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dueños del hotel, flanqueada por unos castaños centenarios que daban paz. Más allá, la claridad teñía de rosa los prados y las montañas redondeadas que rodeaban el valle. Como se alargan los días en la Cerdaña. Como cuesta, en verano, que se haga de noche. A Laura le gustó que el mismo chef saliese a tomarles nota. José María Boix, con la bata blanca de cuello redondo y el nombre bordado en el pecho, le dio el pésame por Paco Ráfales. -En este mundillo nos conocemos todos. Somos un país pequeño – dijo con una voz dulce y el recogimiento del hombre más educado de los Pirineos – Siempre que venía aquí, tu padre comía lo mismo. Raviolis de foie, el picantón con espárragos de ribazo… - Y es pastel de manzana – el xip de Kim se activó al instante. -¿Queréis que os cante los platos del día, fuera de la carta? Laura cogió l mano de Kim. -No es necesario, ¿verdad? Hemos de hacer un homenaje a tu padre. ¿Hagamos dos menús Paco Ráfales? -Kim levanto las cejas, de grata sorpresa. Al chef también le pareció una buena idea. -Era un hombre de costumbres, si. Siempre se van los mejores. Qué lástima – dijo con un aire ligeramente místico, antes de volver a la cocina con pasos pausados y un silencio discreto.

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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