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curiosidad por ver como había quedado el Borne. Le habían hablado del contraste entre las ruinas de la ciudad medieval y la techumbre de hierro del antiguo mercado. No había estado y, para ir más de prisa, tuvieron que bajar por el empedrado de la calle de la Platería – siempre le había parecido un buen nombre para una calle tan bonita – bordearon Santa María del Mar, que tenía las puertas cerradas, levantaron la cabeza para ver la llama encendida del Fossar de las Moreras y enfilaron la ramblita del paseo del Borne. A media tarde, los plataneros filtraban la claridad, un hilo de aire daba vida y las hojas dejaban una sombra tenue sobre la calle. Solo, de tanto en tanto, pasaba algún rayo de sol perdido que se establecía por su cuenta. Era la hora en que Barcelona se gustaba. El momento distinguido en que el tostado del sol se enseñoreaba sobre las sólidas paredes del Gótico y el verde disipado del reflejo de las hojas de los árboles. La luz, la atmósfera y la catedral del Mar en el punto de fuga. El escenario ideal para una fotografía, O para los pintores de acuarela que, secuestran el instante, antes que no se seque la pintura. Para aislarse del trajín de idas y venidas, Kim y Laura se sentaron en la única mesa libre de una terraza en medio del paseo. Pidieron dos granizados de café. Hacía años que no tomaban ninguno y le apeteció mucho. Brindaron con los dos vasos helados, de tubo, con una cañita con arruga para cada uno. Al primer sorbo lo encontraron exageradamente dulce. Demasiada

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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