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“El resto” –un relato de Gustavo Gall Capítulo 2 / Episodio 18 “El regalo de Pablina” Para cuando Telli y NN salieron de la habitación ya era el día nuevamente. Nancy los invitó a desayunar. Los curas estaban esperándolos sentados a la mesa. A NN se le salían los ojos de las órbitas... panes, mermeladas, café... Nunca había tenido tanta comida dispuesta de ese modo sobre una mesa, con mantel y tazas. -Tu compañera se marchó con el primer claro...- dijo el padre Rubén-... yo mismo la llevé hasta la estación de trenes y la vi caminar por las vías en dirección a la Capital. Telli asintió y no hizo comentario al respecto. -Dejó esto para vos... dijo que lo guardes. Escribió una nota que está dentro. ¡Ah! Y dijo que evitaras la página veintiocho y veintinueve- y le entregó el libro de “El viento entre los sauces”. Telli miró al cura sin comprender ese pedido. -¡Qué chica más rara!- exclamó NN. Nadie dijo nada sobre ese comentario. Bendijeron la mesa y comieron.

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El muchacho tragaba como un desesperado. Telli permanecía callado y pensativo. Parecía muy preocupado. -¿Qué tienen pensado hacer ustedes dos?- preguntó el Padre Héctor. -Yo quiero regresar al refugio donde estuve todos estos años, en Maschwitz. Es un lugar seguro que fabricó mi mejor amigo, Enzo. -Lo nombraron durante la pelea- dijo Nancy. -Sí. Es que cuando la chica habló aquí en la mesa, con ustedes, y les explicó todos sus planes... lo comprendí todo... fue como si una ráfaga de lucidez me golpeara en la cara... Ella lo mató- explicó Telli y los ojos se le llenaron de lágrimas. -¿Mató a tu amigo?- preguntó NN. Telli bajó la cabeza. -¿Ella vivía con ustedes?- preguntó el padre Luis. -Apenas la conocíamos. La encontramos en la casa de una familia vecina después de un ataque de zombies...- se tapó la boca-... bueno, perdón... no sé como debo llamarlos... Los curas hicieron caso omiso a ese detalle. Telli continuó hablando... -La acogimos con nosotros. Mi amigo Enzo estaba infectado por un arañazo. Estaba empeorando pero, se ve que ella adelantó el proceso. Cuando me encontré solo no tuve más remedio que acompañarla, que era lo que ella quería. Por eso lo liquidó... para que nos fuéramos rápido de allí. -¿Y el chico? ¿No vivía con ustedes? 2


Telli miró a NN... -Este muchachito pertenece a otra historia... digamos que lo encontramos en el camino, y como estaba solo, nos siguió. Cuando terminaron de desayunar Nancy se levantó para recoger la mesa. Telli quizo ayudarle pero el Padre Héctor le pidió que permaneciera sentado. -Nosotros pensamos que podrían quedarse acá. Lo hablamos entre todos y nos pareció bien. Comprendimos que la mujer era la problemática, no ustedes. Parecen buenas personas. Hay muchas cosas para hacer y nos vendría bien un poco de ayuda. Es un lugar seguro, hay comida y un buen colchón donde descansar los huesos. -¡Yo acepto!- se apresuró a responder NN, con la boca llena de pan a medio masticar. Los curas rieron. -Yo se los agradezco mucho pero no estoy seguro de poder decidir nada ahora mismo- respondió Telli-. Me quedaré un par de días y quiero regresar a la Madriguera... así llamábamos a nuestro refugio... quiero encontrar a una persona y reunirme con ella... siento que está viva y me necesita. -¿Un pariente? -Es la hermana de mi compañero. Se llama Luciana. Ella sí que vivió con nosotros en la Madriguera pero luego se marchó para unirse a un grupo. Tenían planes de dirigirse al Norte, a Rosario, para una de esas pruebas de laboratorio. -¡Hm! Eso no es una buena noticia...- dijo el Padre Rubén. 3


-Muchas de las almas que están ahí fuera, en el patio, provienen de esas pruebas. -Lo sé. Pero igualmente algo me dice que ella está bien y que debo encontrarla- concluyó Telli. -Como quieras. Ya sabés que acá tenés las puertas abiertas. Tras levantarse de la mesa Telli se ofreció a acompañar al Padre Luis y al Padre Rubén a la zona de cuarentena. A todos les pareció bien. NN se quedó con Nancy, mientras el Padre Héctor bajaría al invernáculo. NN se quedó observando como el cura bajaba al patio y se paseaba despreocupadamente entre la multitud de zombies, que hasta parecían saludarlo a su paso. -Todavía no puedo creer que se comporten así...- dijo el muchacho-. Decime la verdad, Nancy... yo puedo guardar el secreto... ¿los dopan con algo? La mujer rompió a reír. -No. Simplemente son almas que han recuperado parte del equilibrio entre el cuerpo y el espíritu. -Qué Dios me perdone pero yo no puedo dejar de verlos como bestias- dijo él. -Seguro que Dios te perdonará por eso. La mujer le mostró algunas de sus actividades del taller de ropa. Había un cuarto lleno de telas, trapos, restos de género, lienzo, bolsas de harpillera, frazadas, y todo tipo de cosas que fueron recolectando por ahí. Le mostró como se fabricaban los abrigos para las almas a las que cuidaban. -¿Dónde duermen?- preguntó el muchacho. 4


-Duermen poco. Algunos casi nada y ese es el mayor motivo por el que mueren-. explicó Nancy- Hay un sector, a la izquierda del patio...- y lo señaló a través del ventanal-... donde hay un gran refugio lleno de colchones, mantas y frazadas. Son muy delgados y necesitan protegerse del frío. -¿Y no salen con la oscuridad? -Saben que eso es malo. Todo lo aprenden como seres primitivos, por imitación y por experiencia. Al principio murieron muchos quemados por las cenizas. Así aprendieron a refugiarse. Allí también hay unos baños donde saben hacer sus necesidades. También lo fueron aprendiendo. Algunas cosas les han quedado de sus vidas pasadas. El chico permaneció mirando por la ventana con la frente apoyada contra el vidrio. -Ustedes hacen que sienta pena por ellos y ganas de ayudar, pero a la vez me siguen dando mucho miedo. Nancy apoyó la mano en el hombro del muchacho. -Es normal. Ya te acostumbrarás y empezarás a perder el miedo y a entender que son víctimas de algo que no querían. Esas almas son iguales a nosotros. Lo único importante es que te cuides de no tener ningún contacto físico. Sus heridas, su saliva, sus fluidos... Para salir al patio usamos unos guantes y algunas ropas preventivas. -Entonces ¿siguen contagiando la enfermedad? -Si. Eso no tiene cura, y ya sabés lo que pasa si te infectás. El chico asintió. -Vení, acompañame que tengo trabajo y me gustaría que aprendieras algo de esto para poder ayudarme. 5


-¿Qué es el libro que te dejó la chica?- preguntó el Padre Luis a Telli mientras viajaban en dirección a la zona de cuarentena. -No lo sé muy bien. Es un libro que lleva con ella desde chica, una especie de amuleto o algo así. -¿Y la nota? ¿No la pensás leer? -Por ahora no. Seguramente es una explicación de porqué hizo lo que hizo con mi amigo, y estoy demasiado enojado para entender excusas- respondió Telli.

Fin del Episodio 18

“El Resto” por Gustavo Gall (Relato de ciencia ficción futurista, por entregas en episodios cortos) -Capitulo Dos: Episodio 18 - (total: 6 páginas) Codigo de Registro 1212194222680 A.R.Ress Int. Copyright- Gustavo Gall Abril de 2013.

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Gustavo Gall "El resto" Episodio 18  

Decimo Octavo Episodio de "El resto", un relato de ciencia ficción futurista, por entregas, escrito por el autor argentino Gustavo Gall.

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