Page 388

minuto después, salían con la mueca de la decepción. Sin reserva, imposible. En la tienda de al lado, ya en el pasaje Mercantil, debajo de una de las arcadas señoriales de Fontseré, descubrieron un curioso local de objetos suecos de segunda o tercera mano importados y restaurados, con gusto, por Sofía Gidlööf, que ya estaba a punto de bajar la persiana. Laura le rogó poder entrar para echar un vistazo y se compró una taza para el te del desayuno. Todas sus cosas se habían quedado en Camberra y, aunque en el piso de Sira no faltaba de nada, necesitaba su taza para sentirse como en casa. Continuaron vagando por una ruta que trasladaba a Laura treinta años atrás. Se dio cuenta que cuanto más antiguo es un barrio, menos cambia. Las mismas tiendas en nuevas manos, las mismas piedras, las penas de siempre. Decidieron que el Arco del Triunfo ya lo daban por visto. Pero aunque hubiesen querido no habrían podido atravesar hacia el parque de la Ciudadela. El paseo Picasso estaba cortado al tránsito y unas improvisadas pistas de básquet lo habían invadido de punta a punta. El ayuntamiento y unos cuantos patrocinadores habían montado unas jornadas de competiciones de tres contra tres sobre el asfalto repintado para el juego. Las cinco pistas estaban llenas. Diez partidos a la vez. Media pista para cada uno. A pesar de que el sol ya se escondía, todavía calentaba demasiado para ponerse a mirar chicos que corrian y saltaban como si les fuese la

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

Advertisement