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-Tú y yo nos diremos siempre la verdad, hasta donde sea soportable. Preocupada por la estrechez de los tejanos, mirándose de un lado y del otro, Laura ni tan solo había oído el pacto que le había propuesto su amiga. -¿Me puedes dejar una camisa? ¿Tienes alguna blanca? Removieron el armario de Sira, como si todavía estuvieron en el piso de estudiantes. Allá adentro se podía removerlo todo con comodidad. Había espacio de sobras. Desde el día que metió toda la ropa del Raúl en dos maletas y le echó de su casa, y le envió a que se fuese a vivir con la putita del despacho con la cual había descubierto unas fotos marranas en el móvil, le sobraban colgadores en el armario-espejo de la habitación de matrimonio. Laura no tardó en encontrar lo que buscaba. Una camisa vlanca, elegante, de un color crudo roto, con cuello de solapa recortada pero sin mangas. Por delante, se la podía abotonar todo lo que conviniese. La espalda, en cambio, quedaba tapada por arriba y más abierta por abajo hasta dejarle a la vista, un triángulo equilátero sobre las lumbares. Era la gracia de una camisola que caía hasta las caderas. Una blusa evasée, que no tiraba por ninguna parte. -Que envidia. Tienes los mismos hombros perfectos de cuando hacías de entrenadora en la facultad… - Que más quisiera yo… - Laura se miró de arriba abajo. Súbitamente los nervios habían desaparecido.

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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