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bienes, y de todas las riquezas de la tierra. Es ese jugo abundante, que ellos extraen de vuestras manos, lo que los sostiene, los alimenta, los engorda, y los hace tan fuertes, tan poderosos, tan orgullosos, tan altivos y soberbios como son. Pero ¿queréis (vosotros), pueblos, queréis hacer secar enteramente todas las raíces de esas soberbias y orgullosas naciones? Privadlas solamente de ese jugo abundante, que ellos extraen por vuestras manos de vuestras penas y vuestros trabajos. Retened vosotros mismos, por vuestras manos, todas esas riquezas, y todos esos bienes que hacéis venir tan abundantemente, con el sudor de vuestros cuerpos; retenedlos para vosotros mismos, y para todos vuestros semejantes, no deis nada de ellos a esas soberbias e inútiles naciones, no deis nada de ellos a esos soberbios y ricos holgazanes; no deis nada de ellos a esos monjes y eclesiásticos inútiles; no deis nada de ellos a esas altivas y orgullosas noblezas; no deis nada de ellos a esos soberbios y orgullosos tiranos, ni a los que los sirven. Mandad incluso a todos vuestros hijos, a todos vuestros parientes, a todos vuestros aliados, y a todos vuestros amigos que los abandonen, y abandonar totalmente su servicio, y no hacer nada por ellos; excomulgadlos enteramente de vuestra sociedad; miradlos por todas partes como miraríais a los excomulgados entre vosotros, y de ese modo los veréis pronto secarse, como se secarían hierbas y plantas cuyas raíces no chuparan ya el jugo de la tierra. Memorias de Jean Meslier (después de 1718) (traducción para este libro de Irache Ganuza Fernández)

Henri-David Thoreau (norteamericano, 1817-1862) Poeta, ensayista, memorialista, comprometido en la lucha contra la esclavitud, dimisionario de la educación porque no quería pegar a sus alumnos, encarcelado por no haber pagado voluntariamente sus impuestos, rechaza su liberación y el pago de la fianza que la habría permitido. Vive un tiempo en soledad en una cabana en medio del bosque.

Nadie es justo gracias a la ley Yo creo que debiéramos ser hombres primero y ciudadanos después. Lo deseable no es cultivar el respeto por la ley, sino por la justicia. La única obligación que tengo derecho a asumir es la de hacer en cada momento lo que crea justo. Se ha dicho y con razón que una sociedad mercantil no tiene conciencia; pero una sociedad for-

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Antimanual de filosofia  

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