Page 247

suspendido y las rodillas a la altura de los ojos. Una vez estás aposentado, son cómodas, dijo Kim. Lo malo es levantarse, replicó Laura. Pero todavía no a nuestra edad, concluyeron los dos a la vez. -Tú, nada, porque se te ve muy en forma. ¿Aun juegas a básquet? -¿Aquí? ¿En Londres? ¡Qué va! No saben ni lo que es. Verían una cesta y no sabrían si la pelota ha de entrar por arriba o por abajo – Cogió una piedrecita con la que había topado con los dedos que peinaban el césped húmedo y la tiró tres pies adelante – Aquí no hago nada. Kim pensaba que hacia ya una hora larga que estaban juntos y que de todo aquello tan grave que le pasaba a Laura, de aquella llantina que le había hecho por teléfono, no se cantaba ni gallo ni gallina. Ni parecía que tuviese la más mínima intención. -¿Y tú, qué? ¿Aún juegas a tenis? - Sí. Bueno, un poco menos. Hago más campanas de las que querría. Los martes han dejado de ser sagrados. En el hotel han sido, y son, años de mucho trabajo y cuando no es una cosa es otra… -¿Individuales, verdad? -No, no. Dobles. Jugamos por parejas. Así, si pierdo, la culpa siempre es de mi compañero. -Eso es muy Ráfales. -Del todo. Un pasmarote se les plantó delante, con una máquina en el pecho, para decirles que aquellos asientos eran de pago. Satisfecho el peaje, el hombre

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

Advertisement