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Laura – demasiado rato encerrados en casa – decidió que irían hasta el lago en bicicleta. -Coge la mía que irás más alto. -¿Y tu? -Llevaré la de mi madre. Laura se puso la pelliza que colgaba al lado de la puerta y se enroscó la bufanda azul de la buena suerte hasta taparle la nariz. De camino al estanque, pedaleaban sin preocupaciones, con el frío de enero en la cara. El sol, demasiado pronto por la tarde, empezaba a batirse en retirada. Kim miraba a un lado y al otro, con prosa por llegar al estanque. Laura conducía con una sola mano en el manillar. Dickens, contento, contento, trotaba con la lengua fuera. -¿Vienes mucho por aquí? -¿En bici? Cada día que puedo. Desde hace…puf. – Al cabo de poco – No recuerdo ni los años que hace que doy vueltas al estanque. -¿Con el novio? -¿Qué dices? – le empujó por la espalda, con suficiente tacto para no desequilibrarlo. -¿Por qué no vienes en moto? No necesitarías pedalear. -¿Perdón? – Segunda pregunta extrañ en muy poco rato – Los urbanitas como sois. ¿Tu no vas nunca en bici? -¿Por Barcelona? ¿Estás loca? Mi padre siempre dice que se tendría que hacer un carril especial, como tienen en las grandes ciudades, poner

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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