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deración por las ¡deas transmitidas. El conjunto de los combates de Sócrates y Platón, su portavoz, persigue a esta calaña, esta profesión singular. Para un sofista, la verdad reside en la eficacia. Es verdadero lo que alcanza sus fines y produce sus efectos. Es falso todo lo que malogra su meta. Fuera de la moral y de las consideraciones del vicio o la virtud, lo que importa, para los alumnos de los sofistas, es, en las condiciones de la democracia griega, tomar la palabra en la plaza pública, seducir a su auditorio, complacer y, sobre todo, obtener su voto para ser elegido y ocupar un escaño en las instancias decisorias. Mientras Sócrates enseña verdades inmutables, los sofistas -Protágoras (siglo v a. de C), Gorgias (hacia el 487380 a. de C), Hipias (segunda mitad del siglo va. de C), Critias, Pródico (siglo v a. de C.) y algunos otros- se vanaglorian de los méritos de la palabra seductora y el verbo arrebatador. El arte de la política es un arte de la sofística, por lo tanto, de la mentira. Para disimular esta evidencia, algunos teóricos del derecho incluso han forjado el concepto de razón de Estado, que permite justificar todo, sostener el silencio, intervenir como más alta instancia en el curso normal de la justicia, clasificar asuntos secretos de defensa o de Estado, negociar con terroristas a los que se pagan tributos o con Estados sanguinarios, pasar contratos discretamente para vender armas a los gobernantes oficialmente enemigos, porque contravienen el principio de los derechos del hombre, pero oficiosamente amigos, cuando pagan en moneda fuerte. Abiertamente, la razón de Estado existe para evitar que las negociaciones importantes fracasen, para impedir una transparencia de la que se servirían los enemigos del interior (la oposición) o del exterior. En realidad, prueba que el Estado existe raramente para servir a los individuos, contrariamente a lo que se dice de él para justificarlo, sino que, al contrario, los individuos no existen más que para servirlo y que, en caso de negarse a obedecer, dicho Estado dispone, todopoderoso, de medios de coacción: la policía, los tribunales, el ejército, el derecho, la ley. Sabedlo, no lo olvidéis, y votad si lo deseáis... Fréderic Pajak, dibujo extraído de La inmensa soledad, PUF, 1999.

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Antimanual de filosofia  

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