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primer piso. Ellos también se giraron y, con la flojera del vino, aplaudieron entre risas aquella actuación improvisada. Roger y Kim lo miraban todo desde el mostrador de recepción. -¿Tú crees que padre se la pela pensando en la Castafiore? -Hostia, tío, no seas guarro… -¿Qué?¿Es que te crees que padre no se la pela? - Mira no me lo quiero ni imaginar… - Un viudo, ¿Qué va a hacer? -Ay, Roger, hostia, va… El signor Ráfales se acercó a la soprano búlgara y, con los dos dedos de respeto, la cogió del codo. - ¿Le apetece una copa de champagne, en el bar? – Tenia un plan B – ¿O quizá en mi despacho? No se rendía nunca. Hacía años que recibía a Diana Laborde en la puerta del hotel después de cada función y siempre le ofrecía un último brindis, de cortesía, que nunca fue aceptado. - La cena está a punto, signor? – preguntó con afectación, como si estuviese sobre un escenario. - Si, tiene todo lo que ha pedido en su habitación. - Pues prefiero ir subiendo… Roger ganó la apuesta: Sabía que su padre volvería a recibir calabazas. Y también sabía que las encajaría sin que se le notase el rictus, digno. El Rafaeli no era el mejor hotel de la ciudad, pero la diva estaba a gusto. Era el primer hotel que el Liceo le había ofrecido cuando aún aparecía en

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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