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dedos en cada mano, por una broma de nacimiento – era el roadie de los Art Institute desde antes del proverbial concierto del Marquee. Era el pipa encargado de afinar los instrumentos, de cambiar una cuerda que se rompía durante la actuación y de montar los teclados y los amplificadores. Mark era el técnico de sonido, el mozo de cuerda, el chófer de la furgo de los instrumentos y, según como, se podía convertir en el camello de Bruce MacMahon y de Ray Grobbelaar. Tenía contactos en el infierno y sabía, en cada localidad de la isla, a quien tenía que recurrir para comprar un gramo de cocaína a cualquier hora. “Una barra de pan no sabría donde encontrarla, pero eso, vaya que si”, les había dicho el espabilado técnico, la noche que dos horas antes de arrancar un concierto en una sala de Charing Cross había visto angustiado al cantante. Ray, una raya le daba seguridad para salir al escenario o comerse el mundo. En la habitación del Jurys Inn, un tres estrellas en el centro de Birmingham, Laura y Eric se sacaron los zapatos y los pantalones. Los bajos habían quedado mojados solo de atravesar tres calles, desde donde habían aparcado el minibus hasta el hotel. El grupo, el trabajo y el día a día musical hacían que, prácticamente, Laura y Eric solo estuviesen solos a la hora de acostarse. En Londres no variaba mucho esta vida apresurada. El no estaba nunca en casa. O estaba en la oficina o haciendo audiciones o tratando

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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