Navegar la vida con Paciencia

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NAVEGAR LA VIDA CON PACIENCIA

Gwen Rozo


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Universidad Nacional de Colombia Escuelas de Artes plรกsticas y Visuales

NAVEGAR LA VIDA CON PACIENCIA Gwen Rozo Vargas

Bogotรก, 2020 Tutora: Marta Combariza Osorio


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AGRADECIMIENTOS A Dios que me enseña que todo tiene su tiempo A mis padres y hermano por incentivar mi gusto por transformar la materia A Andres Quintero por ser mi escucha y animo en las incertidumbres A cada una de las instituciones y personas que hicieron posible este proyecto: Tutora de trabajo de grado Marta Combariza Osorio El Boga Casa taller Constanza Escobar Heberto y Dagoberto Ramírez Hermes, Luis Manjarrez y todo el equipo de trabajo del Taller de Joyeria Hema Escuela Taller de Mompóx Geovanny Rojas, Yimi Alvarado, Yesi Cristina y Josimar Fotograbado Martín Armando Martín Fotometal Impresores Javier Gómez Fredy Tour Mompóx Fredy López y Diana Baeza L y L JOYERÍA Lida y Liliana Herrera Docentes Universidad Nacional William Vásquez, David Lozano y Rosario Lopez Camila Laorni, Vanessa Payome, Jorge, Cecilia Jiménez, Jordi y Faustino


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ÍNDICE PREÁMBULO PARA UN VIAJE

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ATAR LA CADENA DE SUCESOS 13 ACERCARSE AL AGUA PARA SUMERGIRSE POR COMPLETO 21 NAVEGAR COMO NECESIDAD 33 JALAR EL HILO JALAR EL BARRO 43 TODO ES PROPENSO A SER DESILUSIÓN TODO ES PROPENSO A SER POSIBILIDAD

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TRABAJAR CON LAS MANOS PARA FORMAR EL CARÁCTER

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VOLVER AL AGUA ANTES DE DESPEDIRSE

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ANEXO, LA ESCUELA TALLER DE MOMPÓX

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PREÁMBULO PARA UN VIAJE


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Realmente no tenía el objetivo de guardar una vivencia del pasado, sino crear una nueva y llegar hasta allí. Saber que esa búsqueda estaba realizándose en el terreno de los hechos y no de los propósitos. Deseaba estar presente. Andaba en búsqueda de un instante que lo contuviera todo, pero no había respondido un todo para quien. Solo cuando supe que la búsqueda no era para alguien más sino para mí misma, entendí que significaba aquello que buscaba atrapar. Debía irme, ahogarme a mí misma en aguas desconocidas y ver qué pasaba, porque entre la lucha de respirar y ver que la muerte te está sometiendo con la asfixia, allí intuía que se descubre el ahora revelando lo etéreo, el umbral, la frontera, esa zona pelúcida donde la complejidad del universo se vislumbra simple, junta e indivisible. Entonces, ¿En qué agua decidir ahogarme?, en aguas de un río, porque las del mar ya las había probado y no eran lo que andaba buscando, nunca me había gustado la brisa fuerte de las playas. En mi mente estaba más la imagen mía, sentada como una anciana en una mecedora junto al río magdalena, que la de cayendo torpe sobre la playa con arena en las nalgas y agua salada en la boca. Pensandolo bien, esto no era capricho. En mi vida el agua calma, había marcado instantes importantes. El primero lo había tenido a las 5 de la mañana en un plan de turismo ecológico en una trajinera en Xochimilco, México, viendo como poco a poco todos los árboles de los costados del canal iban apareciendo con sus siluetas definidas, mientras el sol salía perfectamente alineado con las copas de los arboles como un punto redondo y calmo en el horizonte.El otro instante era en Quebec, Canadá en una cabaña de retiro a 30 minutos del pueblo más cercano, Blue Sea Lake, donde a mi padre y a mí nos habían invitado, era una cabaña hermosa de madera, que daba directamente a un lago privado, al cual solo tenían acceso otras 5 o 6 cabañas, que durante mi dos días en el lugar, parecieron nunca existir. El lago era prácticamente para nosotros y era lo bastante largo para durar 15 minutos cruzándolo en línea recta hacia la montaña que teníamos en el otro extremo, donde una escalera de madera te permitía subir a un pequeña zona plana escondida entre los árboles, donde podíamos sentarnos a observar un lago silencioso que te pertenecía.


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Laguna de Bacalar, México, canales de Xochimilco, México, lago Lac Caya, Canada, cienega de pijiño, Colombia. Imágenes obtenidas en google earth


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Estos instantes que ahora eran recuerdos eran la materialización de esa imagen palpitante que tengo por estar flotando en el agua, una agua tibia placentera a la cual no le temes. No era coincidencia que estos instantes estuvieran relacionados con el agua calma, la brisa ausente, la lejanía de mi propio país y así mismo la soledad. Quería una isla, un lugar rodeado por agua, una isla en medio del río, una isla fluvial con calorcito de ese que le temo por ser una cachaca que se pone colorada. En retrospectiva ahora entendía cada eslabón de la decisión de irme a visitar un lugar rodeado de agua dentro de mi país, pero sobre todo un lugar donde lo seductor no solo estuviera en la visita sino en la estancia y en aquello que solo ese lugar podría ofrecerme.Fue así que apareció Mompóx, en una nota de prensa del periódico el tiempo del 2001, el título decía, Mompóx, una isla en el magdalena, el escrito comenzaba con una cita de Gabriel García Márquez en su libro El general en su laberinto, “Mompóx no existe. A veces soñamos con ella, pero no existe” (García Márquez, 2016, p. 108), seguidamente empezaba a narrar brevemente la historia de gloria y olvido de la

ciudad, que estaba relacionada por la caprichosa idea del rio de olvidarse de nutrir el brazo de Mompóx con sus aguas, haciendo que poco a poco los barcos a vapor dejarán de transitar por allí a mediados de 1850, dejando en el olvido a la pequeña Mompóx, que como narra un propio poeta de su tierra, nació del deseo entre la luna y el magdalena, deseo que ahora surgía en mi, anhelando verla. Mompóx era para mi ese espacio para lograr invocar los instantes que tanto busco, instantes que separen dos duraciones monótonas y contengan la intensidad de una impresión apasionada, era el espacio rodeado de agua que anduve buscando para alejarme de mi cotidiano y que contenía algo que me mandaba acercarme a ella, no solo por el hecho de escapar a un lugar desconocido y alejado, sino porque allí todo parece alinearse, el agua , el río, el calor donde no hay brisa y los oficios con sus atributos de contemplación y paciencia que tanto me atraen en mis procesos del hacer. No sabía con certeza qué sucedería cuando estuviese allá, pero mi intuición me decía que no volvería vacía.


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“una noche, la sempiterna Luna descubrió dormido al Magdalena. Vio su voluminoso cuerpo moreno explayado, desbordando las orillas, creciendo entre la selva entre nísperos y tamarindos. Lo miró inerme, inclinado de los Andes al ancho Caribe, surcar la tierra fértil, varonil, empujar el mar incesante, enturbiarlo con su poder. Mordiéndose el labio inferior tuvo un mal pensamiento, no contuvo su deseo. Ella nocturna sonámbula tuvo ganas de poseer al río. Perturbada, bajó rauda, arrastrando sigilosa su velo astral, su plateado peplo. Levantose tenuemente la falda desnudando las níveas rodillas y se deslizó hasta su lado.Temblorosa con su experta mano palpitante, prodigó caricias ventrales como solo ella podía. Luna, amante de tantos podía encender el sexo de cualquiera sin siquiera despertarlo. El mar furioso notó su ausencia y trató de alcanzarla, excitó su marea celoso. Pero era tarde, ya había retozado sobre la depresión, había cabalgado sobre la isla y yacía exhausta sobre el dormido río. Las primeras luces de la llegada de su esposo la obligaron a vestirse veloz y abandonar desnudo al Magdalena sumido aún en el sopor erótico. El polvo cósmico delataba su camino de regreso como una fuga de estrellas. En la isla dejó incubado un huevo que, inmenso, grande como otra pequeña luna ocupaba el territorio entre ceibas matarratones y guayabos. El río lo descubrió al despertar y se supo mancebo de Selene. El vasto océano, mensajero de los ríos refería historias similares del Yan-tsé y del Nilo. Como todo padre el Caripuaña protegió su tesoro sin apenas tocarlo. Esa noche, acurrucado junto a su germen, despierto, la observó lejana, altiva, ajena a su apetito. Bastó el calor del inocente sol y el abrigo de los árboles para que al día siguiente, blanca, hermosa, iluminada naciera...... Mompox” (Mompox—Colombia: * GUIA TURÍSTICA, s. f.)


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ATAR LA CADENA DE SUCESOS


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Antes de tomar la decisión de salir de viaje y de poder encontrar a Mompóx, como el territorio que ponía una realidad física a mis ideas, tuve que empezar a confiar en mis intuiciones como un conocimiento igual de valioso al de cualquier fuente académica o científica. Debía sincerarme y trabajar con algo que realmente me apasionara, como bien dice Anne Truitt, artista estadounidense “La parte más exigente de vivir una vida como artista, es la estricta disciplina de verse forzado a sí mismo, a trabajar con firmeza a lo largo del nervio de la propia sensibilidad íntima¨.(Truitt, 2013) De esta manera, en los meses previos al viaje, empecé a priorizar mis intuiciones y creer en ellas.Cuando empecé a documentarlas a principios del mes de julio de 2019, note que nada parecia estar aislado y que gracias al conjunto de todas estas, podia empezar a entender el mundo donde se situaba mi proyecto. INTUICIÓN 1 El hombre tiene la necesidad de construir objetos y ocupar el mundo con estos, es imposible habitar en un espacio en el vacío absoluto. INTUICIÓN 2. Los espacios de vacío y de no relación son inexistentes en el dia a dia del ser humano, la vida parece tener la necesidad intrínseca del encuentro y la relación entre dos cosas o más. INTUICIÓN 3 En el encuentro está la semilla que articula y mantiene la complejidad del mundo, existen fuerzas que atraen, unen y repelen a estos componentes.


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INTUICIÓN 4 El ser humano experimenta umbrales de sensaciones gracias a la existencia del otro y el límite de lo que somos cada uno como individuo. INTUICIÓN 5 Existe una necesidad personal por entender esas fuerzas de tensión que ocurren entre las cosas que están a punto de estar en contacto, entender la energía y la intensidad que se produce en la articulación del tú y el yo. INTUICIÓN 6. Necesito vivir instantes de encuentro, pensando el instante no como un problema de duración o brevedad, sino como un punto del tiempo que habla de la intensidad y la atención al detalle. Necesito buscar encuentros intensos que solo yo pueda calificar como tales. (Intuiciones anotadas el 1 de Junio de 2019)

El dilema que enfrenté en ese punto germinal de mi trabajo, era que a pesar de lanzarme con toda la confianza a mis intuiciones, no me era claro que debía vivir, ni con quien debía encontrarme, sabía que dentro de esta ecuación iinevitablemente estaba yo, pero faltaba saber quién o qué era eso que yo denominaba como el otro, y también especificar que era exactamente lo que quería vivir.


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Fue así que en la búsqueda de respuestas acerca de ese instante de encuentro, apareció Mompóx, con todo el trasfondo ya mencionado en el capítulo anterior, lo curioso era saber porque me sentía tan motivada por irme, ¿ Acaso ese deseo tenía otro trasfondo? la respuesta era que si, estaba relacionado con un viaje frustrado a China. A principios del año 2019, había recibido la invitación al IYF3 (Third International Youth Forum on Creativity and Heritage along the Silk Road) a realizarse en las ciudades de Changsha and Nanjing, en China. Todo esto parecía algo irreal, era una gran oportunidad, tanto personal como profesionalmente, pero desafortunadamente el mismo día de viaje con visa aprobada, vuelos comprados y un itinerario de ensueño todo se vino abajo. La aerolínea con que volaba canceló el primer vuelo de una serie de tres escalas,a pesar de las llamadas, los correos y la ayuda de la UNESCO, el conjunto de vuelos solo podían ser reprogramados tres días después, demasiado tarde para un evento de una semana. Vivir toda esta decepción, me había hecho sentir como en la fábula de la lechera, planeando y soñando, idealizando un viaje que nunca fue. Por eso es que de manera silenciosa todo este proyecto de los encuentros y los instantes, se unía de raíz a un deseo profundo por irse. Encapsularse en la burbuja que es todo viaje, buscando de esta manera empezar a controlar esta mente que se lanza tan rápido a idealizar el futuro, necesitaba disminuir el pulso, disfrutar lo incierto y lo momentáneo.


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Un viaje era la oportunidad para entenderme, a través del otro, comprender porque el instante y el presente me fascinaban, a pesar de que el futuro parece prevalecer y agobiar ese corto lapso de la existencia donde todo ES, para recordar punzantemente que ya FUE o que nunca SERÁ. El viaje era ese aprendizaje que necesitaba para manejar lo desconocido, perder el control del futuro, abrirme a las incertidumbres, esperar frente a las adversidades y como el territorio me lo definiría, navegar la vida con paciencia.

Comentario para el Lector En la página siguiente podrá encontrar un mapa de cada una de las etapas, personas, fechas y actividades realizadas durante este viaje, para permitirle entender de manera global que ocurrió durante estos meses de trabajo. En las páginas siguientes podrá leer en profundidad las reflexiones y anécdotas que surgieron durante este viaje..


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Director Director Escuela Escuela Taller Taller Geovanny Geovanny Rojas Rojas ( 9 de (Julio 9 de)Julio ) Luiis Alfredo Luiis Dominguez Alfredo Dominguez ctor archivo Director Historico archivo Historico de Mompóx de Mompóx Guia turistico Guia turistico ( 3 de julio ( 3 de ) julio ) Joyero: Joyero: FredyFredy Pontón Pontón Efrain Canedo Efrain Canedo Hospedaje:Don Hospedaje:Don Ramiro Ramiro Recomendación Recomendación Ciénaga Ciénaga de Pozuelo de Pozuelo ( 17 de (Julio 17 de) Julio ) Edmon Edmon Castell Castell

Mompóx Mompóx ( 1 de (Julio) 1 de Julio) Nacimiento Nacimiento del deseo del deseo

11 semana semana 22 semana semana 33 semana semana 44 semana semana

Conocer Conocer a Jorge, a Jorge, Mare Mare y Rosa y RosaElena Elena

Encuentro Encuentro fortuito fortuito enen el el comedor comedorcosteño costeñocon con RamónRamón Lineros Lineros Yimi Yimi Coordinador Coordinador ( 11 de( 11 Julio) de Julio) Reuniones Reuniones de acompañamiento de acompañamiento Académico Académico Escuela Escuela Taller Taller 10 septiembre 10 septiembre - Marta - Marta Combariza Combariza 12 de12 Septiembre de Septiembre - William - William Vásquez Vásquez

EnvíoEnvío de propuesta de propuesta del proyecto del proyecto a Instituciones a Instituciones ( 23 (de ) ) 23agosto de agosto

David Lozano David Lozano Llamada Llamada de Rosario de Rosario LopezLopez por por ( 4 de Julio ( 4 de ) Julio ) trabajotrabajo de Residencias de Residencias Artisticas Artisticas Trabajo de Trabajo residencias de residencias artisticas artisticas ( 8 de (Agosto 8 de Agosto ) )

Camila Laorni Camila Laorni Visita taller ( Visita 12 taller de Julio 12 de ) Julio ) Recomendaciones Recomendaciones eres de talleres filigrana, de filigrana, hospedaje hospedaje y bases ydel bases oficio del oficio

Encontrar Encontrar al al señor señorTaboada Taboaday yconversar conversar sobre sobre la la muerte muertededesusumadre. madre.

Constanza Constanza Escobar Escobar El Boga El Casa Boga Casa Taller Taller 2 de agosto 2 de agosto

Trabajo dede Financiación Trabajo Financiación para el el viaje para viaje ( 22 dede agosto alal ( 22 agosto 27 27 dede Septiembre) Septiembre)

Llegada Llegada aa Mompóx Mompóx (30 (30de de Septiembre Septiembre 10:43 10:43 am) am)

Primeras Primerasreuniones reuniones con: con: Diseño Diseño Pieza Pieza en en concesión concesión Visita Visita Agustin Agustin Codazzi Codazzi Mapa Mapa ciénagas ciénagas circundantes circundantes a mompóx a mompóx (14 (14 de septiembre) de septiembre)

Alfarero AlfareroEberto EbertoRamirez Ramirez (1(1de deOctubre) Octubre) Joyero JoyeroHermes HermesManjarrez Manjarrez ( (22de deOctubre Octubre ))

Pruebas Pruebas Fotograbado Fotograbado y esmaltes y esmaltes horneables horneables Prueba Prueba lámina lámina de de Latón Latón 15 x1515x cm 15 cm

Visita Visitaa aprofesores profesoresyyestudiantes estudiantes dedeCocina CocinaTradicional Tradicionalyy Filigrana Filigrana ( (22de deOctubre) Octubre)

Reunión Reunión de aprobación de aprobación Director DirectorEscuela EscuelaTaller Taller de proyecto de proyecto (4(4de deOctubre Octubre )) Constanza Constanza Escobar Escobar ContactoContacto con joyeros con joyeros y Hospedaje y Hospedaje en en Realización Realización pieza pieza Fotograbados Fotograbados Martín Martín vMompóx vMompóx ( 18( de 18 Septiembre) de Septiembre) ( 19 de (Julio 19 de ) Julio ) Acuerdo Acuerdo de realización de realización de de Pieza Pieza en concesión en concesión Yesy Yesy Cristina Cristina- Cocina - CocinaTradicional Tradicional Momposina Momposina yeros Joyeros contactados: contactados: y talllery para talllercomunidad para comunidad Josimar Josimar- -Filigrana Filigrana Momposina Momposina Jose Rocha Jose Rocha Reunión Reunión concon Constanza Constanza Robert Robert LukasLukas Marcel MarcelEntrega Entrega fotograbado fotograbado y datos y datos de de llegada llegada a Mompóx a Mompóx AbrahamAbraham Reyes Reyes Material Material de apoyo de apoyo talleres talleres ( 26( de 26 Septiembre de Septiembre ) ) Jose Alfaro Jose Alfaro Egresado Egresado Diseño Diseño Industrial Industrial Ejecución Ejecucióndel deltaller taller Hermes Hermes Manjarrez Manjarrez (25 septiembre) (25 septiembre) “ Formulación “ Formulaciónde deideas ideaspara parala la creación creación ” Contacto Contacto Hospedaje Hospedaje ( 7, ( 7,8,8,99de deOctubre Octubre )) MarisolMarisol de Marsiglia de Marsiglia Walter Serrano Walter Serrano Videollamada Videollamada Daniel Daniel Gonima Gonima y Ximena y Ximena Escobar Escobar Chepa Chepa Mieles Mieles Equipo Equipo de Trabajo de Trabajo en la endirección la dirección dede Jorge Pontón Jorge Pontón Presentación Presentación presupuesto presupuesto y y El Boga El Boga CasaCasaTaller Taller Luz Raquel Luz Raquel cronograma cronograma inicialinicial ( 18 de ( 18 Julio de )Julio )


19 Conclusión,no exploración técnico por decisión de Don Explicación del oficio,manejo de Eberto torno ,conocer a la señora Carmen y a la perrita Mapi Llamadas a Denisse Estefania ( 11 y 15 de Octubre) Investigación de otras formas decorativas diferentes al uso de plomo Realización piezas, mucura, tinajero y lebrillo Comunicación con alfarero Leider de Talaigua inquietudes sobre acabado de piezas ( 10 de Octubre )

Conocer a Don Dagoberto Acompañante y conductor moto a la ciénaga de Pozuelo (11 de octubre )

Acabados de las piezas,baño en barro blanco y Quema

Alfarería con Eberto ( 8 de Octubre al 4 de Noviembre)

Estudiantes y profesores de arquitectura de la Universidad Nacional Proyecto relacionada con el ecoturismo

Viaje redondo en Ferry Bodega - Yati ( 14 de Octubre )

Salidas a las Ciénagas cercanas a mompox

Filigrana Hermes Manjarrez ( 10 de Octubre al 15 de Noviembre )

1 semana 2 semana 3 semana 4 semana 5 semana

Recorrido en planchón por el brazo de Mompóx hasta San Sebastián ( 13 de Octubre )

Ciénaga de pijiño Valerosa Tour (6 de Octubre)

Espacio de Trabajo en los talleres de los artesanos

City Tour con Luis Alfredo ( 12 de octubre)

Preparar hilo de filigrana Fundir plata, pasar material por la laminadora manual, electrica, y torno artesanal Entorchar y escarchar hilo 0.35 y 0.26, preparar soldadura y limarla

Soldar armaduras, uso de tenazas, aprender relleno redondo y jalado

Aprender relleno de zig-zag, ramales y caracoles.

Encuentros fortuitos

Visita a Cecilia Jimenez Ex- Directora de la Academia Tour ciénaga de Pijiño y Juan Criollo de historia de Mompóx ( 10 al 11 de Noviembre) Charla sobre la recoleción y purificación del agua ( 14 de Octubre ) Salida Ciénaga de Pozuelo ( 12 de Octubre) Yordi el guia de la canoa Casa de Nando Demostración funcionamiento tinajero

Campesino Don Faustino conocer al perro Neron y el proceso para hacer el queso y suero costeño Segunda Visita a Pozuelo con Vanessa y Dagoberto mercado y ropa para la familia de Faustino Concocer la matanza ilegal de galapagos

Historia de la prueba de la paciencia

Conocer a Don Fredy Cita en la plaza de la concepción ( 23 de Octubre)

Soldar las piezas con soldadura espolvoreada Estancia en la casa de Fanny, prima de Don Fredy y aplicada con el cargador la ciénaga de Juan Criollo Pulir y brillar todas las piezas ( 11 de Noviembre) .

Conocer a Vanessa Payome Bogotana aprendiendo filigrana ( 26 de Octubre )


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ACERCARSE AL AGUA PARA SUMERGIRSE POR COMPLETO


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A pesar de que comencé este viaje el 29 de septiembre de 2019, solo fue hasta la segunda semana de mi estadía cuando realmente sentí que empezaban a surgir las preguntas y conexiones, que realmente hacían valiosa mi estadía en este lugar. La razón de este retrasado inicio, se debía a que en el fondo de mi corazón mientras salía ese domingo de la terminal del salitre, pensé erróneamente que este viaje podría delimitarse en una lista de actividades; realizar un taller, aprender filigrana, alfarería y visitar las ciénagas de los paisajes circundantes, en ese momento no dimensionaba cuán poderosos podrían ser los momentos más sencillos, que me darían finalmente los aprendizajes más significativos de este proyecto. Ignoraba totalmente que mi trabajo estaba ligado a las cualidades de un estado líquido. En principio, era paradójico que a pesar de ser el agua y mis instantes rodeados por este elemento, constantemente mencionados en el escrito que dio inicio a este proyecto, lo vital del concepto de lo líquido, hubiera pasado a un segundo plano, cuando delimité cada una de las actividades que pensaba realizar. Solo fue gracias

al territorio, con su calor, el vocabulario donde el río y el agua nunca dejan de aparecer, que pude derretir la cuadriculada manera de clasificar de esta bogotana, de la nevera. Aunque imaginaba ver por primera vez, el brazo de Mompóx perteneciente al río magdalena, en el transcurso en que la flota se acercaba a mi destino a manera de bienvenida, después de 17 horas de viaje, todo ocurrió de manera muy diferente, la flota ingresó por la parte contraria al río, lo que se conoce como la carrera quinta, justa detrás del cementerio. Al bajar sentí el calor que me daba la bienvenida al departamento de Bolívar, tome un mototaxi y seguí las indicaciones para llegar a la Casa Taller El Boga, donde estaría hospedada, gracias a la amabilidad de Constanza Escobar y su familia quienes habían confiado en mi proyecto, aprobando mi estadía allí como una de las residencias artísticas de esta Fundación, para mi fortuna esta casa colonial quedaba justo al lado de la albarrada, la carrera peatonal que está justo al frente del río. Solo debía salir de casa y sentarme en alguna silla de la albarrada para darme cuenta que


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29 SEPT

Aprender que iniciar un viaje siempre toma su tiempo.

30 SEPT

Aprender que acomodarse y habituarse a las rutinas de un lugar cuesta mĂĄs de un dĂ­a.


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al fin estaba viviendo rodeada de agua. A mi llegada a El Boga, me recibieron Jorge, quien vive y cuida de la propiedad, y se convertiría en mi compañía junto a Kaiser el perro más solo del mundo, de quien hablaré más tarde, Mare, quien todos los lunes y viernes hace el aseo y la señora Rosa Elena quien es la administradora y está en contacto con los dueños del lugar. La casa era inmensa, con un patio central donde hay una gran palmera, matas de plátano y varias flores bugambilia, mi habitación era la número 10, tenía dos camas sencillas, de las cuales una se volvió realmente mi cama, mientras la otra se convirtió en una especie de mesa de noche gigante, que acompañaba a los otras dos que tenía, estaba el baño y una zona donde organizar mi ropa, tenía ventanas que daban al patio central y por las cuales se sentía aún más los relámpagos de esas primeras noches de lluvia, donde confirmaba que se estaba en un lugar donde el agua abundaba. En mi segunda noche, llovió sin cesar, recuerdo abrir la puerta a la madrugada, tras despertarme por la luz y el sonido de los relámpagos, para revisar la cantidad de agua que caía, porque estaba a punto de desbordarse el agua del patio central que estaba 15 cm bajo el piso del pasillo, le ayudé a Jorge a desviar el agua de los cuartos, mientras me sentía perpleja por ver como el cielo parecía no cansarse de arrojarnos agua. A la mañana siguiente, me enteré que varios lugares se habían inundado, como la casa de la cultura, donde tuvieron que levantar del piso un jaguar disecado y otros animales que tienen en una habitación de exhibición, donde el agua casi los mata por segunda vez. Ese día noté como el río había crecido, todas las personas con las que hablaba me comentaban que eso no era nada comparación a la inundación que ocurrió en el año 2010, donde miles de personas quedaron damnificadas. Me explicaban cómo el paisaje del brazo de Mompóx cambiaba dependiendo la temporada del año. En enero por ejemplo, el río había estado tan bajo que se formó una pequeña isla a la cual se podía llegar caminando, allí varias personas se bañaron en el río durante los fines de semana que les duro este pedacito de tierra. La imagen mental que tenía sobre los ríos de esta región era una copia

1 OCT

Aprender que la lluvia te da la bienvenida inundando las calles en la madrugada

2 OCT

Aprender que un cuerpo nunca planea enfermarse y siempre lo hace cuando uno menos quiere


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borrosa entre las imágenes de google maps y el cuadrante del mapa de Colombia obtenido en el Agustín Codazzi, el cual había utilizado para realizar el fotograbado con esmaltes horneables, entregado como pieza en concesión a Constanza Escobar, quien dirige la Casa Taller El Boga y había aceptado mi proyecto en modo de residencia artística. Semanas antes del viaje había durado casi cuatro días pintando la placa y me preguntaba cuán grande eran en realidad esas extensiones de agua, si tan solo había seleccionado una cuarta parte de la isla de Mompóx para realizar el fotograbado, apenas en él salían segmentos de la bifurcación del río magdalena en los brazos de loba y Mompóx, los cuales rodean la isla partiendo desde el municipio del banco y culminando en la boca de Tacaloa. Las personas, mis fuentes más confiables, me describían que la isla de Mompóx era inmensa, con una gran cantidad de ciénagas,decían que el brazo de Mompóx el que veía todos los días en la albarrada, era 7 veces más pequeño que el brazo de loba. Me contaban que bien adentro de la isla cuando se iba al corregimientos de las boquillas, a las ciénagas no se les veía fin y que muchos

pescadores pasaban la noche en ellas y volvían hasta el día siguiente. Mi primera visita a una ciénaga fue el primer fin de semana, fui con un grupo de turistas en una de los paseos ecológicos que parten desde la plaza de la concepción, íbamos rumbo a la ciénaga de Pijiño, la cual queda al otro lado del brazo de Mompóx, perteneciente al departamento del Magdalena. El tour duraba tres horas, iban tres parejas, una señora, un perro pincher y yo. La lancha se iba por el río como quien va para Magangué y después entraba por el canal de peñoncito para terminar desembocando en la ciénaga de Pijiño, el agua variaba de color entre el río, el canal y la ciénaga. Muchas iguanas, muchas vacas, mucho ruido de motor, la vista era demasiado linda cuando se llegaba a la ciénaga, pero fue tan rápido, tan llevar y traer turistas que sabía que estaba bien solamente por ser la primera vez. De todas maneras me era necesario conocer alguna ciénaga esa primera semana, para empezar a entender que era ese paisaje del que había hablado tanto antes de partir, pero sobre todo para subirme el ánimo. Mi primera semana


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había sido algo solitaria y enfermiza, con fiebre y una tos constante, lo cual me había hecho repartir mi tiempo libre tras organizar el taller para los estudiantes de la Escuela Taller de Mompóx, entre recuperarme acostada en la hamaca o irme a sentir en la mecedora. Esos primeros días, me ocupé de lo que no podía postergar, como concretar materiales para el taller, conversar con los profesores de la Escuela, visitar a Heberto el alfarero y Hermes el joyero, con quienes trabajaría las siguientes semanas. Lo difícil de sentirse tan débil era el hecho de volver a esta casa colonial tan grande con todas sus habitaciones vacías y el sonido de compañía de un ventilador al lado de tu tos resonando en la casa. Una parte de mí no quería aceptar el hecho de que aun deseando estar sola, siempre me hacía falta ser escucha y ser voz. Necesitaba percatarme de cuándo una vivencia se convierte en un aprendizaje significativo y enfermarse era la manera en la que este viaje me recibía, recordándome que no soy tan fuerte, que debo desacelerar, disfrutar de los tiempos muertos como mecerse en la hamaca y comprender que yo ya

3 OCT

Aprender a comer mote de queso y a conocer que las ideas se construyen mejor cuando se escucha al contexto.

4 OCT

Aprender a no agobiarse si el tiempo pasa y avanza lento.


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no estaba en mi casa en el portátil abriendo 10 pestañas con información sobre Mompóx, ahora estaba allí donde sentirse sola o enferma era algo que podría pasar. Toda esta soledad me agobio en un principio, pero fue la única manera de valorar la compañía. Ese mismo fin de semana mientras almorzaba un bocachico, un señor de más de 50 años sentado en la mesa contigua, se dirigió hacia mí con las mismas preguntas recibidas por otras personas esa semana, ¿Qué la trae a Mompóx?, ¿Cuánto tiempo estará por acá?, ¿De qué ciudad viene?; lo curioso de esta oportunidad era que tanto él como yo, teníamos ganas de realmente conversar, él estaba reposando el almuerzo mientras se servía un tinto del termo que tenían en el mostrador. Se presentó por nombre y apellido, para mi quedo como el señor Taboada, era odontólogo retirado y estaba viviendo por el momento en Mompóx, porque se había devuelto de Cartagena o Barranquilla a cuidar a su madre. Mientras hablábamos recordaba la tienda de mi familia donde siempre hay clientes

que hablan con mi tía sobre su vida y sus problemas. Me sentí extrañada cuando después de mencionarle el tema de los instantes y encuentros que buscaba en este viaje, nombró la muerte de su madre a causa de una caída que empeoró su salud. Fue demasiado íntimo ese momento, me mostraba la foto de su madre y decía como ella le había pedido perdón por haberse caído mientras estaba en el suelo. El señor Taboada sonreía, aunque se notaba que tenía el duelo en sus ojos, me decía con tristeza como un segundo de descuido había sido tan decisivo para llevarse a su madre. Yo sin poder refutar su afirmación le escuchaba con cariño, mientras agradecía ser compañía y escucha para alguien. Días después de este primer valioso encuentro, se llevó a cabo el taller con los estudiantes de filigrana y Cocina Tradicional Momposina, del 7 al 9 de Octubre. Esta experiencia que es ampliada páginas más adelante, confirmó a la perfección esa intuición sobre la necesidad de la articulación con el otro, mencionada por el docente

5 OCT

Aprender que escribir puede ser el mejor remedio para no matarse la cabeza pensando en lo mismo, que hablar con un extraño puede subir mucho el ánimo, cuando se tiene necesidad de compañía.

6 OCT

Aprender que una semana puede ser mucho y poco a la vez, que a veces los lugares que anhelas no están donde pensabas y que lo tiempos muertos siempre se les puede sacar provecho.


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William Vásquez, en una conversación semanas antes del viaje en la cual me recomendaba reflexionar sobre un dicho mexicano, que parafraseando decía: “el suelo que pisas, la gente del suelo que pisas, lo que hace la gente del suelo que pisas,lo que piensa al hacer cosas la gente del suelo que pisas” Debía pensar en el territorio, su gente, su cultura, sus ideas, así que este taller no partia conmigo en Bogotá, sino conmigo en Mompóx, con todas las experiencias que absorbía día tras día, fue así que tomo mayor sentido esa necesidad mutua de escuchar que hubo esa tarde en el restaurante con el señor Taboada, lo cual era un ejemplo práctico entre ese dar y recibir que nutre tanto las relaciones humanas, y que fue vital para realizar un taller con éxito del cual me sentí orgullosa. Mientras celebraba el miercoles de mi segunda semana, con cerveza y perro caliente en la plaza de san francisco la culminación del taller y el inicio de mis días en los talleres de filigrana y alfarería, me percate que ya existían en estos primeros días aprendizajes que no se limitaban al conocimiento de un oficio, sino a esta experiencia de viaje donde me encontraba a mí misma gracias al encuentro con los demás. Recordé esa noche que esta zona de la depresión momposina es un constante inundarse y vaciarse, estando allí comprendía mucho mejor en qué consiste venir a un territorio y sumergirse en él.Empezar como un turista más, para poco a poco entender los ritmos diarios de los lugares, creando un mundo con nuevas personas que puedes saludar en la calle, sabiendo que ya hay pequeños recuerdos entre ustedes. Me consideré ese día a mí misma como como esta depresión dispuesta a inundarse y desbordarse, entendí ese día que al igual que una ciénaga y el río comparten sus aguas, yo estaba compartiendo mi vida con todo lo que este territorio me brindaba en un vínculo de doble vía, donde daba y recibía. Así pues, sumergirme en estas aguas no era solo sentirme rodeada por estas sino también abrazarlas. Confirmando así, lo mencionado por Octavio paz, “El proverbio europeo es falso; « viajar no es morir un poco » sino ejercitarse en el arte de despedirse para así, ya ligeros, aprender a recibir. Desprendimientos: aprendizajes”. (Sendas de Oku—Matsúo Basho by ATALANTA - issuu, s. f., p. 16)


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7 OCT

Aprender que no siempre se puede estar preparado en su totalidad cuando se enfrentan cosas por primera vez,que cuando conoces muy poca gente en un lugar lo más especial es encontrarlos por casualidad o buscarlos dentro de las multitudes.

8 OCT

Aprender a decir “Seño” y disfrutar que te llamen de la misma manera, a darle vueltas a un torno de 110 años y a disfrutar del barro frío a las tres de la tarde.


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NAVEGAR COMO NECESIDAD


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Los fines de semana eran los días para visitar las ciénagas, entre semana mi día se repartía entre estar de 9 a 1 pm en el taller Hema de filigrana, y trabajar de 2:30 a 6 pm en el torno que Don Heberto tenía en su casa. Para mi segunda semana varias personas me habían recomendado visitar la ciénaga de Pozuelo, la cual queda a 30 minutos en moto de Mompóx. Por fortuna, Don Heberto tiene un mellizo llamado Dagoberto, quien es mototaxista y ofreció llevarme el sábado 12 de Octubre, partiendo a las 6:30 de la mañana. Puntualmente estábamos entrando a la calle principal del caserío La Rinconada, para acercarnos a la orilla de la ciénaga, donde hay dos casetas que venden desayunos y almuerzos a los pasajeros que embarcan en los yonson, lanchas con motor que van o vienen de los caseríos de más adentro de la isla, como las boquillas, Candelaria y la Lobata, todas la embarcaciones son para entre 10 y 40 pasajeros, así que lo único que podría llevarnos a don Dagoberto y a mí a dentro de la ciénaga, eran las canoas que estaban flotando a la orilla, pertenecientes a los campesinos que viven en las cercanías a la rinconada. Nos acercamos a una de las casetas, donde Dagoberto me pidió dejarle la vocería para encontrar un buen precio para nuestra excursión, Aidé la dueña del negocio nos dijo que Jordi su nieto podría llevarnos, solo debía buscar quien le alquilara una canoa por más de tres horas, para así llevarnos remando bien adentro. Nos embarcamos en una canoa blanca de fibra de vidrio, porque las de madera eran demasiado inseguras para el criterio de Don Dagoberto, toda la orilla estaba llena de tapones, una gran cantidad de plantas acuáticas llamadas tarullas, que se amontonan hasta cubrir el agua e impedir que las embarcaciones avancen. Jordi tuvo que meterse al agua y empujarnos, para que la canoa empezara a salir del tapón. Saltaban grillos por todas partes, el color del agua estancada y algo turbia de la orilla, cambiaba a un azul oscuro que solo variaba sus tonos con los destellos del sol. La diferencia entre mi experiencia pasada en la lancha llena de turistas con el ruido del motor y el suave vaivén de la canoa cada vez que Jordi remaba, era bastante grande, estar sentada allí donde pareces estar sobre la superficie del agua, me encantaba.

9 OCT

Aprender a reflexionar sobre lo hecho es la mejor estrategia para darle valor a cualquier proceso de aprendizaje.

10 OCT

Aprender a armar una pella, a soportar el sudor mientras trabajas y a tomarle cariño al tinto caliente que te ofrecen a penas llegas a su casa con el sol de mediodía.


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Jordi, nació en la rinconada, me decía que conocía Bogotá en especial la zona de la calle 80, ya que allí trabajo como reciclador, aunque le gustaba la ciudad se sentía más cómodo en su tierra donde conocía todo. Con Dagoberto empezaron a hablar sobre las terrenos que le pertenecían a uno de los candidatos a la alcaldía de Mompóx, nos señalaba y explicaba como en verano muchas zonas se secan y las personas podían llegar a la rinconada a caballo. En el paisaje era difícil diferenciar la tierra firme del tapón, la única forma de saberlo con seguridad, era ver si había ganado pastando en esas zonas. Jordi nos contaba como muchas veces había tenido que llevar gente en la noche, porque aunque eran campesinos que vivían por allí, les era difícil ubicarse en la oscuridad, sobre todo cuando los tapones se mueven y crean variaciones en el paisaje. Duramos unos 45 minutos de ida hacia la finca de un campesino que Jordi nos presentaría, allí él podría retomar fuerzas para el camino de regreso. Navegar en la ciénaga era lento, la corriente era casi inexistente por donde estábamos, todo dependía de la fuerza de los brazos de Jordi que ya saben como manejar la lata, una vara larga de mata de uvito que en la punta tiene una pieza de madera con dos cuernos llamada horqueta, que permite empujar la canoa sobre el piso cenagoso. Desembarcamos donde Faustino, su esposa, sus dos hijos, su cuñada y su sobrino; los niños apenas llegamos bajaron de un árbol a dos cotorras que tiene de mascota, y llamaron a Nerón su perro nadador, que va a sumergirse a buscar las piedras que los niños le tiran a la ciénaga que rodea la isla donde está su casa. Antes de que termináramos de presentarnos ya nos tenían café y queso costeño para desayunar, él señor Faustino trabaja cuidando los terreno alrededor de la casa y fábrica kilos semanales de queso costeño que envía hacia Mompóx y otros lugares, me explicaba su rutina diaria mostrándome sus cajones de madera gigante donde pone el cuajo a la leche, el trasmallo para pescar y los cinco cerdos escondidos tras los pezones de la madre. Es una vida tranquila, de trabajo pero sin afanes, concluían Dagoberto y Faustino al explicarme la sencillez y el disfrute de una vida al lado de la ciénaga, mientras Nerón luchaba en el agua por agarrar con su boca un totumo que flotaba y se resbalaba tras cada mordida. Me sentía conmovida por lo sencilla que puede ser la vida, cuando se disfruta el presente, cuando se está en él plenamente, sin dejarse


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11 OCT

Aprender que los materiales no se transforman bajo los mismos parámetros de tiempo, que limar la punta de un hilo de plata, me podía tomar más tiempo que pasar el mismo hilo por la hilera y que extender el barro podría mostrar resultados tan rápidos que subía el ánimo destruido en la mañana.


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atormentar por lo que este traiga, porque si el potrero se inunda, el ganado se mueve, si el agua arremete contra la casa a esta no se le abandona, se le construye otro piso al interior, si oscurece temprano se descansa, si se está aburrido se tiene un perro y si no se puede montar a caballo se tiene la canoa y se navega. Navegar, era la primera palabra del título de este proyecto el cual había propuesto desde que estaba en Bogotá, ahora al fin lo estaba viviendo, en la ciénaga calma que dejaba ver un espejo de agua, bajo el sol de mediodía en nuestro regreso a la Rinconada. Aquí navegar era una necesidad y lo era para mí también, porque el agua me estaba explicando a través de sus metáforas como sobrevivir a mis afanes y preocupaciones sobre el tiempo. Por primera vez estaba en el paisaje narrado por otros, sintiéndome plena por lograr llegar hasta allí, para crear mis propios recuerdos. En medio de la ciénaga me daba cuenta que todo tiene su tiempo, que la incertidumbre, la espera y la búsqueda sin resultados exitosos, eran parte de lo que allí estaba sintiendo. Acaso “¿Qué provecho tiene el que trabaja,

de aquello en que se afana?” (Ecl 3:9 Reina Valera 1960). Ninguno, todo ese afán solo me había entristecido y hecho desconfiar de mis capacidades. Si era feliz ese día, bajo el poncho que Don Dagoberto me presto para no insolarme, era porque veía como el trabajo de cada etapa era necesario, la continua felicidad y tranquilidad es ilusoria, pero un carácter sereno y paciente si era posible. cuando idealizaba y buscaba que todos los momentos de mi vida fueran un sentimiento de plenitud como los instantes en medio de esta ciénaga, ignorando que en ese presente donde la vida y la plenitud se cruzan “nos encontramos a nosotros mismos con nuestra personalidad completa. Sólo allí, por él y en él, tenemos la sensación de existir” (Bachelard, 1999, p. 18), con todo lo positivo y negativo que la complejidad de la vida conlleva. Debía aceptar que la construcción de la sensación tan humana de atesorar instantes partía de las llanuras de la pasividad sensorial y emocional que nos son intrínsecas, porque aunque “llamamos monótona y regular a toda evolución que no examinamos con atención apasionada. Si nuestro corazón

12 OCT

Aprender que los perros se sumergen por piedras, que existen las latas y las horquetas, que las tarullas flotan en las ciénagas y a veces se desprenden de sus islas flotantes para navegar solitarias por el río.

13 OCT

Aprender a mirar la luna cuando el atardecer está en la otra curva del río.


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fuera suficientemente vasto para amar la vida en el detalle, veríamos que todos los instantes son a la vez donadores y expoliadores, y que una novedad joven o trágica, repentina siempre, no deja de ejemplificar la discontinuidad esencial del Tiempo”. (Bachelard, 1999, p. 11) Aquel día de regreso en la orilla, con las tarullas acumuladas junto al cieno, prometí volver para aprender a jalar la lata, debía serle fiel al verbo que propulsaba mi proyecto, pues en él existía una conexión entre vida, tiempo y agua, que me precedía. Mi confianza por la palabra navegar, surgía de metáforas que hacen parte ya de “un patrimonio del lenguaje, los frutos de un largo proceso hacia el establecimiento de una relación en el seno de una lengua.” («Borges ante el río de Heráclito», 2011, p. 9) El agua ya estaba vinculada fuertemente como el elemento que nos habla del paso del tiempo, como se evidencia por Jorge Luis Borges, en una de sus conferencias sobre poesía en la Universidad de Harvard durante el curso 1967-1968: “Tomemos ahora un modelo diferente: la idea del tiempo que fluye, que fluye como un río... existe la famosa sentencia del filósofo griego:


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«Nadie baja dos veces al mismo río». Aquí encontramos un atisbo de terror, porque primero pensamos en el fluir del río, en las gotas de agua como ser diferente, y luego caemos en la cuenta de que nosotros somos el río, que somos tan fugitivos como el río.” (Borges et al., 2015) Pero, ¿Dónde está la ciénaga?, está acaso simulando detener el fluir natural del río y del tiempo, razón por la que se me asemejaba al instante, de ningún modo, ella no buscaba impedir que el agua continuará su curso, simplemente estaba allí para regular la inundación, para apaciguar el caudal, para impedir el colapso en la abundancia de lluvias y desaparecer en ocasiones en favor del agua escasa por el río. Este cuerpo de agua fluye también, pero de manera lenta, casi imperceptible, por eso en ellas cuando el sol está en lo alto y el viento permanece en silencio, otra aparente quietud se le suma en su reflejo, como la de las nubes en el cielo.

14 OCT

Aprender que las visitas que no se planean pueden ser las más provechosas, que las conversaciones sobre mecedoras es imitar el ritmo de una conversación sobre una canoa.

15 OCT

Aprender de los encuentros que dejan un sin sabor y de los años que nos desgastan.


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JALAR EL HILO JALAR EL BARRO


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Mi padre es soldador, hizo todas las camas de mi casa, el comedor con sus seis sillas, la sala, una mesa de estudio, dos máquinas de hacer ejercicio, un mueble gigante para la ropa y claramente colaboro con mi madre para hacerme a mí. El metal siempre ha estado en mi entorno, por lo tanto no era nada extraño que con Mompóx inevitablemente la filigrana hiciera parte de mi proyecto, sobre todo si se le denomina un oficio que amerita un actitud serena frente al tiempo, como la paciencia, Desde hacía más de 1 año los metales preciosos me habían brindado un material con el que me placía trabajar, había quedado sorprendida por haberlos tenido siempre tan cerca y no sospechar que en ellos retornaría al sencillo placer de disfrutar hacer con las manos, encontrando una lugar de equilibrio coherente entre la zona fronteriza del arte, el diseño industrial y los oficios, en la cual me encontraba desde hace unos años. La maleabilidad y el abrupto cambio que enfrentan bajo el fuego los metales, es algo que nunca me ha dejado de asombrar, pero siempre su sensación fría e impenetrable que sólo es vencida bajo la herramienta, me producía la necesidad de asir otras materialidades. La idea de trabajar el torno de alfarería con Don Heberto nació después de la charla que sostuve con el director de la Escuela Taller de Mompóx, cuando propuse un taller para sus estudiantes como retribución a la comunidad durante mi residencia artística en el Boga, los grupos que me propusieron primeramente para realizarlo fueron los perteneciente a los oficios de filigrana y alfarería, de este último Geovanny el director, hacía hincapié en la necesidad de fortalecerlo, pues quién dictaba el curso era el último alfarero de Mompóx. Esta categorización tan dramática, me generaba curiosidad, por lo tanto, semanas después aunque esta primera sugerencia varió, debido a que las clases de alfarería no estarían en curso para las fecha de mi viaje. La posibilidad de contactarle se hizo necesaria. Su casa queda en el barrio la paz, una zona marginal abajo de la carrera quinta, para llegar allí la única indicación dada era mencionar que iba para la casa del alfarero, el mello, cualquier mototaxista sabría llevarme, así que no debía

16 OCT

Aprender que es necesario detenerse y desviarse, que el agua cayendo gota a gota calma la sed al igual que la ansiedad y que a las 2 am el río se ve más claro.

17 OCT

Aprender que los hilos delgados se quiebran, que los hilos de cm pasan a km con los días y que recogerlos para entorcharlos es estar con el constante miedo de crear un nudo.


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preocuparme. La apariencia de Don Heberto ya me era familiar gracias a un video promocional del ministerio de cultura sobre la economía naranja y una entrevista con varias fotografías registradas en más de 14 páginas en la Revista Buenas, perteneciente a la misma institución, donde se le escuchaba casi hablar, gracias a la transcripción fiel de sus palabras. Una de las respuestas allí escritas que más dejaba interrogantes en mi cabeza, era la dada al respecto a la popularidad en Mompóx de la filigrana respecto a la alfarería: “Porque la joyería aquí en Mompóx, ¡No joda!, yo digo, ¡De vaina los perros no son joyeros! Aquí hay más de quinientos joyeros ¡No joda! ¿Y Acá? ¡Que me coma el tigre! Y este es un arte visible, porque yo les hago una pieza en tres minutos, Y pa’ la joyería, una pieza tiene que durar medio día. Una pieza chiquita.” («Eberto Ramírez Angulo, El último alfarero de Mompox», s. f., p. 117) Decidirme por estos dos oficios me traería no sólo aprendizajes técnicos, sino un entendimiento de lo que la vida diaria de las personas alrededor del hacer manual, en Bogotá me había enamorado de un fragmento de Octavio Paz y en Mompóx tomando tinto con Don Heberto y pan con pony malta en el taller filigrana la empezaría a comprender de manera vivencial. “El carácter transpersonal de la artesanía se expresa directa e inmediatamente en la sensación: el cuerpo es participación. Sentir es, ante todo, sentir algo o alguien que no es nosotros. Sobre todo: sentir con alguien. Incluso para sentirse a sí mismo, el cuerpo busca otro cuerpo. Sentimos a través de los otros. Los lazos físicos y corporales que nos unen con los demás no son menos fuertes que los lazos jurídicos, económicos y religiosos. La artesanía es un signo que expresa a la sociedad no como trabajo (técnica) ni como símbolo (arte, religión) sino como vida física compartida.” (El uso y la contemplación, 1997, p. 136) Los tiempos de trabajo en la casa de Don Heberto se iban produciendo bajo su rutina diaria, primero la mecedora se sacaba al patio de atrás para tomarnos un tinto, los primeros días esto solo dejaba gotas de sudor entre mi nariz y el labio superior, pasábamos a una mesa donde Heberto amasaba grandes cantidades de barro en una sola tanda mientras yo lo hacía con pequeñas pellas, para después ubicar una porción de barro para ajustar los tablones circulares donde giraría el material apartado para tornear. Se realizaban unas 3 o 4 piezas por día, las cuales se dejan secando en una de las mesas que se tenían en el patio. Finalmente retornábamos a la sala donde tomábamos otra taza de tinto, y se


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18 OCT

Aprender que las manos se hieren cuando quieren construir el mundo y que la fuerza es un ingrediente imprescindible para hacerlo.

19 OCT

Aprender que el vallenato es melancólico a la madrugada, que el ferry de carga levita sobre el magdalena, que las tarullas abundan bajo el puente roncador en su unión con el río Chicagua y que un caballo muerto


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veía un capítulo de MacGyver, la vieja serie estadounidense de 1985, transmitida en alguno de los canales de la señal de cable regional. Nuestra primer semana de trabajo estuvimos acompañadas por la señora Carmen, la pareja de Don Heberto, quien siempre en las tarde me ofrecía una buena porción de carne, plátano y arroz, para que cenara antes de irme a mi casa, entre 5 y 6 de la tarde llegaban algunos vecinos, quienes se sentaban a la entrada de la casa a hablar y echar chisme, solamente fue esperar a que la Doña de la casa se fuera para Magangué por una citas médicas por casi un mes, para que todas las reuniones se hicieran al interior de la casa en mecedoras y sillas alrededor del torno. Era extraño para Don Heberto que yo estuviera allí para untarme de barro y trabajar, en principio pensaba que le mandaría a producir alguna pieza o estaría visitándolo para documentar su trabajo, como los periodistas que le habían visitado y empezado a generar el título de el último alfarero de Mompóx. Nuestra primera tarde, le daba risa cuando le insistía en que me dejara intentar amasar el barro, o terminar de tornear la pieza sola, sentía que sería muy torpe o distraída, pero cuando vio que no había colapsado ninguna pieza al empezar a tornear, sólo pudo referirse a mí como una MacGyver, mientras le decía a Don miguel, su amigo quien nos visitaba todas las tarde: ¡Vea ella si tienes talento pa esa vaina, si se le ven las ganas de aprender! Las experiencias de Don Heberto enseñando se limitaba sobre todo a la Escuela Taller, donde le enseñó primeramente a un grupo de seis mujeres y después a un grupo de niños de no más de 13 años, ¡eso hacían puro carnaval! se tiraban barro uno al otro y no aprendieron nada, me decía. Lo esencial que debía aprender era a jalar el barro, pasarlo de una deforme pella a la forma de alguna vasija, con Don Heberto decidimos las primeras semanas concentrarnos en practicar esto, realizando algunos de los recipientes que él ha hecho durante su vida, pasamos de hacer pequeñas poteras a unas riñoneras más altas que servían como floreros, nunca había estado en un torno así que no tenía un punto de comparación entre el torno eléctrico de cerámica y el torno

20 OCT

Aprender que cuando en Mompóx se va la luz en la noche, es más fácil ver las luciérnagas al lado del río.

21 OCT

Aprender a descansar cuando la lluvia dice que lo hagas


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pierna que no se va a usar para empujar la rueda, las piernas de Heberto también son más largas así que debía sentarme un poco más al frente, empujar la rueda no es de rapidez, ni de fuerza es mandar una suave patada al aire y mantenerla por un tiempo, cuando el barro se ha compactado hay que mojarse bien las manos e introducir los dos pulgares alineados y juntos en una excavación hasta unos centímetros antes del fondo, poco a poco ese orificio central se expande, para así empezar a jalar el barro, la mano izquierda adentro con la palma extendida, la mano derecha con el dedo índice doblado : ¡ No haga fuerza , usted na’ más déjese llevar la mano!, me dice Don Heberto mientras me explica bajo su guianza la velocidad y la presión que se debe ejercer en las paredes del barro para ir levantando la pieza. de pie en el cual trabajaba, este había sido heredado de su padre y fabricado por su abuelo hacía más de 110 años, era una sensación de museo al aire libre, donde la rueda del suelo en la que se ponen los pies tenía un hundimiento y la madera de l eje rotatorio parecía hierro. Las manos de Don Heberto son más grandes que las mías, y hacían parecer sencillo compactar el barro, para definir el diámetro de la pieza a realizar, al cederme el puesto en el torno debía sentarme en un tablón largo de madera y estirar la

Jalar el barro era cuestión de minutos, jalar el hilo de plata y hacer la filigrana me tomo dos semanas, todas las días llegaba a las 9 de la mañana al taller de filigrana Hema, que dirige Hermes Manjarrez, había llegado a este lugar gracias a la joyera y docente Camila Laorni, quien me había recomendado el trabajo como joyero de Hermes y el buen ambiente del taller para aprender en este lugar el oficio.


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La joyería queda en el callejón de Don Blas, es una casa de un piso, donde al entrar se pueden ver varias vitrinas donde se exhiben las joyas y algunas mecedoras para los clientes, hacia el fondo hay un corredor largo donde están Hermes, Raúl, Luis Manjarrez, Lina, Luis y Pedro sentados cada uno en su mesa de trabajo, al fondo está la zona con los laminadores para estirar el hilo, el patio donde se funde, y un cuarto donde se limpia la plata y se les da los baños de oro amarillo o rosa a las piezas. Antes de poder sentarme como a armar, doblar y soldar los hilos delgados de la filigrana, debía aprender cómo hacerla, esa es la forma en que funciona el taller, a cada persona se le da la plata pura pesada y se le encarga a hacer uno diseño de principio a fin, a mi llegada al taller por ejemplo Pedro estaba haciendo aproximadamente 200 prendedores de mariposa en los que llevaba ya seis meses.

22 OCT

Aprender que la paciencia también se ejecuta cuando el maestro te pide que observes y aún no te autoriza a que hagas, que la lentitud de un cuerpo que se mece es la esencia vital de las mecedoras y las hamacas.

23 OCT

Aprender que las esperas sin llegadas desalientan, que las respuestas están en otras escuchas


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La esencia de la filigrana está en el hilo fino y la textura que este tiene, para lograrlo uno debe fundir la plata y convertirla en un hilo de 0.26 o 0.35 micras, el primero se usará para detalles más pequeños como los rellenos redondos y jalados mientras el más gruesa para rellenos como el caracol, el zigzag y el ramal dado que estas estructuras necesitan mayor firmeza, el calibre puede variar hay veces en que se usa calibre 0.22 o 0.40, todo depende es del diseño a realizar, para llegar a estos calibres tan delgados uno debe usar un laminador, una hilera y un torno manual hechizo fabricado en Mompóx el cual permite que cuando el hilo es muy delgado y ya se convertido en km de hilo de plata no se rompa ni se enrede, situación que fue más frecuente de lo que debería en mi caso. En el taller todos me colaboraban, así que con los días ya me sabía sus nombre y ellos las razones por las que estaba allí, siempre era gracioso comparar mis 100 gramos de plata con sus 500 o 1000 gramos ya convertidos en hilo, a diferencia de mi trabajo en las tarde sobre el torno con las manos mojadas y la temperatura fresca del barro, acá el esfuerzo físico se traducía en un sudor pegachento en el cuerpo, mientras jalaba el hilo cada vez más extenso y frágil, lo ideal era trabajar con un solo tramo de hilo, evitar que este se rompiera porque así todo el proceso se alargaba, ya que debes limar cada punta y después al usar finalmente el torno de madera para lograr los calibre más fino debes repetir los procesos por cada pequeño tramo roto. Hasta mi séptimo día logre terminar de hacer mi hilo de calibre 0.26 y 0.35, había apartado también el hilo de 1 mm para armaduras (hilo de contorno o silueta que sirve de estructura para los rellenos interiores con hilo de filigrana), y separados la plata para realizar la soldadura posteriormente. Hasta el momento el error más desalentador había sido volver a empezar de cero con uno de los tramos de hilo, porque al recocerlos los calenté de más y se habían fundido unos con otros. Aunque veía la posibilidad de salvar un poco mi trabajo, al preguntarle a Hermes si debía a empezar nuevamente la respuesta fue ¡EPA!, la palabra de aprobación que siempre daba a mis preguntas, no sonaba guapachosa como un grito de carnaval sino más bien como un sí tranquilo y cordial, con el que él que se asiente con la cabeza y yo debía volver a comenzar resignada. En lo personal lo más angustiante para un inexperto en este proceso es el entorchado, en el cual se unen dos tramos de este hilo fino ya realizado para trenzarlo manualmente con dos tablas de madera, Raúl había estado haciendo este proceso los días anteriores y como siempre pasa con quienes tienen agilidad hacen ver todo muy sencillo, el señor Luis Manjarrez quien estaba sentado al


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24 OCT

Aprender que los encuentros fortuitos suceden cuando el espacio vacĂ­o en la agenda existe


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lado de mi mesa de trabajo y se convertiría en mi mayor ayuda durante todo este aprendizaje, me explicaba la técnica del entorchado, donde nunca se puede perder de vista lo que se está haciendo, con mucho cuidado uno retiraba el hilo enrollado en los cartones de las cintas de enmascarar sin que perdieran su forma para así introducirlo en la mano izquierda, se buscaba la punta de inicio y final, las cuales se tomaban con la otra mano y se entrelazaban bien para dejar un nudo de inicio, a partir de ese momento la mano izquierda no puede soltar por nada del mundo el rollo de hilo, solamente se suelta regularmente con dos vueltas el tramo del hilo que inicia y con otras dos el tramo final, con la mano derecha se sostiene una tabla de madera y se pasa sobre los dos hilos unidos previamente, estos se van enrollando entre sí, tras tres pasada de la tabla sobre un mismo segmento se ve el hilo trenzado más apretado y este se va poniendo firme, toda esta operación se hace al borde de la mesa para que todo el hilo ya entorchado vaya cayendo en un balde , para así no ensuciarlo y mantenerlo en orden. Aprender cuántas veces exactas pasar la tabla y que fuerza emplear me costó todo un dia de intentos, si no se me enredaba por no mantenerlo tensado con la mano izquierda, se me


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partía por entorcharlo muy fuerte. Lo último que faltaba era laminar este hilo entorchado lo cual es sencillo gracias al laminador eléctrico y pasar finalmente a lo que todo el taller esperaba verme hacer limar, limar y limar hasta al fin, para poder reducir a polvo la lámina de plata ya fundida, este era el trabajo menos deseado del proceso, porque podrías durar tres horas y solo haber desbastado menos de 1 cm. Estaba roja todo el tiempo, así que fui claramente el tema de conversación del taller, todos empezaban a recordar cómo empezaron en la filigrana y lo pesado que es limar en pleno verano, pasaban a saludarme mientras limaba y a conversar conmigo mientras descansaba o cambiaba de brazo, fue a mi parecer una especie de cierre de fase, porque ya el hilo estaba hecho y podía pasar a la mesa de trabajo como los demás.

25 OCT

Aprender que el fuego destruye en segundos, que todos saben lo mismo pero lo hacen de maneras diferentes, que las cosas minúsculas hacen temblar la firmeza de cualquier mano y que solo el tiempo construye los lazos de confianza en el taller mientras se escucha radio galaxia.


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TODO ES PROPENSO A SER DESILUSIÓN TODO ES PROPENSO A SER POSIBILIDAD


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Desde mi primera charla con Don Heberto, siempre sentí en sus palabras un sentimiento de nostalgia hacia el pasado más próspero de su oficio, una de los conocimientos tradicionales de la alfarería, que más añora Don Heberto, es el vidriado, el proceso donde se impermeabiliza y da color a la pieza, admira con mucho orgullo las copas que hace unos años realizó para la entrada del cementerio de Mompóx, al igual que las gárgolas y pináculos para el palacio de la Inquisición en Cartagena, a él le han buscado especialmente para hacer este tipo de trabajos dados sus conocimientos en el vidriado artesanal usado en la época colonial, donde el plomo es el ingrediente principal, contradictoriamente es este mismo material el que lo ha mantenido estancado, sus piezas habían perdido su atractivo al prohibirse el uso del plomo debido a su toxicidad. En repetidas ocasiones me decía: ¡Eso es puro embuste, el plomo no hace nada!, pues él estaba vivo y nada le dolía a sus 60 años a pesar de vidriar muchas piezas a lo largo de su vida. A pesar de su férrea posición, se ha resignado a no hacer piezas vidriadas porque no hay quien se las compre, ya las ancianas del pueblo que le encargaban poteras, macetas y ollas están muertas, de nada sirve moler por dos días los colores en su molino de piedra que fundirá con el plomo, si al final esas piezas no generarán ganancias. Me confesaba que estaba bastante desanimado de sentarse al torno últimamente, hacía poco un comprador de unos platos para un restaurante en Cartagena le había quedado mal en los pagos, y meses atrás había tenido una mala experiencia con una ceramista de chía al aceptar viajar hasta Cundinamarca para trabajar en su taller. Concordaba en gran medida con él en que una forma de retomar los pasados años de gloria, era lograr los colores llamativos y los acabados finales que estas piezas vidriadas tenían, por tal motivo, a pesar de mis nulos conocimientos sobre cerámica, me propuse colaborar en su búsqueda por alternativas decorativas para sus piezas. Durante las noches investigue sobre el tema, pero siempre me topaba con que cualquier solución tendría limitaciones ya fuera en materiales o equipos, así que preferí comentarle mi situación a Dennise gracia, docente de cerámica de la universidad, tras recibir su apoyo en lo que respectaba a una asesoría, programamos una hora para realizar


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26 OCT

Aprender que el sol es inclemente, que aún en las ciénagas mis anhelados lugares de agua calma se nutren de mis propias angustias, que es difícil avanzar cuando solo se da vueltas en sí mismo, a enfrentarse a lo cotidiano del otro, que la lata se entierra en el cieno de la Ciénega como nuestro pasado en nuestro temores al decidir el futuro


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una llamada donde Heberto estuviera presente, así se podría tener más claridad de la situación, el 15 de Octubre a las 6 pm fue la fecha escogida, así que ese día como de costumbre Heberto me acompañó al finalizar nuestra jornada en el torno hasta la carretera principal, para evitar que me devolviera a casa sola en la oscuridad del barrio sin alumbrado público. Llamamos a Denisse desde una panadería, quien con franqueza nos comentó las dificultades a las que nos enfrentábamos, al desear obtener un vidriado para cerámica utilitaria, ya que debíamos mejorar tanto la arcillas como el horno que se tenía, lo positivo era que Denisse nos planteaba alternativas de bajo presupuesto para lograrlo, primero la arcilla debería prepararse con sílice presente en la arena de río y chamote obtenido de piezas rotas de cerámica ya horneadas, al respecto del horno de leña, este se debía modificar estructuralmente para lograr subir las temperaturas de 800 a 1050 grados como mínimo, para lograr usar los esmaltes cerámicos sin plomo que se podrían pedir desde ciudades cercanas a Mompóx como Cartagena o

Medellín. Heberto me miraba incrédulo, gesticulaba con la boca y negaba con la cabeza cada vez que Denisse nos hablaba de los peligros del plomo o la existencia de hornos de leña de altas temperaturas, como aquellos que usan los principios del horno escalado o noborigama provenientes de Japón, no dejaba de decirme en voz baja, ¡Eso es puro embuste!, cada vez que Dennise nombraba algo que él no conocía, sentada a su lado solo podía esperar a que la llamada terminará para escuchar sus razones. Finalmente nos despedimos y agradecimos a Denisse su tiempo, mientras nos tomábamos una chica colonial que acá es envasada en botellas de CocaCola, le comenté a Don Heberto qué si deseaba intentarlo yo cubría los gastos de las pruebas, y esto sería dinero aparte de lo correspondiente a las clases de torno. Así, que si él quería intentarlo, tendría mi apoyo las siguientes semanas, pero Heberto me era sincero, eran pocas las ganas de experimentar si a la final nadie le garantizaba que el vidriado funcionara,

27 OCT

Aprender que con el tiempo los lugares te son más cercanos, que mi recuerdo más constante de mi niñez es el sabor a mandarina de un helado de crema.

28 OCT

Aprender que la Unión con el otro merece más de dos intentos


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además era tan sencillo para él los procesos que ya conocía que todo esto le parecía demasiado complicado. Prefería probar acabados más sencillos aunque no fueran vidriados, como los dados por un alfarero del municipio de Talaigua a quien habíamos llamado días atrás, él nos sugería que las tierras minerales y otras arcillas de la región podrían usarse como el barniz natural de tierra colorada que ya usaba Don Heberto en sus piezas, para así darles tonos diferentes al ya conocido color naranja que tienen muchas piezas tradicionales de alfarería del país, dentro de las cuales se encuentran las de Heberto Días más tarde lleve junto a las tierras minerales, pinceles, cinta enmascarar, papel contact y varios referentes de alfarería donde el uso del contraste de color, patrones y diseños geométricos generaban una pieza atractiva con un proceso de acabado sencillo. Aprovechando que Heberto tenía un encargo de varias vasijas para el recordatorio de grado de unos estudiantes de primaria, le propuse usar los tonos blanco y naranja que él mismo había preparado, pero él se resistía un poco a tener que invertir demasiado tiempo pintándolas, !Eso es demasiado delicado, de mucho detalle y yo pa ‘ esas cosas no, lo mío es sentarme al torno!, probé entonces mostrarle cómo con solo sumergir las piezas en el barniz, podía generar una zona de color uniforme dada por el nivel del líquido o reservar zonas del color original de la arcilla con la cinta, con lo cual se sintió más cómodo Don Heberto. Devuelta en casa esa tarde me sentía decepcionada, ningún esfuerzo mío valdría la pena si en el fondo Don Heberto ya se sentía agotado de su propia labor como alfarero, no podía juzgarlo por sentirse agotado, era algo natural que con las años y las decepciones de la vida se da, igual tal vez ya era necesario un traspaso generacional, Heberto no era responsable de actualizar el oficio, y si lo era, ya no tenía el entusiasmo para hacerlo, lo cual me preocupaba, sobre todo por el hecho que él sería el profesor si la alfarería volvía a enseñarse en la escuela Taller de Mompóx, y un maestro desanimado no es la mejor solución a un oficio que desaparece. En esos momentos recordaba a Mare, quien una mañana tomando tinto en la cocina conmigo, antes de empezar a limpiar las habitaciones de El Boga, me comentó que hacía más de 5 años había aprendido alfarería en la Escuela Taller y apenas salió de estudiar se dio cuenta que de eso no podría vivir, nadie la iba a contratar porque no había negocios que trabajaran con eso, y si lo intentaba ella sola, lo más seguro era el fracaso. Todo esto a lo que me enfrentaba esa noche, contradecía todo esa romántica y


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29 OCT

Aprender que es necesario aceptar la necesidad de compañía, no sé puede tener siempre todo lo que quieres, que si en el primer intento las cosas funcionan, no necesariamente significa que eres apto para cosas más complejas, a reconocerse inexperto y necesitado de tiempo de práctica y reconocer que todo se hace para uno mismo primeramente.


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esperanzadora publicidad sobre la economía naranja, dada por el ministerio de cultura en la información del video que había visto de Heberto antes de venir a Mompóx, donde se lee lo siguiente: ¡Los conocimientos ancestrales son una oportunidad de emprendimiento! Heberto Ramírez, un talentoso alfarero que conserva la técnica más antigua para producir este tipo de objetos, ha demostrado que desde su profesión se puede generar desarrollo sostenible. (Heberto Ramírez, un talentoso alfarero y emprendedor de Mompox. - YouTube, s. f.) ¡Eso es puro embuste!, diría yo en esta oportunidad, una buena suma de nostalgia por las tradiciones sumadas a una pizca de esperanza de progreso, me molestaba que tomaran un ejemplo que no concordaba con la realidad que yo estaba viviendo, en la cual un oficio a punto de desaparecer como la alfarería, sufría las consecuencias de posturas en donde se pretende salvaguardar un oficio patrimonial, únicamente enfocándose en transmitir el aspecto técnico de este, olvidándose de sensibilizar a estos aprendices en procesos creativos que les permitan hacer productos artesanales que se renuevan con el pasar de los años. En mi corto tránsito por las dinámicas de la Escuelas Taller de Mompóx, el cual es una de las iniciativas tomados por el gobierno en lo que respecta a los oficios tradicionales, comprendí de primera mano sus objetivos de enseñar a jóvenes en vulnerabilidad social, y usar la enseñanza de los oficios como una herramienta de paz, por esta razón buena parte de los conocimientos allí promovidos se guiaban al desarrollo de habilidades, como la comunicación oral, resolución de conflictos, salud sexual y el apoyo en sus proyectos de vida, todo lo anterior me parecía pertinente y necesario, pero en lo personal sentía que se abandonaban habilidades que garantizaran que a futuro el oficio podría perdurar, dado que el énfasis de las escuelas estaba en promover un aprendiz que reproduce diseños delegados, generando dependencia laboral de otros, en muchos casos externos a estas comunidades, y no en un creador que puede generar ideas propias gracias a un espíritu investigador y propositivo. Con todo esto en la cabeza, me sentía abrumada, estar en Mompóx me daba la oportunidad de entender un contexto, pero me hacía a la vez sentir impotente si no lograba aportar algún cambio positivo, lo vacíos en la enseñanza dentro de la Escuela Taller los había nombrado con las directivas y gracias a esto el taller


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propuesto había sido tenido en cuenta, pero por otro lado con Don Heberto me sentía derrotada, me preguntaba si le habría sido valiosa en algo mi compañía. Era casi el final de mi tercera semana cuando todo esto había ocurrido, por lo cual me encontraba en un punto medio donde evaluaba que iba a pasar a partir de allí, teníamos unas dos semanas más con Heberto para trabajar en el torno, para así contar con el tiempo suficiente para la quema de las piezas, así que me preguntaba en qué invertir ese tiempo si ya las pruebas del vidriado habían sido canceladas. Una parte de mi contemplaba la posibilidad de seguir practicando en el torno realizando estilos de recipientes que conocía Heberto, pero en el fondo sentía que en este punto del viaje necesitaba encontrar de qué manera las ciénagas, la filigrana y la alfarería se encontraban entre sí en favor de mi búsqueda de navegar la vida con paciencia. Previamente ya había identificado la relación histórica que el río y la ciénaga tenía con los objetos de alfarería, al ser recipientes frecuentes en el almacenamiento del agua en la época colonial, pero la filigrana parecía siempre desvincularse a esta historia. Por esta razón con la idea de investigar un poco más sobre los nombres de estos recipientes, visite a Cecilia Jiménez, exdirectora de la Academia de Historia de Mompóx. Cecilia vive a solo una cuadra del Boga, así que era prácticamente mi vecina, me habían comentado que vivía cerca de la iglesia de San Francisco, pero no tenía certeza de específicamente donde, una tarde me decidí a visitarla, tras preguntar a unas cuantas personas logre llegar, su enfermera me recibió y me pidió que la esperara en la sala llena de mecedoras, ella estaba feliz de recibirme, ya que por la edad casi no sale de su casa , se sentó a mi lado y empezó a escucharme atentamente, duramos meciéndonos de un lado al otro en las mecedoras toda la charla, que terminó alargándose más de 4 horas, conocí a su hijo y un arquitecto del Cesar que se hospedaba allí mientras terminaban la construcción de un almacén de Tierra Santa, mientras le explicaba todo mi proyecto y todas las cosas que

30 OCT

Aprender a reconocer la tensión y la frustración punzante en el cuerpo y a escuchar el “relájese respire profundo” con acento costeño

31 OCT

Aprender qué significa presentar una pieza, aprender que significa no soltar un relleno en proceso, entender cuán útil es tener 10 dedos en las manos.


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había realizado las últimas semanas, ella me comento que conocía muy bien a Don Heberto y a su madre quien ya había fallecido, me aconsejaba que no me preocupara por lo que había pasada, que él era conocido por ser algo necio y no dejarse ayudar, que igual proponer mis ideas había sido igualmente valioso. Doña Cecilia, coleccionaba objetos y conocía muy bien la historia detrás de ellos, así que al preguntarle sobre el uso de la alfarería en la recolección de agua, tenía mucho que contarme. Me explicaba primeramente como la concepción de agua potable había influido en el reemplazo de los recipientes que mantenían fresca el agua y la purificaban, me comentaba como en Mompóx comúnmente eran las mujeres quienes se encargaban de la recolección del agua en múcuras, de ahí la canción del compositor José Barros que tiene este nombre. A pesar de existir diferentes tipos de vasijas como alcarrazas, moyos y tinajas, Doña Cecilia enfatizaba que la vida cotidiana en esa época iniciaba con la múcura, la cual ya llena de agua, era llevada a casa para trasvasar el líquido en tinajas para conservarlo fresco, algunas personas por ejemplo enterraban estos recipientes en la tierra para mantener la temperatura, mientras otras tenían tinajeros, muebles coloniales usados para almacenar y crear un sistema de purificación de agua. Estos muebles, consistían de tres niveles, donde se ubican de la parta más alta hasta el suelo, el filtro de piedra caliza, la tinaja y el lebrillo. Toda el agua recogida en las múcuras se vertía en el filtro de piedra caliza, donde gota por gota el agua empezaba a filtrarse de impurezas y depositarse en la tinaja cerámica de la cual se obtenía el agua para consumo. En el último nivel, se ubicaba el lebrillo, un tazón pequeño de barro vitrificado, el cual recibía el agua exudada por el tinajero debido al calor y la porosidad de estas piezas cerámica terminada en punta. Doña Cecilia comentaba que al ser esta agua filtrada doble vez era considerada más pura y en ocasiones era usada para remedios o para ungüentos de belleza. Era fascinante escucharla hablar, pero la mayor curiosidad de este dato, era que ella conocía por tradición oral que los joyeros buscaban siempre tener esta agua del lebrillo, pero no conocía las razones. Días más tarde en búsqueda de respuestas, le pregunté a las personas del taller de filigrana, sobre el tinajero y el agua resultante del lebrillo, me comentaban que del tinajero se acordaban, porque lo usaron en sus casas cuando eran niños, incluso sus primos que por el momento estaban por allí, me llevaron a visitar el tinajero que había en otra joyería como pieza de exhibición y el de la casa del


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1 NOV

Aprender que a veces el único sonido de compañía que tienes es el aire acondicionado

2 NOV

Aprender que es imprescindible bailar la candela viva


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señor Nando, quien muy amablemente retiro todos los trastes que lo recubrían, para poderle echar agua y demostrarme lo apacible que sonaban las gotas de agua mientras caían en el tinajero. Al respecto del agua en el lebrillo, me comentaban que tal vez tendria relación con el agua usada en la prueba de la paciencia, aplicada a aquellos que querían ser aprendices de joyería. Esta prueba era conocida entre el gremio de la filigrana como una historia de tradición oral, la cual ya no se aplicaba a los nuevos aspirantes desde hacía más de 50 años. Por este motivo me puse en la búsqueda de encontrar una narración más cercana a esta prueba de la paciencia, llevándome así a conocer a las hermanas Lida y Liliana Herrera, dueñas de la joyería L y L, ellas eran de las pocas mujeres líderes de taller en Mompóx, el oficio históricamente había sido de hombres, su padre Luis Herrera, por ejemplo, les había transmitido el oficio debido a que ninguno de sus hijos varones lo deseaba aprender, así que prefirió enseñarle a sus hijas antes de dejar morir la tradición. El señor Luis si había pasado por esta prueba y sus hijas conocían muy bien de qué consistía: “El papá siempre llevaba al muchacho a la casa del maestro, a decirle que el hijo quería aprender la filigrana, la joyería. Entonces, el maestro le decía: “Bueno si, si claro, pero mande mañana temprano al muchacho para hacerle la prueba”, entonces la prueba consistía en que el muchacho llegaba al otro día, y el maestro le ponía una silla en el sol, con una ponchera y le echaba un líquido, le echaba agua. El muchacho interesado se ponía ahí al sol con una ponchera y el maestro le decía que tenía que hacer que el agua cuajara, entonces el muchacho ahí empezaba, al rato le mostraba al maestro, ¡Mire ya está!, y no todavía le faltaba no había cuajado, entonces bueno llegaba la hora del almuerzo, y se iba para su casa, regresaba en la tarde, otra vez lo mismo, póngase en el sol con la taza y póngase otra vez a cuajar el agua. Al siguiente día el maestro otra vez con la tacita al sol, entonces qué pasaba ahí, que algunos muchos muchachos decían ¡ Ah no, yo no voy a ser esta prueba, ya estoy muy aburrido!, ¿Solo para aprender tengo que hacer esto?, entonces ya el maestro sabía que nooo... que esa persona no,


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no tenía la paciencia para trabajar la filigrana, pero el que seguía y seguía, que iba todos los días a pesar de que fuera una semana, porque más o menos eran 4 o 5 días, le veían que sí, que insistía y le daba y le daba, y pensaba que efectivamente el agua iba a cuajar en algún momento. ¡Ese si, a ese le enseñaban!, se convertía en un joyero experto en la filigrana” Palabras de Liliana Herrera

Al escuchar todo esto me preguntaba si yo hubiera sido capaz de pasar la prueba, ¿Acaso hubiera persistido ante esta petición inútil?, en gran medida como me decía Lida Herrera, en ese época la llamada inocencia de pueblo existía, hacer que el agua cuajara se contemplaba como una posibilidad, por tanto yo, al conocer ya la historia y situarme históricamente en otro tiempo no podría responder a mi pregunta con precisión. El conocer el final de la historia antes de lanzarse al ruedo, es poder, por eso existen ese tipo de preguntas sobre qué le dirías a tu yo de 5 o 10 atrás, porque el conocimiento del futuro que es ahora, es el bien preciado del pasado, saber lo que no se sabía antes elimina todo miedo, inseguridad, afán y por supuesto impaciencia frente a cualquier adversidad desconocida. Retomando por ejemplo el caso de esta prueba de paciencia, conocer los límites de la adversidad, serían una ventaja poderosa, en el hipotético caso donde la prueba hubiera tenido la instrucción revuelva el agua 5 días al sol hasta que cuaje, seguramente el aprendiz hubiera sido persistente, no necesariamente paciente, sudando en el patio del taller bajo sol, diría ¡Me faltan 2 días! y empezaría a contar el tiempo como remedio a su cansancio, de esta manera su espíritu estaría movido bajo el impulso de una meta clara (5 días) y no por el espíritu paciente que afronta la dificultad y la incertidumbre de esperar en un medida de tiempo desconocida que el agua se cuaje. ¿Sería entonces la aceptación de que todo tiene su tiempo y me es imposible conocerlo, un remedio para mi impaciencia?

3 NOV

Aprender que siempre será necesario más tiempo.


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TRABAJAR CON LAS MANOS PARA FORMAR EL CARÁCTER


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“El carácter es entonces el grupo de las compensaciones que deben enmascarar todas las debilidades del temperamento” (Bachelard, 1996, p. 40) Los tiempos de la alfarería y la filigrana estaban en etapas diferentes, con Heberto gracias a la serendipia de la prueba de la paciencia, habíamos decidido finalmente tornear una múcura, una tinaja y un lebrillo para los últimos días de trabajo, para así pasar a darle un baño blanco a todas las piezas y hornearlas, estábamos ya por terminar, mientras en filigrana apenas empezaba, pues lo único que tenía era hilo y soldadura. Instalada en mi mesa de trabajo tenía de vecinos a mi izquierda a Luis y a mi derecha a Lina, al fin podría empezar a usar las pinzas forjadas a mano que le había comprado al señor Pupo el herrero más conocido de Mompóx. Para comenzar, debía mostrarle primeramente a Hermes algunos diseños sencillos que pudiera realizar para cada uno de los tipos de rellenos que se usan en filigrana (redondo, jalado, ramal, caracolito y zigzag), el principio de contorno y relleno es el ABC de la filigrana, las variaciones y las formas entre estas, son la fórmula base de donde empieza a surgir la creatividad personal. Las piezas no podrían ser muy grandes, porque el tiempo ni mi habilidad me darían, así que un tamaño prudente de 2 x 2 cm estaría bien, con cada diseño debía acercarme a Hermes o a Luis para que me explicaran cómo realizarlo, todos los rellenos se hacen diferentes y todas las personas los explican diferente. Enrolle hacia la derecha, el otro no hacia la izquierda, la pinza se sujeta así y se aprieta de por aquí, el otro esa pinza ni siquiera la usaba, era algo gracioso, porque si hacía como uno me recomendaba el otro me regañaba, con el tiempo solo me limitaba a escuchar, probar las dos maneras y quedarme con la que mejor me iba, lo problemático es que a veces ninguna me servía. Los estados de ánimo en el taller eran variados, a veces sentía completa calma mientras todo el mundo en silencio permanecía concentrado en sus mesas de trabajo, con solo el sonido de los


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4 NOV

Aprender que el fuego y la comida reĂşnen por los siglos de los siglos, que Don miguel siempre mama ron en sus historias y que la perrita Mapi realmente se llama marĂ­a del Pilar


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sopletes y el aire acondicionado, mientras otras veces la calma se mezclaba con la alegría de estar escuchando radio galaxia a puro son de champeta y vallenato, cantando una y otra vez la canción de las cuatro fiestas: “Rema, rema Que va llegando Juan Rema, rema Que va llegando ya Rema, rema Rema ligero Juan Rema, rema Que va llegando al baile”

Siempre que sonaba esa canción me emocionaba, porque hacía que cualquier cosa fuera más sencilla de hacer, todos los rellenos realizados tenía su propio nivel de dificultad, pero lo que siempre se repetía en cada uno de ellos era la sensación de tensión, porque definitivamente la filigrana se concentra en la punta de los dedos. Todo el cuerpo está reducido a un espacio pequeño, a pesar de que se procure tener una buena postura el cuerpo parece recogerse e inclinarse sobre el hilo de filigrana inevitablemente, a lo largo de los días la dificultad iba avanzando, e iba comprendiendo mejor porque hay que mantener la calma, usualmente en los primeros intentos se busca enderezar y acomodar el hilo con las manos, después uno va entendiendo que solo las pinzas y las agujas para rellenar pueden hacer ese tipo de trabajos. Por cada relleno la idea era hacer entre 3 o 4 piezas para practicar, claramente no terminaría adquiriendo mucha experticia, pues mi tiempo de práctica de apenas unas semanas, no se comparaba al trabajo repetitivo de hacer miles de piezas iguales a lo largo de los meses, como el trabajo de muchos de los joyeros del taller, que desde enero trabajaban para las piezas de la versión 2019 de expoartesanías Encontraba alentador poder venir todas las mañanas y sentarme a trabajar en la mesa con el objetivo de aprender, sin ninguna pretensión


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5 NOV

Aprender a aceptar los errores con los brazos abiertos, a no romantizar los finales de cualquier etapa, a compartir las decepciones, a escuchar lo que no se quiere escuchar, a no ahogarse en la frustraciรณn y comerse un waffle de chocolate en la plaza de la concepciรณn


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de crear piezas que se volvieran el centro de mi proyecto, me sentía privilegiada de estar en un espacio de aprendizaje como era el taller, donde cualquiera podía resolver tus dudas y mostrarte los detalles con que se hacía algo que parecía demasiado difícil. Cada cierto tiempo, al taller venían turistas que traían los guías de la región, se les invitaba a pasar y Hermes les platicaba sobre el proceso, era extraño sentirse observado, pasaban al lado de las mesas de trabajo, y sentías que más ojos se le sumaban a tu pequeña pieza a punto de desbaratarse, con el pasar de los días comprendía que más allá de un momento de tensión, en el taller este era un momento de orgullo silencioso, donde todos de una u otra manera disfrutaban el hecho de ser admirados por la destreza de sus manos. El disfrute que encontraba en el hacer manual en sí mismo, me recordaba inevitablemente al personaje de Aureliano Buendía, en especial a este fragmento de Cien años de Soledad: “En verdad, lo que le interesaba a él no era el negocio sino el trabajo. Le hacía falta tanta concentración para engarzar escamas, incrustar minúsculos rubíes en los ojos, laminar agallas y montar timones, que no le quedaba un solo vacío para llenarlo con la desilusión de la guerra. Tan absorbente era la atención que le exigía el preciosismo de su artesanía, que en poco tiempo envejeció más que en todos los años de guerra, y la posición le torció la espina dorsal y la milimetría le desgastó la vista, pero la concentración implacable lo premió con la paz del espíritu.” (Márquez, 2015, p. 184) En mi caso la desilusión no era la guerra, era mi puntiforme presencia en el fluir del tiempo que se me sobrepasaba. Sentarme entonces a trabajar con las pinzas y las agujas de rellenar, me permitía encontrar calma en el control sobre estos materiales, los cuales me devolvían el poder que perdía frente al inasible tiempo. Venir acá y poner mis manos sobre la arcilla y la plata, era indudablemente un ejercicio para aprender a controlar lo que sí se

6 NOV

Aprender a no desfallecer y pedir ayuda, a hacer visitas de 5 de la tarde a Doña Cecilia y entender esa noche que las cargas pesadas se mueven al caminar de lado, entender que eso de que la música de las marchas de semana santa en Mompóx conmueve y hacen llorar es cierto, porque así lo hice yo.


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puede poseer, encontraba en mis manos una “oportunidad de rápida cura, porque la materia no nos permite equivocarnos respecto a nuestras propias fuerzas” (Bachelard, 1996, p. 40) Cada vez que me equivocaba el material se deshacía, se rompía, se doblaba o se fundía, perdonaba en algunos casos mi fuerza excesiva o mi suavidad innecesaria, pero siempre me dejaba ver lo que había hecho en él. Continuamente yo me encontraba reflejada en esta materia que transformaba, porque si el hilo de filigrana se debía enrollar en la aguja, cada uno de los dedos debía girarse uno detrás del otro, si el barro se alzaba, los brazos se le levantaban en paralelo y si se enroscaban caracolitos, las muñecas giraban para adelante y para atrás repetidamente. Pero reflejarse no era solo acomodar mi cuerpo a estos movimientos, si no ver las debilidades de mi temperamento en las complicaciones que tenía en estos procesos manuales. En mi caso, estas debilidades se concentraban en no saber sostener y soltar, me costaba entender cuándo y en qué medida hacer cada uno de estas acciones. Todo relleno funcionaba si se controlaban estas dos, pues sea cual fuere siempre se repetía el sostener y soltar en diferentes fases, por ejemplo, para iniciar todo relleno este debía


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armarse sobre una tabla de madera, para así al terminarlo, aun estando en la punta de la aguja sostenerlo con firmeza y llevarlo al interior de la armadura, Luis me decía que esto se llamaba “Presentar”, me encantaba cuando lo decía porque siempre gesticulaba una venia frente a la pieza, cuando le ponía algún relleno. Para mí la acción de presentar era complicada, en el relleno donde más tensión sentían mis dedos, el cual era el zigzag, debido a que se trabaja con dos estilo de hilo al tiempo, uno plano y otro que tras pasarlo sobre unos piñones de reloj tenía forma de zigzag, colocar dentro de la armadura los hilos es de mucho cuidado, ya que debes cortar con precisión la longitud de hilo correcta para que entren apenas rozando los bordes de la armadura y se mantengan de pie, en este tipo de relleno se debe ir colocando alternadamente cada estilo de hilo, sosteniéndolos con los dedos hasta rellenar toda la armadura, lo cual genera la presión para mantenerlos todos a dentro, antes de soldarlos. Luis me mostraban lo que debía hacer primero, poner el hilo de pie apoyado sobre su parte más delgada, un hilo plano, luego

7 NOV

Aprender qué hacer caracolitos dura toda una mañana y que buscar buñuelos para Luis, Raúl, Lina, Pedro, el otro Luis y Hermes, es casi imposible porque siempre que yo me ofrezco a hacer el mandado nunca tienen y me toca resignarme a traer con cara de derrota pony malta y pan.


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uno doblado en zigzag, uno al lado del otro, lo problemático sucedía cuando ibas sumando hilos, pues tus dedos debían tocarlos a todos para no dejar que estos se voltearan, pero la presión que ponías sobre estos era difícil de calcular, si los soltabas antes de tiempo o los apretabas demasiado, los hilos salían desparramados y se debía comenzar de nuevo. La sensación de tensión acumulada tan puntualmente en mis dedos solo lograba disminuir hasta que al fin lograba terminar una pieza, esto apenas era un pequeño logro, porque igualmente debía retornar a esta sensación no tan agradable para un principiante, para que mi cuerpo memorizará las fuerzas que debía ejercer. Comprender con el paso de los días, los movimientos manuales con los que se producían cada uno de los rellenos, me permitía mirar a la mesa de cualquiera en el taller y ver sus manos bajo pequeños pasos y no como un solo movimiento confuso, en muchas oportunidades las explicaciones no bastaban, debía intuir cómo hacerlo bajo mis propios errores y circunstancias, porque ahí en esa experiencia propia es donde quedaba más arraigada una memoria del cuerpo frente a ese objeto que se transforma.

En gran medida mi proyecto se planteaba primero como contacto y luego como reflexión, primero vivir al lado del río, luego pensar en el fluir del tiempo, primero sudar al trabajar, luego entender los tiempos de los oficios, primero montarse en la hamaca, luego entender los tiempos de la vida en tierra caliente, mi trabajo era un continua prehensión que se convertía en una sumatoria de aprendizajes. Estar en Mompóx un lugar que no conocía, acercándome a personas y oficios que no me eran cercanos, me ubicaba en una actitud de hacer las cosas bajo la intuición, bajo lo que el presente me dictara, lo cual me enseñaba que es la vida misma con el cuerpo en acción que la paciencia se ejercita, meditar en lo que es ser paciente, nunca tendrá un efecto reparador como enfrentarse en pequeñas batallas ante el amigo que uno siempre carga.


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8 NOV

Aprender que hacer el hilo para el relleno de zigzag es de lo mĂĄs sencillo pero que ponerlo en las piezas es todo lo contrario, entender a medir la presiĂłn que pongo en las yemas de mis dedos y respirar profundo cada vez que se desmayan los pequeĂąos hilos y caen desparramados unos sobre otros.


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VOLVER AL AGUA ANTES DE DESPEDIRSE


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Me había prometido volver a la ciénaga de pozuelo a remar con la lata y así lo hice, volvimos a visitar a Faustino en su casa, esta vez además de Jordi y Dagoberto, se incluyó a nuestro viaje Vanessa, un chica bogotana que trabaja en una de las tiendas de Lida y Liliana Herrera, con el objetivo de aprender filigrana para su marca de joyería. Escribo el 26 de Octubre en la noche, lo que he hecho esa mañana, mientras Jorge ve novelas mexicanas en la cocina: “Nunca había remado, así que las nociones básicas de saber orientar la dirección de la canoa no existían, Faustino me acompañó en mi primer intento. Para remar con la lata se debía estar de pie, con las piernas abiertas para tener equilibrio. En la parte en que estábamos la ciénaga no es demasiado profunda, pero igualmente sentí nervios de caer al agua. La lata media más 3 mt, así que fue confuso saber cómo manejarla, esta se debía sumergir en el agua con una inclinación que la dirigiese hacia afuera de la canoa, para que así no se enredara y quedara debajo de esta. Faustino me explico que aunque la lata se le sostenga todo el tiempo en las manos, cada vez que se sumerja, se debe soltar un poco la mano para que esta resbale y caiga con naturalidad. La canoa se mantenía siempre en movimiento, así que la lata se apuntaba hacia al frente para que cuando ingresara en el agua ya estuviera paralela al cuerpo y pudiera ser más sencillo el impulso que se tomara con ella. Con Faustino nos devolvimos rápido, porque debía entregar un pedido de queso costeño esa tarde, Jordi paso a ser mi segundo tutor, él se sentó al otro extremo de la canoa y me dejo a mí en la otra, empezó diciéndome, ¡Para avanzar se debe dar dos latas a la derecha y dos latas a la izquierda!, esto me costó trabajo porque lo único que hacía era girar en sí misma la canoa una y otra vez. Empiezo a entender porque se le dice jalar la lata, la horqueta con su punta de madera se clava en el cieno del fondo y se debe jalar para poder seguir remando, es una especie de ancla momentánea. La dificultad que esto me daba era no saber cuánta fuerza se podía ejercer en ella cuando estaba clavada, porque si me apoyaba en ella muy fuerte, se quedaba atorada y me hacía perder el equilibrio al intentar sacarla. Jordi se estuvo riendo de mí todo el tiempo, pero como no hacerlo si duramos más de 10 minutos sin avanzar una distancia considerable. Llegamos por fin a la otra orilla, donde estaba Faustino en la isla que queda al frente de su casa, me llamó para que viese la cantidad de queso que estaba haciendo, son dos tanques para agua de 1000 lt cada uno, estaban cortados por la parte de abajo para así tener dos vasijas, él me mostro la contextura y señaló que le faltaban unos pocos días para estar en su punto. Regresamos a la canoa con Jordi, donde me explico finalmente


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9 NOV

Aprender que tengo cosas para aportar a otros, que encontrar a Don Fredy era mi oportunidad de seguir dando y recibiendo


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como girar dando lata por el lado contrario, se lanzó al agua para nadar y me hizo seguirlo, mientras llegábamos nuevamente a la casa de Faustino. Descansamos un rato antes de que sea el turno de ir en la canoa sola, me subo y después de que Jordi me empuja, empiezan todos a gritarme ¡Cuidado con las babillas!, me dieron el canalete por si no logro manejar la lata pudiera devolverme, empiezo sentada y avanzó con el canalete hasta la mitad del canal, busque la manera de darme la vuelta para remar hacia la parte más amplia del canal que está a mi derecha, pero solo logre equivocadamente que la canoa llegara a la otra orilla, sin entender aún cómo voltear, me resigne a remar hacia atrás y dejar que la corriente me ayudara poco a poco a girarla, lo logre después de un rato y al fin en posición, me empuje, un latazo, avance rápido, segundo latazo, creí que ahora si iba entendiendo como, tercer latazo, olvide que debía cambiar al otro lado, la canoa volvió a girarse y dejarme en la dirección que tenía al principio, estaba confundida, pero disfrutando que al menos fuera en este lugar, clave nuevamente con más fuerza la lata y logre detener la canoa para poder pensar el siguiente paso, antes de que la corriente volviera a llevarme, gire la canoa suavemente apoyando la lata sobre el cieno con empujones cortos que no me hicieran dar un giro completo, retome la posición y al fin logre avanzar hacia donde deseaba, logre llegar a la orilla de la isla donde Faustino hace el queso, le salude desde la canoa, pero por más que intente por un rato acercarme a una zona donde ya empieza el suelo, los tapones llenos de tarullas no me dejaron avanzar para bajarme, desde lejos me hacían señas y gritaban que ya debíamos regresar, pues si nos devolvíamos con el sol de mediodía, Jordi terminaría muy agotado, mientras estaba logrando voltearme en esta nueva dirección, ya Jordi había llegado a donde estaba en otra canoa, con su lata me ayudo a dirigir la mía que aún permanecía desorientada y pudimos finalmente volver a la casa de Faustino.”

Había logrado navegar sola, no muy bien pero al menos no volvería a Bogotá sin haberlo intentado, en el agua aún de esta ciénaga que parecía estancada, me daba cuenta que la corriente siempre estaba presente, en cierta manera la vida misma tiene su propia corriente que es el tiempo, cada nueva salida del sol me lo recuerda, la vejez en mis padres y el crecimiento de mi hermano también, aun el verme al espejo o ver una vieja foto cumple su objetivo de anunciar lo inevitable, pero parecía que el tiempo no se siente como el agua, nadar contra corriente se puede, nadar contra el tiempo no, me volteaba y

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Aprender que la mejor manera de cruzar el río es de lado, que el propio río te llevará a tu lugar


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seguía en el presente, todos los lados son presente, en el tiempo no hay canoa, se manda la lata pero nunca esta logra clavarse en el cieno para detenerse. *** Mi viaje seguía avanzado, ya tenía más de un mes de estar viviendo aquí, Hermes ya me felicitaba por no estar roja toda el tiempo, con Jorge bromeamos sobre sus novelas mexicanas de bajo presupuesto que ve en las noches en la cocina mientras comemos bollo limpio con queso costeño, al fin logro entenderle a la viejita de al frente de mi casa el saludo que grita todos los días, y conozco ya en qué calle traen los campesinos corozo, guayaba agria y bocachico a buen precio. Faltando ya solo dos semanas para mi regreso hemos comprado la leña con Heberto, ya tenemos el tiempo para hacer la quema, ese dia llego más temprano, se van colocando las piezas grandes abajo y después cada pieza pequeña en los intermedios, todo se cubre con loza rota ya quemada, el horno está hecho de ladrillos y tiene latas de carro

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para dividir la parte donde está la llama, del cubículo donde están las piezas, ese día la casa no está sola y le quema se vuelve un tiempo de charla para todo tipo de temas, está miguel quien siempre nos había acompañado, me entero que le dicen cabeza de trapo por la canas, se suma el señor Cristóbal quien nunca se quita su gafas oscuras, Fide Castro quien es bastante callado y duerme en la mecedoras las veces que ha supuestamente venido a ver MacGyver con nosotros, finalmente esta Margarita la ahijada de Heberto, dueña de Mapi la perrita que siempre está en el taller con nosotros, ese dia me entero que su nombre en realidad es María del Pilar. La tarde se nos pasa hasta que oscurece y los mosquitos empiezan a salir, la charla es tan agradable afuera al lado del horno, que se traen el bombillo de la sala para acá, no paramos de reírnos con margarita porque como decía Miguel ¡Uno tomando Ron si le pasan vainas! “Que a Marojita Paba se le bajó la presión en mamoncito,

Aprender a temerle menos a los relámpagos que dejan ver el color verde de las matas de plátano con sus destellos, aprender a comer todo con suero costeño y sentirme a mí misma como una de esas muchas vacas escondiéndose bajo la sombra de un árbol del sol de mediodía.


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que allá en guacimal dan un suero y una cipote totuma de café con leche, que si me robaron el cinturón y los zapatos, fue por no cargar pecueca que el zapato bollo de yuca, que el grajo que no usan desodorante, por favor compren la yodora, puros espanto micos que sin echarte embuste te llegaba el olor, se me pelaban los sobacos Que hay que coger la primera pareja si sabe bailar champeta, y nunca olvidar la carretilla para cada vez que se emborrachan” La charla casi no termina, pero al final lo hace, me acompañaron hasta la carretera y días más tarde pasé a recoger las piezas, Heberto sabe muy bien como empacarlas para que el Coopetran no las rompa en el trayecto, las cerámicas no se deben rozar, así que se usa matas de plátano secas como amortiguación y una revista católica con la virgen mirando hacia arriba para la bendición, con Don Heberto celebramos culminar las piezas, nos vamos a tomar una cerveza en la albarrada y hablamos un buen rato sobre qué decidirá hacer con su casa y la mujer cuando esta vuelva de Magangué, me dice que se ha sentido feliz con mi compañía y escucha, yo le comparto mi agradecimiento por haberme enseñado con cariño, y permitirme entender que no siempre las cosas se pueden hacer como uno planea, al final le habló sobre la sensación extraña de volver a Bogotá y perder esa paz que he ganado. Me acompaña hasta la casa, nos abrazamos y le recuerdo que no se olvide de aprovechar la Escuela Taller para no dejar morir el oficio. *** Aún me quedaba un fin de semana más para visitar algún paisaje rodeado de agua, deseaba despedirme de estos lugares cenagosos con el tiempo suficiente, en semanas pasadas había ido en el planchón turístico que viaja por el magdalena hacia San Sebastián para ver el atardecer, lo había disfrutado a pesar de la cantidad de gente, ver como los pájaros cruzaban volando en fila sobre las tarullas en mitad del río, y la luna se escondía bajo las sombras de los árboles al otro lado de la iluminada Mompóx, era una plan obligatorio para alguien que estaría tan tiempo por acá. También había viajado en ferry por el magdalena, otro punto de la lista de lugares por visitar, para esto había tenido que estar a las 5 de la mañana en mi puerta, para esperar el taxi que hace el servicio de llevar a las personas hasta el puerto de Bodega, desde donde sale el ferry de carga hacia Yati. Todo el día se mantuvo la lluvia y a diferencia del planchón, esta fue una de las salidas más solitarias, con el vallenato melancólico dentro del taxi, la


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ropa emparamada por grabar bajo la lluvia y la escena silenciosa bajo la oscuridad de ese día, donde una multitud de tarullas se encontraban entre el río Chicagua bajo el puente roncador y un caballo muerto flotaba en el río con dos chulos sobre él. A tan solo unos pocos días de irme, con la duda sobre qué lugar visitar, apareció Don Fredy, un lanchero que vive en el horno, un pueblo al otro lado del río, resultaba ser el mismo lanchero de uno de los videos sobre turismo ecológico que había visto antes de venir a Mompóx, al igual que el mismo

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Aprender a sentirse conmovida por la belleza de que Don Fredy convierta una flor de Coquillo en un arete que se sostiene por sí mismo. Aprender que el amor y el desamor aparecen en las conversaciones profundas Aprender que siempre con el tiempo uno conoce el problema y el pesar del otro


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guía que la familia de Constanza Escobar había contratado en sus visitas a El boga. Me invitó a reunirme con él una noche en la plaza San francisco, pues allí se reunirá también con Dianita, una chica que le ayuda en el negocio. Era inesperado crear una nueva amistad a tan poco tiempo de mi partida, pero con Fredy las cosas fueron así, aunque en principio iría en alguna de sus salidas grupales con los turistas que le mandan algunos hoteles y hostales, tanto él como yo sentimos que sería más oportuno ayudarnos mutuamente de una manera más beneficiosa. Él necesitaba apoyo para hacerle buena publicidad a su negocio y yo quien me llevara a las otras ciénagas que rodean a Pijiño, como la loba, Pajaral y Juan Criollo, así que decidimos que yo colaboraría con el diseño de un logo para la empresa, un afiche en inglés-español sobre los tours ofrecidos y fotografías para iniciar la página de Instagram que manejaría Diana, a cambio él me llevaría durante todo el día a recorrer todas estas ciénagas, me mostraría los diferentes islotes privados donde el conoce a los dueños y me presentaría a unos familiares que tienen finca al lado de la ciénaga, para que pudiera quedarme una noche allí y pasar a recogerme al día siguiente, era un trato más que justo, así que mi último fin de semana era para recompensar este proyecto y todo lo que había aprendido. Salimos a las seis de la mañana, éramos Diana, Don Fredy y yo solamente, era el mejor viaje privado que hubiera podido conseguir, las diferencias entre este paseo con un guía de la región que ama compartir los conocimientos y los anteriores donde al turista solo se le da una vuelta en la lancha sin ningún comentario valioso, eran abismales. Me mostraba al Martín pescador, al mono aullador, a la garza blanca y la morena, me explicaba por dónde subía el agua en verano y me mostraba ya dentro de la ciénaga en qué dirección quedaba Mompóx, me hablaba de la troja, la construcción de árboles y guadua para subir los electrodomésticos cuando el nivel del agua subía, de la necesidad de los canales que unen la ciénaga con el río, debido a que el pescado da las huevas en agua de corriente y este crece en la ciénaga, dando alimento a los pescadores, por último me habla del árbol de corozo, donde sale el fruto para hacer vino, la madera para las casas de bahareques y las latas de remo, promete regalarme una, mientras tanto me obsequia unas flores que

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Aprender a tensionarse y sentir cómo todo está concentrado en la punta de los dedos Aprender a renunciar para poder intentarlo. Aprender que con el tiempo ya uno empieza a sentir un lugar su hogar


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se convierten en aretes de presión, gracias a su tallo encorvado. Pasamos antes de mediodía a la finca de su prima Fanny, donde me quedaría esa noche, allí paramos para desayunar suero costeño, arepa y café con leche. El resto del día seguimos navegando en la lancha para visitar isla verde, un terreno expropiado a un traficante que ahora es un centro recreacional, la finca de un amigo que queda en la ciénaga de juan criollo, una extensa isla en venta que Don Fredy desea algún día administrar si una conocida radicada en Estados Unidos la compra y una zona donde hay arena en el suelo para nadar un rato con Diana, que también se irá esa semana de Mompóx para volver a la universidad en Medellín. Finalmente ya en la noche paramos al borde de la ciénaga de Juan criollo, donde en medio de la nada se le quita el motor a la lancha, y se camina en medio de la oscuridad a la tienda del caserío, allí grabó por un rato el atardecer y después nos tomamos unas cuantas costeñitas, mientras las gallinas se suben al árbol para irse a dormir y Fanny y su esposo vienen a recogerme para ir a la finca. Me asombra la amabilidad de las personas y la confianza que me brindan solo

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con apenas conocerme, me subo a la moto con Fanny donde solo con la luz delantera nos metemos entre fincas para acortar camino a casa, su esposo se va de vuelta caminando y logra llegar antes de que empiece un aguacero que duraría toda la noche, acá los relámpagos iluminan todo el campo y se distingue el color verde de las matas de plátano con claridad, me dan arroz con leche de cántaro y me brindan un espacio en la cama de sus hijos para dormir. Es un ambiente familiar en donde me despierto, comparto la cama con dos hermanas y un hermano que duerme en la hamaca que está sobre nosotras, Fanny se despierta al rato y nos prepara a todos café, con bocachico frito y suero. Me siento en un paseo de descanso dentro de este mismo viaje, duró toda la mañana meciéndome en la hamaca, viendo las vacas y las gallinas, aún me siento llena, pero ya Fanny está hablando de matar un marrano para el almuerzo, para hacer chicharrón. El resto de la tarde el dilema en la finca radica en quién lo va a matar, el papa se fue a una reunión y vuelve más tarde, Fanny no lo va a hacer y el hijo aunque se lanza de valiente se arrepiente al

Aprender en qué momento exacto se siente la nostalgia y saber que el olor de la guayaba agria ya no será frecuente.


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rato, así que se van a pedir ayuda a un vecino. Seguimos en las hamacas y hablamos toda la tarde con Fanny y unos amigos que vienen a la finca por qué se va matar el cerdo, suenan unos chillidos y al fin el almuerzo va a empezar a hacerse, me ofrezco para ayudar, pero me dicen que tranquila, ¡Más bien aproveche y salga a tomar fotos!, son las dos de la tarde y el sol no perdona, me prestan una sombrero y me voy sola a la orilla, dejo grabando la cámara y me siento a ver el paisaje, me siento completa y medito en lo sencilla que es la vida cuando se vive de la misma tierra en donde se vive. Me quedo pensando en todo lo que he hecho las últimas semanas, en este punto del viaje comprendo la magnitud de todas las conexiones y las personas que he conocido, empieza a surgir el sentimiento de nostalgia de todo viaje, pero me doy cuenta que es la única forma para conmoverse por la finitud de la cosas. Comemos, nos reímos y al rato Don Fredy pasa a recogerme, me despido de la ciénaga. *** A partir de los últimos días, siempre me preguntan cuándo voy a volver, todas las conversaciones giran en torno a esto, con Jorge una tarde empezamos a hablar de Kaiser, la mancha de barniz con forma de perro, pintada por él en una de las puertas de madera de la cocina, de lejos se ve claramente la forma, es un perro algo raquítico y asustado. Kaiser es la compañía de Jorge en esta casa tan grande, me dice que me va a extrañar, que ya se estaba acostumbrando nuevamente a hablar con alguien todas la noches, por mi culpa se ha engordado porque él nunca come de noche y desde que estoy lo hace. No puedo prometer un regreso, pero si nos mantendremos en contacto, le creo que esta triste porque los siguientes días no ha querido hablar mucho conmigo. Con Don Dagoberto también debo despedirme, me recoge en la moto y me hace el favor de acompañarme al mercado para conseguir corozo y guayaba agria para llevarle a mi familia y comprar el tiquete de regreso en Coopetran, él es ya mi conductor elegido y un amigo cercano que ha escuchado mis preocupaciones día a día, le tomó una fotografía y le agradezco el haber sido como un abuelito protector para mí en este viaje, ha sido de las personas con las que más he hablado sobre los avances de


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Aprender a despedirse y pensar en que Kaiser podría morir aunque él sabe que nació para ser un perro solitario


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este proyecto, así que por supuesto me pide que le mande por WhatsApp una foto mía cuando me gradué. Me despido con un abrazo, me sonríe y se va en la moto. Al día siguiente partiré a las 5 de la tarde para Bogotá, así que las personas del taller de filigrana me invitan a tomar en la albarrada de Santa Bárbara, están de paso también celebrando que ya están acabando la producción para expoartesanías, así que esto es un dos por uno, me dicen que los visite en corferias y que no me demore en volver a visitarlos, igual hay mucho que me falta aprender. Durante la noche hablamos de todos los temas, pero en un momento Raúl me empieza a contar sobre cómo terminó aprendiendo filigrana, no es de Mompóx, el nació en los pueblos cerca a las Boquillas bien adentro de la isla, me cuenta con los ojos aguados que su padre es pescador y nunca quiso que él lo fuera, se alegra de haber aprendido la filigrana y ya no ser el niño que duerme solo en una atarraya mientras su padre está lejos en la noche pescando. Me habla que allá las ciénagas son más grandes que las que visité y me recuerda que las ciénagas también dan miedo, sobre todo en las noches cuando llueve y lo único que se puede hacer es acostarse en la canoa bajo un plástico, mientras afuera todo se ilumina con los relámpagos y el agua agitada. También me pongo a llorar, pero al final sonreímos y volvemos a la conversación. Esa noche me despido de todos por si debido al guayabo alguno no va al día siguiente al taller. Es mi último día, así que pasó a desocupar la mesa de trabajo, Luis me regala un par de aretes que le vi haciendo las últimas semanas y Raúl un dije con uno de los rellenos que no alcance a hacer, al rato entra una familia numerosa de turistas, resultó ayudándoles a mostrar las joyas, logró vender algunas y me siento una orgullosa trabajadora más del taller. Antes de irme , Hermes me deja escoger un anillo y un dije para llevarle a mi padres como un regalo de parte del taller, me manda con Luis en la moto a recoger un poco de suero costeño en la casa de su mamá, es un paseo corto donde habló con Luis de lo agradecida que estoy por dedicarme tiempo y mostrarme como se hacen algunos tejido en plata, me dice que no me olvide de practicar en casa lo que aprendí y de mostrarle fotos de cuanto muestre todo esto en Bogotá. Para almorzar vuelvo a comer en el primer lugar que lo hice al lado del río, me siento de nuevo sola y pido un bocachico frito, reflexiono sobre lo bello


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Aprender que las ciénagas también producen tristeza y qué quedar atrapado en ellas en una noche de tormenta es resignarse a taparse con un plástico y acurrucarse en la canoa.


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que es vivir en tierra caliente y ver tan seguido el cielo tan azul, durante el almuerzo me entretengo viendo un grupo de muchachos que corren por la albarrada con una piscina inflable, para tirarse una y otra vez al agua para disfrutar como la corriente del río, los lleva. Don Fredy me llama y me dice que vaya hasta el puerto de piedra azul afuera de Mompóx, me trajo comida de su finca para llevarle a mi familia, me recuerda que debo llegar a tiempo porque va a embarcar pasajeros, así que no me quedó mucho tiempo en el restaurante, al llegar al puerto solo hay unas cuantas personas y suena el Binomio de oro en el parlante de un señor en su bicicleta, Diana llega al rato también para recibir este detalle antes de que se vaya a Medellín, la lancha se ve a lo lejos y al llegar a la orilla se ven muchos racimos de plátano verde y mafufo, Don Fredy empieza a repartirlos con unas cuantas papayas de las más grandes que he visto en mi vida, antes de que empiece a embarcar a los pasajeros que lo esperan , me entrega mi Lata, la hecho el mismo, me dice que se va a llevar todas las miradas en Bogotá, nos damos un abrazo e insiste en que traiga mi familia en una próxima oportunidad, , su casa estará disponible y nos dará un buen paseo. La gente ya algo apurada empieza a subir a la lancha, así que Diana y yo nos despedimos una última vez de él, esperamos en la orilla hasta que lo perdamos de vista en el río, para empezar a acomodar tano plátano y papaya que tenemos antes de pedir un motocarro en la carretera. Vuelvo a la casa, terminó de alistar mis maletas, las cajas con las cerámicas, las frutas, los plátanos y los quesos de capa. El cuarto vuelve a quedar vacío, ya todo está en la puerta junto a la lata que espero poder llevar sin problema en el Coopetran, Jorge me ha dicho que le llame cuando esté lista para ayudarme con el equipaje, le espero afuera sentada en el andén, son las 4 de la tarde un Domingo en Mompóx así que se escucha completo silencio, veo las palomas del balcón de la casa amarilla que tengo al frente y aunque siento nervios de volver, sé que es hora de comprobar si he aprendido lo que debía en este lugar.

Regreso.

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Aprender que las ciénagas y el viaje eran de ir y venir, de estar allí sabiendo que las cosas cambian y nadie va a morir, que al final yo necesitaba de la incertidumbre y que había triunfado al elegir lanzarme a este río.


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ANEXO.

LA ESCUELA TALLER DE MOMPÓX Todos los encuentros que pensaba tener en Mompóx, en principio se planteaban en una sola vía, yo como externa a este territorio iba a escuchar, ver y aprender de los otros, esto me proporcionaba un lugar seguro, ya que de mí solo se pedía disposición y ganas. Solo fue hasta el día en que concrete mi hospedaje, en una modalidad de residencia artística con El Boga Casa-Taller, que algo de este proyecto empezó a pedirme también que diera algo cambió, y esto me inquietaba, porque me hacía preguntar qué tenía de valioso para dar. La primera semana y media de mi viaje, todo se concentró en la realización del taller, a visitar a Giovanni el director de la escuela taller y Yimi el coordinador académico fue tarea de las dos primeras mañanas en Mompóx, en estos primeros encuentros, era extraño por fin conocer en persona con quienes me había contactado en Bogotá, por medio de correos y llamadas, para confirmar apoyo para la realización del taller, que me permitiría retribuir el hospedaje, que había obtenido en el espacio del Boga. La Escuela Taller de Mompóx me abrió las puertas con mucho cariño y me permitió plantear libremente el taller que daría a sus aprendices, como ellos se refieren de manera más frecuente a sus estudiantes. Desde Bogotá tenía una plan de temas que serían oportunos trabajar con ellos gracias a la visita que le hice a Camila Laorni, joyera que en años anteriores había sido profesora de esta institución, pero a pesar de estos primeros datos me era necesario conocer la realidad actual y plantear un taller que respondiera a necesidades reales y no inventadas desde el desconocimiento, fue así que esa primera semana todo se concentró en conocer los procesos de aprendizaje de los oficios de filigrana y cocina tradicional momposina, al igual que a sus respectivos profesores Josimar y Yesi Cristina. La Escuela Taller quedaba a menos de 5 minutos en bici del Boga, justo al lado de la plaza Santa Bárbara. Allí veían clase los estudiantes de filigrana,


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esta edificación también era una casa colonial y había sido restaurada hace poco en un proyecto que tenía el apoyo de la universidad del Norte, las mesas de trabajo del grupo de aprendices, estaban ubicadas de frente y rodeando el patio central. Josimar, su profesor, muy amablemente me iba presentado uno por uno a los estudiantes, mientras me explicaba que en el ciclo formativo de un año, ellos tenían el lema de aprender haciendo, de esta manera poco a poco iban aprendiendo a preparar el hilo, los rellenos y soldar una joya en filigrana, después cada uno de ellos realizaba una práctica dirigida en alguno de los talleres de joyería de Mompóx, donde comprendían un poco más los ritmos de trabajo de las producciones de los talleres, para finalmente retornar a la escuela donde podían decidir si continuaban su última etapa trabajando en los talleres de Mompóx o les interesaba proponer un proyecto o alguna colección propia. Por otro lado cocina tradicional con su profesora Yesi, tomaban clases en la casa de la cultura que había permitido el uso de su cocina, allí todos los días se hacía el refrigerio y el almuerzo para todos los aprendices, que conjuntamente almorzaban en el comedor de la casa de la cultura, su ciclo formativo era muy parecido en sus etapas al de filigrana, primero una formación al interior de la escuela, después una práctica en restaurantes y por último a diferencia del otro programa si se mantenían culminando su aprendizaje dentro de la escuela. Para la fecha de mi llegada todos los aprendices acababan de retornar de esta segunda etapa formativa en los talleres de joyería y restaurante, justamente la semana pasada habían participado de un laboratorio de investigación-creación del artista Aldo Hollmann, proyecto ganador de la convocatoria Pasantías nacionales del Ministerio de Cultura, donde los aprendices de cocina y filigrana de manera conjunta habían reflexionado acerca de la identidad cultural de la región, su relación con prácticas ancestrales y la naturaleza, con el objetivo de identificar lo que hace que Mompóx sea lo que es. En ese punto ya había hablado con los directivos, los profesores, pero faltaba lo más importante y eran los mismos aprendices, así que el jueves 3 de Octubre me propuse visitar nuevamente la escuela para hablar directamente con ellos, no me podré olvidar la forma en que me presento Yesi , llamando a todos a gritos diciéndoles: — Muchachos vengan que la seño necesita hablar con ustedes —, supuse en ese momento que la palabra seño, era una forma cordial para presentarme, días más tarde tomándole cariño ya a esa la palabra con la cual me llamaban en la escuela, entendí qué significaba realmente otra cosa. Durante esta visita busqué preguntarles que habían aprendido del taller de la


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semana pasada, que les había gustado y que no, con los de cocina lo que fue claro, era que se habían sentido excluidos, pues el taller se había centrado más en la filigrana, en como buscar sus formas lineales, en la rejas forjadas de la arquitectura colonial de las calles principales de Mompóx, los canales de los ríos y la naturaleza de los alrededores. Por otro lado a los aprendices de filigrana, les pregunte acerca de sus gustos personales, sobre los que los guiaba a elegir qué diseño hacer, ya que muchos de los ejercicios realizados durante sus clases no dejaban mucho espacio a que explorarán su identidad como creadores, sino tenía un enfoque mucho más técnico. Al enfrentarme a sus primeras respuestas, las cuales siempre iniciaban con un no sé, y terminaban con el argumento de “yo haría cualquier cosa que me mandaran”, les planteé el caso hipotético donde les encargarían hacer una colección o una serie de joyas que tuvieran una temática en común. A esta nueva propuesta, siendo un poco más abiertos las respuestas contemplaban, plantas exóticas, tejidos de caña flecha, ovnis y animales híbridos.


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Para el 4 Octubre tenía puntos a favor y en contra, por una lado mi propuesta de taller no estaba tan alejado de la realidad, ya que en mis conversaciones de esa semana había confirmado que sí era necesario dejar una pequeña semilla, acerca de la importancia de conocer nuestra identidad y gustos a la hora de crear, lo cual se correspondía con el objetivo central de mi propuesta de Taller, que tenía por título “Formulación de ideas para la creación, del concepto a la materia”. El verdadero reto que tenía en ese punto era la actividad central que haría con los chicos de cocina tradicional, ya que si realizaba lo que venía planeando desde Bogotá, era muy factible que volvieran a sentirse excluidos, dado que las dinámicas prácticas estaban guiadas hacia el dibujo y la creación de moodboards, más cercanas al diseño de joyas y no tendrían una vinculación tan fuerte con el mundo de la cocina momposina. Fue así que la profesora Yesi, se convirtió en parte activa de la propuesta, con ella conversamos sobre lo que tenía la comida tradicional momposina, sobre el proceso que tenían para conseguir los productos locales en el mercado de Mompóx y sobre su historia de pasar de ser aprendiz a profesora de cocina tradicional. Entre uno y otro comentario, salió el tema de los emplatados típicos y el uso de hojas de Bijao y plátano para esto, al igual que su poca utilización en los restaurantes de comida tradicional que tiene Mompóx. Con esta idea en mente, Yesi me comento de posibles preparaciones que podrían ser fáciles de preparar con yuca y que podrían ser útiles para que los chicos aprendieran y de paso fueran emplatados en estas hojas. Con algo más concreto, le mencionamos la idea a los aprendices, buscando conocer si ellos tenían idea de algún otro material para el emplatado u otra receta con yuca que les interesara preparar. De ahí salieron las ideas de recrear el arequipe de yuca de una de las abuelas de los aprendices, se habló de recoger el fruto de la tamaca o el chicle momposino que podría servirnos como un pegamento comestible. Luego, solo quedó repartirnos quien se encargaría de conseguir las hojas de bijao, de plátano y de comprar la leche de cántaro a algún campesino cercano. Recuerdo muy bien cómo salí esa tarde de la casa de la cultura con el ánimo repuesto, primero por el mote de queso con jugo de tomate de árbol que probé de los aprendices de cocina y segundo porque había logrado dimensionar lo sencillo, lo potente que es escuchar al otro cuando se planea un proyecto con incidencia en una comunidad.


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Durante mi primer fin de semana organice el material audiovisual del taller, dado que la estructura previa de las actividades había cambiado. Con Yimi el coordinador académico, concluimos que el taller tendría por fecha el 7, 8 y 9 de Octubre, en las mañanas estaría con el grupo de filigrana, mientras con cocina se harían las sesiones en las tardes. Para el primer día del taller, les había pedido a cada uno de los aprendices, incluyendo a los profesores y a Yimi, que trajeran un objeto que los representara, con la condición que no tuviera ninguna relación con el oficio en el que estaban, unos lo trajeron, otros encontraron algo que tuvieron a la mano, finalmente pudimos empezar con una pequeña presentación de cada uno, en donde definirían en un concepto lo que ese objeto significaba para ellos y las razones que lo vinculaban con sus vidas, para comenzar empecé hablando de mi maleta y el motivo por el cual la relacionada con la palabra autosuficiencia, al ser esta la primera inversión que tuve al empezar a trabajar hace unos años y ser el objeto incondicional en los últimos viajes que he realizado sola. Dictar el taller era intimidante, estar sola hablando con todos, guiando la conversación, propulsando que las cosas pasaran, pero todo se daba naturalmente, ellos iban participando y al escuchar a sus compañeros el interés iba aumentando por sí solo, Chaira una de las aprendices de filigrana, trajo su bastón de mando de la banda marcial que dirige aunque ya salió de su colegio y habló del liderazgo que ha significado para ella tener esta responsabilidad, Yimi, mostró su libreta de dibujos que todo el mundo desconocía, por lo que varios quedaron asombrados al verla, otros dos jóvenes mostraron sus bicicletas uno porque sentía que con ella tenía el control de su tiempo, y otro porque podía pensar mejor cuando andaba en ella. Seguidamente compartí con ellos un corto video que mostraba la historia del lápiz número dos, para así poner en paralelo como las historias particulares de cada persona con los objetos, también se une a la historia técnica y de progreso que trae cada objeto por sí mismo. Esta primera sesión que tenía por objetivo hablar sobre las relaciones que existe entre el pensar, el hacer y el sentir en los procesos de cualquier persona, era similar con los dos grupos, empezábamos hablando entre todos sobre que era la creatividad y quien podría considerarse creativo, nos preguntamos de donde salían las ideas, a lo cual respondimos que esta era una construcción continua que reúne sensaciones, memorias e analogías que reúnen conocimientos


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existentes que están inconexos. Mientras hablaba veía un punto donde todos los conocimientos obtenidos entre las artes, el diseño industrial y los oficios parecían juntarse y trabajar en sintonía. Recordaba las clases de ergonomía cognitiva, con la representación del homúnculo sensorial que les dio bastante risa a todos los aprendices al mostrárselos y las clases de gramática del arte al hablarles de lo que es y puede transmitir el color, la textura y las dimensiones. Finalmente hablábamos sobre lo que era la abstracción y la iconicidad, palabras que serían fundamentales para el ejercicio con que culminaríamos la sesión, en el cual a manera de amigo secreto, cada uno debería dibujar de manera abstracta el concepto del compañero dicho al principio de la jornada, en búsqueda de que al disponer todos los dibujos pudiéramos adivinar entre todos qué dibujo representaba a que persona. Al momento de dibujar, varios se sentían penosos e incómodos por mostrar aquello que consideraban no era un buen dibujo, por lo que tuve que irme preparando para motivarlos y colaborarles en lo que serían los días siguientes con el grupo de filigrana con quienes se dibujaría más. Para las siguientes sesiones ya trabajaría por separado con cada grupo, en filigrana nuestra segunda sesión tuvo como material guía, la memoria de trabajo de grado de Lucas Marcel Castaño, egresado de diseño industrial de la Universidad Nacional, quien amablemente compartió su trabajo “De la morfosintaxis a la Bioinspiración”, en el cual proporcionaba una guía metodológica para abordar el diseño inspirado en la naturaleza a partir del análisis de la forma. Apoyándome de las ilustraciones y ejemplos, en los cuales Marcel enseña su proceso de creación de una colección de joyería inspirada en un grupo insectos tropicales, pude explicar más fácilmente a los aprendices lo que eran las formas abiertas, cerradas, la compresión de las formas como punto, línea y volumen, la simetría bilateral, axial y la importancia de la dupla vacío - lleno, conceptos que íbamos reforzando con los dibujos que cada uno realizaba a las frutas que habían traído. Para nuestra tercera sesión, deseaba retomar esa pregunta inicial que les había hecho sobre sus gustos particulares y temas, así que les


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propuse con anterioridad que pensaran dos temas y trajeran imágenes impresas representativas de cada uno de estos, para empezar a visualizar que forma tendria una propuesta de joya en filigrana que reuniera estos dos mundos. Algunas de las duplas fueron:

Mascotas - Palabras, Mariposas - Tejido, Comida Rápida - Helados, Exótico - Plantas, Flores - Felinos, Animales - Híbridos, Felinos - Aves, Geometría Animales, Orquídeas - Guacamayas, Osos - Piedras. Para este ejercicio usamos hojas calcantes y a manera de collages íbamos dibujando partes de unas fotografía para sumarla a otras, este fue uno de las actividades con más variedad de resultado, la facilidad de ponerse a calcar les permitió liberarse un poco de la presión sobre el dibujo realista, permitiéndoles enfocarse más en comprender cómo construir dibujos lineales, que simularán la construcción de las plantillas con las que se empieza cualquier joya de filigrana,logrando así aprovechar esta fase de bocetacion para comparar diferentes resultados y pensar en producir diseños propios. *** Con el grupo de cocina tradicional momposina decidimos unir las dos sesiones faltantes en una sola gran jornada, así podríamos preparar las carimañola, rosquetes y el arequipe de yuca el mismo día que haríamos los emplatados con las hojas de bijao y plátano. La profesora Yesi repartió a los aprendices en diferentes tareas: • Pelar la yuca y preparar el almidón de yuca que usamos con pegante en las hojas de bijao y plátano. • Cocinar la yuca y preparar la proporciones que se usarían para la masa de las carimañolas, rosquetes y aquella que se cocinaría con la leche de cántaro para el


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arequipe • Rallar el queso y moldear la masa para las diferentes porciones. (Algunas carimañolas se deshicieron porque el queso quedó muy expuesto al amasarlo) • Licuar hojas de bijao y plátano para las pruebas de moldes que queríamos hacer sobre bombas infladas. • Freír las carimañolas y rosquetes • Revolver y estar pendiente de la consistencia del arequipe Después de tener todos los productos cocinados, almorzamos en la casa de la cultura y al terminar empezamos a repartir los materiales que todos habíamos traído, bombas y calabazos para probar hacer unos moldes con la masa de las hojas licuadas y el almidón de yuca, por otro lado había palillos de madera para hacer uniones entre las hojas de bijao y plátano que serían nuestra materia prima. Desde nuestra primera conversación con todo el grupo de cocina, sabíamos que todo sería una experimentación así que no debíamos frustrarnos si no logramos un recipiente perfecto. En principio los aprendices se sintieron algo confundidos acerca de cómo manipular las hojas dado que no era lo mismo que doblar o cortar una hoja de papel, así que les propuse revisar los dobleces o fisuras que trae naturalmente estas hojas, para así saber cuál era la mejor manera de no desgastar el material, con otros aprendices tratamos de hacer un pequeño tejido para crear lo que sería una especie de servilleta, mientras de manera individual otros realizaron recipientes similares a una cartera, un barco o una pequeña tabla con los tallos de las mismas hojas. Para el final de la tarde buscamos ubicar todos los resultados y probarlos con los rosquetes y las carimañolas que ya todos deseábamos probar, a los recipientes más firmes les vertimos el arequipe de yuca, para así reunirnos alrededor de la mesa para poder comer lo que habíamos preparado y opinar sobre los recipientes que habían hecho los demás. Todos estábamos tan ansiosos por probar el arequipe de yuca, que debió ser protegido por la profesora Yesi, quien encontró los resultados de nuestra exploración un éxito total.


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Referencias Bibliográficas

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