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la pantalla y, en función del nombre que leyese, intentaba despertar a su pareja, que pesaba como un muerto, o decidía apagarle el móvil, volverse a girar y continuar durmiendo. Eric, a juzgar por el único retrato de boda de sus padres que tenía en el piso, se parecía a su padre, incluso en lo de la barba corta y arreglada. Los dos tenían un cuello fuerte, la frente amplia, el pelo liso, tirando a panocha, y la mirada desafiante. No le gustaba parecerse a el. Ni en las facciones, ni en los prontos. En los años que hacía que Laura vivía con Eric, nunca quiso hablar. Solo, de vez en cuando, cuando Eric llegaba bebido explicaba alguna cosa sobre el imbécil de su padre. Así le llamaba al viejo David Stuart, un mecánico de camiones que aseguraban que había sido una manitas de plata y que se fue de casa cuando los hijos – Eric y Violet – todavía no podían ir solos a la escuela pública de Bournemouth, que estaba a diez minutos a pie de su casa. Años después, cuando volvió a la ciudad para exigir de malas maneras que tenía derecho a ver a sus hijos, ya era un deshecho. Tenia la cabeza mal amueblada, el alcohol le había abotargado los ojos y andaba, sin ton ni son, con las arrugas de la desgracia encima. Se había hecho viejo de golpe y a pesar de que imploró el perdón y unas cuantas libras, exactamente por este orden, la madre le cerró la puerta en los morros y le dijo que solo le haría un favor. Uno solo pero el más grande de todos:no le

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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