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autora siempre hay millones de detalles, de momentos, de textos entre líneas, que demuestran lo que ya sabíamos y, por vergüenza, no nos atrevíamos a decir en voz alta: que las mujeres nos dan mil vueltas, chicos. Aclarada la inquietud de Marcos, el profesor americano se volvió de cara a la pizarra dando la espalda a los alumnos. Fue entonces el primer miércoles de octubre de 1983, cuando Francis Barata cogió un yeso con cada mano. Sin girarse y con un rápido movimiento, tiró los dos yesos por encima de su espalda, hacia el aula, como quien tira una moneda en la Fontana de Trevi. -¿Quién los ha cogido? -Yo. – Laura, que había alcanzado el yeso en el aire, levantó el brazo. -Yo. . Kim había cogido el segundo del suelo, sin intuir de qué iría aquel juego. Muy bien. Vosotros dos formáis el primer grupo. Habéis estado de suerte. De todos estor libros – Francis Barata picó en la pizarra con la mano plana – debéis elegir uno para hacer el trabajo. Laura miró a Kim, que no le sonaba de nada. Le pareció que era la primera vez que veía aquella cara en clase. Y en la vida. Kim se volvió hacia la compañera, que le miraba y que todavía no sabía como se llamaba. Que pereza tener que hacer un trabajo de curso con esta tía que no conozco de nada. -¿Qué? – Francis Barata ya había cogido dos yesos más – Que es para hoy, chicos.

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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