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“El resto” –un relato de Gustavo Gall Capítulo 2 / Episodio 15 “Ningún Nombre”

Velozmente avanzaron sobre el puente con intenciones de cruzar el arroyo. Había por allí decenas de esqueletos de autos calcinados. Pablina tomó la delantera sorteándose entre la chatarra y Telli intentaba seguirla por detrás pisando sobre sus huellas. Pero ella era demasiado ágil para imitarla y seguirle el tranco. Entonces volvió a escucharse un disparo. Pudo ser un disparo al aire, de advertencia. Telli se quedó petrificado de miedo. Ella siguió adelante, y estaba ya casi en medio del puente de hierro cuando se dio cuenta de que su compañero se había quedado rezagado. -¡Esteban!- le gritó. Un nuevo disparo resonó, esta vez claramente, entre las chapas de los autos. Telli se acurrucó cubriéndose la cabeza con sus brazos. Por un momento, Pablina, dudó en continuar y dejarlo atrás, pero se apiadó y volvió a por él, empuñando sus pistolas. -¡Metete dentro de un auto!- le ordenó. 1


Telli se escurrió por el hueco de una ventanilla y un nuevo disparo estuvo a punto de alcanzarlo. Se encogió en el piso de la parte trasera. Las detonaciones se hicieron más continuadas, pero no se terminaba de entender desde donde provenían. Todo era muy confuso y desconcertante. Pablina se deshizo de su mochila escondiéndola en el baúl de un coche y rápidamente se puso al resguardo de la balacera. Distaban a diez metros entre uno y otro. Hubo silencio por un largo rato. “Él” o “los” atacantes estaban tomando posición. La muchacha alzó la vista al cielo. La luz empezaba a menguar y eso indicaba que no les daría tiempo para avanzar hasta la próxima estación, si seguían allí retenidos por el ataque sorpresa. Se asomó estirando el cuello para intentar localizar la posición de algún atacante, pero no se veía a nadie. -¿Telli? ¿Estás bien?- preguntó y su voz resonó en un eco acústico rebotando exageradamente alrededor entre tanto silencio circundante. -¡Si!- respondió el otro con la voz temblorosa. -Quiero que hagas exactamente lo que te diga... vas a sacar tu pistola y tenerla en la mano, y en cuanto te dé la orden quiero que salgas de ahí y vengas conmigo. Abandoná tu mochila. Yo voy a cubrirte. ¿De acuerdo? -¡Okey! Se desprendió de la mochila y, con las manos temblonas, le quitó el seguro a la pistola, tal como ella se lo había enseñado. Se ubicó justo en el hueco de la ventanilla 2


esperando la orden para lanzarse fuera. La posición era muy incómoda y retorcida. Entonces un nuevo balazo silbó entre los fierros de la puerta anulando sus intenciones, y volvió a dejarse escurrir al piso del auto. -¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierdaaaa!- gritó desesperado, mientras se volvía a envolver la cabeza enrollándose como un bicho bolita. Así, finalmente, Pablina dedujo la ubicación del atacante. No debió disparar tan rápido, eso lo puso en evidencia... Se deslizó hacia un costado moviéndose como un cangrejo, hasta encontrar una posición ventajosa desde donde divisó una forma humana que pretendía ocultarse detrás de un montículo de basura fosilizada, al costado de las vías. En ese momento un nuevo estampido, proveniente desde otro sector, desde el fondo del amasijo de autos, le confirmó que se trataba de, al menos, dos atacantes. Eso complicaba las cosas... El disparador que permanecía tras el montículo estaba tan concentrado en los próximos movimientos de Telli que no se percató que la chica había cambiado de sitio, y lo estaba viendo, y antes de que volviera a apretar el gatillo, ella le voló la cabeza de un solo tiro. El hombre cayó desplomado emitiendo un chillido agudo y sofocado. -¡Ahora, Telli, volvé a salir!- ordenó, pero él estaba tan muerto de miedo que ni siquiera pudo mover un solo músculo. La muchacha insistió, asegurándole que ya tenía el camino libre. Finalmente Telli brincó fuera del auto raspándose los testículos con el borde de la ventanilla al deslizarse para abajo, y aporreándose la cabeza contra la puerta del auto que estaba al costado. Y ahí quedó, en el 3


suelo, noqueado de dolor. Cuando se repuso un poco se arrastró por el reducido pasillo de autos, reptando entre los pedruscos como una lagartija. Así logró avanzar unos metros en dirección a donde suponía que se encontraba Pablina. Pero ella ya había vuelto a cambiar de sitio, con furtiva presteza, logrando rodear el perímetro, alcanzando finalmente el montículo de basura donde se encontraba el hombre que acababa de matar. Yacía boca abajo con un disparo en la parte occipital y un rifle con mira telescópica tendido a un metro de distancia. Ella guardó sus pistolas y se hizo del rifle. El segundo atacante tiró una serie de descargas para poder moverse y avanzar entre la chatarra, sin haberse percatado de que su compañero ya no estaba en juego, y mucho menos de que su lugar estaba ocupado por una experta tiradora. Ella lo buscó con la mira telescópica pero había demasiada basura de hierro de por medio como para dispararle y traslucir su nueva posición. Pero lo que más le preocupaba era que la tarde caída demasiado de prisa y las nubes de ceniza los sorprendería allí, al descubierto. Hubo silencio por mucho rato. El tiempo se agotaba. El atacante no daba señales. Seguramente ya se había escabullido como un topo por entre los autos y estaba progresando en dirección a Telli. -¡Ya basta!- exclamó ella, impaciente. Arrojó el rifle a un lado, desenfundó sus dos pistolas y se lanzó como una kamikaze a confrontarse con el desconocido disparador. Ese no se la esperaba apareciendo por el costado y, totalmente dislocado y abatatado, se incorporó, y le disparó con mala y exaltada puntería. Sus tiros silbaron errantes por el aire. 4


Pablina corrió vertiginosamente hacia él, y en cuanto lo tuvo a tiro, a punto de taladrarlo, reconoció su cara y se contuvo de matarlo. No daba crédito de lo que veía... -¿NN? ¿Sos vos? ¿Estás chiflado? ¿Porqué nos estás disparando, idiota?- le gritó. El muchacho arrojó su arma al suelo y levantó las manos en señal de rendición. Sabía que no tenía ninguna chance contra ella. Unos minutos más tarde se reunieron con Telli. Ella caminaba por detrás del chico, empujándolo. Ni siquiera lo apuntaba con un arma. -Mira quien era el francotirador... Telli se levantó del suelo y miró al pibe. No salía de su asombro. -¡Pelotudo de mierda!- le gritó y le sorteó una cachetada-. Antes ella te salvó la vida y ahora querés matarnos... El chico bajó la cabeza sin responder. -¿Quién era el otro?- preguntó Pablina. -El hijo de Celeste, el mayor. Todo el tiempo estuvo escondido y ahora quería vengarse porque ustedes mataron a todos los nuestros. -Nos defendimos. Vinimos pacíficamente pero iban a hacernos mierda, y vos lo sabés. El chico asintió. -¿Hay más gente que pueda molestarnos?- preguntó Pablina. 5


-No. Los otros dos pibitos se fueron, estoy yo solo. Telli fue a recuperar su mochila y Pablina la suya. Tenían prisa por cruzar el río y encontrar un sitio seguro donde disponer las carpas-burbujas antes de la lluvia de cenizas. -¡Ahora tomátelas!- ordenó Pablina al chico-. No te quiero volver a ver, porque la próxima no seré tan piadosa. ¡Vamos! ¡Andá a buscarte la vida! El chico caminó lánguidamente, cabizbajo, en dirección a la estación. Pablina se aseguró de que la caja con las cepas de moscas continuara segura, y de inmediato se aligeraron a cruzar el puente. Una vez del otro lado solo les dio tiempo de armar las burbujas dentro de un vagón descarrilado que estaba tumbado junto a las vías. Las próximas veintiún horas las pasaron allí dentro, hasta el nuevo amanecer. Fin del Episodio 15

“El Resto” por Gustavo Gall (Relato de ciencia ficción futurista, por entregas en episodios cortos) -Capitulo Dos: Episodio 15 - (total: 6 páginas) Codigo de Registro 1212194222680 A.R.Ress Int. Copyright- Gustavo Gall Marzo de 2013.

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Gustavo Gall "El resto" Episodio 15  

Segundo Capítulo, Episodio 15, de "El resto", un relato de ciencia ficción, por entregas, escrito por el autor argentino Gustavo Gall.