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los anticuarios de la calle de la Paja y miraron de no pisar ninguna meada de perro. Dejaron atrás la plaza Nueva, subieron por la calle del Obispo cogiéndose a un pasamanos de hierro viejo, dieron una vuelta por el claustro de la catedral – que ocas más sucias – y bajaron por San Severo, donde un guitarrista con amplificador pellizcaba el Concierto de Aranjuez. Kim acertó una moneda de dos euros dentro del sombrero de las limosnas. Ya en San Felipe Neri, en la plaza que no conduce a ninguna parte, Laura jugaba a meter los dedos por los agujeros de la metralla de la fachada de la iglesia. Parecían agujeros de bala. Los que eran de la medida de su índice, los hurgaba como si quisiese probar la nata de un pastel. Se entretenía en un agujero y en otro, como un homenaje mudo a los muertos de la guerra de todas las guerras. Y se estremecía por la memoria de las piedras. Kim miraba hacia el otro lado de la plaza, se había embobado con la puerta de un hotel. La combinación de hierro forjado y cristal del Neri le pareció una buena solución para aquel espacio. En el Rafaeli, en cambio, cantaría. Laura, a la suya, esperó que Kim se acercase. -Una vez, en la escuela, que bajamos de excursión a Barcelona, vinimos a correr y a saltar a esta plaza. Y cuando mejor nos lo estábamos pasando, la maestra nos reunió, nos hizo sentar en el suelo y nos explicó que aquí murieron más de cuarenta niños, en

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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