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Alberto Montt

lberto Montt no hace deporte, no ve televisión, duerme la mitad de lo que debería y la cuarta parte de lo que quisiera. Tiene tres tortugas, un paladar de gusto variopinto y una casa donde los libros se han ido tomando todos los espacios, incluido el baño. Detesta a la gente que come en el cine y confiesa que muchas personas le han dicho que tiene la misma nariz y actitud que sus personajes. A pesar de que asegura que con los años se ha puesto cada día más neurótico, se toma todo el tiempo del mundo para recordar, paso a paso, cómo llegó a convertirse en uno de los ilustradores más destacados de la escena local. Hijo de padre chileno, nació hace 38 años en Quito, Ecuador, y vivió en ese país la mayor parte de su infancia. Allí también estudió artes plásticas y diseño gráfico e hizo sus primeros trabajos. Todo, hasta que escuchó la palabra “ilustración” y supo que podía ser un oficio

Había una Vez 32 | Ilustración

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Aunque tiene decenas de libros a su haber y miles de seguidores en internet, Alberto Montt no se considera creativo. “Hay gente que tiene muchas más ideas y mejores, yo simplemente pongo las mías en el papel”, afirma. Así de sencillo es este chileno que pasó de copiar historietas cuando niño a convertirse en todo un referente de la ilustración. de tiempo completo. De inmediato quiso dedicarse a eso. Entonces, con 26 años, decidió hacer sus maletas y venirse a Chile, convencido de que acá el mercado le ofrecería más oportunidades. “También estaba el tema del reencuentro con mis raíces y todo eso me daba mucha curiosidad”, recuerda. A pesar de que había hecho ilustraciones para revistas y libros en Ecuador, se demoró más de un año en atreverse a mostrar su portafolio. “Todo se veía más difícil desde adentro. Tenía la sensación de que era un esfuerzo destinado al fracaso. Creía que el mercado estaba copado y ya no había más espacio”. Cuando por fin se decidió, obtuvo casi de inmediato su primer encargo: el libro Para ver y no creer, de la Editorial Alfaguara. De ahí se animó a presentar su trabajo en la prensa escrita, teniendo de igual modo buena recepción. Entonces, terminó todo lo que estaba haciendo y se dedicó por completo a la ilustración.

EL HOMBRE DE LAS MIL IDEAS

por Bernardita Cruz M.

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Había Una Vez n°6  

Sexto numero de la revista de la fundación Había Una Vez

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