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mundo en cantidad, voluntad de venganza, ya que todos los dictadores construyen su poder esencialmente sobre esas pulsiones fuertes y bestiales. Seguidamente, usan la razón para disfrazar esos intereses primeros, y les dan una forma aceptable, presentable, a la cual una gran parte de individuos termina por asentir. Ser razonable consiste en rendirse a los argumentos de la autoridad, de la mayoría, del jefe, del dictador. ¿Poco razonable el individuo que no se pliega a esas razones perniciosas? Se ha encerrado, aprisionado bajo la acusación de locura, a los rebeldes de esta razón mayoritaria y obediente, a los que preferían la razón crítica y resistente. A menudo, los regímenes políticos llaman loco al individuo que conserva su razón cuando todos la han perdido o la usan de manera errática. Como un loco que estimamos desprovisto de razón, el opositor a los lugares comunes de su época pasa muchas veces, incluso siempre, por un original, una clase de benigno chalado, al que se le concede moderadamente el derecho de divagar, o a quien se le ofrecen, de vez en cuando, estancias en el hospital psiquiátrico.

Cuando la razón no es razonable La razón no debe convertirse en ídolo, como fue el caso durante la Revolución Francesa, en la que los Templos de la Razón (iglesias transformadas en lugares consagrados a la veneración de la Razón, a veces personificada bajo el semblante de una chica joven llevada en procesión) brotan a la sombra de las guillotinas donde se decapitaba a los hombres y mujeres que no parecían razonables —porque no defendían las ¡deas de los proveedores de la Viuda (el sobrenombre dado al aparato de la Guillotina). Culto de la razón también en Lenin, amante de la dialéctica (el arte de exponer las ideas bajo una forma científica, rigurosa y aparentemente irrefutable) e inventor de campos de deportación en Siberia. Desconfiad razonablemente de la razón, sabiendo que también se aplica para realizar fines culpables. El riesgo en la empresa racionalizadora consiste siempre en querer reducir lo real y la complejidad del mundo a fórmulas prácticas pero falsas. La razón sirve a menudo para reducir en un puñado de ideas simples una realidad más complicada de lo que se imagina a priori. La reducción racional y la planificación suponen que lo real es racional y que lo racional puede siempre convertirse en real. Sin embargo, existe un mundo entre esos dos universos, que se comunican bastante poco y mantienen relaciones difíciles. Perdemos en inteligencia desde el momento en que aprisionamos con la razón, en pocas palabras, un mundo diverso, prolijo, resplandeciente; de

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Antimanual de filosofia  

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