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te avisa que te hará daño, que acabarás mal, pero el ya ni te escucha, porque ya no te quiere oír. A Ray no le importa, se la mete y sale y canta. -¿En el Rafaeli todo esto no pasa, verdad, padre? Miriam tuvo la necesidad de marcar el orden y el territorio. Aquí estoy yo, este es mi suegro y las fábulas de la música y las drogas ya nos las imaginamos nosotros solos. Tenía la sensación de que Laura había descubierto la sopa de ajo y les venía a explicar la receta. Cuanto más la escuchaba, más le escamaba un detalle. No la veía afectada por aquel problema tan y tan grave que había hecho que Kim tuviese que huir como un cohete a rescatarla o a consolarla o, sencillamente, a ponerse de su lado, que fue la expresión exacta que utilizó el, su marido, cuando regresó de Londres. Paco Ráfales recogió el guante. - Bueno, en las habitaciones cada uno hace lo que quiere, pero la gestión es otra cosa. Una cosa es la música y otra cosa es la letra. - ¿Cuál es el secreto de un hotel como este, Paco? - En los negocios familiares, solo hay un secreto. Horas. Lo dijo con decisión, convencido de la fórmula. Kim, que no había atinado antes, estuvo de acuerdo. Laura pensó en los muebles de Can Constans y su padre. Miriam, sin perder nunca la sonrisa, no se privó de poner un pero. -Pero en un hotel, las cosas son un poco peculiares. ¿O no?

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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