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Estoy en el Hotel Ritz de la plaza Vendôme. Recuerdo que, en una ocasión, me dijo que era su plaza predilecta. Me habló de la simetría, del urbanismo clásico francés y me dijo que me imaginase la plaza sin la columna. Esta mañana lo he intentado mientras la contemplaba desde la ventana y, automáticamente, ya me perdonará, he pensado en usted. Y me he decidido a escribirle. El motivo d esta carta es doble. De un lado, le quiero decir que cada vez que estoy por el mundo, en un hotel, en un cinco estrellas gran lujo como este donde no me falta nada, siempre tengo un pensamiento para el Rafaeli. Las atenciones de su padre y desde hace tantos años, de las sutyas propias, han conseguido que siempre que voy a Barcelona me sienta como en casa. Me gusta cantar en el Liceo, me gusta entrar al Teatro por la Rambla que aún es de día (encuentro que es una calle con una claridad y un color como no conozco ningún otro) y me gusta, cuando salgo de la función, encontrarle a usted en la puerta del hotel siempre con un ramo entre las manos y una palabra amable. Su sonrisa, su elegante discreción y ese tener siempre la expresión justa no me las encuentro en ninguna otra parte. Piense en un gran teatro de ópera, el que quiera, piense en un gran hotel, cualquiera, y sepa que no lo cambio por venir a cantar a Barcelona y estarme en su hotel. No olvido tampoco que, cuando mi nombre salía en letra pequeña al final de los carteles, en el

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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