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había una pelota por medio, aún menos. Era el momento de la semana que se olvidaba de todo y su mundo quedaba concentrado en una volea definitiva desde la red. No existía nada más. Pero aquel martes, Juan, su pareja de toda la vida, un tensita con más voluntas de muñeca, le notó que no tenía los cinco sentidos en la pista. -Kim. Delante o detrás. -Dime…No le había oído bien. -Que si te quedas a media pista estamos muertos. -Ya. Perdona. Al quinto juego, con tres a dos en contra, le volvía a tocar servir a Kim. A las tres y cuarto, el sol le daba en la cara y cuando levantaba la pelota arriba con la mano izquierda, se deslumbraba. Por mucho que entrecerrase los ojos,, se cegaba y, aunque tenía el gesto muy mecanizado, le costaba empalar la pola por en medio de las cuerdas. En el punto definitivo del juego, con ventaja para el Saura y el Vía, cometió una doble falta. Les rompió el servicio – cuatro a dos y Kim, rabioso, por tener que ir a remolque, por su falta y por la foto de la Sandra López que no se sacaba de la cabeza, estampó la raqueta contra la pared. No pasa nada, Kim – Juan le quiso animar. Como profesor de latín en un instituto, era un buen defensor de las causas perdidas. No se rompió. Había tenido suerte. La pista central, allí donde se jugaban los partidos de exhibición del 1929, era una construcción peculiar. En uno de los

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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