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xuales, de testigos de Jehová, de miembros de la resistencia torturados, maltratados, gaseados, quemados, solo ellos podrían dar su perdón y solo a los que se lo demandasen. Ahora bien, su desaparición hace el perdón definitivamente imposible. No hay perdón posible concedido por individuos delegados: no se puede delegar en un individuo que cumpla lo que solo un desaparecido y ningún otro hubiera podido hacer. No se puede delegar en nadie el soñar, comer, vivir en nuestro lugar. Por tanto, además de ser imprescriptible, ese crimen es imperdonable.

Por la memoria En ese caso, ¿qué necesidad hay de un proceso judicial?, ¿para qué poner en marcha la justicia, convocar los tribunales, escuchar a los demandantes y oír los alegatos de los abogados empeñados en defender causas indefendibles? Por la memoria, con el fin de que la historia pasada sirva al presente y produzca efectos benéficos y positivos sobre la historia futura. Para extraer lecciones, sacar conclusiones, saber desconfiar de causas que producen siempre los mismos efectos en la historia. Para manifestar fidelidad, para no olvidar a los muertos, no decir adiós a esos millones de desaparecidos, para construir una vigilancia. Por supuesto, la historia no se repite nunca dos veces de manera semejante. Un acontecimiento no reaparece bajo la misma forma, con los mismos hombres. Pero las condiciones de producción de una monstruosidad, el engranaje de causalidades, el conocimiento de genealogías singulares de efectos particulares, todo ello permite concluir la existencia de leyes históricas, de mecanismos parecidos a los de la física: cuando hacemos presentes tales elementos, se obtiene tal reacción; así, del rol de la miseria, de la pobreza, de la humillación, del resentimiento, del deshonor, de la pérdida de dignidad, así, de las lógicas de victimización, de la elección de un chivo expiatorio, de la violencia o de las aspiraciones de mesianismo nace todo (un porvenir radiante anunciado como una promesa). Todo eso trabaja lo real produciendo en cada ocasión esquemas relativamente idénticos. La memoria del pasado hace posible una filosofía de la historia, una concepción del mundo, una lucidez sobre la manera en la que se inscriben los hechos, sin duda, pero también sobre aquella en la que los hombres cuentan, reducen, piensan o imaginan los acontecimientos. Algunos anuncian hoy el fin de la historia, de las luchas y los combates milenarios que manifiestan resistencia a la instauración de una verdad universal. Según ellos, el capitalismo en su forma liberal y planetaria sería la verdad del movimiento

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Antimanual de filosofia  

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