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con responsabilidades paternas, olvidareis las dificultades encontradas en la época en la que siempre aspirabais a una mayor libertad...

Fotografía de Larry Clark.

¿Hay que aprender a ser libre? Cada uno lo experimenta: no podemos dejar hacerlo todo, concederlo todo sin prohibir nunca nada. Una libertad que no encuentra ningún límite no puede definirse, precisarse, diseñarse claramente. Solo los límites le dan un sentido, una consistencia. Pero ¿dónde están? Respuesta: allí donde un daño se sigue de su uso. Daño para sí, o daño para el prójimo. Sin duda, pero ¿quién esta habilitado para juzgar los daños? Los padres, los adultos, las personas investidas de poder, autoridad o experiencia. Al menos las cosas funcionan así. No hay libertad, en efecto, si esta debe pagarse con un disgusto o una pena, con una falta o un apuro, con un riesgo para uno mismo o para el otro. Por supuesto, a veces es difícil ser juez y parte, saber lo que es perjudicial para uno mismo o para el prójimo; pero a menudo es más difícil aún confiar esta tarea a un tercero siempre susceptible de abusar de la autoridad que se le otorga o reconoce. Con la autodisciplina arriesgáis menos el exceso que con la disciplina. El ejercicio de la libertad supone, por tanto, un aprendizaje. No se nace libre, nos hacemos libres. Hacer o dejar hacer cualquier cosa, sin preocupar-

http://www.scribd.com/Insurgencia

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Antimanual de filosofia  

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