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como Kim, al segundo intento, había apagado la luz de la habitación con un golpe de pelota de tenis. A la segunda, si, pero había hecho diana en el interruptor, que era el reto que se había propuesto. El día de Sant Jordi, Gris aprovechaba que había tanta gente yendo de paseo por la cuadrícula del Ensanche que siempre que había alguno que entraba en su tienda del pasaje Mercader a pedir un ramo especial o cogía un libro que, para la ocasión, Miriam y las cuatro dependientas que aquel día la ayudaban habían puesto más a la vista. A última hora, guando el gentío ya iba de baja, que le hervían los pies de tantas horas de pie, cuando pensaba que ganas tenía de ducharse y sacarse el sostén y la camiseta sudada y la bata blanca que se había puesto para tener un bolsillo grande donde meter las tijeras, Kim entró por la puerta, limpio y pulido, con la camisa planchada y una rosa en la mano. -En quien menos pensaba en este momento era en ti. -¿Siempre has mentido tan mal o solo lo haces por Sant Jordi? -Muchas gracias, Kim – Olió la rosa, la dejó sobre el mostrador, y se dieron dos besos – Es muy bonita. Kim se arremangó y se puso a sus órdenes. Miriam se quedó parada de verle devolver los libros a las estanterías, plegar el tablero y los caballetes, pasar la escoba para recoger las hojas y las espigas que habían quedado por el suelo. Los refuerzos, y el

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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