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algún pañuelo con el estampado de Liberty y cosas que compraba donde fuese y que, si le gustaban a ella, pensaba que también tendrían salida entre sus clientes. La máxima de Gris – que así se llamaba la tienda, a juego con el color de todas las paredes – es que nunca vendería nada que a Miriam no le gustase. Cuando con su voz alegre y modulada hubo hecho todo el inventario, aparcó en el Puerto Olímpico. -Me invitas a comer, supongo… -¿No te esperan en casa? -¿A mí? – Miriam apagó el motor del coche. -He visto que llevabas el pan y he pensado… - Kim volvió a arrancar para capotar el Lexus – No lo vamos a dejar abierto, en medio del puerto. -Soy panarra. Me comería una barra al día, pero si me lo preguntas, vivo sola. -¿Ah, si? Creía… No tenia ni idea – Creía que aún estabas en casa de tus padres. -Tío…Que poco informado estás. Has de salir más del hotel, hombre. – Se volvió a recoger sus cosas y bajó del coche - ¿Conoces este de aquí? Le señaló el restaurante que les había quedado en sus narices. -¿Así que es verdad que te he de invitar? -Claro… Me han dicho que a los jugadores del Barça, cuando vienen, no mes cobran. A Kim, todos los restaurantes con vista a los barcos le parecieron, más o menos, iguales. Los mismos tenderetes levantados, hileras de mesas preparadas con poco encanto y camareros pesados que te

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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