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CASA COMÚN

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7 al 20 de noviembre de 2008

Cuento de otoño, de Raúl Teixidó

Ensayo sobre la soledad Alfonso Gumucio Dagron* El parentesco de la obra de Teixidó con los autores citados está en la atmósfera que baña sus relatos. Sus personajes viven un aislamiento querido y buscado, una soledad escogida, un mundo imaginario propio. Desde punto de vista del estilo, lo que destaca no es parcela de ningún autor en particular

U

n profesor de literatura en el otoño de su vida inicia una relación platónica con una joven actriz de teatro y presentadora de televisión. Al cabo de unos pocos –y breves– encuentros en lugares públicos, donde intercambian unas cuantas frases, se produce un desenlace fatal con el que culmina la historia. Cuento de otoño (2006) es el libro más reciente de Raúl Teixidó, y como mucho de lo que él escribe, está cargado de melancolía y romanticismo “exacerbado”, como el mismo Teixidó no duda en reconocer. Mucho tiene que ver con la vida personal del autor, pero sería un error pensar que se puede hacer de su obra una lectura plana, de primer nivel, y asumir que lo autobiográfico domina sobre la creación literaria. Dos citas que el propio autor incluye –entre varias otras– en la contraportada de su libro, a manera de pistas para la lectura, han llamado especialmente mi atención. La primera es de Antonio Tabucchi: “Escribir es siempre un modo de llegar a un compromiso con la falta de sentido de la vida” y parece describir de cuerpo entero no al autor, sino al personaje narrador del cuento, el profesor de secundaria. La otra cita es de Jacques Prévert: “La vida que en algún momento no parezca un sueño, no merece vivirse”. Y esta cita sí interpela directamente al escritor, a Teixidó, que ha sabido construir un mundo narrativo en el cual a veces él mismo puede ser un personaje.

nario propio. Desde punto de vista del estilo, lo que destaca no es parcela de ningún autor en particular, aunque puede remitirnos a varios: pulcritud en la narración, sobriedad, descripciones sin aspavientos, sin propuestas audaces. Simplemente narrar bien, contar una historia que vale por sí misma, con economía de palabras, con precisión de relojero, como lo hace Rulfo, Carver, Coetzee o el boliviano Oscar Cerruto.

El profesor de literatura de Cuento de otoño no puede ser... Su “deteriorada identidad espiritual” (p. 10) lo paraliza, no logra dar el paso para convertirse en escritor, no tiene la energía necesaria para salir de una vida un tanto mediocre. Teixidó castiga a su personaje mostrándolo puSus autores predilectos silánime, cursi, incapaz de emCualquiera que haya seguido presas arriesgadas. Por ello, su Teixidó castiga a su personaje la trayectoria literaria de Raúl gran empresa, su mayor logro, mostrándolo pusilánime, cursi, Teixidó encontrará en Cuento es conocer a una joven exitosa de otoño referencias a sus autores incapaz de empresas arriesgadas. y establecer con ella una relapredilectos, unos más fáciles de ción platónica casi enfermiza: Por ello, su gran empresa, su identificar, como Kafka o Hes“La primera conversación que se, y otros menos. No se trata de mayor logro, es conocer a una joven sostuvimos se asemeja a un paiuna identificación estrictamente saje de vivos colores…” (p. 27), exitosa y establecer con ella una literaria, ni de una contaminahaber salido de las párelación platónica casi enfermiza… “parecía ción del estilo, como sucede con ginas de un auténtico cuento de aquellos escritores que escriben hadas...” (p. 29) “como García Márquez” o “como Cortázar”… En ese proceso que los sicólogos calificarían de El parentesco de la obra de Teixidó con los au- “transferencia”, ¿cuánto es verdad y cuánto lo inventa tores citados está en la atmósfera que baña sus re- el personaje? Puesto que el relato es en primera perlatos. Sus personajes viven un aislamiento querido sona, el profesor de literatura es quien puede haberlo y buscado, una soledad escogida, un mundo imagi- inventado todo, para así trascender su mediocridad co-

tidiana, su “depresivo ensimismamiento” (p. 9) y acceder a “un plan casi perfecto de realización personal” (p. 52). Inmaculada Santos A través de la relación platónica, donde el enamoramiento se disfraza de un respeto púdico, casi virginal, el profesor siente que por primera vez existe. Es tan casta la relación, que la persona objeto de la devoción se llama Inmaculada Santos, o sea, por el nombre y por el apellido es ya inalcanzable cuan una virgen de esas que aparecen en lo alto de las columnas de las iglesias. Pero eso no parece importar mientras llena la vida del personaje y le permite autoconvencerse de que a través de Inmaculada puede redimirse, quizás incluso escribir esa obra literaria que lo consagrará como escritor. Pero la realidad es la realidad, aún en el marco de una ficción, y allí Teixidó, el autor/regidor supremo, no le hace fácil la vida a su personaje. Queda claro que la relación platónica que establece el profesor de literatura con la actriz es Mocsuma una elucubración voluntariosa pero sin futuro. No tiene futuro porque el profesor en realidad nunca va a poder escribir la obra que lo consagrará como escritor, y porque nunca llegará a tener una relación verdadera, de carne y hueso, y al margen de lo episódico, con su musa. Y como no hay manera de resolver ese rompecabezas por una vía evolutiva racional, lo único que queda es extraviar algunas piezas y plantear un desenlace fatal que, sin necesidad de más, corta por lo sano la historia. La muerte llega como una constatación de que no se podía ir más lejos, ya no había oxígeno suficiente para mantener viva la ilusión del profesor. Lo que hace interesante a Cuento de otoño es esa posibilidad de hacer una lectura de segundo nivel, más allá de la narración romántica sobre la relación de dependencia extrema que construye el personaje para salvarse, o para crear la ilusión de que puede salvarse. De esta manera, Raúl Teixidó sigue contribuyendo con la literatura boliviana desde lejos, desde su exilio voluntario en Igualada, una ciudad cercana a Barcelona, en España. * Escritor, cineasta, periodista y fotógrafo.


Ensayo sobre la soledad