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peramento. Con el nacimiento, del que otro psicoanalista -Otto Rank (18841939)- dice que es un trauma (paso de un estado cálido, húmedo, agradable, silencioso, ideal, líquido, a la claridad brutal del día de la sala de operaciones, ruidosa y con veinte grados menos, que provoca el deseo permanente de reencontrar ese estado ideal por comportamientos regresivos), el niño emprende un periplo hacia su conversión en adulto.

Al principio, del nacimiento al destete, el niño pasa por el estadio oral. Su sexualidad, alejada de la procreación, se concentra en zonas singulares de su cuerpo: beber, comer, absorber por la boca, lo que explica su pasión por chupar su pulgar, por ejemplo, o lo que está a su alcance; seguidamente, su placer se fija en la zona anal. Las exigencias ya no son la comida y la ingestión, sino la digestión y las heces. Las operaciones de dominio de los esfínteres se asocian al placer, ya sea de dar, ya sea de retener, de ofrecer o de guardar para sí; entre uno y los tres años, una nueva etapa: el estadio sádico-anal, que asocia la satisfacción anal y el disfrute con el dolor infligido; después, el estadio fálico, contemporáneo del complejo de Edipo. Este se caracteriza por la concentración del placer en el pene (para los chicos) -el

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Antimanual de filosofia  

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