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que, aquí, todos mudos. Vicente, con su voz de bronce, no estaba para hostias: -Exijo que me digáis quien os ha entregado este sobre. -Nadie. -¿Qué quiere decir nadie? -Nos lo hemos encontrado, padre.- Aldo se esforzaba por sostener el tipo y la mirada – Alguien, y no sabemos quien la ha pasado por debajo de la puerta de nuestra habitación. -¿Pero vosotros os pensáis que yo me chupo el dedo, chicos? ¿Hago cara de imbecil, yo? -… -¿No me oís? Quizás os pensáis que vuestro padre es un imbecil? -No. -No – dijo Mauro, aún más flojito. -¿Lo sabéis, verdad, que todo esto lo hafgo por vosotros? Para asegurar, para garantizar vuestro futuro. Que no os falte nunca de nada. Y vosotros no me queréis decir… Fuera de mi vista. – Irritado, viendo que sus hijos se quedaban plantados con espantapájaros, volvió a decirles – Que os larguéis, he dicho. Dai En cuanto cerraron por fuera, Vicente desplazó la puerta corrediza del armario del pasillo de la entrada de la habitación, y se dio cuenta que la caja fuerte estaba cerrada. -¿Qué código le has puesto? – murmuró malhumorado.

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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