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pasado, había cambiado el nombre del establecimiento. Nadie había dudado en la familia, que la italianización había sido un acierto. Rafaeli les había dado glamour y marca.. Parecían de una cadena extranjera en medio del paseo de Gracia. Y más aún si alguno iba a Roma y encontraba que, a cinco minutos del taxi del Coliseo, había otro hotel Rafaeli, el del tío Vicente. El abuelo Francisco, consciente de que los abogados se ganan la vida con las disputas de las empresas familiares y porque, entonces, nunca se había fiado de las togas, había llegado a una decisión que le parecía justa. No necesitó ningún consejo profesional para decidir que, bajo el paraguas de una empresa patrimonial de la familia Ráfales, habría un hotel para cada hijo. Estaba convencido que, ni a la corta ni a la larga, aquel reparto no le traería problemas ni malas caras. Había dejado el hotel de Barcelona al hijo mayor, Paco, y el de Roma – que no llegaba a las cincuenta habitaciones – a su segundo hijo, Vicente, casado la zia Mina, una romana se armas tomar, también había puesto a los otros dos hijos a triscar en el hotel. Rómulo y Remo. Así les llamaban sus primos de Barcelona porque les habían explicado que, de pequeños, los primitos italianos se pasaban el día colgados de las tetas de la zia Mina. Hasta los tres años, cada vez que tenían gana, todavía mamaban leche materna, a discreción. El abuelo Francisco, cuando murió – visto y no visto – de un ataque de apoplejía, se fue a la suite mas oscura convencido

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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