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la incapacidad financiera de adquirir el original. La combinación de un deseo estético de belleza a domicilio y la imposibilidad de satisfacerlo realmente. Para evitar la frustración, el sucedáneo basta. La imagen duplicada en múltiples ejemplares cumple ese rol. Existe un gusto de gente sin recursos (gente modesta y desfavorecida). Personas que se distinguen por tener poca cultura, referencias artísticas pobres, escasas o inexistentes. Nunca han tenido la fortuna y la suerte de iniciarse o ponerse en situación de comprender el mundo del arte, si bien sienten la necesidad de satisfacer una apetencia de belleza, aunque sea superficial. Sin educación en el código, ni capacidad para descifrarlo, sin instrucciones de uso, tampoco cuentan con la herencia de un capital intelectual transmitido por la familia: sin hábito de visitar museos nacionales o extranjeros, n¡ relaciones directas, regulares y continuadas con la materia misma de las obras de arte, en salas de exposición, sin asistir a conciertos, ni frecuentar lugares de aprendizaje y práctica de un instrumento de música o de una técnica pictórica. Deseosa de amar el arte, pero bruta en sus juicios, la gente sin recursos está condenada a tratar con el sustituto tomado por ella como esencial. En ese caso, se habla de un gusto kitsch. El término proviene del alemán (kitschen, recoger el lodo de las calles, renovar los desechos y reciclar lo viejo). A falta del original (no esperéis un Leonardo en vuestra casa, es demasiado caro; de todas formas, es invendible, y por mucho tiempo...), el aficionado al kitsch se contenta con la reproducción. Incluso, y sobre todo, si hay de ella millares o millones de ejemplares. El buen precio, la gran difusión, el estilo sobrecargado de detalles y el mal gusto, definen habitualmente los objetos que agradan a esta categoría de la población. Con esta práctica las personas afirman un gusto de clase, un juicio de valor común a los individuos de un mismo origen o de un mismo panorama social. ¿Tenéis que juzgar, condenar? Por supuesto que no. Evitad pensar que «sobre gustos no hay nada escrito» —lo que equivale a justificar todo, a aceptar todo y evitar la discusión, la confrontación o el intercambio tan necesarios en arte, bajo el pretexto de que «los gustos, como los colores, no se discuten»-. Jerarquizad: aunque parezca imposible, existe realmente un gusto kitsch, popular, proletario, modesto, surgido de clases desfavorecidas socialmente, y un gusto burgués, elitista, de alta calidad, hasta en ocasiones esnob, que hace las veces de firma para un mundo de intelectuales, de ricos y de gente con poder de decisión. A menudo el gusto de cada uno proviene de la suerte o el infortunio, del medio o la educación, de los encuentros o el aislamiento, de la trayec-

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Antimanual de filosofia  

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