinrich Hoffmann, publicado en 1845 y asumido como precursor del libro álbum, apreciaremos de manera visualmente explícita la violencia. En esta obra se incentiva el miedo y el terror como una manera de generar un comportamiento adecuado para la infancia (siempre desde la visión del adulto). El afán formador y moralizante tan propio de las obras infantiles del siglo XIX acentúa la idea del “deber ser” del niño y para ello, el recurso de la violencia impuesta ya no solo sobre el mal, sino sobre el propio lector, genera un espacio en donde la agresión se valida como instrumento pedagógico. Si

pensamos en nuestros abuelos, recordaremos el tradicional discurso de “la letra entra con sangre” que era tan familiar, pero en donde parecía que no había ningún tipo de verdadero cuestionamiento a dicha expresión coloquial. El mismo Hoffman dirá: “la imagen de la desgracia instruye más que todo lo que se pueda decir con las mejores intenciones”. Entonces, podemos ver que, por lo menos en sus inicios, el uso de la violencia y la crueldad en textos dirigidos a niños y jóvenes fue fortalecido por un afán moralizador que formaría la conciencia de estos. Acá estamos hablando de una violencia que podríamos señalar como explícita, lo que en palabras del sociólogo noruego Johan Galtung se define como “violencia directa”. Por otro lado, para este investigador hay cierto tipo de violencia que no se muestra abiertamente, que queda escondida, y es esta la que generalmente impacta mayormente en los textos dirigidos a infancia, adolescencia y juventud. A esta le denominaremos “violencia cultural”, la que se define como aquellos aspectos de la cultura (como la literatura) que son utilizados para validar o legitimar aquella violencia que está más a la vista. Para Galtung, esta violencia simbólica “no mata ni mutila como la violencia directa, pero igual hace daño”. Es decir, esta definición se torna relevante ya que hace evidente que en muchas obras la violencia no solo es aquella visible, como en el castigo al lobo o el miedo de Garfio a ser devorado por un reptil, sino que también está presente en lo que se dice, en lo que se impone como idea en las historias, ya que esto finalmente impactará en aspectos

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tan importantes como la construcción de la identidad individual y social de los propios lectores infantiles o juveniles que acceden a ellas. De esta manera, será recurrente percibir, luego de un simple análisis, que tras los afanes moralizantes de algunos relatos se esconden discursos de odio y agresión más violentos aun. Esto nos sitúa en una interesante encrucijada, en la cual deberíamos hacernos un par de preguntas. ¿Debemos entonces censurar toda violencia presente en los relatos para niños y jóvenes? ¿O más bien es el uso que se le da a cierto tipo de violencia explícita en las obras? Claramente la salida no va en obviar o esconder la crudeza, convirtiendo las diversas historias en relatos estériles e ingenuos, sino más bien en hacer conscientes los mecanismos que avalan o se oponen a algunos modelos culturales. Podríamos contraponer a dicha postura la reflexión planteada por la célebre ilustradora Jutta Bauer en su última visita a Chile, cuando indicaba que, considerando la hostilidad permanente a la que somos sometidos en el mundo, hacer obras alegres para los niños se vuelve necesario y los mismos lectores lo requieren. Pero dicha posición no se confronta a una lectura crítica en torno a ciertas obras. De esta manera, apreciaciones negativas en relación al género (como, por ejemplo, el posicionamiento de la mujer en la sociedad), agresiones solapadas vinculadas al racismo, ocultamientos de la marginalidad o la pobreza, entre otros, podrían ser expuestos abiertamente para ser discutidos y pensados por los propios lectores. Mientras no sea evidente la violencia cultural, se seguirán avalando los otros tipos de agresión más visibles.

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En esta perspectiva, pensando en obras creadas para jóvenes, tenemos casos tan reconocibles como Los juegos del hambre, en que la presencia de una aparente protagonista femenina empoderada oculta una construcción del personaje desde un modelo masculino agresivo, que viene a replicar las miradas habituales en torno al género en otras obras más explícitas. Por otra parte, la violencia más directa, que apreciamos en los propios juegos del hambre y luego en la guerra que se desata contra Panem, hace que la obra asuma la agresión y la muerte como único medio de supervivencia en un entorno hostil. Esta misma forma de abordar las historias es frecuente en otros relatos adolescentes y juveniles de moda (como Maze runner o Divergente), cuyo centro en la acción, la aventura y, por supuesto, la violencia, se muestran como las únicas posibilidades de representación de la adolescencia y la juventud. La violencia como motor reflexivo Es evidente que la erradicación de la violencia como tema no es la salida en las obras dirigidas a niños y jóvenes. Muchas veces, su tratamiento adecuado permite a los lectores asumir realidades que en su dureza ayudan a situarnos como individuos en espacios complejos, la mayoría de las veces agresivos. Así, es interesante observar a autores como el célebre Roberto Innocenti o el colombiano Jairo Buitrago, quienes discuten con ciertos grados de violencia cultural abordando temas complejos y duros, pero permitiendo que no opaquen el centro de sus relatos. Son destacables en el caso de Buitrago sus obras


Camino a Casa (junto a Rafael Yockteng) y Un diamante en el fondo de la tierra (con el chileno Daniel Blanco Pantoja), en las que decide acercarse a las situaciones de violencia de estado tan frecuentes en las dictaduras latinoamericanas, pero sin poner la mirada directa en la crudeza de los hechos, sino más bien ahondando en las diversas consecuencias personales, familiares (y sociales) de estos procesos políticos tan brutales en nuestros países.

“El discurso de la violencia tampoco puede ser aleccionador o moralizante como lo fue en siglos pasados, usándola como medio para generar el terror en una estrategia de shock inmediato”.

Siguiendo la misma línea temática, pero en clave novelística, podemos destacar Matilde de Carola Martínez, escritora chilena radicada en Argentina, y Piedra, papel o tijera de la argentina Inés Garland, las cuales abordan de manera más frontal los procesos dictatoriales, permitiendo que la violencia sea escenificada, pero como resultado de una sociedad quebrada. La violencia también puede ser una metáfora, una atmósfera que enrarece los espacios, generando una sensación de que la sordidez está ahí, frente a nuestras narices, como es el caso de La niña calva, breve relato de Jorge Franco, muy bien ilustrado por Daniel Gómez Henao, cuya historia de una niña pequeña encerrada en casa nos deja con un sabor agrio al final. Por otro lado, es ejemplar el caso de la ampliamente reconocida escritora brasileña Lygia Bojunga, quien a través de textos imprescindibles como El abrazo, Mi amigo el pintor o Retratos de Carolina, se enfrenta a temáticas tan duras como el suicidio, la violencia sexual, la muerte, entre otras; pero siempre bajo un lenguaje cuidado, profundamente poético y que nunca es condescendiente con sus lectores. Finalmente, en una vereda similar podemos destacar el trabajo de Natalia Silva, alias Natichuleta, autora de la novela gráfica No abuses de este libro, y Azul, de Marcela Paz Peña junto a José Andrés Murillo, quienes abordan de manera directa la situación de abuso sexual hacia menores de edad, pero siempre estableciendo el camino de la resiliencia desde una mirada que acoge, y no que intenta apologizar o educar ante una situación tan traumática. Es así que una gran cantidad de obras actuales han decidido hacerse cargo y asumir la presencia de la violencia en nuestras vidas, pero comprendiendo que no podemos obviarla o esconderla bajo la alfombra, intentando generar un espacio protegido para la infancia o la juventud, sino más bien presentándola como algo que hay que discutir. El discurso de la violencia tampoco puede ser aleccionador o moralizante como lo fue en siglos pasados, usándola como medio para generar el terror en una estrategia de shock inmediato. Por el contrario, la violencia directa, o la cultural que se esconde tras las imágenes o las palabras, pueden ser los medios que permitan pensar el tipo de sociedad que estamos construyendo, al asumir a los lectores en su capacidad de reflexionar el mundo que los rodea.

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NUESTRO ILUSTRADOR

Gusti, ilustrador y autor

“ Hacer libros e ilustrar es algo muy sagrado, porque es para los niños” Por Claudio Aguilera, periodista y socio fundador de PLOP! Galería. Investigador y curador de ilustración.

Se mueve de lado a lado en encuentros que ya se han convertido en verdaderos espacios de sanación. Es lo que pasa cuando se conecta el lápiz con el corazón. Lo que hace el argentino Gusti a través su ilustración.

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Gusti Ilustrador y escritor de libros infantiles, profesor y director artístico; viajero incansable. Sus inicios en animación fueron en el estudio “Catu Cineanimación”; después de eso, comenzó a colaborar para distintas magazines y editoriales infantiles. Si bien es bonaerense, Barcelona es desde hace años su centro de operaciones y el lugar donde reside. Cofundador de Windown-La Ventana en la que trabaja por una sociedad más inclusiva.

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Ilustraciones de Gusti

iene llegando de Bolivia. En un par de semanas irá a Portugal, luego a Colombia, más tarde quién sabe. Así ha sido su vida durante los últimos años. Desde que en 2014 presentó su libro Mallko y papá, el ilustrador Gusti se ha dedicado a viajar por el mundo dando talleres y conferencias. Encuentros que son también una ceremonia, un espacio de sanación de los que nadie sale igual a como entra. Porque en sus dibujos y en sus palabras la emoción, fuerza y humanidad es capaz de tocar hasta los corazones más duros. “Es lo que pasa cuando le hablas al otro de igual a igual, mirándolo a los ojos, con una obra que ha nacido desde las tripas”, dice él en Santiago, donde estuvo algunos días para participar en el Seminario Internacional “¿Qué leer? ¿Cómo leer? Lectura e Inclusión”, organizado por el Plan Nacional de Lectura del Ministerio de Educación y la Universidad Católica. Mallko y papá fue ante todo una forma de sanarse a sí mismo. Tras el nacimiento de su hijo con síndrome de down, decidió narrar su experiencia y dar cuenta, sin indulgencia y enorme sinceridad, de su proceso. HABÍA UNA VEZ | 53


“Cuando nació Mallko, evidentemente, un papá humano como yo, ignorante en muchos aspectos, no lo aceptó. Estuve sufriendo una semana y mi otro hijo, Theo, que ahora tiene 18 años y en ese tiempo tenía ocho, me pregunta: “Gusti, ¿qué es el síndrome de down?”. Le expliqué que no era una enfermedad, sino una condición genética. Y que a Mallko lo íbamos a querer igual. Yo no sabía si tirarme por la ventana o dejar que me atropellara un tren. Y Theo me dice: “A mí qué más me da si él es azul, verde, rojo, para mí va a ser siempre mi mejor hermanito”. Y ahí vi una especie de iluminación: qué más da cómo viene, así como está es lo mejor. Fue la primera lección de aceptación que tuve”. Ese fue el germen de lo que vendría después. Pero antes tuvieron que pasar otros dos años en los que golpeó puertas en busca de apoyo, debió superar el bloqueo creativo y la frustración, y enfrentar la incomprensión de quienes se negaban a esa visión sin endulzantes que quería transmitir. Esta vez, la iluminación vino en un sueño.

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“Una vez me levanté en medio de la noche, hacía frío, y me puse a dibujar unos dibujos chiquititos en una libreta. Hice una relación entre el dibujo y el nacimiento de Mallko. Porque cuando uno dibuja se hace una imagen de lo que quiere, pero a veces no sale como espera y tienes la opción de tirarlo, recortarlo, retocarlo con Photoshop. Pero con un hijo no puedes hacer eso. Imaginé los dibujos que yo tiraba a la basura escapando como de la prisión de Alcatraz y esos que tachaba como si fueran crucificados. Entonces, entendí que yo era como el rey Arturo que debe sacar la espada de la piedra. Pero no es el más fuerte o poderoso el que logra sacarla, sino el que es puro de corazón. Y yo en vez de una espada debía sacar un lápiz. Mientras lloraba y temblaba de frío lo entendí todo: para dibujar este libro tenía que hacerlo con el corazón. Fue el momento en que todo se unió”. Bajo el cuidado del prestigioso editor Daniel Goldin y el diseñador e ilustrador Alejandro Magallanes, mezclando estilos y agregando una gran dosis de humor, en 2016 Ma-


llko y papá ganó el Premio Bologna Ragazzi en la categoría de libro sobre discapacidad por ser una obra que, como señaló el jurado, “combina exitosamente una narrativa y una estética experimental en la que con diversas técnicas artísticas se reflejan emotivos y profundos sentimientos”. “El libro está haciendo su trabajo”, dice hoy Gusti, quien además es fundador de la asociación Windown, donde realiza talleres educativos para personas con capacidades diferentes y junto a Mallko graba videos para su programa on-line Radio La Foresta. “Yo sabía que iba a pasar algo, pero no sabía qué. Tampoco tenía ninguna expectativa, lo que no quería era caer en tópicos, en dar mensajes. Y ha sido un libro que marcó un enorme cambio en mi vida: ahora miro para atrás y digo por suerte me pasó todo esto. Si alguien me dijera te cambio al Mallko por un rubiecito sueco atlético y campeón de maratón, evidentemente diría que no. Que muchas gracias, pero que yo estoy bien con mi hijo”. La ceremonia del lápiz Llegar a este punto significó para Gusti no solo un arduo proceso personal y artístico, sino que también espiritual. “Yo ando mucho en la selva, trabajo con pájaros y con las comunidades indígenas. Para mí todo se solucionó en una ceremonia chamánica”, comenta. “Y una forma de unir y compartir mis experiencias son los talleres que hago que son también como ceremonia, la ceremonia del lápiz. Pero si lo digo, se escapan o se ponen a la defensiva. Por eso, mejor hacerlo como en Karate Kid: vas a aprender karate y te enojas con el profesor porque después de seis meses no te enseñó karate, pero en realidad no sabías que habías aprendido”, agrega entre risas. ¿La ceremonia del lápiz también se refleja en tus libros? Sí. Hacía muchos años que dibujaba y llegó un momento en que estaba un poco cansado. No sé si quiero seguir haciendo esto, me dije. Es mucho trabajo, muchas horas de estar muy solo. Pero descubrí que había que darle la vuelta a esa condición. Entendí que hacer libros, ilustrar, era algo muy sagrado, porque es para los niños, no es para los ilustradores amigos, para los editores, para los cócteles ni los premios. Y ahora yo pongo semillitas en mi libro. Eso no significa que todo el mundo las vea o las recoja, y le ponga agüita para que crezcan, pero cuando llega alguien más grande y te dice que tu libro lo acompañó durante su infancia y fue importante; ahí tienes una maravillosa dimensión de tu trabajo.

“Porque la gente necesita que se le hable desde el corazón. No que se le dé solo una palmadita en la espalda”. HABÍA UNA VEZ | 55


En tus charlas hay algo muy emotivo también, la gente se te acerca, algunos lloran, te piden consejos. Como autor, uno no está preparado para enfrentar algo así. Es impresionante. La primera vez que hablé del libro fue en una charla en México. El libro estaba todavía en proceso. Era una mesa redonda muy importante, con puros cracks y yo no sabía qué decir. Entonces me habló una voz. Van a decir que estoy loco, pero esa es la verdad. Y la voz me dijo: “ustedes los ilustradores son personas muy inclusivas, porque trabajan con todos los colores, con lápices chiquititos, lápices viejos, lápices gordos, lápices nuevos”. Y yo dije, wow, ya está, ya tengo lo que debo decir. Fui a la charla, hablé de los lapicitos, hablé de Mallko y se hizo un silencio que no se puede explicar. Cuando salí se empezó a acercar mucha gente. Yo tengo poliomielitis, me dijo una. Fírmame un libro para mi nieto porque tengo cáncer y me voy a morir, me dijo otra. Estuve una hora entre firmas y gente que me contaba que se había sentido identificada con lo que dije. En un momento fue tanta la intensidad que me tuve que ir. Desde ese momento no paré. ¿Por qué crees que se produce esta conexión tan intensa? Porque la gente necesita que se le hable desde el corazón. No que se le dé solo una palmadita en la espalda. Basta una charla mirándose a los ojos, diciéndose las cosas tal cual son, mostrando las debilidades sin creer que somos súperhéroes. Y transmitir la sensación de que se puede, porque ven que tú pudiste. Mi hijo tiene diez años ahora, pero está el otro con el bebito que acaba de nacer y le preguntas cómo estás y ves que los ojitos le empiezan a tambalear. Tranquilo, hermano. Pronto te vas a dar cuenta de que esto es lo más grande que va a pasar en tu vida. 56 | HABÍA UNA VEZ


Me contabas antes que estos viajes te han enseñado mucho. ¿Qué has aprendido? Que en la vida nos acobardamos con muchos temas, que se dicen las cosas, pero a medias. Y con la discapacidad, eso es aun peor. Si fuera un tema de fútbol, quizás todo lo sueltan más rápido. Pero en el tema de la discapacidad hay que ser cuidadoso, que nadie se sienta ofendido. Pero es lo contrario. Hay que soltarlo todo y decir “esto es así”. Y me encontré con un montón de padres, no madres, que les pasó lo mismo que a mí. Pero que no se atrevieron a contarlo porque los crucificaban. Y se lo guardaron adentro y al escucharme se atreven. Es como una sanación. Ahí está el secreto. Decir las cosas como son. No tienen que ser bonitas o feas. Y eso es algo que me gustaría que estuviera más presente: hablar de igual a igual, con humanidad y cariño. Antes de llegar hubo un ataque terrorista en Barcelona, la ciudad donde vives. Y por todas partes vemos mucha violencia e intolerancia. ¿Pueden ayudar los libros a luchar contra eso? No creo en las recetas ni en las fórmulas mágicas para hacer las cosas. Está lleno de gente que, a través de los libros, y especialmente de los libros para niños, quiere dar recetas. Pero eso es un poco ilusorio. No se puede hacer algo general. Se puede hablar de tu experiencia, pero no siempre funciona, porque somos todos tan diferentes, nuestros contextos e información son distintos. Me parece que la clave está en la educación y en asumir nuestras diferencias, y en eso los libros pueden aportar. Por eso es importante que cada uno desde su ámbito haga lo mejor posible. Esa ya es una forma de arreglar las cosas. Para que un pájaro vuele necesita todas sus

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plumas. Las grandes y bonitas, pero también las chiquitas y grises. Y la sociedad es un pájaro. A cada uno le toca una pluma y con eso cada uno puede aportar a que la sociedad alce su vuelo. ¿Crees que el dibujo puede ser sanador? Puede serlo en muchos aspectos. A mí me sirvió para poder trasmutar mi experiencia y plasmarla en un libro. También me di cuenta de que hay imágenes poderosas. Una vez me escribió la mamá de una niñita con síndrome de down que estaba muy enferma y me pidió un dibujo para ella. Yo le mandé uno en que decía: “Gracias, porque ya se sanó”. Hice una afirmación. A partir de ahí tuve una comunicación con esta niña. Ella me enviaba dibujos, yo le enviaba otros. La niña se salvó y está divi-

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na ahora. No digo que se salvó por eso, pero la intención de sanar ayuda. Y también la no intención, hacer las cosas sin esperar nada, solo porque está bien hacerlas. Por eso creo que el dibujo es poderoso. El lápiz es una herramienta que sirve para escribir o para hacer un monigote, pero también para salvarle la vida a alguien, partiendo por ti mismo. Dejar fluir Durante su visita a Chile, Gusti también inauguró en PLOP! Galería la muestra A bolígrafo, donde reunió una serie de coloridos dibujos de trazo divertido y algo infantil que ha ido realizando en los últimos años. Muchas de estas creaciones, en las que abundan disparatados personajes y entretenidas situaciones, fueron recientemente


“Por eso creo que el dibujo es poderoso. El lápiz es una herramienta que sirve para escribir o para hacer un monigote, pero también para salvarle la vida a alguien, partiendo por ti mismo”. HABÍA UNA VEZ | 59


publicadas por la editorial argentina Pequeño Editor en el libro Animales escondidos, realizado junto a la escritora Lola Casas. Estas obras, a las que él llama “mi mandala”, condensan bien algunas de las constantes de su trabajo artístico: el juego, el humor, la experimentación, el uso del error y la yuxtaposición de elementos diversos como gatilladores del relato, pero por sobre todo, una enorme libertad. “Me da risa cuando veo esas críticas que hablan de mis libros y empiezan mostrando un gran despliegue técnico. A veces me preguntan por qué pinto con tal color y lo que pasa es que era el único lápiz que en ese momento tenía punta”, comenta entre risas. “Todo es así en mi trabajo, no hay nada buscado. Lo importante es contar lo que tengo que contar. Sin ninguna intención de gustar. Y eso me relaja mucho. Por eso yo digo que no se trata de saber dibujar, sino de conectar con algo bien profundo. Soltarlo y aceptarlo. Porque el fondo siempre es un tema de aceptación, de amor, de corazón”.

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“Por eso yo digo que no se trata de saber dibujar, sino de conectar con algo bien profundo. Soltarlo y aceptarlo”.

¿Qué rol cumple el humor en tu trabajo? El humor es sagrado para mí. Reírse de las cosas es una buena terapia. No es buscado. Yo voy así por la vida. Es mi manera de entender las cosas complejas. Pero no invento nada, mis historias tienen que ver con cosas que veo, que pasan en mi casa. Y tras ese humor se esconde siempre mucha verdad. Incluso te burlas de los estereotipos en torno a los niños con síndrome de down. Me pasa mucho, sobre todo en Latinoamérica, que cuando la gente ve a Mallko, se acerca y me dice que es un angelito, una bendición de Dios. Al principio me hacía gracia, pero después me empecé a poner pesado: mi hijo no tiene alas, les decía. Y después viendo lo que es a veces, un verdadero diablo con patas, menos que menos. Lo que hay que entender es que son personas como todas, con momentos de felicidad, momentos malos, y eso es lo maravilloso. Pareciera que siempre el azar está muy presente en tu obra. No sé si es el azar. Es más bien estar atento a las señales. Para mí, el “había una vez” parte siempre de un dibujo y después me gusta dejar fluir, sin mucha planificación, sin componer; usando lo que tengo a mano y materiales baratos. En eso he aprendido mucho de Mallko, que le encanta dibujar, y de los niños y artistas con capacidades distintas con que hago talleres. Es increíble como ellos rompen las formas. No tienen miedo, no hacen bocetos, no planean nada. Y me encanta porque es más rápido, más cómodo y se acepta el error. En una charla, un niño me preguntó por qué dibujas tan mal. Yo le dije “gracias, es el mejor cumplido que me puedes hacer”. Porque hace 30 años estoy tratando de dibujar así de mal. Y es verdad. Intento desandar esta cosa tan preciosista que se puso de moda en la ilustración, que me parece un poco aburrida y no me interesa. ¿Cómo se logra eso? No preocuparme del resultado me relaja mucho. Creo que esos dibujos que se hacen sin mucha ambición son los mejores. Lo importante es estar dibujando todo el tiempo y de ahí salen las ideas. Hay que hacer muchos apuntes y mirar mucho a la gente en la calle. Así, poco a poco se te va metiendo cómo funciona el ser humano. Eso es ser ilustrador: tener una capacidad de observación de la vida y después lograr transformarlo.

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RECORDANDO A...

Jella Lepman, una mujer en tiempos de guerra. Por Manuel Peña Muñoz, escritor y experto en literatura infantil y juvenil

Ilustración de María Paz Muñoz C. | marimu.cl

En una Alemania destruida por las bombas de la Segunda Guerra Mundial, la periodista alemana de origen judío Jella Lepman confió en el poder de la literatura infantil y juvenil para fomentar la paz y la tolerancia.

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L

as iniciativas destinadas a divulgar la literatura infantil y juvenil de calidad le deben mucho a Jella Lepman (Stuttgart, 1891-Zurich, 1970), una mujer valiente que dedicó su vida a difundir los libros infantiles en condiciones de extrema dificultad. Viuda de 30 años y con dos hijos, huyó a Inglaterra donde se refugió para escapar de los campos de concentración de prisioneros judíos. Al término de la guerra, fue invitada por el gobierno norteamericano para regresar a Alemania a trabajar en la reeducación de las mujeres y los niños. Recorriendo en jeep la ciudad de Múnich devastada por las bombas, vio a niños sin hogar en medio de los escombros. Comprendió que debía emprender una cruzada para reunir libros infantiles de todo el mundo con el fin de que esos niños pudiesen asomarse a otras culturas. Tenía que engrandecerles la mente y la esperanza con libros bellos en un afán de libertad y renovación.

Muchos países apoyaron su iniciativa y le enviaron libros infantiles para crear en 1949 la Biblioteca Internacional de la Juventud en un antiguo palacio de Múnich. En esas lujosas salas, donde en otra época Hitler hospedó a Mussolini, realizó la gran exposición de libros infantiles con el propósito de fomentar la comprensión internacional a través de la literatura infantil y juvenil. Eran libros de cuentos que mostraban ilustraciones de otras latitudes, libros en otros idiomas. Los niños de la guerra se acercaban fascinados a sus páginas, temerosos al comienzo, con más confianza después. En las páginas de esos libros recobraban la alegría y encontraban un mundo más feliz a través de la imaginación. Comprendían que en otros países había otros universos posibles y niños que soñaban y jugaban como ellos, en mundos lejanos. Jella Lepman sabía que esos libros podían contribuir a formar una nueva generación de niños lectores abiertos a otras culturas, credos y razas.

Castillo de Blutenburg en Múnich, sede de la Bilioteca Internacional de la Juventud

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La biblioteca creada por esta mujer visionaria impulsó la literatura infantil a través de cursos, seminarios, charlas, encuentros con autores, conferencias, lecturas, teatro de marionetas y de sombras, clases de idiomas con ayuda de libros infantiles y talleres de pintura infantil. Todos tenían cabida en esas salas bellamente decoradas. En 1953 creó IBBY (International Board on Books for Young People), organización para el Libro Juvenil que agrupa a profesionales del libro en todo el mundo. En 1964 publicó su autobiografía que se tradujo al inglés en 1969, y ahora por primera vez en español con el título Un puente de libros infantiles (Creotz Ediciones, España, 2017). En ella, da testimonio de las dificultades que tuvo que sortear para llevar a cabo su ambicioso proyecto en medio de las adversidades. Es un libro extraordinario, lleno de anécdotas y salpicado con toques de fino humor, recomendado especialmente a escritores, mediadores de lectura, bibliotecarios y especialistas de la LIJ como ella, que aman y difunden los libros infantiles.

“Comprendió que debía emprender una cruzada para reunir libros infantiles de todo el mundo con el fin de que esos niños pudiesen asomarse a otras culturas”.

Con el correr del tiempo, sus iniciativas se han multiplicado en todo el mundo, pues fueron muy inspiradoras para los nuevos profesionales de la LIJ. Prueba de ello es la Biblioteca Internacional de la Juventud que desde 1983 funciona en las afueras de Múnich, en el castillo de Blutenburg, precioso pabellón de caza del siglo XV, transformado en una biblioteca única, con una colección de 630.000 libros infantiles de todo el mundo. En sus anaqueles se atesoran colecciones de libros infantiles antiguos y modernos que son verdaderas obras de arte y que inspiran a sus nuevos creadores. Muchos escritores acuden a sus salas a conocer las últimas tendencias de la literatura infantil universal y a recrearse en sus maravillosas ilustraciones. A su vez, esta biblioteca ha creado una distinción llamada White Ravens, que premia anualmente los libros infantiles de más alta calidad en todo el mundo. Este castillo de libros de cuentos ha recibido el reconocimiento de escritores como Erich Kästner, Michael Ende o James Krüss, y la visita de expertos, editores y autores internacionales que acuden a investigar en diversos temas asociados a la LIJ. Como puede verse, las ideas de Jella Lepman a favor de la literatura infantil y juvenil para favorecer la paz y el entendimiento entre los pueblos están hoy más vigentes que nunca.

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Fotografía © Volnei Canonica

MIS FAVORITOS

Roger Mello, autor e ilustrador:

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Provocación a través del lápiz La ilustración ha sido parte de la vida de Roger Mello desde muy niño, cuando dibujaba historietas y cómics en su Brasilia natal. Al mismo tiempo transcurría la dictadura, hecho que marca profundamente el trabajo del ilustrador y que lo ha llevado a exhibir a través de su obra una visión crítica de la sociedad. Mello no cree en el eurocentrismo clásico de la literatura infantil, y por ello, su trabajo busca reflejar el folclore y la cultura popular brasilera a través de temas como el trabajo infantil. Amante de los libros, es el ilustrador de más de un centenar de ellos, algunos de los cuales también ha escrito. Entre ellos, encontramos Carvoeirinhos, Meninos do Mangue y João por um Fio. Su mayor reconocimiento: el Premio Hans Christian Andersen el año 2014.


El mejor regalo literario para un niño Quedarse frente al códice maya. La lectura en él es visual, subjetiva. Son geoglifos mayas que el lector puede descubrir e interpretar. Un libro que hace reír Macunaima, de Mario de Andrade. No se puede evitar llorar con este libro La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca. Para cautivar a un adolescente no lector La música de Nelson Cavaquinho, el filósofo del samba. Aunque no sea un escritor, pienso que una manera de cautivar a jóvenes no lectores puede ser través de las letras de la música. Un libro que no falte a la hora del cuentacuentos Panchatantra de Vishnu Sarma. Mi libro álbum favorito es… Etrusco dorado, el más antiguo códice completo encontrado. Es un libro y tiene imágenes. No considero que el libro álbum sea solo el hecho en la actualidad, para niños. Mi mejor novela juvenil A odalisca e o elefante, Pauline Alphen. El ilustrador que más me gusta ¿Tengo que elegir una persona? Empezaría con los anónimos que ilustraron la Pedra Furada en el Parque da Capivara, Piauí. La biblioteca donde encuentro todo La biblioteca de Babel, de Borges. El libro que hoy tengo sobre mi velador El Rey Mono ilustrado por Xiong Liang. Quando Pedro tinha 9 anos, Mariana Massarani.

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DOSIS DE LECTURA

Flon - Flon y Musina Autora: Elzbieta Editorial: SM Cuarta edición, junio de 2015 Texto e ilustraciones: Elzbieta ©L’Ecole de Loisirs, París, 1993 ©Traducción del francés: Paz Barroso

"La guerra era

demasiado grande.

No escuchaba a nadie. La oían ir y venir. Hacía mucho ruido. Encendía unos fuegos

inmensos.

Destrozaba todo... Pero Flon Flon seguía viendo la cerca de espino:

-¡No es verdad! ¡La guerra no ha muerto!

¿Por qué no la has matado? -La guerra no muere jamás, hijo mío. Sólo duerme de vez en cuando. Y, cuando duerme,

hay que tener mucho cuidado para no despertarla - suspiró su padre. 68 | HABÍA UNA VEZ


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DESTACAMOS

Rapa Nui, la editorial amiga de los niños Por Manuel Peña Muñoz y Claudio Aguilera

Dicen que las palabras se las lleva el viento, pero las palabras impresas quedan.

Y

a través de aquellos libros que escapan al tiempo y llegan a nosotros por misteriosos caminos es posible reconstruir la historia de esos hombres y mujeres que se dedicaron a capturar palabras y ponerlas en letras de molde para que sigan vivas cuando ellos ya no estén. La historia, por ejemplo, del escritor chileno Hernán del Solar (1901-1985) y el editor catalán Francesc Trabal (1898-1957), quienes decidieron unir esfuerzos para realizar una proeza que parecía imposible: fundar en Chile una editorial de excelencia para niños. Así nació en 1946 Editorial Rapa-Nui, cuya misión era “crear una tradición en ediciones infantiles” con “escritores del país, de dibujantes del país, de papel nacional y de imprentas chilenas”. No fue una tarea fácil. Gracias a la experiencia editorial que había adquirido Trabal en Barcelona y al empeño creativo de Del Solar, el sello logró dar un enorme impulso a la literatura infantil y a la ilustración chilena. A falta de escritores nacionales, Del Solar ideó decenas de historias bajo seudónimos tan improbables como Peter Kim, Gastón Colina, Oliverio Baker, Abelardo Troy, Ricardo Chevalier, Clovis Kerr, Bat Palmer, Juan Camerón, Walter Grandson y Aldo Blu, entre otros. “Desde que hemos lanzado los primero libros Rapa-Nui, no tratamos otra cosa: aplicar todo nuestro esfuerzo para ir mejorando. Es muy difícil crear una tradición en ediciones infantiles. Pocos países lo han logrado. En la mayor parte no hacen sino repetir, adaptar, traducir…”, escribió Trabal en 1950. El resultado fueron cerca de sesenta títulos que destacaron por la calidad de su factura y diseño, e historias entretenidas y dinámicas dotadas de una gran carga alegórica y poética, en las que se transmite un deseo de evasión y un trasfondo de tierna humanidad. Inspiradas en la novela clásica policial inglesa, con toques de sorpresa y humor, los libros de Hernán del Solar, en particular, dan cuenta de un profundo conocimiento de la psicología de los niños y se dirigen a su inteligencia e imaginación. Gracias a su perfecto dominio de la técnica no-

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velesca, supo mantener el interés de los lectores. Prueba de ello es que aún hoy se siguen reeditando sus títulos más representativos, como La Porota, Mac, El microbio desconocido y Cuando el viento desapareció. La atenta mirada de la dupla editorial permitió además incorporar al catálogo de Rapa-Nui obras esenciales de la literatura infantil gracias a un concurso realizado en 1947, el que tuvo como ganador del Premio Rapa Nui a Joaquín Gutiérrez con Cocorí. El Premio de Honor fue nada menos que para Papelucho, de Marcela Paz, y la Mención de Honor recayó en Isidora Aguirre, autora de Wai-Kii. Uno de los grandes aportes de editorial Rapa-Nui fueron sus ilustradores. Provenientes de diversos ámbitos, supieron dar a cada título una dosis de humor absurdo y modernidad poco habitual en los libros para niños de la época. A las firmas de Mario Silva Ossa y Elena Poirier, nombres emblemáticos de la revista El Peneca y las ediciones de Zig-Zag, se sumaron los hermanos Aníbal y Lautaro Alvial, grabadores y experimentados ilustradores de la revista El Cabrito, y el historietista Jorge Christie, autor de la primera tira cómica diaria chilena. La editorial acogió también a jóvenes creadores como Yola Huneeus, hermana de Marcela Paz, y a una serie de artis-

tas que se vieron obligados a emigrar desde Europa, como los catalanes Darío Carmona y Roser Bru, la escenógrafa y bailarina austríaca Hedi Krasa y los dibujantes italianos Paolo, Vittorio y Claudio Di Girolamo, y Nino, seudónimo de Giovanni Corradini, quienes enriquecieron la escena nacional con una novedosa visión gráfica y plástica. Al cumplirse sesenta años de la muerte de Trabal y setenta del nacimiento de este importante sello, releer los libros de Rapa-Nui es una manera de reencontrarnos con nuestra historia y rendir un merecido homenaje a aquellos pioneros que construyeron las bases de la literatura y la ilustración infantil chilena. Y sin duda, no hay mejor homenaje para Hernán del Solar y para Francesc Trabal que desempolvar la memoria de su obra y ayudar a que las nuevas generaciones de niños chilenos, aquellos a los que tantos desvelos dedicaron, vuelvan a reencantarse con las historias e imágenes que nos legaron. Tal como escribió el autor en las primeras líneas de Cuando el viento desapareció: “Ahora los tiempos han cambiado y ya no suceden cosas tan extraordinarias. Pero hubo épocas en que todo era posible. Si deseamos convencernos, abramos algunos viejos libros y leamos las historias que nos cuentan”.

Manuel Peña Muñoz y Claudio Aguilera son escritores e investigadores especializados en literatura infantil chilena, y curadores de la muestra Rapa-Nui, la editorial de los niños, exhibida en el Centro Cultural de España entre julio y septiembre de este año.

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RECOMENDADOS

Libros

recomendados

Les presentamos una selección de libros que abordan el tema de la violencia y que han sido recomendados por mediadores y por nuestro Comité de Valoración. Para ver más de nuestras recomendaciones visita fhuv.cl/que-leer/

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RECOMENDADOS POR

MEDIADORES

Lectura en pañales

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Primeros lectores

Lectores

Lectores avanzados

Grandes lectores


RECOMENDADOS POR MEDIADORES

¿Por qué? Escritor e ilustrador: Nikolai Popov Si no recuerdo mal, la primera vez que estuve en México fue en 1998, en la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil que se celebraba en el DF. De aquella feria me traje un montón de buenos recuerdos, unos cuantos amigos y una maleta llena de libros que, por aquel entonces, eran difíciles (o imposibles) de conseguir en España. De todos esos libros hay dos que sigo llevando a menudo en mi mochila de trabajo, uno de ellos es ¿Por qué?, un libro álbum de Nikolai Popov. La historia que cuenta este libro es muy sencilla: una rana está sentada sobre una piedra en un prado, tiene una flor en las manos. De pronto aparece un ratón que, de entre todas las flores que hay en el prado, quiere la que, precisamente, tiene la rana. De malas maneras, el ratón le arrebata la flor a la rana. Pero la rana no se queda de brazos cruzados, llama a otras ranas que le ayudan a recuperar su flor (es más, a quedarse con todas las flores y el paraguas del ratón). Pero el ratón no se ha quedado conforme, ha llamado a otros ratones y juntos vienen a recuperar flores y el paraguas… La historia entra en un espiral en el que ranas y ratones van incrementando sus fuerzas hasta terminar en un enfrentamiento que resulta trágico y en el que todas las ranas y

todos los ratones mueren salvo dos, la rana y el ratón del principio que ahora, entre cenizas y desolación, se preguntan ¿por qué?

Editorial: Norte-Sur Año: 1988

Como podéis ver, el libro muestra, de una manera sencilla y muy cercana, cómo ocurre un espiral de violencia que desemboca en hierro y muerte. Es voluntad declarada del autor que así sea, pues él mismo explica al final del libro su experiencia como niño que vivió la II Guerra Mundial en su ciudad natal (Saratov, en el centro de Rusia): “decidí hacer este libro porque pienso que si los niños ven la insensatez de la guerra, si ellos logran percibir con qué facilidad es posible verse envueltos en un ciclo de violencia, entonces podrán transformarse en una fuerza que elija la paz en el futuro”. La historia se construye exclusivamente con ilustraciones. Estas son muy claras y limpias al principio y, según avanza la trama, se van “ensuciando” con tonos más oscuros. Pienso además que, aunque el libro tenga esa clara voluntad por mostrar el espiral de la violencia, no hace de esto un panfleto, pues la manera como cuenta, la multitud de detalles, la resolución final y, sobre todo, el título del libro, invitan al diálogo y a la búsqueda de respuestas.

Recomendación: Primeros lectores

Un libro delicioso que os recomiendo.

Por Pep Bruno, narrador oral, escritor y editor.

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RECOMENDADOS POR MEDIADORES

Estela grita muy fuerte Escritora: Isabel Olid / Ilustradora: Martina Vanda Editorial: Tajamar Editores Año: 2008

Recomendación: Primeros lectores

Estela grita muy fuerte se inscribe dentro de aquellos libros que abordan temas que hace un tiempo hubiéramos denominado poco comunes dentro de la literatura infantil y juvenil, al menos en nuestro medio local. Hoy, por suerte, ha habido cambios y quienes crean o difunden esta literatura, interesados en acercarse a la experiencia de la infancia desde un mirada fresca, aguda y necesaria para establecer un buen puente comunicante, han decidido no subestimar al niño con pura fantasía al estilo Disney y encararlo con la cotidianidad, y lo que ella tiene de bueno y malo. En la vida nos pasan cosas y urge relatarlas para, junto con atraer y entretener, formar, acompañar y enseñar. Esta es la historia de Estela, una niña tímida que se refugia en su imaginación para sortear los momentos que le son desagradables. Por ejemplo, su amiga Lucía la pellizca y ella en vez de defenderse imagina que es un pájaro naranja que vuela alto y se escapa. Las ilustraciones de estilo onírico refuerzan este mecanismo que funciona como vía de escape y resistencia. La profesora es quien le hace ver que es necesario expresar el disgusto, “gritar fuerte hasta que vengan a ayudarte”, no permitir el daño. Así es como Estela se atreve a decirle a su madre que no le tire tanto el pelo mientras la peina, e inmediatamente después, su tío

Anselmo haciéndole “unas cosquillas raras por todo el cuerpo, incluso por sitios escondidos que ni ella conoce”, aparece como un acto cotidiano más, y por lo mismo, expresando su brutalidad y urgente denuncia. El relato no profundiza en lo que ocurre una vez que la niña se decide a contar lo que pasa, pues finaliza antes: “tiene muchas cosas que contarle a mamá, pero lo hará mañana. Hoy solo tiene ganas de abrazarla”; y se centra en la escena en que se atreve a gritar para detener el abuso, salir del silencio y reconocer ante toda la familia que el juego de su tío no le gusta nada. Libros de este tipo instan a reflexionar sobre la necesidad de que el niño exprese lo que siente con respecto a las cosas que le hacen daño. Es clave en este tipo de títulos la presencia de una mediación de lectura adecuada y lúcida, que muchas veces puede ser deficiente debido a distintas razones (desde ciertos sesgos ideológicos de algunos establecimientos u hogares, hasta competencias limitadas de los mediadores de lectura). La intención final de estas temáticas es no hacer ojos ciegos y oídos sordos a una realidad que, como tantas otras, es más común de lo que creemos, o queremos creer. Invertir tiempo en niños felices, sanos y seguros es también tarea de los libros y su promoción.

Por Bernardita Bravo, asesora de Bibliotecas SIP.

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RECOMENDADOS POR MEDIADORES

Dip. Más allá de la oscuridad Escritora e Ilustradora: Eva Sánchez Los miedos envuelven y amortajan al ser humano al punto de enceguecerlo y hundirlo en las profundidades de la oscuridad, donde termina perdiendo la razón. La autora Eva Sánchez recurre a la leyenda catalana de los “dips”, perros lobos salvajes, que al igual que el chupacabras latinoamericano, se alimentan de la sangre del ganado. A través de esta figura nos habla del miedo y de la relación que el hombre tiene con este. La voz de los dips, que son los protagonistas del cuento y que la autora tomó como símbolo del miedo, cuenta cómo los hombres les temen y cómo huyen cuando el “viento susurra” su nombre. Pero también nos revelan cómo actúan algunos adultos para proteger a sus hijos o cómo los enfrentan y creen que son capaces de dominarlos. Otros, en cambio, se subyugan y aprenden a convivir con ellos. Finalmente, hay hombres que se obsesionan, se enceguecen y actúan sin razón. Entonces las consecuencias son fatales, tal como ocurre en esta historia, que tiene un final escalofriante. Las ilustraciones difusas, pero aplastantes, en colores que se mueven entre los grises y los negros sobre páginas en color sepia, transmiten

magistralmente la sensación que produce el miedo. Las escenas de luces y sombras, de animales largos desplazándose por los aires, recogen la imagen de esos miedos que flotan, danzan y se desplazan en torno a uno y que a veces nos paralizan y otras nos levantan cual gigantes todopoderosos.

Editorial: Edelvives Año: 2016

Pero no solo resalta el miedo en esta obra, también vemos cómo esta emoción, que ha sido personificada en unos lobos salvajes, amenaza y ataca al ser humano, lo subyuga y lo paraliza, tal como lo demuestran las ilustraciones cuyos seres se ven terroríficos. Es así como el lector se encontrará con una violencia sicológica mil veces más agresiva que la física, que lleva al hombre a actuar de manera irracional e impensada y que lo puede impulsar a cometer el acto más violento que puede realizar: matar. No cabe duda de que Eva Sánchez logró su objetivo. Estoy segura de que cada lector que tome y abra este libro sentirá el peso de las imágenes e identificará la violencia que los miedos ejercen sobre él, que lo pueden llevar a actuar de maneras inesperadas.

Recomendación: Lectores

El libro obtuvo el IV Premio Internacional Álbum Ilustrado 2015 que convoca la Editorial Edelvives.

Por Pilarica Echeverría, profesora de castellano y animadora de la lectura.

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RECOMENDADOS POR MEDIADORES

Juul Escritor: Gregie de Maeyer / Ilustrador: Koen Vanmechelen Editorial: Lóguez Año: 2009

Esta es la historia de Juul. Un Juul que no merece palabras dulces, generosas o de amor. ¿Hay alguien que las merezca? Juul no. Y es que al parecer, está lleno de “defectos”: su pelo es rizado y rojizo, tiene una cabeza con orejas, ojos; tiene boca y voz; brazos, manos, piernas y pies que le ayudan a desplazarse, tocar y abrazar. Seguramente piensas que tú tienes las mismas características y estas no son defectos. Pues al parecer te equivocas, sí lo son. Según “los otros”: el pelo de Juul es caca, su cabeza un huevo, sus orejas alas, sus ojos bizcos, su lengua y voz tartamuda, sus piernas torcidas e inútiles, sus manos sucias… ¡Qué raro! ¿Aún no te convenzo de lo malo de esta situación?

Recomendación: Lectores

Juul, por el contrario, creyó en la verdad de estas palabras y cortó sus rizos, arrancó sus orejas, encegueció sus ojos, quemó su lengua, destruyó sus piernas y sus manos; hasta que perdió la cabeza. Porque has de saber que cuando se es tan imperfecto, no importa lo que hagas, cuando eliminas un defecto, alguno que queda en ti será mucho peor. Y “los otros” siempre están dispuestos a poner al alcance de la mano

algunos elementos necesarios para el proceso. Cuando Nora encontró a Juul, solo era un torso y una cabeza abandonada, y por supuesto quiso saber qué había sucedido. El lápiz y el papel fueron sus herramientas. Y la boca que una vez tuvo voz comenzó a escribir… y es que ya sabes, reconocer e integrar nuestra historia siempre nos puede salvar. Esta es una dramática historia en formato de libro álbum, ilustrado con fotografías de un muñeco de madera, que a lo largo del libro va perdiendo sus partes, tal como relata la historia. A pesar de haber sido editado por tercera vez en el 2009, es un libro que dolorosamente sigue vigente, mostrándonos la vivencia del menosprecio y del maltrato, hasta llegar a la desintegración. Un libro que todo mediador debe haber leído si quiere abordar con un profundo sentimiento de empatía la violencia escolar.

Por María José Tapia, coordinadora Programa de Biblioteca CRA y Fomento Lector de la Fundación Belén Educa.

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RECOMENDADOS POR MEDIADORES

La playa de las conchas Escritor: Shin Hye-Een / Ilustrador: Cho Eun-Young Hoy Corea está nuevamente en el foco del mundo. Volvió a los titulares con la amenaza de la reactivación de un conflicto que dividió a un país en dos, dejando familias separadas por varias décadas y miles de muertos y prisioneros políticos. Esta historia dolorosa está en los libros de historia contada por políticos y otras voces del mundo adulto. ¿Pero cómo acceder al recuerdo de los niños, a su versión de los hechos? Conectar este relato protagonizado por un niño o niña con el público infantil no es tan fácil. Es más bien una proeza. En el caso de La playa de las conchas, libro que llega gracias a la lúcida selección de Editorial Saposcat, la violencia espera agazapada mientras transcurre la historia. Antes de su aparición Shin Hye–Een, autor del texto, nos muestra el mundo de Yon Jae, el protagonista. Con algunas pinceladas, nos revela cómo era la vida antes de la guerra usando una estructura narrativa que separa cada episodio en un breve relato independiente: la casa del protagonista, sus paseos, la actividad de su padre y a otros integrantes de la familia como el hermanito o el abuelo y hasta sus comidas. Este es también un vistazo a la vida coreana, sus tiempos y prácticas cotidianas, hasta que irrumpe la guerra, los refugiados

y el dolor. Los hombres de la casa se van. Desde ahí y hasta el final, ese pequeño se transforma e incorpora la herida de su historia personal y la de su país en una forma que no se revela, pero que está patente.

Editorial: Saposcat Año: 2016

Este retrato, tan personal y tan universal a la vez, se complementa con la ilustración de Cho Eun-Young que se asemeja a los trazos infantiles: poco prolijos, con manchas o zonas de color más fuertes que otras y personajes con proporciones diversas. Desde esa mirada infantil se produce la fuerte conexión entre ilustración y texto, que en los pasajes sobre la brutalidad del conflicto y sus secuelas cobra gran expresividad. El autor de las imágenes, llenas de colores y texturas, logra un gran manejo de las emociones que muestra el libro usando una técnica compleja. En el final, un rostro real nos revela que esta historia es verídica porque es la de miles y no solo en Corea, sino en cada lugar en que los conflictos están dejando a niños crecer solos o sin parte de su familia. Es un recordatorio de que los testimonios volverán una y otra vez como advertencia para evitar que la sociedad siga cayendo en el mismo espacio del horror.

Recomendación: Lectores

Por María Isabel Molina Valenzuela, periodista. Directora de Grafito Ediciones y socia de PLOP! Galería.

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RECOMENDADOS POR MEDIADORES

Matador Escritor: Wander Piroli / Ilustrador: Odilon Moraes Editorial: Babel Libros Año: 2015

Recomendación: Lectores

“Brutal” fue la primera palabra que se me vino a la mente cuando terminé de leer Matador. La portada, con un pequeño pajarito posado en un muro, no entrega ninguna pista del contenido, pero el texto no se demora en hacernos llegar hasta el lugar donde trascurre la historia: en primera persona, el narrador nos lleva a un barrio sencillo, a un recuerdo de su propia infancia. Todos los niños de la cuadra matan gorriones con sus hondas, menos él. No porque no quiera, sino porque nunca consigue dar en el blanco. Los amigos se burlan y hasta los propios pájaros parecen mofarse de su ineptitud. La frustración lo hace perseverar, afinar la puntería, hasta que un día, al fin, lo logra: una anécdota que se transforma en una mancha imborrable, un dolor que se transmite al lector. “Brutal” vuelve a ser la palabra indicada para describir ese instante del relato en que ya no hay vuelta atrás. La presión del grupo que domina las acciones, la rabia como motor, las reacciones insensatas. El protagonista no olvida el piar agónico del gorrión, y el lector no puede dejar de sentirse identificado, de pensar en las propias marcas de la memoria.

el ilustrador brasileño Odilon Moraes construye un barrio que podría estar en cualquier recuerdo. Hay casas sencillas, postes de luz, mucha vegetación. Todo, envuelto en un aura borrosa, como la memoria. El trazo sugiere y se basta en su simpleza. El texto de Wander Piroli, en tanto, nos sumerge en la intimidad del protagonista. Un testimonio descriptivo y sincero, que revela la frustración acumulada y las ansias por el lograr el cruel objetivo. Hacia el final, el vértigo del desenlace y un cierre donde el autor escoge con pinzas las palabras, que arroja sin piedad sobre el lector. Un libro especial, escaso en su tipo. Despojado de almohadas que suavicen el golpe, nos empuja junto al protagonista a buscar entre la maleza al gorrión derribado y nos convierte en testigos incómodos de un acto impulsivo e irracional, tan propio de la niñez. “La vergüenza de confesar el primer error nos lleva a muchos otros”, dice la contraportada, citando a La Fontaine. Una lectura brutal pero tan bien construida y editada, que sobrecoge.

Con una paleta acotada de verdes y grises –el azul del cielo aparece solo en la portada y en las guardas, enmarcando magistralmente el relato–,

Por Bernardita Cruz, periodista. Encargada de comunicaciones de Ediciones Ekaré Sur.

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RECOMENDADOS POR MEDIADORES

Malala, la niña que quería ir a la escuela Escritora: Adriana Carranca / Ilustradora: Bruna Assis La historia de Malala Yousafzai, la niña pakistaní que ha luchado por el derecho a la educación entre el autoritarismo y el terror que sembraron los talibanes en su región, ha recorrido el mundo. Tanto así que es la más joven ganadora del premio Nobel de la Paz. Mucho se ha escrito en torno a ella, desde libros ilustrados para los más pequeños, hasta su propia autobiografía en Yo soy Malala, que escribió junto a la periodista Christina Lamb. Malala, la niña que quería ir a la esuela surge a través de una investigación periodística de Adriana Carranca, quien visitó el valle del Swat, donde vivía Malala; se hospedó con pastunes, conversó con ellos, con los amigos de Malala y sus profesores; visitó su casa y plasmó su experiencia y toda la información recabada en este libro. A través de él, busca no solo narrar la historia de una niña que arriesgó su vida por ir a la escuela, sino que también contextualizarla y dar al lector más antecedentes de la cultura pakistaní. Es común encontrarse, a lo largo del libro, con notas a pie de página que explican conceptos, definen palabras o relatan hechos históricos, lo que, sin duda, enriquece el relato principal; asimismo, las últimas páginas están centradas en un registro fotográfico que la autora llevó durante su investigación.

Y así nos vamos sumergiendo en el valle de Swat, en sus calles, conocemos la escuela Khushal, que pertenecía al padre de Malala, y donde ella participaba activamente. No solo destacaba en lo académico, le gustaba el deporte, el teatro y, sobre todo, leer e intercambiar con sus amigas los libros de Harry Potter. Pero cuando los talibanes bajan de las montañas, la violencia se apodera del valle y de la vida de los pastunes. Con fusiles en mano aterrorizaron a todos, destruyeron monumentos históricos e hicieron grandes fogatas con computadores, cámaras de fotos, televisiones, todo lo que para ellos era pecado. No permitían los bailes, la música, los cantos y prohibieron que las niñas fueran a la escuela. Malala, entristecida por la noticia y asustada por el nivel de violencia que se vivía, decidió comenzar un blog, que escribió por seguridad bajo un seudónimo, y donde hablaba de los miedos, de las restricciones y las amenazas bajo las que vivían. Este blog era publicado en la red de radio y de televisón de la BBC, y así Malala, con una gran claridad y sabiduría informó al mundo cómo había cambiado la vida en su pueblo y expresó sus temores y sueños. Tenía solamente once años y había decidido que “mi fuerza no está en la espada. Está en la pluma”.

Editorial: V&R Editoras Año: 2017

Recomendación: Lectores

Por Daniela Sánchez Allende, licenciada en Letras por la Univ. Católica. Encargada de Área de Proyectos de la Fundación Había Una Vez.

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RECOMENDADOS POR MEDIADORES

La maravillosa vida breve de Óscar Wao Autor: Junot Díaz Editorial: De Bolsillo Año: 2014

Recomendación: Grandes lectores

Me pidieron escribir una reseña acerca de un libro en el que la violencia fuera la protagonista, y realmente no fue fácil. Pero no es porque no existan libros donde se trate este tema, sino porque me di cuenta de que no había leído muchos. Quizás es porque no abundan esas lecturas; o quizás yo no me había dado cuenta de mis propias lecturas. Entonces me puse a pensar y llegué a La maravillosa vida breve de Óscar Wao. Quiero presentarles, primero, a Óscar: “Nuestro héroe no era uno de esos dominicanos de quienes todo el mundo anda hablando, no era ningún jonronero (Del jonrón o relacionado con este golpe característico del béisbol) ni fly bachatero, ni un playboy con un millón de conquistas. Y salvo en una época temprana de su vida, nunca tuvo mucha suerte con las jevas (Chica, novia o pareja.) (qué poco dominicano de su parte)”. Ese es Óscar Wao, medio dominicano y medio gringo; pero al final, ni de aquí ni de allá. Este libro está lleno de humor, referencias a la ciencia ficción, los cómics, la literatura fantástica o cualquier dato freak (¡de los verdaderos freaks!). Pero es también un libro triste, donde se evidencia el cinismo de la vida contemporánea y el ser víctima del sistema. Además, es trágico, se cruza con la historia de República Dominicana, con la

terrible dictadura de Trujillo; con el viaje, la migración forzada, los guetos latinos en Estados Unidos; la discriminación, la violencia, el hecho de no sentirse parte de ningún lugar en el mundo. Y todo esto es lo que llamó mi atención e hizo que me diera cuenta de lo que es violento: “¿Quieres saber de verdad cómo se siente un X-Man? Entonces conviértete en un muchacho de color, inteligente y estudioso, en un gueto contemporáneo de Estados Unidos. ¡Mamma mia! Es como si tuvieras alas de murciélago o un par de tentáculos crecientes en el pecho”. Leo La maravillosa vida breve de Óscar Wao y pienso que es un libro necesario. ¿Cuántas personas tienen que dejar su tierra para migrar antes de ser asesinados o sólo para huir de una dictadura opresora? Y al mismo tiempo me doy cuenta que el fukú (aquello que da mala suerte) es inevitable: la maldición del nuevo mundo está instalada, y es imposible escapar de ella. Un latino es un latino en todas partes del mundo. La esclavitud está a la vuelta de la esquina, disfrazada de trabajo, de sueños y deseos incumplidos. Esta novela es eso: un fuerte deseo sin conceder.

Por Valentina Álvarez, estudiante de Instituto Sagrado Corazón de San Bernardo.

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RECOMENDADOS POR MEDIADORES

Nada Escritora: Janne Teller “Deberíamos habernos detenido antes de ir más lejos. De un modo u otro, era demasiado tarde”. Este libro trata la historia de un chico de catorce años llamado Pierre Anthon, quien se sube arriba de un ciruelo y comienza a gritarle a sus amigos que nada importa, que todo es un teatro en el que se aparenta y que no vale la pena hacer nada. Sus compañeros deciden entonces demostrarle que la vida sí tiene sentido. Entre todos tienen la idea de armar un montón de significado: cada integrante del grupo debe entregar algo que para él o ella sea importante, para luego mostrárselo a Pierre Anthon y que este se dé cuenta del sentido escondido en esas cosas. En un comienzo la propuesta parece ser un buen proyecto. Libros, aros, una caña de pescar, entre otros, van a parar al montón de significado. Sin embargo, la exigencia en la entrega de objetos significativos comienza a aumentar y la presión de los compañeros obligará a cada uno a entregar aquello que más duele, que más cuesta, y que en algunos casos hará tambalear sus creencias y hasta su propia integridad como personas. La historia es narrada por Agnes, compañera de curso de Pierre, quien a través de su voz va evidenciando la transformación que vive tanto ella como sus compañeros, pasando de actos y decisiones inocentes, a

actitudes frías y crueles, en las que se entremezclan el odio, la venganza, la inseguridad y el rencor. La narración avanza de una manera ágil y rápida, desarrollando un relato que atrapa y genera, paulatinamente, una incomodidad en el lector. De manera directa, pero a la vez sutil y sin caer en el morbo, se exponen episodios que remecen y que impactan por su crudeza. A lo largo de las páginas, la violencia de los acontecimientos se va normalizando y es aceptada e incluso apoyada por el grupo, quienes ven en estos hechos sacrificios importantes y necesarios para acercarse al real significado. De este modo, el libro expone la dificultad de desmarcarse de una actividad grupal que comienza a distorsionarse, situación muchas veces presente en las dinámicas de los jóvenes y también de adultos. A su vez, en la historia se desarrolla y evidencia una problemática muy actual, pero no por eso menos violenta: cómo el hecho de conocer la intimidad del otro permite tener herramientas para dañarlo.

Editorial: Seix Barral Año: 2015

Recomendación: Grandes lectores

Nada es un libro que abre puertas para reflexionar sobre la existencia y preguntarse por los límites de nuestros actos. ¿Hay cosas que importan? ¿Es tangible el significado? Finalmente, ¿dónde se encuentra realmente el significado y cómo somos capaces para encontrarlo?

Por Trinidad Cabezón, licenciada en letras, Coordinadora de proyectos en Fundación Había Una Vez.

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RECOMENDADOS POR MEDIADORES

LIBRO DIGITAL

To This Day (Hasta el día de hoy) Autor: Shane Koyczan App gratis del sello Moving Tales Año: 2013

Recomendación: Lectores avanzados

A propósito de violencia, hace cuatro años, Shane Koyczan, un poeta canadiense de “la palabra hablada”, una pequeña corriente poética nortina, como nuestra paya local, un “spoken word artist”, lanzó en YouTube y en una charla TED simultánea, el video de su poema To This Day (Hasta el día de hoy). El primer día lo vieron casi dos millones de personas y, hasta hoy, lleva 21 millones de vistas, un éxito viral total. Se trata de un corto animado, narrado en verso, de siete minutos y medio que aborda el bullying. El corto se ha convertido en el lema mundial de las víctimas de la violencia escolar. Me dio mucho placer encontrarlo en la App store bajo el sello Moving Tales; el casi desaparecido precursor de los mejores libros app animados que he visto hasta hoy. El formato app permite variar los idiomas de los subtítulos y además controlar el audio; o lo mejor de todo: grabar tu voz, acompañada por la música, para ir reemplazando el inglés en cada escena (¡la mejor opción para el aula local y profes dramáticos!). Esta es realmente la diferencia de verlo en YouTube. Además, la descarga de la app -gratis- permite verlo sin conexión a internet y con calma, ya que divide las estrofas en escenas subtituladas. Combina distintas animaciones aleatoriamente, hechas para cada segmento, permitiendo

recibir una nueva experiencia en cada lectura. Doce animadores digitales y ochenta artistas de renombre participaron en esta colaboración, los cuales elevan la app a una calidad estética memorable. A pesar de lo complejo, la traducción funciona. El traspaso al español no pierde la fuerza del relato. Lo más impactante es la voz del autor en inglés y su intención de relator –digno de parar pelos–. No omitan este paso (con subtítulos), aunque graben su propia versión. Una aplicación digna de pertenecer al currículum, como lo ha sido por décadas en EEUU Shel Sileverstein, con su encantador y dramático poema ecológico “El árbol generoso”, de 1964. Hoy más vigente que nunca. Hasta el día de hoy relata la experiencia universal del autor y una amiga al ser amedrentados en el colegio. Casi como una confesión, constantemente intercala las repercusiones en la adultez; logra impresionar de una manera muy empática y sensible. Abarca temas fundamentales como la depresión infantil, terapia, la crueldad en el colegio, la violencia de las palabras, niños medicados, y sobre todo, las secuelas que acompañan.

Por Jennifer King, comunicadora visual británica, ex directora de la Revista HUV, Profesora UDP y directora de Confín Ediciones.

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Es lamentable que algunos de los subtítulos tengan errores de digitación, y no incluyen puntuación –la peor parte– (¡estoy a punto de enviarles una versión revisada!) aunque son contados con una mano. Sin embargo, el beneficio que brinda el conjunto es inigualable. Se agradece finalmente material novedoso y creativo para abarcar esta temática tan presente.

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RECOMENDADOS POR MEDIADORES

LIBRO ADULTO

La palabra más hermosa Autora: Margaret Mazzantini Editorial: Lumen Año: 2009

Hace poco escuché hablar del concepto de “duración” de un libro, no para mencionar la cantidad de páginas, sino esa sensación de viudez que queda tras terminar un libro que se mete en la piel y nos acompaña por semanas en nuestros pensamientos. Eso fue lo que me pasó tras leer este libro. Preguntas, cuestionamientos a los personajes, imágenes que no podía sacarme de la cabeza y la tentación de volverlo a leer. La historia parece trivial: el relato cruzado de una mujer italiana de mediana edad, Gemma, viajando a Sarajevo con su hijo adolescente en el presente, cruzándose con el recuerdo de cuando en su juventud conoció en la misma ciudad al que fuera su gran amor, Diego, quien ya no está. Se suma a este relato un personaje entrañable como Gojko, quien sin querer arrastra a sus nuevos amigos a una guerra que no es la suya.

Recomendación: Grandes lectores

La historia se enreda, como en la vida, y aparece la guerra de Bosnia: cruda, despiadada e ignorada por el mundo, y arrasa con todo. Tras su paso deja solo sombras de lo que los protagonistas alguna vez fueron. Ya no hay arrojo, sino miedo; la pasión se vuelve duda; la vida diaria se convierte en una lucha; la confusión lo inunda todo; y queda la duda de si los sueños perseguidos valieron alguna vez la pena.

El libro es también una buena excusa para interiorizarse en lo que fue la guerra de Bosnia, que entre 1992 y 1995 cobró la vida de alrededor de 100.000 víctimas entre civiles y militares y generó una enorme emigración, con cerca 1,8 millones de desplazados. ¿Qué es lo que hace de esta una novela inolvidable? En primer lugar, la prosa delicada, que envuelve y va cambiando de tono y ritmo, a medida que los protagonistas atraviesan por distintos momentos de su historia y relación. Luego los cambios temporales, que te llevan desde el presente al pasado constantemente, lo que envuelve al lector en una especie de acertijo para unir los cabos sueltos y tratar de que cierre la historia. Por último, las distintas luchas: la por ser pareja; la por ser madre, la por sobrevivir a una guerra, la por curar las heridas del paso del tiempo. Un libro en clave femenina, que queda resonando en quien lo lee.

Por Magdalena Palma, directora ejecutiva Fundación Había Una Vez.

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RECOMENDADOS POR MEDIADORES

LIBRO PROFESIONAL

El arte de la lectura en tiempos de crisis Autora: Michele Petit “Somos seres de lenguaje y seres de relatos y estos tienen un valor reparador”. Cuando hablamos de violencia hablamos de daño, de traumas, de heridas emocionales o físicas, de aquellos efectos que produce la vulneración de nuestra dignidad e integridad. En el contexto temático presentado en esta edición, el libro de la renombrada antropóloga francesa Michele Petit, sobresale por su pertinencia y por sus respuestas frente a una pregunta clave: ¿qué puede hacer la lectura y la literatura frente a la violencia y sus consecuencias? Desde crisis sociales y políticas hasta crisis personales, el libro analiza en profundidad la acción reparadora y sanadora de la lectura y la literatura. A través de experiencias en distintos países del mundo, principalmente en Latinoamérica, la antropóloga presenta una extensa galería de situaciones, prácticas y realidades en que la literatura ha estado presente y ha significado la generación de un nuevo espacio para los afectados; en especial, niños y jóvenes que han visto truncado su futuro en medio de guerrillas y pobreza, abandono y soledad, y en que se manifiesta “el poder de la palabra escrita para reconstruir la vida de personas en desgracia”. Entre una multiplicidad de conceptos, destaca el análisis de los efectos derivados de la lectura en los pri-

meros años de vida. Cómo, desde la infancia, se generan referentes emocionales que conforman el imaginario lingüístico del individuo.

Editorial: Océano Travesía Año: 2009

El testimonio de beneficiarios y facilitadores -mediadores- es complementado por una sólida base teórica conformada por reflexiones y experiencias de importantes intelectuales vinculados con el mundo de la literatura, la infancia, o ambos; desde Freud a Pamuk, pasando por Kafka, Winnicot, Perec y Cyrulnik, entre otros. Las respuestas a la pregunta planteada surgen progresivamente en los distintos capítulos: la lectura puede ser un espacio hospitalario y cálido; la potencialidad de la literatura para permitir “saltar al otro lado”; el enorme poder de simbolización que provee el relato; cómo se manifiestan otras formas de socialización de la lectura; el exilio y el espacio que puede proporcionar y, finalmente, la escuela y la biblioteca como agentes privilegiados para el acercamiento a la riqueza del mundo del lenguaje. Terminado el libro, queda una grata y reconfortante sensación y la convicción de que la lectura es un espacio de apertura. Más que una instancia de evasión, es un salto a otro espacio, uno que provee de esperanzas y que permite ver la realidad con cierta distancia. Un espacio de paz y tranquilidad frente al caos exterior, sea este violento o no.

Recomendación: Para mediadores

Por María Paz Garafulic Litvak, socia y directora de Confín Ediciones y directora fundadora de Fundación Había Una Vez.

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RECOMENDADOS POR NUESTRO

COMITÉ DE VALORACIÓN

Lectura en pañales

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Primeros lectores

Lectores

Lectores avanzados

Grandes lectores


RECOMENDADOS POR COMITÉ DE VALORACIÓN

Madrechillona Escritora e Ilustradora: Jutta Bauer Editorial: Lóguez

Año: 2015

Clasificación: Literatura “Esta mañana, mi madre chilló de tal forma, que salí volando en pedazos”. Narrada desde la perspectiva de un pingüino pequeño, el cuento expone la historia de cómo una madre le grita tan fuerte a su hijo que termina haciéndolo volar en pedazos. Las distintas partes del cuerpo del pingüino van cayendo en lugares como el universo, la ciudad, la selva, entre otros. El pequeño hace un intento de recomponerse, pero no puede. Sin embargo, su misma madre, arrepentida, busca sus diferentes partes y las cose, hasta que logra reconstruirlo y le pide perdón. Este es un libro de pocas palabras, pero profundas, que describe para los niños una situación familiar a veces compleja. Con un lenguaje cercano y con imágenes tiernas y elocuentes que profundizan el significado del texto, se plantea una metáfora a través de la figura del pingüino despedazado, que nos muestra el daño que puede producirse ante una reacción furiosa de una madre hacia su hijo. Se deja la puerta abierta a la interpretación, en cuanto a lo que puede significar el grito de la madre y el despedazamiento del niño, vinculado quizás este último a un daño emocional como inseguridad, miedo, tristeza o confusión. No obstante, el intento de reconstrucción de la madre plantea la posibilidad del arrepentimiento y la recuperación de la confianza y el amor entre ambas partes, además de demostrar que los padres también se pueden equivocar.

Recomendación: Primeros lectores

Un hermoso libro álbum que describe lo que puede pasar en las relaciones familiares, y que muestra lo violento que puede ser para un hijo un exabrupto de parte de sus padres, pero también la posibilidad del perdón y la esperanza de enmendar el vínculo.

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RECOMENDADOS POR COMITÉ DE VALORACIÓN Recomendación: Primeros lectores

Refugiada: la odisea de una familia Tessa Juliá / Ilustradora: Anna Gordillo Editorial: La Galera

Año: 2017

Clasificación: Literatura Una niña y su familia, al igual que muchas otras personas, deben abandonar su casa, su comunidad, su tierra, por la guerra. Una diáspora que se ha vivenciado tantas veces en la historia de la humanidad se convierte en un libro álbum para todas las edades. No se ha visto tanto sobre la migración forzada por acontecimientos bélicos u otro tipo de violencias en el mundo de los libros infantiles, así que puede ser un buen recurso para trabajar el tema con los niños. Puntos fuertes: la sencilla y triste historia de la pequeña protagonista, que el relato ni siquiera nombra, enfatizando así su desarraigo de tierra e identidad; las ilustraciones en tonos azulados, que enfatizan la tristeza y permiten vivir el caminar desolador de la migración.

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RECOMENDADOS POR COMITÉ DE VALORACIÓN

No toques a mi madre Hervé Mestron Editorial: Zig-Zag

Año: 2016

Clasificación: Literatura Cecilia, una joven adolescente, vive sola con su madre desde que el padre se fue en un viaje sin retorno. La mujer ha tenido un par de novios ocasionales, pero su hija advierte que el abandono del que fue su marido le ha dejado con marcadas secuelas emocionales. Sin embargo, las cosas están por cambiar. Hace algún tiempo, ha aparecido Sebastián en la vida de su mamá, y se aprestan a cambiarse de casa para vivir juntos los tres. Sebastián es el hombre perfecto: cariñoso, cooperador, protector. Siempre está atento a detalles que puedan hacer más feliz a su nueva familia. Cecilia, aunque lo acepta, siente que la vida ahora será diferente... ¡estaba tan acostumbrada a vivir sola con mamá! El desconcierto surge cuando frente a una instrucción no acatada por la adolescente, Sebastián le levanta la mano. Si no fuera por la acción defensiva de la madre, la habría golpeado. Luego vienen las sospechas: su mamá tiene moretones que, según ella, son provocados por choques con muebles o repentinas caídas. La confirmación se produce cuando una tarde Cecilia sorprende al novio de su madre agrediéndola violentamente. Está tan asustada, que sale arrancando. Afortunadamente, cuenta con la sólida amistad de Bettina y su familia, quienes la ayudan a quebrar el círculo de la violencia y a encarcelar al agresor.

Recomendación: Grandes lectores

Una nueva novela del músico y escritor francés Hervé Mestron, que enfrenta un tema de absoluta vigencia en la sociedad actual: la violencia contra la mujer. Con un lenguaje simple, y orientado hacia un público juvenil, el autor va presentando una historia que si bien es predecible, permite empatizar con las víctimas y tomar conciencia sobre el problema del maltrato. Libro entretenido y fácil de abordar. Una buena opción para jóvenes lectores.

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RECOMENDADOS POR COMITÉ DE VALORACIÓN Recomendación: Grandes lectores

Nube negra Juliet Escoria Editorial: Los libros de la mujer rota

Año: 2015

Clasificación: Literatura Nube negra es un título que refleja fielmente el contenido de la obra de Juliet Escoria. A través de relatos breves, crudos y directos, asociados a un título con nombre de sentimiento, la autora hace un paneo por la vida de una joven desesperanzada y que refleja la oscuridad de una sociedad decadente. Cortante, con palabras rudas y brutales, con frases cortas pero inundadas de miseria, conocemos la rutina y las desesperanzas de este personaje desencontrada consigo misma en un mundo que parece no ofrecer una salida. El cometido de la obra: retratar la miseria humana. El libro rompe con los esquemas clásicos en la literatura juvenil, donde se perpetúa el final feliz y los textos aleccionadores. La mirada cruel y desesperanzada de este texto nos lleva a vivirlo desde la literatura sin pretender una instrucción en modales o en formas de vivir, sino más bien, un acercamiento a las letras y a lo que nos hacen sentir (desde diversas vitrinas).

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RECOMENDADOS POR COMITÉ DE VALORACIÓN

Por trece razones Jay Asher Editorial: V&R Editoras

Año: 2017

Clasificación: Literatura Tengo la certeza de que muchas veces habrás escuchado: “¡Es mucho mejor el libro que la película!” y debo decir que esta no es la excepción. La serie, basada en el libro, es buena; mantiene la atención capítulo a capítulo, pero sus diferencias con el libro son sustantivas. El argumento: Hannah Baker está muerta, se ha suicidado y ha dejado una singular herencia para algunos compañeros de colegio: el relato de su historia, o al menos de los trece motivos que la llevaron a tomar la decisión de quitarse la vida. Cada uno de estos motivos es a la vez un destinatario que recibirá una caja con cintas de cassette, grabadas por la misma Hannah; y un mapa, con el itinerario geográfico de cada lugar donde se suscitaron los acontecimientos. Clay Jensen es uno de los destinatarios y es a quien acompañaremos durante todo un día, sumergiéndose en estos trece encuentros de dolor, burla, daño, abuso y falta de sentido, tratando de descubrir cuándo Hannah “dejó de querer ser parte de algo”.

Recomendación: Grandes lectores

Esta novela es un relato de desamor, de la profundidad e importancia que tiene la mirada de los otros en nuestro autoconcepto, pero también es una oportunidad para ver que nuestros actos determinan el actuar de otros sobre sí mismos y sobre otros: “supongo que ese es precisamente el punto, nadie sabe con certeza cuánto impacta en la vida de los otros, pero de todos modos, forzamos la situación”. Si comencé leyendo esta historia pensando en la mirada omnipotente de los jóvenes, la terminé con el temor de no acogerlos y mostrarles que todo puede ser mejor.

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RECOMENDADOS POR COMITÉ DE VALORACIÓN Recomendación: Primeros lectores

El viaje Francesca Sanna Editorial: Impedimenta

Año: 2016

Clasificación: Literatura El mundo puede sorprendernos con una nueva desgracia, hasta que al final todo queda sumido en el caos. Uno de esos días, la guerra se llevó a nuestro padre. Todo se volvió más oscuro y mi madre estaba cada día más preocupada. Los niños deberán meter su vida en varias maletas despidiéndose de todo cuanto conocen. Emprender un viaje en el que cuanto más se alejen, más cosas irán dejando atrás. Un emigrar sin ninguna frontera que cruzar; un nuevo lugar en donde no haya guerra, en donde la paz y el derecho a la vida traiga de vuelta la felicidad y la posibilidad de comenzar de nuevo. Un libro álbum que narra la historia de refugiados que han debido emprender un viaje, con la esperanza de comenzar de nuevo, confiando en que la suerte esté de su lado. El viaje es la historia de muchos viajes. Historias que la autora e ilustradora Francesca Sanna reúne luego de registrar e ilustrar con sello propio testimonios de personas refugiadas y/o inmigrantes en Italia.

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RECOMENDADOS POR COMITÉ DE VALORACIÓN

Greta La Loca Geert De Kockere / Ilustrador: Carll Cneut Editorial: Barbara Fiore

Año: 2006

Clasificación: Literatura Esta es la historia: una nueva interpretación sobre un clásico como lo es Dulle Griet, del pintor holandés Pieter Brueghel, el Viejo. Un óleo de 1562 de carácter folclore flamenco con claras influencias de El Bosco, que se hizo famoso en todo el mundo “por contar lo que no se puede contar” y en el que la protagonista representa a una mujer campesina: la loca Meg, quien llegó al infierno para entregarse al diablo. Tanto autor como ilustrador proponen un nuevo relato al sumergirse hacia una atmósfera gris, lúgubre y llena de locura. En este escenario, Greta, la protagonista, sin titubear, camina hacia el infierno en búsqueda del diablo, sorteando sin miedo seres grotescos y monstruosos, tan solo porque quería preguntarle al diablo si cuidaría de ella, si le daría su corazón, su alma… Pero el diablo no tiene corazón; el diablo tampoco tiene alma. Un relato intertextual, en donde las Ilustraciones de estilo renacentista se desprenden desde una portada oscura, que nos lleva hacia un universo perturbador, prohibido, que se contrarresta con la riqueza visual del imaginario que quiso ilustrar Cneutt con una gama de colores rojizos, ocres, naranjas; que comulgan y se complementan con la iconografía surrealista que Brueghel el Viejo quiso representar en esta obra.

Recomendación: Lectores avanzados

Imágenes llenas de fantasía y oscurantismo que dialogan con un texto de gran talento narrativo. Una propuesta literaria que incluso busca interpelar al lector situándolo en lo escalofriante que sería estar cerca del infierno, del diablo y del inevitable miedo que nos provocaría, cuestionándonos quizás si continuar o no con la lectura; que deja acceder al mundo narrado. En este caso, hacia personajes excluidos del mundo, donde la relación del personaje con la realidad y la sociedad genera un ambiente sicológico que no estamos acostumbrados a ver, ya sea por prejuicios, o por la idea preconcebida de que las historias siempre deben tener finales felices. Porque finalmente, “Greta La Loca, la que en lugar de querer, queretaba. La que en lugar de gritar, gretaba. Greta se había entregado completamente”.

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RECOMENDADOS POR COMITÉ DE VALORACIÓN Recomendación: Lectores avanzados

Yo fui esclava: memorias de una chica oculta Escritores: Shyma Hall / Lisa Wysocky Editorial: V&R

Año: 2016

Clasificación: Biografía Hoy en día, la palabra esclavitud suena a prácticas del pasado erradicadas por la humanidad. Sin embargo, este libro saca a la luz una realidad desconocida para la mayoría de las personas: el tráfico de seres humanos. La egipcia Shyma Hall vivió en carne propia esta realidad: con solo siete años, fue vendida por sus padres a un matrimonio que la explotó por años. Libro autobiográfico que busca sensibilizar sobre un tema que no es de conocimiento masivo. Con un lenguaje claro y dinámico, Shyma Hall estremece con un relato que va desde su pobre infancia en un pueblo cercano a Alejandría, hasta su vida actual, donde ejerce un fuerte rol en la lucha contra la esclavitud. El recuerdo de sus hermanos menores, el trauma del abandono y el constante cuestionamiento de por qué sus padres la entregaron a cambio de dinero se entremezclan con detalles de la dura vida que debió llevar durante años.

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RECOMENDADOS POR COMITÉ DE VALORACIÓN

La guerra que salvó mi vida Kimberly Brubaker Bradley / Ilustrador: Gabriel Pacheco Editorial: Santillana

Año: 2015

Clasificación: Literatura Ada, una niña de unos diez años, vive con su madre y su hermano pequeño en un pobre departamento en Londres. La madre, una mujer cruel y despiadada, se avergüenza de Ada porque tiene una malformación en el pie derecho y la obliga a estar todo el día encerrada; además de golpearla y humillarla, repitiéndole todo el tiempo que es una “lisiada” y no sirve para nada. La inminente llegada de la Segunda Guerra Mundial y la evacuación de los niños al campo es la oportunidad que tiene Ada de escapar con su hermano Jamie a Kent, donde una mujer solitaria y algo deprimida los acoge, cambiando por completo, e irremediablemente, sus miserables vidas. Esa es la historia. El fondo: dos niños maltratados y humillados por su propia madre. Una protagonista sufrida y con un problema físico irremediable. La guerra, la pobreza, el hambre, el encierro, las cucarachas. La huida, el encuentro con un ser generoso y el descubrimiento de un mundo cálido y reconfortante.

Recomendación: Lectores avanzados

Melodramático y redentor, este libro podría ser uno de los tantos que relatan el paso de la miseria a la felicidad, de la oscuridad a la luz, del desamor al amor. Sin embargo, tiene un elemento que lo distingue: la fortaleza de sus personajes femeninos: Ada y Susan, la mujer que acoge a la niña refugiada, quienes no siempre sienten lo que se supone deberían sentir. Son mujeres complejas, que callan, que se resisten, que aman sin que se note. La construcción de ambos personajes está muy bien lograda y sobre ellas descansa el mayor atractivo de este libro: que las muestra como humanos reales en un escenario literario que, sin ellas, podría ser una maqueta de la guerra y el desamparo.

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REVISTA HABÍA UNA VEZ

Edición Nº26 | Año 2017 Directorio FHUV:

Agradecimientos:

Ricardo Ariztía Bettina Chiffelle Rebeca Domínguez María Paz Garafulic

a todos quienes participaron en este número.

Coordinación Revista HUV Directora Ejecutiva: Magdalena Palma Editora: Catalina González Directora de Arte: María Paz Muñoz C.

Ilustración de portada: Gusti

Ilustraciones interiores:

Trinidad Cabezón, Alejandra Castillo, Catalina González, Carmen Paz Hernández, María Paz Muñoz, Alejandro Oyarce, Magdalena Palma, Daniela Sánchez, Valentina Tapia y Elisa Villanueva.

Valeria Castro | p. 12 Gusti | p. 50 Camilo Jerez | p. 18 Francisca Luco | p. 42 Manuel Méndez | p. 26 María Paz Muñoz | p. 60 Valentina Silva | p. 34

Comité Editorial:

ISSN 0719-9341

Claudio Aguilera, Rebeca Domínguez, María Paz Garafulic, Catalina González, Hugo Hinojosa, Constanza Mekis, María Paz Muñoz, Magdalena Palma y Manuel Peña.

Representantes legales:

Equipo FHUV:

Colaboradores: Claudio Aguilera, Pablo Álvarez, Valentina Álvarez, Adriana Benítez, Sara Bertrand, Bernardita Bravo, Pep Bruno, Jairo Buitrago, Bernardita Cruz, Pilar Echeverría, Inés Garland, Hugo Hinojosa, Jennifer King, Lola Larra, Rafael López, Roger Mello, María Isabel Molina, José Andrés Murillo, Maili Ow, Ana María Pavéz, Manuel Peña, María José Tapia, María José Thomas y Josefa Torres.

Rebeca Domínguez y María Paz Garafulic San Francisco de Asís 216 Las Condes, Santiago. (+562) 32659725 / 32659728 contacto@fhuv.cl

Impreso en GraficAndes Comité de Valoración: Amparo Arias, Trinidad Cabezón, Jorge Cancino, Bernardita Cruz, Macarena Fernández, Aylin Fuentes, Cristián Gajardo, Catalina González, María Paz Muñoz, Ofelia Muñoz, Tere Mujica, Álvaro Soffia, Daniela Sánchez, Francisca Santibáñez, María José Tapia y Elisa Villanueva.

www.fhuv.cl @fhabiaunavez

/Fundación-Había-Una-Vez @fhabiaunavez

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Misión

Visión

Promover el valor de la lectura a través de espacios, programas y acciones que aporten al desarrollo y bienestar personal, comunitario y social.

Contribuir, como un referente a nivel nacional, a la formación de lectores reflexivos, críticos, creativos y conscientes del mundo que los rodea.

hemos implementado más de

tenemos

12 años de experiencia

hemos trabajado desde Alto Hospicio hasta Chiloé

bibliotecas a lo largo del país

¿QUÉ HACEMOS COMO FUNDACIÓN? Promovemos el valor de la lectura principalmente en sectores vulnerables Seleccionamos los mejores libros a la medida de nuestros usuarios

Ofrecemos capacitaciones a mediadores para que las bibliotecas sean el corazón de sus establecimientos

Implementamos bibliotecas en lugares como:

escuelas campamentos

cárceles museos

Buscamos que la lectura llegue a TODOS

¿Por qué? porque creemos que la lectura...

•Democratiza y es agente de cambio social

•Promueve la curiosidad y el aprendizaje de todas las áreas del conocimiento

•Desarrolla la empatía

•Abre un espacio para la ensoñación

Había Una Vez Nº26  

Especial violencia en la LIJ

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