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-Papá… ¿Qué consejo me darías para mi vida? -A tu pregunta hijo mío, ¿qué podría yo decirte?, si todavía trato de aprender a vivir y en esta escuela de la vida nadie te enseña a hacerlo. Por lo pronto te comento que es lo que me ha dado resultado, a lo mejor si lo aplicas a ti también te funcionará. Todo lo que entregas, la vida te lo devuelve multiplicado, lo mejor y lo peor de ti estará latente para salir y debes observar bien que es lo que entregas a los demás. Cuando encuentres a alguien desvalido, ayúdalo, no sabes cuándo podrías estar tú mismo en esa situación algún día y necesitarás de una mano que te ayude. No existen divisiones reales entre los seres humanos, esas son simples mentiras que nos repiten para evitar que nos conozcamos y hagamos de la humanidad una sola entidad, eso no sería negocio para los poderosos. No existe alguien mejor o peor que tu, ese que te mira es un igual. Si alguien te ofende, no le hagas lo mismo, porque te convertirás en lo que hasta hace unos minutos aborrecías. Además, ten en cuenta que las personas que ofenden, es porque fueron ofendidos antes, creyeron en la mentira de la desigualdad y se sienten inferiores. Cuando busques una respuesta, o la solución a un problema, no camines por mucho tiempo, las soluciones están la mayoría de las veces al alcance de la mano. Cada vez que te sientas aturdido por los hechos cotidianos, abre un libro. Nunca sabes si lo que estas por leer ordena tus pensamientos. Nunca sigas a nadie, ni siquiera a mí. Cada ser humano tiene un propósito, y como él, es único, si sigues a alguien te alejarás de tu meta en la vida. Por más que la realidad te muestre los problemas, no te enfoques en ellos, ni te creas el problema. Entiende que eso es un simple ejercicio, que el mismo trae oportunidades y que puedes padecer de un problema, pero tú no lo eres; en realidad, eres el padre de la solución. Además, al igual que no existe en el mundo un candado sin su llave; no existe un problema sin una solución. Encuentra la llave y deja de quejarte porque el candado está cerrado. A un enemigo no se lo combate con furia, se lo elimina con amor. Cuando amas a una persona, esta te muestra su mejor perfil y esconde sus garras. El día que elijas a tu pareja, asegúrate que sea una persona libre, soñadora, aventurera y cerciórate no ser quien intenta modificar su estado, si al conocerla la amaste así, así la seguirás amando. De esa manera lograrás escoltar a alguien que te acompañe y no tendrás que guiar o seguirla. Nunca te sientas culpable de tus actos, pero recuerda que siempre eres el responsable de los mismos. No prometas nada para toda la vida, eso es incumplible, la vida es algo personal y rara vez dura toda una vida. Promete algo hoy y haz lo mejor de ti para cumplirlo. Antes de prejuzgar a alguien, averigua su historia. Muchas personas están apegadas a su pasado y eso les obliga a crear sus presentes. No existe un victimario hijo, solo victimas de victimas. Si le ayudas a alguien a curar sus heridas, ganarás un amigo para toda la vida. Por último, si alguien te pide un consejo, no se lo des, solo cuéntale que has aprendido para llegar a dónde estás. Él sabrá al mirarte si quiere imitar tu sistema o adherir al propio. Hijo, si me pides un consejo, te sugiero que nunca dejes de lado tu esencia, tu inocencia, nunca mates tus sueño y jamás dejes de creer en ti, en lo que tu corazón dicta y principalmente, nunca dejes de ser tú mismo. Te amo.

Gustavo Agüera.


Carta a mi hijo