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MARCELA PAZ

RECORDANDO A...

¿Por qué no hay que olvidar a Marcela Paz?*

La literatura supone crear mundos a través de algo tan escurridizo como es la palabra, y si con esa palabra lo creado se transforma en un mundo en el que lo imaginado comienza a formar parte de lo real, el escritor ha dado en el blanco. Ana María Güiraldes Escritora El escritor, como la araña, va tejiendo con sus palabras una red, y Ponencia presentada ante el si el lector queda atrapado en esa red como una mosca, ha dado CILELIJ, 26 de febrero de 2010 en el blanco.

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Si los protagonistas de esa aventura tienen tanta credibilidad como para tendernos una mano y no soltarnos hasta el punto final, el escritor ha dado en el blanco. Marcela Paz dio en el blanco. Hasta este mismo instante, he hablado como escritora, pero voy a ceder a la tentación y hablaré desde la lectora, desde la niña lectora que leyó y adoró a Marcela Paz. Entonces ya puedo decir que Marcela Paz dio en MI blanco. Eran esos tiempos en que con un libro por delante el día se me hacía noche y en la noche tenía que ayudarme con linternas, porque como en esa época la lectura no era un imperativo, los niños leíamos porque sí y a toda hora. Y leer con ese desparpajo y libertad, hacía que el libro que tenía entre mis manos extendiera aún más su puente hacia el universo al que estaba aproximándome. Así fue que una tarde en que el invierno amenazaba dejarse caer en los tejados tomé un libro nuevo. Papelucho, se llamaba. Y lo abrí. En esa época yo no sabía que estaba conociendo al que sería el niño más popular de la literatura chilena, al que quedaría grabado en el ADN de varias generaciones. Yo sólo hice lo que miles como yo hicieron en su momento: leer las primeras páginas y sentir de inmediato que ese niño de nueve años se transformaba con una celeridad impresionante de personaje a persona.

Había una Vez 46 | Recordando a...

Pero es que ocurrió algo inédito en mi experiencia de niña come-libros: por primera vez en mi vida lancé una carcajada al leer. Y página a página mi risa comenzó a inundar el diario de vida de ese niño flaco y orejudo que me contaba cosas tan entretenidas. (…) ¡Me gustaba porque era absolutamente libre al narrar! ¡Y sobre todo porque no pretendía enseñarme nada!

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Había Una Vez n°6  

Sexto numero de la revista de la fundación Había Una Vez

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