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Ahora un zigzag de lado, atrás, siempre atrás, defendiendo con el culo abajo. Más abajo, esta es la actitud buena. Fijaos como lo hago yo. Cuando Kim entró en el pabellón, Laura se desplazaba de espalda dibujando líneas rectas ahora hacia aquí, ahora hacia allá, con las rodillas flexionadas, el culo suspendido y las manos en tensión, hacia delante, como si se defendiese de un rival invisible que le botaba la pelota en las narices, como una karateka concentrada antes de partir un ladrillo de un golpe seco. Ni se enteró de que su amigo se había sentado en la segunda fila de la gradería de un polideportivo que pedía, a gritos, una mano de pintura. Laura no podía despistarse ni un momento. Así que se giraba, el Arlá, el Enrique y el Rosell, se escaqueaban todo lo que podían. Siempre había uno que te venía con el cuento de la lágrima para no hacer el ejercicio que Laura ordenaba. Dicho y hecho, hasta que la pelota no entraba en el juego y no empezaban con las ruedas, primero de bandejas, después de lanzamientos, no podía dejar de decirles y repetirlos, ey, chavales, que sin esfuerzo no hay recompensa. Kim y Laura se habían visto por la mañana, en la facultad. Habían coincidido en la última clase de traducción inversa antes del examen final. No se habían podido sentar juntos porque Laura había llegado, escopeteada, cuando la Galindo ya hacía un cuarto de hora que hablaba. Laura y Sira, que también subía a Bellaterra de buena mañana se habían quedado atrapadas en el tren, entre estación y

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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