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pequeña, el juguete; le encantaba hacerle cosquillas clavándole la barbilla en la espalda o que le pidiese, sentándose sobre sus piernas, que la ayudase con una raíz cuadrada. El miércoles por la tarde le gustaba oírla, de lejos, como empezaba a rascar el cello de Ariadna, la profesora particular que llegaba al Rafaeli, arrastrando el instrumento. Si Elsa se aficionaba, ya le compraría un violonchelo más adelante. Todo estaba en su sitio. La bandeja del desayuno, el carro de la limpieza, la corbata del color que tocaba y la familia. A pesar de la ausencia de la madre, Paco Ráfales estaba convencido que eran bastante felices. 5 Algún día iré a Los Ángeles La escalera olía a gato. Cuando Kim subió, por primera vez, al piso de Laura, el curso ya cabalgaba hacia los exámenes finales. No hacía ni una semana, justo después de Sant Jordi, que todos los compañeros de carrera se habían puesto la manga corta y el buen humor de la primavera. Laura compartía un piso de estudiantes, en un tercero de una escalera oscura y sin ascensor en la calle Montseny. El vestíbulo con los buzones sin ningún nombre, los escalones y el rellano, todo olía a orines de gateen las baldosas frías. No era el primero que lo notaba y, por discreción, se lo quedaba para el.

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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