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números rojos y unas bengalas encendidas encima. Un foco iluminaba el pastel, otro se centraba en la cara de un anfitrión que por más muecas de asustadizo que puso, ya se esperaba la escena, más o menos. Jana empezó a tocar las primeras notas cuando vio aparecer el pastel que, lentamente, avanzaba arrastrado por Paco en una red y Víctor al otro lado del carro. Del fondo de la sala se oyó una voz fuerte, inesperada. A Kim le faltaban ojos para mirar a un lado y a otro. Diana Laborde, una de las grandes divas, le cantaba el happy birthday delante del los oh de admiración de todos los invitados. Es la Laborde, se decían unos a otros. Que vozarrón, todavía. ¿Cuántos años debe tener? ¿Has visto la túnica, con toda esta pedrería? Esto ha de valer… Ahora sí, habían conseguido sorprenderle. Y emocionarle. Kim abrazó a su hijo, le guiñó el ojo a la pianista – que se volvió, orgullosa de la familia – y dio dos besos a su padre. A Paco le brillaban los ojos. Le había salido bien la jugada. La Laborde, que ya solo cantana cuatro conciertos benéficos al año y que hacía alguna temporadas que no representaba óperas por el mundo, se lo había arreglado para estar en la fiesta de Kim tan solo por un motivo. Paco se lo había pedido. El uno y la otra estaban ya en la edad en que te mueves por ilusiones. A menudo más por las de los que te rodean que por las propias. Y Paco Ráfales y Diana Laborde – cada uno arrastraba sus éxitos y sus

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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