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rectangulares, hechos a medida. Fuesen muebles de recepción de hoteles de muchas o pocas habitaciones, de motel de carretera o de un cinco estrellas de la otra punta del mundo, la mayoría conservaban todavía, en el agujero, el número de la llave que le correspondía. A Kim le gustaba que en dos de los muebles, todavía colgasen todas las llaves, como si el cliente tuviese que volver. Cuanta vida escondida en cada llavero de pomo de hierro, con la etiqueta con el número, con la volandera negra de goma para salvarla de los golpes. Cuantas historias había detrás de cada llave. - Antes ibas a un hotel y te daban la llave de la habitación – Kim cogió una cualquiera Pesaba tanto y la hacían tan grande para que no la perdieses y para que te estorbase llevarla encima. Y cuando salías a pasear tenías que dejar la llave en la recepción, y te la guardaban en un mueble como este, de manera que, de un vistazo, sabías si la habitación estaba ocupada. No había que mirar el rack, que llamamos, para saber la disponibilidad de plazas libres. - Ah, si, Kim, no fastidies… - Siguiéndole la comedia – Que interesante. - Como vienes de Australia, que allá no se como va todo esto, que no te pienses que siempre ha sido como ahora, que acercas el móvil a la puerta y ya te detecta el código, que ya es necesario ni tarjeta magnética.

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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