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mujeres se han entregado a la creencia en lo irracional en todas sus variantes: videncia y numerología, tarot y horóscopo, carta astral, posos del café y mesas giratorias, espíritus que se comunican y vida tras la muerte, fantasmas y espectros, extraterrestres y platillos volantes, a lo que se añaden las apariciones de la Virgen, los milagros, la resurrección de la carne, las predicciones de Nostradamus y, más aún, la creencia en la inmortalidad del alma, en la reencarnación y otras locuras irracionales. Por todas partes, se difunden y amplifican esas ficciones: los medios de comunicación de gran audiencia, prensa especializada o divulgativa, libros y colecciones editoriales. Por lo demás, la mayor parte de vosotros cree seguramente en una u otra de esas opciones, incluso en todas... ¿No?

Abría la cocina de Júpiter! La permanencia de lo irracional se comprueba fácilmente. Desde el comienzo del pensamiento, antes de la filosofía propiamente dicha (siglo vi antes de Jesucristo, al menos en Europa occidental), se cree en los mitos, que expresan un pensamiento mágico e irracional y están plagados de dioses que adquieren la forma de animales, de bestias que copulan con humanos engendrando posibles criaturas (el centauro, por ejemplo, mezcla de caballo y hombre, o el Minotauro, cabeza de toro sobre cuerpo de hombre), de nacimientos que tienen lugar por la pierna (preguntad a Júpiter), de herreros que trabajan en el epicentro de los volcanes (ved a Vulcano), una mujer escondida en una becerra de madera para ser fecundada por un toro (así, Pasífae que da nacimiento al Minotauro)-, esperma transformado en espuma sobre las olas, etc. La mitología forma el pensamiento primitivo y las religiones se apoyan en este pensamiento irracional: ¿cómo, si no, comprender el cristianismo cuando presenta a una mujer engendrando a un niño sin la ayuda de un padre, un hombre que trasforma el agua en vino, multiplica los peces, camina sobre el agua, resucita a los muertos y se aplica la receta a él mismo, tres días después de haber sido torturado y crucificado? En la mitología y la religión, la prueba no sirve de nada, la deducción tampoco, no más el uso de la razón, la reflexión, el análisis o el espíritu crítico. Ninguna necesidad de pensar, de hacer funcionar la inteligencia: creer basta; después, obedecer. La adhesión se solicita, cuando no se fuerza a ella, pues la comprensión no es de ninguna utilidad. De lo irracional se valen con frecuencia los individuos retorcidos y decididos a guiar a los hombres y a mantenerlos en un estado de sujeción.

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Antimanual de filosofia  

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