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Antes, pelado al uno, como su marido. A Claudia, que después de Laura habrían querido tener un niño – le gustaban los chicos con las espaldas anchas, como los remeros que veía cuando se bañaba en el lago, o que, ya vestidos, con camisetas estrechas, se encontraban por el pueblo dando una vuelta después de los entrenamientos. De una ojeada tuvo suficiente para darse cuenta que bajo la chaqueta de hilo de casa bien, con capucha y cincuenta cremalleras, había un joven nada enclenque, un proyecto de hombre a quien no le sobraba nada. ¿Era verdad que su hija no se había fijado? Demasiado básquet en la cabeza. A todas horas la pelota, mecachis, no a quien ha salido… - Enséñale el jardín, mujer…- le dijo a su hija para detener los pensamientos que la habían dejado parada. - ¿Quieres un te? – Laura apagó el fogón. Dickens pasó por delante. - ¿Tienes coca cola? - La casa era húmeda. La piedra antigua, gruesa, concentraba los recuerdos y el frío. O tal vez era el cielo gótico de aquel sábado que no dejaba que el sol se colase por el jardín. Ninguno de los Altimira habían dicho nunca jardín. Más bien era un patio con huerto que llegaba hasta la muralla. Un trozo de historia dentro de casa, al cual, de tanto verlo, ya no le daban valor. Alguien se había dejado la vida, hcia el siglo XIII, colocando allá, roca sobre roca para que

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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