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para quedarme. Tengo cara en Camberra, un buen trabajo y alguna perspectiva como para dejarlo correr después de tanto luchar. -¿Te puedo decir una cosa? -Y tanto, claro que si… Laura se quedó de piedra. -Que tengas mucha suerte. Mucha suerte – y puso la mejilla para darle dos besos, fríos, de cortesía – Me voy, que loa niños me esperan. -Y tanto, y tanto… - Y se quedó plantada, con aquel mucha suerte, irónico, con segundas, dentro de su cabeza. Los músicos con la generosa propina dentro de un sobre, también se iban. Pero la música había quedado apilada con el resto de regalos. Todos habían tenido que traer un CD con la música de su vida. Era la condición para que los invitados no se tuvieran que gastar una morterada para un regalo de cincuenta años a un hombre que ya debía tener de todo y, que si no lo tenía, se lo podía comprar. Asi y todo, hubo quien desobedeció las instrucciones estrictas de Elsa y Miriam o no se enteró o le pareció que era demasiado poca cosa presentarse en el Rafaeli, trajeados de fiesta, con un simple disco compacto para Kim. Ni con cincuenta años más podré escuchar toda esta música. – Kim revolvió los discos cuando se quedó a solas con Laura. Los pasaba de un montón a otro. Los miraba pero no veía nada. Unos motetes de Palestrina, las suites para cello de Bach, dos discos

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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